sábado, 9 de marzo de 2019

El futuro según el Maestro Puigbó

Cuando Platón fundó la Academia de Atenas tenía la mirada puesta en el futuro. Su intención era crear un espacio dedicado a la educación y la investigación. Allí vendrían entonces discípulos para convertirse en filósofos que tendrían posición de autoridad en el manejo de los asuntos de la “polis”. En palabras de hoy, la Academia era el espacio para la formación de aquellos que estuvieran relacionados con el gobierno de la sociedad, para aquellos que tuvieran que construir el futuro. Es por ello que esa Academia original es la precursora de las universidades y de la preocupación por el porvenir de los países. 

Juan José Puigbó, conocido como el Maestro Puigbó, dedicó su vida a vincular su actividad profesional y académica con la construcción de futuro. Sus contribuciones a la ciencia venezolana son extraordinarias y abarcan muchas áreas. Combinó una notable formación en Venezuela, egresado de la UCV como Doctor en Ciencias Médicas Summa Cum Laude en 1948, con formación de postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología de México, en la Universidad de Columbia, en el Presbyterian Hospital de Filadelfia, en el Instituto Karolinska de Estocolmo, y en el Hospital de Niños de Houston. 

Con esos conocimientos y experiencias, el Maestró Puigbó participó en la creación de instituciones de gran relevancia para la salud de los venezolanos, entre ellas, la Cátedra y el Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Caracas, la Sociedad Venezolana de Cardiología, la Sociedad Venezolana de Medicina Interna. También fue pionero en los estudios de la patología cardiovascular en el país, así como Jefe de Preparación del Personal de la División de Enfermedades Cardiovasculares del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). Fue posteriormente Presidente de la Academia Nacional de Medicina y de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. En reconocimiento a sus extraordinarios logros, la Red de Sociedades Científicas Venezolanas le confirió en 2013 el Premio a la Excelencia Médica, Mención Consenso Nacional. 

Conocí al Maestro Puigbó inicialmente por sus clases en el Hospital Universitario de Caracas. También por el libro que utilizamos en las pasantías de cardiología. En nuestros tiempos de estudiantes a principios de los ochenta ya era una figura de referencia. Tuve la fortuna de conocerlo mucho más en las reuniones semanales de la Academia Nacional de Medicina desde hace pocos años. Tenía la virtud de generar confianza, de hacer sentir bien a los que estaban en su presencia, de trato afable, compañero, del mismo equipo. Su saludo siempre expresaba cercanía. Sus intervenciones en las reuniones apuntaban a detalles y preguntas que sugerían pistas para seguir la indagación. 

A mediados de 2016, la Junta Directiva de la Academia Nacional de Medicina designó una Comisión de Investigaciones, coordinada por el Maestro Puigbó. En la Comisión compartimos con Antonio Clemente Heimerdinger, Rafael Apitz-Castro, Horacio Vanegas, Mauricio Goihman, José Ramón Poleo, Nicolás Bianco y Mariano Fernández. Recuerdo que en la primera reunión de la Comisión, nos pidió que expresáramos las ideas sobre las líneas de investigación que debía proponer la Academia. Después que todos habíamos dado nuestra opinión, Puigbó fue incorporando esas ideas en unas notas que había preparado para la reunión. En esa intervención de aquella mañana en la Academia, Puigbó condensó los temas de investigación que deberían ser asumidos para mejorar las condiciones de salud de los venezolanos para la segunda mitad del siglo XXI. En esas notas, Puigbó integró una agenda de investigación para el futuro. Habrá que volver a esas notas. 

Unos meses después, a mediados de 2017, el Maestro Puigbó hizo una presentación en la Academia sobre la importancia de la Biblioteca de Alejandría para la civilización occidental. Explicó en detalle la forma en la que se vinculaba la investigación con la biblioteca, los grupos que participaban, la importancia de la confluencia de disciplinas, la necesidad de conectar el pasado con la ciencia del futuro, la urgencia de acometer los retos del conocimiento con espacios privilegiados para la creación y el debate. Hablar de la Biblioteca de Alejandría en la cruda realidad de nuestro país fue, sin dudas, fue un tremendo argumento a favor del futuro, a favor del conocimiento. 

En la agenda de la sesión de la Academia del 31 de mayo de 2018, apareció el título de una conferencia que el Maestro Puigbó compartió con Harry Acquatella, también Individuo de Número y ex Presidente de la corporación: “La imagenología cardiovascular: una mirada al futuro”. El título es llamativo en cualquier circunstancia, pero lo era más cuando ya para ese momento Puigbó tenía poco más de 93 años. Muestra de que el futuro no tiene las restricciones de la edad. El futuro no tiene límites. Pocos meses después en la Gaceta Médica de Caracas, publicación de la Academia Nacional de Medicina, apareció el trabajo de ambos autores: “Breve reseña de la imagenología cardiovascular actual: una mirada al futuro”. La frase final del trabajo encierra toda una perspectiva: “En síntesis el futuro es muy promisorio por los avances del proceso imageneológico, con el beneficio para los pacientes y la posibilidad de resolver los problemas de la gran repercusión cardiovascular.” 

Venezuela, terminando ya la segunda década del siglo XXI, confronta la peor crisis de salud de su historia. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad para los venezolanos. Acometer los cambios necesarios, requerirá tomar muy en cuenta las enseñanzas del Maestro Puigbó. Especialmente esa que expresa que el futuro se construye, el pasado ya es historia. Su compromiso por promover mejores condiciones para la atención de las enfermedades cardiovasculares en Venezuela se concretó en instituciones que hoy forman parte del acervo de la salud del país. Pero la influencia del Maestro Puigbó va más allá. La sociedad del conocimiento que debe ser Venezuela solo será posible cuando compartamos la visión de pionero que impulsó Puigbó toda su vida. El futuro de los venezolanos se concreta en la medida que seamos capaces de desafiar lo establecido, lo rutinario. Desde esa perspectiva, habrá que volver al Maestro Puigbó, para tener referencias e inspiración. En la aventura del futuro contaremos con su aporte. Muchas gracias, Maestro, lo vamos a extrañar.

