sábado, 13 de abril de 2013

En el espejo de Cuba

En las últimas semanas la “revolución” ha mostrado con más claridad sus objetivos. Se trata de convertir a Venezuela en la nueva Cuba. Una cosa es que las realidades sean diferentes, que medien cincuenta años. Todo eso es verdad. Pero no deja de serlo que el actual gobierno quisiera que las cosas en Venezuela fueran como son en Cuba. Por una parte, un gobierno autocrático, eterno, de partido único, con un liderazgo personalista indiscutido. Que el actual gobierno “tenga que soportar” a sectores que lo adversan en todos los campos, no lo hace democrático. La democracia requiere respeto y consideración con el adversario político. Nada más alejado de la visión del actual gobierno.

También el gobierno quisiera que pudiera manejar la economía al “estilo cubano”. Todo, de verdad todo, en manos del Estado, vale decir, en manos de los gobernantes de turno. Sin ningún respeto por la propiedad privada, ni por el Estado de Derecho, ni por las reglas que promueven la productividad de los países. Todos los trabajadores dependiendo del Estado, teniendo que rendir pleitesía al gobierno por cada “beneficio” recibido.

Cuba tiene el gobierno que se adapta a la concepción marxista-leninista de la revolución. Un gobierno comunista. El único de América. Pero es el tipo de gobierno que constituye el ejemplo a seguir por los responsables de la “revolución” venezolana. No hay que darle muchas vueltas al asunto. En ese tipo de gobierno, cerrado, personalista, con la sociedad anulada, es donde pueden expresarse las concepciones que la élite dominante tiene sobre la política.

Lo que oculta el actual gobierno son las reales condiciones en las cuales se debate la vida en Cuba. En el año 1958 Cuba ocupaba el tercer lugar en la región cuando se examinaba el PIB per cápita. Luego de cincuenta años de revolución, el balance es decepcionante. La economía cubana hoy en día es una de las más rezagadas en el continente. Por ejemplo, la fabricación de abonos, textiles, zapatos, jabón, disminuyó más de 85% entre 1958 y 2007. Algo similar sucedió con la producción de azúcar, de 8 millones de toneladas en 1958 a 1,2 millones de toneladas en 2007. La zafra de este último año fue la peor desde 1903. El rendimiento industrial del sector azucarero disminuyó casi 25% en el período señalado. La producción de tabaco, café, frijoles, carne de vacuno, carne de aves, leche y cabezas de ganado era menor en 2007 a la de 1958.

En la primera década del Siglo XXI, Cuba no tiene mucho que ofrecer en términos de producción e innovación. La economía cubana se encuentra en proceso de regresión en muchas áreas, sin dinamismo, sin inversiones. Más grave aún es la consecuencia en el bienestar de los ciudadanos. Quizás por eso es que para la gran mayoría de los venezolanos, Cuba no es el ejemplo a seguir.

Politemas, Tal Cual, 9 de junio de 2010

"Revolución" de quiebras

Ya es simplemente un problema de fe. Usted nada más tiene que oír un rato al Presidente y líder del Socialismo del Siglo XXI para entender que las evidencias poco importan. Si hasta el Banco Central dice que la economía decreció y que aumenta la inflación, el Presidente argumenta que eso no es así, que en los barrios no hay aumento de precios, que las cosas marchan muy bien. Más adelante proclama que dentro de poco tendremos nuevamente crecimiento económico. Que todo lo que le pasa a millones de venezolanos es una simple “sensación”.

Semanas atrás el Presidente había dicho que ahora si nos íbamos a industrializar. Que ahora el gobierno, después de unos once años de estudio y sesuda meditación, había llegado a un gran descubrimiento: necesitamos industrias para desarrollarnos, necesitamos producir mucho más que petróleo. La “revolución bonita” había concluido su periplo intelectual. Había llegado a la misma conclusión que acompaña a los venezolanos por casi un siglo. Once años para llegar allí, ¿cuántos para hacerlo?