Politemas, Tal Cual, 6 de marzo de 2019

lunes, 4 de marzo de 2019

Así se superó la larga recesión de Croacia

Ya está concluyendo el segundo mes del año. Cada día que pase sin la aprobación de medidas para enfrentar efectivamente la hiperinflación y la recesión, aumentan las probabilidades de que en este año tampoco se recupere el crecimiento en Venezuela. 

Si se da ese lamentable escenario, el país alcanzaría seis años seguidos de recesión e ingresaría al grupo de siete países con ese récord tan poco envidiable. En ese grupo solo la República Democrática del Congo también experimentó hiperinflación (a principios de los años noventa del siglo pasado). Todavía ese país no ha recuperado el PIB per cápita que tenía el año antes del inicio de la recesión (1988). Por ello conviene revisar la experiencia de los países que han tenido éxito en superar seis años de recesión. Estas lecciones pueden ser tomadas en cuenta para los cambios que deberán implementarse en Venezuela, especialmente porque podríamos tener la recesión más profunda de estos países. 

En este grupo, el país más exitoso para recuperar el PIB per cápita del año previo a la recesión ha sido Croacia. La recesión croata se extendió desde 2009 a 2014. El promedio de caída anual de la actividad económica en el período fue 2%, es decir, seis veces menos de lo que podría ser el promedio de reducción en Venezuela. Ya en 2016 el PIB per cápita de Croacia había regresado al valor del año 2008 (año previo a la recesión). 

Son evidentes las diferencias entre Croacia y Venezuela, las cuales se expresan también en las recesiones experimentadas. En primer lugar, la de Venezuela ha sido más profunda y causada por una severa destrucción de capacidad productiva. Un segundo aspecto está relacionado con las diferentes estructuras productivas: Croatia es un país con mayor nivel de diversificación económica que Venezuela, es decir, con posibilidades más amplias de creación de valor. 

Explicar entonces las causas de la recesión en Croatia, supone identificar rasgos particulares de la estructura productiva y asociarlos con las condiciones propias de Venezuela. Un primer aspecto a destacar es que en Croacia se produjo una guerra por la independencia de cuatro años de duración (entre 1991 y 1995). El sistema económico resultante después de la guerra, conservaba las restricciones de los países con planificación central, y en particular, las distorsiones del mercado laboral con beneficios, incluyendo las pensiones, por encima de las reales posibilidades fiscales. Aparte de ello, muchas de las empresas eran públicas con bajos incentivos para funcionar en entornos exigentes. Por otra parte, las exportaciones de Croacia se realizaban a países que también eran menos competitivos. Como consecuencia de estos factores, todos de naturaleza estructural, la economía croata entró en una fase de decrecimiento en 2009, la cual se prolongó por los siguientes seis años. 

Vistas estas condiciones de la economía croata, resulta claro que la solución de la recesión debía basarse en una transformación sustancial. Un primer aspecto que recibió atención fue la promoción de incentivos para la exportación. Dentro de ellos estuvo la aprobación de disposiciones legales para aumentar la inversión en el país, tanto en el sector público como en el privado. Esto se acompañó con un programa de privatizaciones de empresas del sector público. También se aprobaron medidas para aumentar la flexibilidad del mercado laboral, así como la reforma de los beneficios de protección social. A estos últimos se le colocó un tope con respecto al salario mínimo. La orientación de estas reformas laborales y de protección social fue estimular la creación y ampliación del empleo. 

Como resultado de estas reformas, desde 2015 la economía croata experimenta un período de crecimiento, pronosticado hasta 2023 por el FMI. Dentro de los factores relacionados con este crecimiento se encuentra el aumento del consumo privado, el incremento de las exportaciones, aunque todavía muy dependientes del turismo, así como la disminución del déficit del sector público. Si en los próximos años se mantienen estos avances y se fortalece la diversificación productiva, la sostenibilidad de estos cambios será aún mayor. 

La trayectoria de Croacia ilustra que el diferimiento de los cambios estructurales trae su precio. En ese caso, fue la generación de una recesión de seis años. Para Venezuela los aprendizajes son muy relevantes, En primer lugar, especialmente por lo notorio que ha sido no contar con ello, se encuentra la prioridad a la exportación de bienes con un nivel creciente de diversificación. No se trata solamente de la preponderancia del petróleo, es la preocupación cada vez mayor por consolidar múltiples áreas de producción. Un segundo aspecto está vinculado con las reformas que se deben implementar para aumentar la flexibilidad del mercado de trabajo, con el objetivo de favorecer la instalación de empresas o la transformación de muchas de ellas. En tercer lugar, la experiencia de Croacia indica que la sostenibilidad del progreso supone contar con la estrategia y los recursos para aumentar la calidad y diversidad de bienes y servicios atractivos en el mercado internacional. Croacia demostró que salir de una recesión de manera sostenible no puede conllevar una visión de corto plazo.

Politemas, Tal Cual, 27 de febrero de 2019

domingo, 3 de marzo de 2019

Así superó Guyana la destrucción del "socialismo cooperativo"

No hay que ir muy lejos. Se puede aprender de la experiencia de países vecinos cuando se trata de cambios en la orientación de las sociedades. Guyana y Venezuela son países muy diferentes. En todos los planos, histórico, cultural, político, económico, social, solo por decir algunos. Comparten el hecho de ser países caribeños, tropicales, pero con muchas diferencias. Vale señalar, solo como ejemplo, que la población de Guyana todavía no alcanza el millón de habitantes comparado con los casi 32 millones de Venezuela. Sin embargo, existen similitudes que cobran especial relevancia ante el avance de la catástrofe social y económica que afecta a los venezolanos. 

Hasta la fecha, Guyana y Venezuela son de los pocos países que han sufrido recesiones de cinco años de duración. Aunque ya la recesión venezolana se encuentra en el sexto año, esperemos que no sea así cuando cierre 2019. A pesar de tener la misma duración, la profundidad de ambas recesiones es muy diferente. La recesión de Guyana se inició en 1986 y concluyó en 1990. El promedio de reducción del PIB per cápita en esos años fue 2,86%, casi cuatro veces menos que el promedio de la caída de la actividad en la recesión de Venezuela entre 2014 y 2018. De hecho, la recesión de Venezuela, en términos de la proporción de pérdida del PIB, es una de las más grandes de la historia. Y de tener una caída de 7% en este año, la recesión de Venezuela sería la más profunda. Con todas esas letras. 

También es muy diferente en ambas recesiones la evolución de la tasa de inflación. En Guyana la máxima tasa de inflación ocurrió en 1989 (exactamente 89,5%). Venezuela, al contrario, ya tiene casi 16 meses en hiperinflación. En el último mes de la hiperinflación, los precios han aumentado más del doble de lo que aumentaron en el año completo de la peor inflación en la recesión de Guyana. 

Ahora bien, lo que si comparten ambas recesiones es el origen. Guyana era uno de los países caribeños con mayor desarrollo cuando alcanzó la independencia en 1966. Hasta 1988 se implementó en el país el llamado “socialismo cooperativo”, el cual consistió en que el Estado fue asumiendo empresas y servicios que se encontraban en manos privadas. Se nacionalizaron las empresas de azúcar, bauxita, así como medios de comunicación y transporte. En 1988 el gobierno de Guyana controlaba el 80% del comercio y el 85% de la inversión del país. Las pocas empresas privadas que quedaron fueron afectadas con elevados impuestos. 

La “idea” del “socialismo cooperativo” era construir un Estado que alimentara, vistiera y le diera vivienda a toda la población. Así de simple. Para ello se implementaron las medidas económicas “clásicas” de este tipo de visiones: control de precios, control de divisas, sobrevaluación de la tasa de cambio, endeudamiento sin freno del gobierno. Y como corolario político, se tomaron medidas contra las libertades de expresión y participación. El lector tiene suficientes elementos para encontrar los parecidos con Venezuela. 

Como consecuencia de estas grandes “ideas”, Guyana perdió la mitad del PIB per cápita entre 1966 y 1988. Hasta el punto que no tenía recursos para pagar la deuda externa en ese último año. Para salir de este inmenso atolladero, producto de las políticas públicas equivocadas, Guyana emprende en 1988 el Programa de Recuperación Económica (PRE). Este programa estableció como objetivo la transformación de Guyana en una economía abierta y moderna. Para ello se estableció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), apoyado por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo del Caribe, y una alianza de donantes bilaterales. 

Bajo este programa se eliminaron los controles de precios, se estableció un régimen de cambio unificado y de libre mercado, se redujeron los aranceles de importación. También se introdujeron reformas en el empleo del sector público y en el sistema impositivo. Un amplio programa de privatizaciones permitió transferir muchas empresas del sector público. Se fortaleció la inversión pública en servicios e infraestructura. También se incluyó un programa para reducir el impacto social de las medidas. El dinero aportado por los donantes bilaterales permitió pagar compromisos multilaterales y renegociar la deuda externa. Como resultado de estas políticas públicas, Guyana pudo recuperar el crecimiento económico hasta el punto que fue 7% promedio anual entre 1991 y 1997. Dos años después del último año de recesión, Guyana igualó el PIB per cápita previo al período de estancamiento. La reactivación económica fue de especial significación en la agricultura, minería, y la manufactura. 

Tres lecciones de la experiencia de Guyana son de especial relevancia para las medidas que deberán tomarse en Venezuela para superar la catástrofe económica y social en curso. En primer lugar, a diferencia de lo sucedido en Guyana, el programa de estabilización debe generar crecimiento económico (en los dos primeros años del programa en Guyana se mantuvo la recesión). La segunda lección deriva de las medidas de protección social. En Venezuela deben ser de mayores proporciones y ejecutarse desde el primer momento. El tercer aspecto es la orientación general de la modernización económica. En Guyana las limitaciones en la diversificación productiva ocasionaron que el crecimiento se haya reducido en la última década. En Venezuela, la adopción de una orientación hacia la diversificación, esto es, hacia la construcción de una sociedad del conocimiento, puede permitir que la transformación sea sostenible y generadora del mayor bienestar posible para los venezolanos en las próximas décadas.

Politemas, Tal Cual, 20 de febrero de 2019

sábado, 2 de marzo de 2019

¿En cuánto tiempo se recupera esta catástrofe económica?

La sociedad venezolana avanza, esperemos que sea lo más rápido posible, hacia la coyuntura de un nuevo rumbo, una orientación totalmente diferente. En ese rumbo, el objetivo debería ser alcanzar el máximo nivel de democracia y bienestar. En consecuencia, debe ser una dirección diferente a la creencia de que basta producir y vender petróleo. Ya eso no es viable. Tampoco lo era hace veinte años. Y, sin embargo, ya vemos los resultados de no haber cambiado. 

Es importante saber en cuánto tiempo es posible revertir esta inmensa catástrofe económica. En primer lugar, porque la sociedad debe saber las posibilidades y las restricciones. Conocer las posibilidades permite ser realista, pero también más exigente. Y conocer las restricciones facilita anticipar los aspectos que deben considerarse, tomar las medidas adecuadas, evitar los errores cometidos por otros. Y en segundo lugar, porque el liderazgo, especialmente el político, debe transmitir esas posibilidades, ejercer el rol informativo y motivacional que se requiere. 

Para estimar lo que es posible y lo que será más complicado, es útil la experiencia de otros países. De esa manera se puede aprender, de los éxitos y de los fracasos. Es por ello necesario comparar con las experiencias pasadas. Siempre diferentes, por supuesto, pero valiosas para el aprendizaje. 