Lo que quizás no ha revisado el Presidente, ni quizás ninguno de sus actuales ministros, es que el último informe de la Organización de las Naciones Unidad para el Desarrollo Industrial (UNIDO) deja muy claras las razones por las cuales en Venezuela no habrá resurgimiento económico. Al menos mientras exista un gobierno que tenga políticas tan contrarias al desarrollo industrial.

No tendremos crecimiento sencillamente porque las empresas para crear riqueza han sido barridas del mapa. Porque en los últimos once años lo que ha hecho este gobierno ha sido quebrar empresas, las que estaban en el sector privado y las que ha estatizado. El último informe de la UNIDO nos indica que entre 2000 y 2005 la producción de exportaciones de manufacturas pasó de 471 dólares per cápita a 201, es decir, a menos de la mitad.

Mientras esto pasaba, muchos países de la región lo que han hecho es aumentar sus exportaciones de manufactura. Chile duplicó su producción, de 595 dólares per cápita a 1241. Colombia hizo igual, Perú casi triplica. La producción mexicana per cápita de manufacturas en ocho veces superior a la de Venezuela.

No puede extrañar que casi todos los países de la región ya retomaron la senda del crecimiento, mientras nosotros avanzamos en el segundo año de este ciclo recesivo. El actual gobierno ha eliminado sistemáticamente empresas de manufacturas, motor fundamental del desarrollo. Apenas 9,6% de lo que exportamos son manufacturas. En casi todos los países de la región se supera el 50%. Es por ello que todas las aspiraciones de crecimiento del actual gobierno son meros espejismos. No existe la estructura de empresas para apuntalar la nueva industrialización de Venezuela. El Socialismo del Siglo XXI no puede ser más anti-moderno y empobrecedor.

Politemas, Tal Cual, 2 de junio de 2010

Moción de censura

Ya se cumplen dos semanas sin mercado cambiario. Eso significa que el 40% de las importaciones del país se han dejado de realizar. También significa que los vericuetos de toda economía controlada han desatado el alza aún mayor de la divisa americana. A eso se suma lo que ya sabemos: una economía en recesión, la más alta inflación de continente, y una de las mayores del mundo, y el drama del desempleo y subempleo agudizando las penurias de millones de familias venezolanas.

Mientras todo esto ocurre tenemos un gobierno paralizado. En la única aparición de los responsables económicos del país, la salida fue buscar culpables en las empresas que se constituyeron para administrar la masiva cantidad de dólares con los cuales se endeudó a la República para adquirir bolívares. Ahora, cuando escasean los dólares, hay que cerrar el grifo. Como si no hubiera ninguna culpa, los responsables de la política oficial aparecen con medias verdades y desaparecen sin dar a conocer los mecanismos con los cuales se adquirirán las divisas.

Cuesta mucho imaginar mayor incompetencia que la mostrada por el equipo económico en estos días. En las narices de millones de venezolanos se ha mostrado toda la negligencia y debilidades técnicas para enfrentar una situación de urgencia. Las consecuencias del cierre del mercado cambiario la sufrirán los venezolanos con la desaparición de productos en los anaqueles, con mayores limitaciones a los productos importados, con mayor inflación producto de la escasez. Todo ello es daño directo al bienestar de las familias venezolanas..

Es evidente que la responsabilidad final atañe al Presidente de la República. Todas las omisiones y limitaciones de la actual política le pertenecen, sin ninguna duda. Lo que es inaceptable es que la Asamblea Nacional haga completo mutis de esta situación. Ni siquiera se asoma la posibilidad de que los parlamentarios citen al Ministro de Finanzas y Planificación, o al Presidente del Banco Central de Venezuela. Para que sean interpelados como corresponde en una democracia de verdad. Para que den cuenta de sus decisiones, contrarias, como hemos visto, al interés nacional.

En una Asamblea Nacional responsable los ministros hubieran sido interpelados. Muy probablemente se hubiera planteado en la Asamblea Nacional una moción de censura para que fueran destituidos si se alcanzaba la cantidad requerida de diputados (100, como lo establece la Constitución). Nada de eso es posible en la actual Asamblea Nacional. Los ministros prácticamente tienen una licencia abierta para cometer la mayor cantidad de dislates. Es por ello que el 26 de septiembre se expresará una sonora moción de censura. Indicativo de que la próxima Asamblea Nacional se tomará con seriedad el bienestar de los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 26 de mayo de 2010

La Unidad es Esperanza

Después de un año de esfuerzos, la Unidad de los sectores democráticos le presentó al país un horizonte, una promesa. La Unidad ha imaginado un país diferente, diametralmente opuesto al que tenemos hoy. Un país que ofrezca futuro para todos los venezolanos, sin exclusión, que sea alternativa para la vida de millones de familias.

Ese país debe superar mitos recientes y pasados que han limitado las posibilidades de vivir en democracia y alcanzar el bienestar. Dentro de esos mitos destacan al menos tres. El primero de ellos se puede resumir así: la mayoría de los venezolanos es capaz de sacrificar sus valores republicanos por beneficios concretos, tangibles. Algunos sectores se han valido de ese mito para justificar la reducción de las libertades y el irrespeto a los derechos humanos. Al final nos hemos quedado sin democracia y sin bienestar. No es posible ni deseable separar ambos objetivos. Para los venezolanos la democracia y el bienestar son dos caras de la misma moneda. En la medida que reforcemos una de estas dimensiones, lo haremos con la otra.

Otro mito que deberá ser superado es la creencia de que se trata de optar entre las soluciones del Estado, por un lado, y las que ofrezca el mercado, por la otra. Disyuntiva bastante pueril. En una sociedad democrática moderna se trata de combinar las bondades del Estado con las del mercado. El imperativo es encontrar la adecuada mezcla que promueva las mejores condiciones de vida. Los reduccionismos de lado y lado son inmovilizantes, impiden avanzar. En la construcción de esas modalidades nuevas y diversas estará la vía de las transformaciones que requiere el país.

El tercer mito sigue así: para que un sector sea reconocido y promovido deberán excluirse otros. En pocas oportunidades de nuestra historia nos hemos librado de esta visión. En los últimos años ha crecido, con el auspicio oficial, la idea de que es posible avanzar con separaciones entre los venezolanos, cerrando el paso a los sectores que no cuentan con poder político y social. Ese camino nos lleva a lo que hoy tenemos: la división, el desasosiego, el rechazo de unos a otros.

Para que estos mitos dejen de nublar nuestro camino como sociedad, se requiere que todos asumamos que es posible tener un país diferente. Y para ello hay que construir una esperanza fuerte, genuina, que trascienda el aporte individual, que contagie a muchos grupos y organizaciones. Esa esperanza debe nacer de la idea compartida sobre el futuro y posibilidades de Venezuela. Debe fundarse en las reales posibilidades que tenemos, pero también dar rienda suelta a la creatividad, a la construcción de nuevos caminos y realidades. Por eso la Esperanza que nace de la Unidad es real, concreta. Crecerá y se expresará ampliamente en las etapas que tenemos por delante.

Politemas, Tal Cual, 19 de mayo de 2010

Las listas del Presidente

El Presidente no se inmutó. Apenas supo que la inflación de abril fue 5,2%, convocó un Consejo de Ministros el día sábado. El gobierno sabe que los efectos de la recesión económica y la inflación son devastadores. Se acabaron los tiempos de bonanza económica. El gobierno no tiene las soluciones para la actual situación. Es un gobierno sin salidas creíbles.