Asumamos inicialmente que Venezuela, por efecto de políticas diferentes que se empiecen a aplicar en este año, evita el crecimiento negativo en 2019 (ya pronosticado de seguir el rumbo actual de políticas). En ese caso, la economía venezolana tendría cinco años sin crecimiento (2014-2018), el último de ellos en hiperinflación. Esto significa que Venezuela se uniría al grupo de seis países que en los últimos cuarenta años han experimentado recesiones de cinco años, según el FMI. En este grupo, Sierra Leona tuvo la mayor caída de actividad económica (promedio de 12,27% en los cinco años de recesión). El segundo lo ocuparía Venezuela, con una caída de 11,71% promedio. 

Si consideramos que la superación de la caída económica, se produce en el año que se alcanza la capacidad de compra anterior al inicio de la recesión (en dólares de poder de compra, PPP per cápita), el país más exitoso en este grupo ha sido Guyana al lograr recuperar el PIB per cápita previo a la recesión en dos años. Esto es, el PIB per cápita era 3.360 dólares en 1985. En 1986 se inicia la recesión y termina en 1990. En 1992 el PIB per cápita superó al de 1985 (3.393 dólares). Se debe señalar que la recesión de Guyana alcanzó un promedio de caída económica de 2,86% (casi cuatro veces menos que la de Venezuela). Esa es la noticia buena, aunque debe resaltarse que no solo la recesión de Guyana fue menos profunda que la de Venezuela, tampoco tuvo hiperinflación. Los restantes países de este grupo llevaron mucho más tiempo para la recuperación. En Turkmenistán y Bolivia, por ejemplo, ambos países con hiperinflación, la recuperación llevó 15 y 18 años, respectivamente. 

Ahora, asumamos un escenario más crítico. Esto es, que el FMI tenga razón y este año también Venezuela tenga una caída económica de 5%. En ese caso, sería una recesión con una duración de seis años. Acá el escenario es más complicado. Croacia pudo recuperar el PIB per cápita previo a la recesión en tres años. Los otros cinco países tardaron más de diez años. En el caso de la República Democrática del Congo se podría llevar más de 30 años (el único país con hiperinflación en el grupo). 

La experiencia comparada demuestra que no es imposible superar una recesión tan larga en pocos años. Se requiere tener las políticas adecuadas para hacerlo en el menor tiempo posible y con el menor costo, así como el liderazgo con los equipos humanos y las condiciones institucionales necesarias. Desde esa perspectiva, si Venezuela tuviera esos requerimientos, ¡y claro que los puede tener!, podríamos recuperar en 2021 el PIB per cápita que teníamos en 2013. Y de allí queda más cerca recuperar el PIB per cápita que teníamos en 1980 (poco menos de 300 dólares). Lo que está claro es que la vía más viable para alcanzar esa sinergia es que Venezuela se enrumbe a constituirse en una sociedad de conocimiento. Es factible, es cuestión de que exista la orientación del liderazgo y la disposición colectiva. Construyamos con decisión un acuerdo de esa naturaleza que marque un rumbo diferente para los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 13 de febrero de 2019

viernes, 1 de marzo de 2019

Hacia la peor recesión del mundo

La magnitud de la hecatombe económica ya es padecida por casi todos los venezolanos. Ha afectado la vida cotidiana: falta de alimentos y de medicinas, hiperinflación desde hace quince meses con pronóstico de 10.000.000% para 2019, migración de millones de personas, empobrecimiento, máxima desprotección social histórica, entre otros efectos. La crisis crece día a día en proporciones nunca imaginadas dentro y fuera del país. Que esta debacle ocurra a finales de la segunda década del siglo XXI, es toda una manifestación del deterioro institucional que ha experimentado Venezuela. 

Ahora bien, las dimensiones de esta crisis, ya superlativa, deben estar presentes, es necesario que sean apreciadas en sus proporciones. Porque deben ser, por una parte, un llamado a tomar las medidas urgentes que se requieren. Cada día sin las opciones adecuadas, hace más difícil la reversión de esta situación. Por otra parte, conocer el tamaño de esta calamidad debe estar en el centro de la estrategia que se debe implementar. De esa forma se podrán tomar las decisiones que controlen rápidamente los daños ocasionados. También se deberá ganar tiempo al tiempo y favorecer que el país pueda salir de estos efectos negativos lo más pronto posible. 

La recesión de Venezuela se encuentra en su sexto año consecutivo, esto es, desde 2014 hasta la fecha. A partir de 1980, de acuerdo con el FMI, veinte países del mundo han padecido recesiones de al menos cinco años de duración. Solo en uno de ellos, República Democrática del Congo, se produjeron dos períodos de recesión (de seis años en cada caso). 

Hasta la fecha, sin consideramos el período 2014-2018, la recesión de Venezuela es la tercera en intensidad. Esto es, el promedio de caída de la actividad económica en el período es 11,71%. Es decir, en promedio todos estos años la economía venezolana ha decrecido casi 12%. Solo la recesión de Ucrania (en el período comprendido entre 1993 y 1997), y la de Sierra Leona (entre 1995 y 1999), tuvieron un promedio mayor de decrecimiento económico. En Ucrania el promedio de caída fue 12,57% (la mayor registrada), y en Sierra Leona fue 12,27%. Para tener una idea de estas magnitudes, se puede señalar que la Gran Depresión (1929-1933) tuvo una duración de cinco años y un promedio de decrecimiento de 9,1%. 

Lo más preocupante es que si se prolonga la recesión en 2019, y se cumple el pronóstico de caída económica del FMI de 5%, la recesión de seis años de Venezuela sería la segunda más profunda de la historia. Ahora bien, si la caída es de 7%, entonces la recesión de Venezuela sería la más profunda de la historia en los países que han padecido recesiones de al menos seis años. 