En tales circunstancias, el Presidente apela a los argumentos que lo han llevado a este monumental fracaso. Luego de un millón de millones de dólares. Esto es, que la culpa de la escasez, de la inflación y de la falta de producción, la tiene el sector empresarial. Asume que la culpa la tienen los especuladores, vale decir, todos aquellos que siguen produciendo y vendiendo, lo cual, a esta altura del partido, es francamente una proeza. En un gesto casi de desesperación, el Presidente pide la lista de los “especuladores”. Todo lo demás lo pone el televidente. Uno supone, “si ubicamos los especuladores y los ponemos en cintura, la inflación cederá, viviremos felices, habremos conjurado la conspiración capitalista”. Nada más lejano de la realidad. El gobierno ya tiene un año de crisis económica. Su única política es “pedir una lista”.

Quizás convenga que el Presidente siga pidiendo listas. Una de las primeras listas que debería pedir es la de los 100.000 venezolanos que han perdido la vida por culpa de la violencia que se ha exacerbado en estos once años. Son todos aquellos que han muerto sin que exista un gobierno que enfrente la violencia y defienda la vida.

También debería pedir el Presidente la lista de todas las agresiones que su gobierno ha cometido contra la propiedad privada. De todos los atropellos y expropiaciones que han sido realizadas para “escarmentar” a sus adversarios políticos. Quizás la magnitud de la lista le indique que ha creado más bien un ambiente adverso a la inversión privada. No puede quejarse ahora de que no haya producción.

Otra lista que debería pedir es la de las empresas que han cerrado en estos once años. Y la de todos los empleos que se han perdido y de los nombres de los trabajadores que han debido cambiar de ramo, disminuyendo en gran medida la productividad general del país. Muchos de ellos quizás han engrosado la lista de las personas que se han ido del país en búsqueda de mejores oportunidades, especialmente profesionales jóvenes, formados muchos de ellos en nuestras universidades públicas.

Finalmente, el Presidente debería pedir la lista de las violaciones a la Constitución que ha cometido en todos estos once años. Tiene otras muchas listas que pudiera pedir. Pero estas pocas le podrían servir para percibir con claridad las razones por las cuales el 66% de los venezolanos considera que su gobierno debe concluir en 2012. Son las listas que los venezolanos tienen muy presente.

Politemas, Tal Cual, 12 de mayo de 2010

Más allá del 26-S

El 26 de septiembre está a menos de cinco meses. Ya tenemos la definición de los candidatos de la Unidad, así como una gran parte de los candidatos del partido oficial. En las próximas semanas se tendrá una mayor difusión de las propuestas de cada lado. Poco a poco iremos entrando en el clima electoral.

Con toda seguridad tendremos unas elecciones históricas. Por primera vez en más de una década la alternativa democrática tiene la oportunidad de lograr una contundente victoria, y con ella llevar a la Asamblea Nacional una mayoría de parlamentarios comprometidos con la redemocratización de Venezuela. Y comprometidos a trabajar por impulsar las transformaciones que requiere el país para alcanzar el progreso y el bienestar.

No todo estará concluido el 26 de septiembre. En cierta medida, ese día apenas comenzará otra fase del camino. En estos meses es importante tener en cuenta las circunstancias que pueden contribuir mejor con el escenario posterior al 26 de septiembre. En otras palabras, lo que hagamos o dejemos hacer en estos meses será condicionante de lo que queremos que pase después. Al menos cuatro aspectos deben requerir atención.

En primer lugar, no se debería perder de vista que a pesar de ser una elección por circuitos y estados, es muy importante mantener la visión nacional. No se trata de votar por diputados solamente. La mayoría parlamentaria que se aspira es clave para anteponerse a la propuesta del gobierno actual. La convicción de que el esfuerzo es nacional debe permear toda la estrategia y la campaña electoral.

Un segundo aspecto está relacionado con la expresión de lo acuerdos en los circuitos y estados. Conviene que se haga un esfuerzo amplio porque se incorporen activamente todos los partidos y grupos sociales a favor de las candidaturas unitarias. Debe prevalecer la integración de esfuerzos, los candidatos deben ser la expresión de la Unidad.