El panorama de un país sometido a una destrucción económica de estas proporciones debe tener efecto en la calidad de las políticas públicas requeridas. Deben ser políticas de la mayor efectividad en condiciones institucionales complejas y con financiamiento adecuado. La ausencia de estas condiciones impondrá más sufrimiento a los venezolanos. En vital recuperar el crecimiento lo más pronto posible y tomar las medidas pertinentes para que esta calamidad no ocurra nunca más.

Politemas, Tal Cual, 6 de febrero de 2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Las dimensiones del retroceso

Tal como era reconocido en múltiples ámbitos, el país confronta la peor crisis de gobernabilidad que se pueda imaginar. No solo es la dimensión política, evidente y de amplia presencia en todos los escenarios internacionales. Es también la grave dimensión económica y sus repercusiones sociales. Los eventos políticos no hacen sino profundizar la dinámica de la hiperinflación, ya con una duración de quince meses. No hace falta resaltar que hasta que no se controle la hiperinflación, la debacle social seguirá aumentando de intensidad. 

En estas circunstancias es importante enfatizar que la solución política debe fundamentarse justamente para resolver la crisis social y económica. De allí que un día más de prolongación de la situación, influye en aumentar las restricciones y dificultades. Ahora bien, la vía para resolver esta terrible situación no puede implicar la vuelta a los trechos conocidos, con la idea de que es necesaria una fase de “normalización” para luego considerar los problemas “estructurales”. 

Abogar por la “normalización” puede estar basado en la idea de que los desequilibrios económicos del país requieren medidas macroeconómicas y que por “añadidura” se retomará el bienestar que supuestamente teníamos. En esa visión, el programa de estabilización de la economía lo resolverá todo, acabar con la hiperinflación y producir más petróleo. Con esos elementos, en un tiempo prudencial volvería la “felicidad”. 

Esa visión desconoce totalmente que los problemas del país, agravados inmensamente en estos veinte años, tienen su raíz en la consolidación de una economía absolutamente dependiente del petróleo, y que, para remate, no generó las capacidades para crear valor cuando teníamos las posibilidades. Es decir, cuando teníamos las personas con las competencias para producir otros bienes. Ahora, cuando millones han dejado el país y han trasladado sus competencias a otros lugares, no se puede reiterar la causa central de todo lo que ha pasado. 

Es clave examinar lo que ha ocurrido en el mundo del desarrollo, para tener dimensiones del retroceso que se ha experimentado en Venezuela. Hay que afrontar esa realidad. Hay que ponerle tamaño. So pena de actuar ingenuamente. Justamente porque en la medida que hemos retrocedido, otros han avanzado, y mientras Venezuela confronta la única hiperinflación en la segunda década del siglo XXI y tiene la crisis de gobernabilidad más grande en los últimos treinta años en América Latina (por decir solo un detalle), esos países están ocupados en aumentar la capacidad de innovación, en producir nuevas tecnologías, en ensanchar el mundo del conocimiento, en enseñar a todos sus niños a pensar y ser creativos. Actualmente en Venezuela para millones de niños no está garantizada ni la comida del día. 

Entre 1922 y 1985, Venezuela superaba ampliamente a Corea del Sur en PIB per cápita. En 1950 Venezuela tenía cuatro veces más PIB per cápita que Corea del Sur. Pero, además, aunque sorprenda, Venezuela en ese año superaba a Japón en PIB per cápita. Teníamos el doble de Japón. A partir de 1961 nos desplazó Japón. Y dos décadas más tarde nos superó Corea del Sur. Hoy en día Japón es, desde hace décadas, la economía más diversificada del mundo. Corea del Sur ya le llega cerca. 

Entonces, el retroceso no se resuelve con volver a las fuentes tradicionales de lo que producimos. Justamente en estos veinte años se quiso llevar esta premisa al límite, esto es, vivir del petróleo. Creer, según esta orientación, que el bienestar estaba a la vuelta de la esquina y se prolongaría por siglos. La realidad de estos años indica que no era así, que no ha sido de esa forma desde hace seis décadas, al menos. 

Japón y Corea del Sur son países diversificados porque ese es el acuerdo de la sociedad. Porque han avanzado en la construcción de emporios de conocimiento, en los cuales la preocupación central es innovar y contar con recursos humanos de la más alta preparación. 

En ese contexto, ¿Cómo se pueda avanzar en el desarrollo de Venezuela sin cambiar la orientación fundamental? ¿Cómo se pueden mejorar las condiciones de vida de los venezolanos sin fijar un rumbo que apunte a la diversificación? ¿Cómo se puede progresar en la dirección que nos ha demostrado que no es la correcta? ¿Cómo plantear las mismas estrategias que aumentarán el retroceso? Definitivamente, los venezolanos, los de ahora y los del futuro, requieren una mejor interpretación de nuestro rol en el mundo. Un liderazgo con mayor compresión de nuestras posibilidades, un liderazgo del siglo XXI, no del pasado, un liderazgo con vocación para los altos retos. 

Una propuesta de futuro para los venezolanos debe colocar en el centro la aspiración de ser una sociedad de conocimientos. Con claridad, con ambición. En la cual el petróleo sea un medio, no un fin. Una alternativa con ganas. Sin complejos. Construida con el talento de los venezolanos. Esa visión tiene que plantear los retos del conocimiento para los niños que nacen hoy en cualquier sitio de Venezuela. Debe ser una plataforma para incorporarlos en la modernidad del siglo XXI. Con posibilidades para la innovación en empresas, grandes, medianas y pequeñas. También debe tener opciones para el talento que hoy se mueve en el mundo y quiere saber si puede desarrollarse en el país en el que se formaron. Esa visión debe tener respuestas para la universidad pública venezolana, hoy confrontada con la mayor pérdida de talento de toda su historia. Si esa propuesta no tiene ideas para esas inquietudes desde el primer minuto, será una respuesta para continuar en el pasado. Para mantener el retroceso.

Politemas, Tal Cual, 30 de enero de 2019

martes, 26 de febrero de 2019

Tendencias del desempeño económico en América Latina

Ya en la fase final de la segunda década del siglo XXI, y en el contexto de un escenario global cada vez más complejo, puede ser de utilidad examinar las lecciones en el desempeño de las economías latinoamericanas en el período más amplio que se pueda abarcar. Conviene identificar tendencias que sirvan de referencia para las políticas públicas en los países de la región en las próximas etapas. 

El análisis tomará como base las variaciones del producto per cápita de acuerdo con la capacidad de compra a precios internacionales. Esta medición permite comparar el acceso a la compra de bienes de los ciudadanos de cada país asumiendo precios internacionales constantes. Por supuesto, la capacidad de compra no es igual a riqueza ni a sostenibilidad del crecimiento. En algunos países, la capacidad de compra puede ser muy alta, pero las economías no son diversificadas. Un ejemplo muy claro son los países productores de petróleo. Tienen un alto producto per cápita pero no son países ricos, no son países de economías diversificadas. La información disponible corresponde a la contenida en la base de datos del FMI desde 1980 (no existen datos anteriores a ese año). Analizaremos todos los países con información completa entre 1980 y 2018. Son exactamente 139 países. En el grupo están todos los países de América Latina, excepto Cuba, y Nicaragua. 

En 1980 el país con mayor producto per cápita de capacidad de compra en la región era Venezuela (poco más de 18 mil dólares). Esta cifra estaba muy cercana a las de Reino Unido Singapur, Japón (con poco más de 20 mil dólares en cada caso). En ese año los cinco países con mayor producto per cápita de capacidad de compra eran exportadores de petróleo (confirmando lo señalado sobre las distorsiones que presentan estas economías). Venezuela ocupaba el lugar 32 al ordenar a los países de mayor a menor producto per cápita de capacidad de compra. Luego de Venezuela seguían Argentina (puesto 41), México (puesto 46) y Brasil (puesto 47). Estos cuatro países eran los únicos de América Latina en los primeros cincuenta. También como referencia puede indicarse que Corea del Sur ocupaba ese año el lugar 75 con un producto per cápita de poco más de 5 mil dólares, casi la cuarta parte de Venezuela. 

Casi cuarenta años después, el examen de las variaciones en el producto per cápita de capacidad de compra ofrece una muestra del impacto de las políticas públicas seguidas por los países. La situación ideal es que la combinación de políticas públicas seguidas por los países hubiera aumentado la capacidad de compra de los habitantes, y que ese aumento sea una expresión de la diversificación económica, fundamento de la sostenibilidad de mediano plazo. 

Los cinco países que experimentaron mayor aumento del producto per cápita de capacidad de compra entre 1980 y 2018 (en el conjunto de los 139 países analizados), fueron Guinea Ecuatorial, China, Bután, Corea del Sur y Vietnam. En este grupo solo Guinea Ecuatorial tiene una economía basada en el petróleo. De hecho, en 2018 el único país petrolero en los cinco países con mayor producto per cápita de capacidad de compra es Qatar. Casos llamativos en mejoras de desempeño económico son Singapur (al pasar del lugar 27 en 1980 al puesto 3 en 2018), y Corea del Sur (al subir del puesto 75 al 29 en el mismo período). 

En América Latina solo tres países (de los dieciocho de la región con información) aumentaron el producto per cápita de capacidad de compra por encima del promedio mundial (Chile, República Dominicana y Panamá). Y solo dos de ellos, Haití y Venezuela, experimentaron decrecimientos del producto per cápita de capacidad de compra en el período. En el caso de Haití la reducción fue 33% y en el de Venezuela la reducción fue 46% (es decir, prácticamente a la mitad del valor de 1980). 

Al examinar el lugar relativo de las economías de la región, se observa que solo dos países se encuentran ahora entre los primeros cincuenta del mundo con respecto al producto per cápita de capacidad de compra. Solo cuatro países han mejorado la posición relativa (Chile, República Dominicana, Uruguay y Panamá) en el período 1980-2018. Todos los demás países han bajado en la clasificación, siendo la caída más significativa la de Venezuela al descender del lugar 32 al 81, una disminución de 49 puestos. 

Dos direcciones se muestran con claridad en este análisis. En primer lugar, las economías de la región no se caracterizan por el dinamismo, no son espacios relevantes a escala mundial para la producción y la innovación. En segundo lugar, la tendencia es hacia un menor crecimiento, es decir, a pesar de que las economías crecen no lo hacen en la misma proporción a la que están creciendo en otros contextos. De allí que la mayoría de las economías de la región pierdan terreno cuando se compara con el resto de los países. 

Las consecuencias de lo anterior para las próximas etapas son relevantes. En primer lugar, es evidente que la combinación de políticas públicas en la región no alcanza el mejor resultado posible, al menos cuando se comparan en el contexto internacional. Un segundo aspecto es el efecto que podría tener para estos países cuando se profundicen los cambios demográficos y epidemiológicos que requerirán mayores recursos para la prestación de servicios a una población con mayor expectativa de vida. Los cambios deberán ser sustantivos. Mientras más temprano se empiece, será mucho mejor.

Politemas, Tal Cual, 12 de diciembre de 2018

martes, 19 de febrero de 2019

¿Qué se requiere para erradicar la malaria?

El Informe Mundial de Malaria publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pocos días atrás, no solo reporta sobre la situación de los programas de control en todo el mundo. También señala aspectos que a primera vista pasan sin llamar la atención, justamente por lo increíbles que pueden parecer. En el mundo tropical, donde la malaria ha estado presente desde que existe la humanidad, la simple mención de que sea posible erradicar la enfermedad, no es consistente con lo que pasa en la realidad. Especialmente si se aprecia desde la perspectiva de un país como Venezuela, que según la OMS cerró el año 2017 con más de 400 mil casos de malaria. Y que para el año en curso tiene un estimado de casos muy superior. . 