En tercer lugar debe ser una campaña de propuestas. Tanto de los candidatos como de los partidos y grupos que forman la Unidad Democrática. Los ciudadanos esperan conocer las líneas y tareas que asume los candidatos a parlamentarios. Y finalmente, debe destacarse en la campaña las acciones y éxitos de los gobiernos ejercidos por sectores democráticos. En esa medida se apreciará más que estamos en presencia de una alternativa general, no asociada exclusivamente con los eventos electorales.

En la medida de que se destaque una visión nacional, fundamentada en el trabajo unitario de muchos sectores y personas, así como la vinculación permanente con la oferta programática y con el desempeño de los gobierno alternativos, se irá transmitiendo a los venezolanos que los objetivos de esta alianza superan la coyuntural electoral. Más allá del 26-S habrá muchos retos y posibilidades.

Politemas, Tal Cual, 5 de mayo de 2010

Unidad en serio

La Unidad Democrática avanza. En un año los partidos democráticos del país han dado pasos significativos. Del reconocimiento de la Unidad como salida forzosa se ha generado un gran espacio de coincidencia. Muchas posibilidades afloran para brindarle a Venezuela una ruta de progreso y democracia.

Los efectos de la derrota de la enmienda fueron muy preocupantes a principios del año pasado. En algunos sectores existía la tendencia a creer que la permanencia del actual gobierno en el poder era eterna. Que las posibilidades de alternabilidad habían desaparecido del mapa político. Las circunstancias, sin embargo; fueron un condicionante para la definición de caminos comunes.

Si se parte de la premisa de que el actual gobierno es autoritario y además renuente a aceptar las normas de la convivencia civilizada, es evidente que la recuperación de la democracia no es tarea de un solo actor.

De allí que los partidos políticos venezolanos, quizás conscientes de muchas de sus fortalezas, pero también de sus limitaciones, iniciaron un proceso de exploración de acercamientos. Con el propósito de dotar a Venezuela de una plataforma estratégica y programática que coloque en el centro la preocupación por los problemas de los venezolanos, esos que son directos, que tocan la vida, el bienestar y el progreso de millones de personas. De manera que la Unidad no es un propósito restringido, asociado exclusivamente con las particularidades de los partidos.

Se ha tratado de vislumbrar un horizonte de transformaciones. Que pasan, en primer lugar, por sentar las bases de acuerdos perdurables. Y ello supone el establecimiento de rutinas y procedimientos. Llegar a acuerdos requiere disciplina y voluntad. No es un acto fortuito, y menos en política. De esas rutinas deben generarse la plataforma programática, y los lineamientos de la acción política, comunicacional y electoral.

Al año de haber iniciado esta tarea, la Unidad Democrática tiene logros ostensibles. Existe una propuesta para gobernar Venezuela que toma especial cuidado en definir líneas de acción para los problemas críticos de los venezolanos. También existe la selección de candidatos unitarios (apoyados por todos los miembros de la alianza) que se presentarán a las elecciones de la próxima Asamblea Nacional. Y una agenda parlamentaria común que guiará las acciones de la representación unitaria en el Poder Legislativo.

Todos estos logros han sido posibles, entre otros aspectos, por el acendrado espíritu democrático de los venezolanos. Que hayamos sido capaces de coincidir en estrategia, programa, candidatos y visiones electorales, es indicativo de que la escena está servida para continuar la agenda de innovaciones que requiere nuestro país. La Unidad hay que tomársela en serio.

Politemas, Tal Cual, 28 de abril de 2010

El Presidente y su crisis social

El Presidente hubiera querido que la “celebración” del Bicentenario del 19 de abril durara hasta el 26 de septiembre. De manera que hubiera seguido con los desfiles, los discursos “memorables” y las cadenas de los pedigüeños de rigor. Pero la realidad es dura. Ya se acabó esta fiesta de pacotilla. Hay que volver a los problemas centrales.