Imaginar un país sin un solo caso autóctono de malaria supone tener presentes una serie de condiciones. Para muchos, la exigencia es de tales proporciones que ni siquiera es factible asumir. El año que se notificaron menos casos de malaria en Venezuela fue 1962, un poco más de 250 casos en todo el año. Lo cierto es que la erradicación de la malaria no es tan inimaginable. Según el reporte de OMS, desde el año 2000, 16 países han eliminado la malaria en sus territorios. Algunos de ellos (Paraguay, Marruecos, Armenia, Emiratos Árabes Unidos, Turkmenistán, Sri Lanka y Kirguistán) ya cuentan con la certificación de la OMS. 

Otro grupo de 21 países se ha propuesto que para el 2020 habrán erradicado la malaria. Entre ellos se encuentran varios de América Latina (México, El Salvador, Costa Rica, Ecuador), así como China, Suráfrica, Corea del Sur, Malasia, entre otros. Al observar el desempeño para alcanzar la meta, se constata que en 2017 no se registró ningún caso de malaria en El Salvador, ni en China, por colocar dos países tan diferentes en términos de superficie y población. Tampoco se registraron casos en Argelia. En algunos de ellos se registraron menos de cien casos, por ejemplo, Costa Rica (12), Irán (57), Malasia (85). En otros se presentaron retrocesos, como en Suráfrica, al pasar de poco más de cuatro mil casos a más de veinte mil. 

Más allá de las diferencias en el desempeño, relacionadas con la capacidad de gestión, recursos, situaciones políticas, entre otros factores, la realidad es que estos países, es decir, los acuerdos más o menos sólidos que existan en esas sociedades, han decidido que es posible erradicar la malaria y están dando los pasos, a veces más efectivamente, a veces menos, en esa dirección. Es muy probable que en 2020 no todos ellos lo consigan, pero también es cierto que lo podrán conseguir más adelante. Estas acciones repercutirán en mejores condiciones de vida para sus poblaciones, y la posibilidad de asignar los recursos que hoy gastan en malaria en otros problemas de salud. 

El ejemplo de esta iniciativa, de erradicación de malaria en estos países, pone de relieve dos lecciones muy relevantes. La primera es que en las políticas públicas no hay predeterminaciones. Es decir, no existen factores tan inmodificables que no permitan avanzar. Y el segundo aspecto, es justamente que el primer paso en una política pública exitosa es asumir que si es posible, y tomar en cuenta todos los factores en los cuales hay que incidir para reducir el problema. En otras palabras, en aquellos países que existan epidemias de malaria no es que sea inevitable, es que se están manifestando más bien las grandes brechas de las políticas públicas. Tan sencillo como eso.

Politemas, Tal Cual, 5 de diciembre de 2018

domingo, 17 de febrero de 2019

Rumbo a las hiperinflaciones más largas

La hiperinflación de Venezuela ya tiene un año de duración. Cuando comenzó en el mes de noviembre del año pasado, algunos comentaron que al ser un proceso “autolimitado”, la hiperinflación no debería pasar de un año. Esa creencia estaba basada en la experiencia de los gobiernos que decidieron deliberadamente eliminar la hiperinflación. Pero en el caso de los países en que los gobiernos no asumen que la hiperinflación es un problema derivado de sus acciones, la duración de estos procesos puede ser tan larga como la incomprensión de su naturaleza. 

Ya a finales del 2017 era bastante claro que no existe la disposición para implementar las políticas adecuadas para corregir la hiperinflación. Los resultados están a la vista. La hiperinflación de Venezuela es la tercera en duración de América Latina (solo superada por la de Bolivia con 18 meses y la de Nicaragua con 58 meses). También es la tercera en cuanto a la máxima tasa de inflación mensual (superada por la de Nicaragua y la de Perú). Al cumplir el año, la hiperinflación de Venezuela está en el 40% de los casos de mayor duración. 

Toda esta situación ha tenido un efecto terrible en los venezolanos, desde el deterioro aún mayor de las condiciones de vida, hasta la pérdida también mayor de la capacidad de transacción en la venta y compra de bienes. Venezuela es hoy una sociedad preocupada cada segundo por el precio de los bienes no por el valor de ellos. La distancia entre esas dos sociedades es el camino que habrá que recorrer para ser un país completamente diferente al que tenemos. 

Todo lo anterior sería de especial preocupación. Pero esto aumenta cuando se conocen los pronósticos de los organismos especializados, dentro y fuera del país, sobre el comportamiento de la hiperinflación en 2019. Todos los análisis indican que la hiperinflación puede extenderse por todo el año próximo. Es decir que la duración podría llegar al menos, según estos pronósticos, a los dos años. La premisa subyacente en estos pronósticos es que no habrá cambios fundamentales en la política económica. 

De mantenerse la hiperinflación en todo el año 2019, Venezuela ingresaría al grupo de países que han tenido las hiperinflaciones más largas (mayores a dos años). Este grupo está compuesto por: Rusia (entre 1922 y 1924, 26 meses), China (entre 1943 y 1945, 26 meses), Angola (entre 1994 y 1997, 26 meses), Ucrania (entre 1992 y 1994, 35 meses), Azerbaiyán (entre 1992 y 1994, 36 meses), Grecia (entre 1941 y 1945, 56 meses), Nicaragua (entre 1986 y 1991, 58 meses). Esta posibilidad es real. La magnitud de los desequilibrios que atraviesa Venezuela está sencillamente fuera de toda proporción. 