La economía entra en el segundo año de decrecimiento. La inflación está acabando con el ingreso de las familias. No se espera que disminuya este año. La más alta de la región, la quinta del mundo. Para remate, el aumento del desempleo y la caída de la inversión tanto pública como privada. Este es el “legado” de la “revolución bonita” al enrumbarse hacia su año número doce.

Todo ello es más contradictorio con las promesas de inicio de gobierno. Por allá en 1999. Hablaba el Presidente de la crisis social que heredaba. Decía que quería reducir la pobreza. Pero no decía cómo. Nada de mejorar la productividad de los venezolanos. Su única apuesta: el petróleo. Como si hubiera algo novedoso en esa idea.

Lo cierto del caso es que el desempeño de este gobierno ha dejado a los venezolanos pobres en el más completo desamparo. La comparación de las medidas tomadas por todos los gobiernos de la región constata lo ya sabido. El gobierno actual ha enfrentado el deterioro del empleo y del ingreso de las familias con aumento de impuestos y con restricciones del gasto público. La actual administración se ha convertido en el más fiel exponente del catecismo neoliberal.

Mientras esto pasa acá, muchos gobiernos de la región toman medidas innovadoras. Citemos unos pocos. Comencemos por el último gobierno, el de Chile. El presidente Piñera introdujo ante el Congreso, y fue aprobado, un bono mensual equivalente a 80$ como complemento a las asignaciones que reciben las personas inscritas en los programas de protección social. El gobierno de Colombia acordó aumentar la cobertura del programa Familias en Acción en 1,1 millones de familias beneficiadas, lo cual significa una inversión de 710 millones de dólares. Además se incluyeron 230 millones de dólares para los programas a favor del adulto mayor y 320 millones para la asistencia a los desplazados. En Costa Rica se aumentó la inversión social para subsidios para compra de alimentos, transporte y gasolina. También se aumentó el gasto social en educación y vivienda.

Nada de eso es prioridad en el actual gobierno. La retórica oficial no apunta a la solución de los problemas de los venezolanos. La crisis social, aprovechada por el actual Presidente para ilusionar a muchos venezolanos, adquiere peores dimensiones. Ahora es una crisis agravada y aumentada por la más incompetente gestión de la política social del país. El Presidente ya no puede con la nueva crisis social que ha creado.

Politemas, Tal Cual, 21 de abril de 2010

Totumas y armas

El presidente Chávez ha descubierto una pieza más de su estrategia. Después de once años tratando de aniquilar la democracia venezolana, nos revela la visión más acabada de los objetivos de la “revolución bonita”. Se trata de colocar un “nuevo estándar”. Veamos.

Al presidente Chávez le quedó muy lejos el lema romano de “pan y circo”. Primero, porque los romanos de verdad cumplían con la distribución del pan: gratuitamente o disminuyendo el precio. El actual gobierno no regala nada. Por esa razón es que 25% de nuestros menores entre 7 y 14 años están desnutridos. Tampoco le funciona la disminución del precio. Cuando las personas acuden a comprar los alimentos en los sitios establecidos en los programas del gobierno, muchas veces no se consiguen los productos. Lo que llamaríamos oferta engañosa. Se dice que hay, pero en realidad no hay. Los pocos que tienen los recursos no pueden comprar. Entonces tienen que comprar más caro. Es una “revolución” sin pan.

Tampoco hay circo. Tenemos un gobierno con muy pobre sentido del humor. La “diversión” está restringida a las alocuciones presidenciales. También acabó con medios de comunicación y con muchos programas que entretenían y divertían a gran parte de la población. Es un gobierno sin emoción.

Ante todo esto, la nueva estrategia del gobierno combina la oferta de totumas con la compra y reparto de armas. Con la Totumocracia se redujeron los estándares de calidad de la vida del venezolano. Baste con señalar que por primera vez en cincuenta años la preocupación de millones de familias, especialmente en el interior del país, es el número de horas de racionamiento eléctrico, o los días que no llegará el agua. Pero no se queda allí, la Totumocracia es también aumento de los riesgos de morir víctima de un atraco o una lucha de pandillas. O las penurias para tener un trabajo decente, o para alcanzar el bachillerato. Ante el progreso, el gobierno ofrece totumas. De todos los tamaños y colores.

Y llegó el detalle que faltaba. En la misma semana el gobierno anuncia compras de armas a Rusia por 5 mil millones de dólares. Dos años del presupuesto de salud, un año del presupuesto de educación. Veinte años del presupuesto de los programas de alimentación. Así, sin mayor anestesia, el gobierno nos dice que comprará armas en un país en crisis económica. Nos dice que prefiere comprar armas antes que implementar un programa de subsidios al ingreso para el 20% de de los hogares más pobres.

Pero no se queda allí, el Presidente nos dice que ahora no sólo comprará armas. También las repartirá a la población. La “revolución bonita” pasará a ser la “revolución que arma”. Con este anuncio, es claro que el presidente Chávez reiteró lo que es ya una convicción generalizada: su gobierno es la mayor afrenta a la paz y prosperidad de los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 14 de abril de 2010

¡Son los empleos, estúpido!

Entramos al segundo trimestre del año. El panorama económico sigue sin mejoras. La economía no crece, la inflación sigue sin control. Las encuestas de opinión pública continúan indicando que uno de los primeros problemas de los venezolanos es el empleo. Tanto la ausencia de él, como lo que es más preocupante, su calidad.

La llamada “revolución bonita” no hizo mucho caso del empleo como fuente generadora de riqueza. Si esa hubiera sido la estrategia, el gobierno se hubiera preocupado de generar las condiciones para que se crearan más empleos. Fundamentalmente empleos de calidad. Esos que cuentan con la debida protección social y que están basados en el manejo de habilidades y competencias. Es decir, todos los que se deben al progreso educativo.

Nada de eso se lo planteó el actual gobierno. Apostó todas sus energías a los ingresos derivados de la venta de petróleo. Como consecuencia, para el año 2008 casi el 95% de los ingresos por exportaciones está derivado de la venta de barriles de petróleo. Eso significa que 0,2% de nuestras exportaciones son productos de alta tecnología. Apenas 125 millones de dólares sobre un total de 83 mil millones de dólares de ingresos por exportaciones. Países como El Salvador y Guatemala nos superan en exportación de productos de alta tecnología.

De manera que el sesgo de exportaciones petroleras nos ha conducido a unas condiciones de empleo francamente deplorables. Venezuela tenía en 2008, según cifras de la Cepal, 58% de su fuerza laboral en condición asalariada. Este porcentaje es inferior al que se encuentra en Chile (75,7%), Argentina (75,8%), Brasil (65,8%), Costa Rica (72,9%), México (72,1%). De la misma manera, los trabajadores por cuenta propia, muchos de los cuales no son profesionales ni técnicos, representan el 35,8% de la fuerza laboral. Más de diez puntos porcentuales superior a los países señalados anteriormente.

Si comparamos con el empleo que teníamos en 1990, Venezuela ha perdido casi diez puntos porcentuales en empleos asalariados. No es muy aventurado suponer que en esas condiciones los empleos de baja productividad son mayores en la actualidad. Efectivamente, para 2008 casi la mitad de los empleos en Venezuela son considerados, según Cepal, como de baja productividad. En Chile, por ejemplo, es apenas el 30%.

De tal manera que la gente tiene mucha razón cuando expresa su insatisfacción por el empleo. No solamente por la falta de él, como hemos visto que se ha agravado en los últimos tiempos, sino por las dificultades para contar con empleos que estén asociados con mejoras en la productividad. La “revolución bonita” es incapaz de ofrecer esa alternativa a los venezolanos. En el mundo de la totumocracia no importa la calidad de los empleos.

Politemas, Tal Cual, 7 de abril de 2010