En este escenario, hay que insistir hasta la saciedad, es urgente el cambio de la orientación económica. Venezuela está experimentando un grado superlativo de deterioro institucional vinculado a la desaparición de la moneda, tal como Keynes lo señalaba hace casualmente un siglo. Por supuesto, esto es una responsabilidad que involucra especialmente al gobierno. Pero no de manera exclusiva. La reflexión sobre el tipo de sociedad que aspiramos supone comprender los elementos básicos del funcionamiento de una economía, y lo costoso que representa un proceso de hiperinflación, en calidad de vida y en inversión para el futuro. La responsabilidad de todos los liderazgos en identificar alternativas ante esta situación no puede ser más necesaria en las actuales circunstancias.

Politemas, Tal Cual, 28 de noviembre de 2018

viernes, 15 de febrero de 2019

Dramas y oportunidades de la migración a Colombia

La migración de Venezuela es un problema de Estado para Colombia. Declaraciones presidenciales en los últimos dos años así lo evidencian. La envergadura de este proceso es inmensa y creciente. De allí que el gobierno de Colombia cooperara con el Banco Mundial para elaborar un documento marco de políticas públicas para atender esta situación en el corto, mediano y largo plazo. El documento “Migración desde Venezuela a Colombia”, presentado hace pocas semanas, ofrece aportes tanto para conocer las dimensiones y características de la migración, como su impacto en múltiples áreas, y para ponderar las alternativas de políticas. El conocimiento de especialistas del Banco Mundial sobre procesos similares en otros contextos, facilita la identificación de opciones para enfrentar sistemáticamente la migración acelerada de Venezuela a Colombia. 

En el documento se califica esta migración como “sin precedentes”. También se señala que este proceso ha cambiado completamente la dirección de la política migratoria de Colombia. De país más bien interesado en que retornaran los nacionales que tuvieron que marcharse en décadas pasadas, ahora Colombia debe hacer frente a una llegada de migrantes de inmensas proporciones provenientes de Venezuela. La velocidad y magnitud de esta migración es proporcional al ritmo de destrucción económica que se ha profundizado en Venezuela desde la aparición de la hiperinflación en noviembre del año pasado. 

La población que ha tenido que salir de Venezuela proviene del peor contexto económico y social en la historia del país. No solamente son los efectos relacionados con las características de los empleos que tenían, en su gran mayoría informales, en una economía con casi un lustro sin crecimiento. También es una población sin acceso adecuado a alimentos, medicamentos, con restricciones en la asistencia a las escuelas, con 70% sin cobertura de seguros de salud. En los últimos meses también es una población con casos de sarampión y difteria, con posibilidad de propagar las epidemias de estas enfermedades. 

En el documento del Banco Mundial se indica que para septiembre de 2018, aproximadamente 1,2 millones de personas que vivían en Venezuela se han trasladado a Colombia. De ellos, 300 mil son colombianos que decidieron retornar a su país. Es por ello que se señalan las características de una migración mixta (los nacionales que retornan y los que no tienen nacionalidad colombiana). Estos últimos tienen diferentes condiciones migratorias (regular o irregular). También se destaca que durante los primeros nueve meses de 2018, más de 700 mil personas provenientes de Venezuela han llegado a Colombia para seguir a otro país. 

Las dimensiones de esta migración, que superan todo lo previsible, han tenido por supuesto un efecto en Colombia, especialmente en la prestación de servicios y en las condiciones del mercado laboral. De allí que se implementen mecanismos de atención a esta población en áreas de salud y educación, para lo cual la situación migratoria implica diferencias en el acceso. Se estima en el documento que la atención a los migrantes tiene una repercusión de 0,2% a 0,4% del PIB en los gastos fiscales de Colombia. 

Esta migración tiene un mayor impacto relativo en las zonas fronterizas. Esto es, la población migrante representa una proporción significativa de la población total. Lo relevante es que estas zonas fronterizas también son las menos desarrolladas de Colombia, con menor cobertura de servicios y posibilidades productivas. Y es justamente en estas condiciones que pueden surgir las oportunidades. También el documento señala la importancia de analizar los posibles efectos beneficiosos de esta migración. 

Tal como ha sido la experiencia en este último año, el documento destaca que el empeoramiento de las condiciones económicas y sociales de Venezuela influirá en la continuación de la migración. De manera que las previsiones, en términos de servicios y atención a los migrantes, tenderán a aumentar. También se sabe que en las zonas fronterizas la migración venezolana cuenta con ventajas por su preparación para las actividades productivas. Por supuesto, inicialmente genera recelos de parte de los trabajadores de nacionalidad colombiana. De hecho, se ha reportado la disminución del empleo formal en estas zonas, al mismo tiempo que el aumento de la economía informal con la llegada de venezolanos. 

Ahora bien, esta combinación de migración que trae nuevas capacidades en un entorno caracterizado por la brecha que existe con respecto a otras zonas de Colombia, puede servir de catalizador de nuevas modalidades productivas. Este aspecto está enunciado en la recomendación 2.4 del documento al destacar la importancia de proyectos productivos en las zonas receptoras de migración. Una opción podría ser la creación de un Fondo de Apoyo a Emprendimientos Productivos, de manera que los nuevos empleos de venezolanos no compitan con los empleos formales de la población colombiana. Estos nuevos emprendimientos, con incentivos para una rápida formalización, permitirían que se formen nuevas asociaciones productivas en estas zonas. Si también en esas zonas se facilita el reconocimiento de títulos a los migrantes venezolanos (como se señala en la recomendación 3.2 del documento), se aprovecharía tanto las capacidades actuales como las derivadas de un mayor nivel de especialización. 

Quizás estas zonas fronterizas, hoy con grandes brechas de desarrollo, se pueden convertir en áreas de nuevos niveles de productividad. Al estar en la frontera pueden tener un efecto sinérgico en la economía de Venezuela cuando se tenga otra dirección de políticas. Probablemente el mayor reto del gobierno de Colombia es convertir los dramas de esta migración en oportunidades de bienestar. Ojalá que así sea.

Politemas, Tal Cual, 21 de noviembre de 2018