miércoles, 22 de junio de 2016

Sin caretas

El Consejo Nacional Electoral ha dejado ante el mundo todas las evidencias de que muy poco le interesa guardar las mínimas apariencias. En las últimas semanas, a ritmo incesante, la mayoría del CNE ha pulverizado letra a letra el artículo 294 de la Constitución. Tanto en Venezuela como en todos los ámbitos internacionales, la señal es muy evidente: estamos en presencia de un poder público totalmente plegado al Poder Ejecutivo, sin mayores tapujos, dócil y obediente.

El artículo 294 de la Constitución dice lo siguiente: “Los órganos del Poder Electoral se rigen por los principios de independencia orgánica, autonomía funcional y presupuestaria, despartidización de los organismos electorales, imparcialidad y participación ciudadana, descentralización de la administración electoral, transparencia, y celeridad del acto de votación y escrutinios”. 

Con el proceso de solicitud de realización del referendo revocatorio del Presidente de la República, la mayoría del CNE ha demostrado que ninguno de los conceptos anteriores puede adjudicarse a su gestión. El CNE no tiene independencia orgánica porque actúa como ente defensor del gobierno. Antes que responder a las exigencias de participación democrática, según lo establecido en el texto constitucional, el CNE justamente crea los mayores inconvenientes para que se exprese la decisión de los venezolanos. La reglamentación de un proceso relativamente sencillo ha servido de pretexto para colocar todas las trabas posibles.

Tampoco es autónomo el CNE cuando la mayoría que lo maneja da muestras de seguir, prácticamente al pie de la letra, las indicaciones de sectores del gobierno y del partido de gobierno. Ninguna posición o palabra que señale un mínimo de independencia, de criterio propio. La despartidización, al contrario de lo establecido en la Constitución, está completamente desaparecida. Tampoco se encuentra la imparcialidad y el estímulo de la participación ciudadana. Decisiones que deben tomar en cuenta las diferencias estadales y municipales son completamente descartadas. Procedimientos que pudieran ser expeditos son retrasados sin miramientos. Solo hay que citar en este aspecto que las validaciones tienen que esperar más de 20 días para ser confirmadas.

Es bastante contundente que lo que menos interesa a la mayoría del CNE es garantizar que los venezolanos tomen decisiones ejerciendo el sufragio. Se trata más bien de prolongar, a través de todos los medios, la permanencia de este gobierno que a todas luces ya no puede más. Que ha complicado en grado superlativo la vida de los venezolanos. Que no tiene ninguna solución para los problemas, los cuales son más bien su creación. La mayoría del CNE actúa como recurso de contención para perpetuar el monumental fracaso de esta gestión. Pero tal mayoría circunstancial ha encontrado una gran disposición de los venezolanos para transformar al país. Se han quedado sin caretas y sin argumentos.

Politemas, Tal Cual, 22 de junio de 2016

El origen de la destrucción

El shock avanza en Venezuela. Las dificultades para conseguir alimentos y medicamentos aumentan todos los días. Las familias deben realizar mayores sacrificios, en términos de tiempo y angustias, muchas veces sin ninguna recompensa. Hacer una cola por largas horas, ya no es garantía de conseguir los bienes básicos. La economía venezolana está en una fase aguda de destrucción. Las consecuencias en la vida cotidiana de los venezolanos se observan hoy, pero se han generado desde hace más de una década. Lo que se constata es la conclusión de una ruta tomada por la convicción de que el desarrollo se lograba con un Estado inmenso, todopoderoso, al amparo de la renta petrolera. Los resultados indican la dimensión de ese fracaso.

Es importante precisar el origen concreto de esa destrucción. El momento exacto en que se empezó a gestar todo este monumental desastre económico. Y eso lo sabemos. Fue en la etapa en que comenzó la agresión sistemática contra las empresas privadas. Con su manifestación en la ola de expropiaciones a mediados de la década pasada. Bajo la premisa de que todo debía estar en el control del Estado, se procedió a expropiar empresas en las siguientes áreas de producción: alimentos, agroindustria, banca, construcción, comercio, telecomunicaciones, metalurgia, turismo, petróleo, gas, transporte, papel, textil, y pare de contar. Más de mil empresas fueron expropiadas entre 2005-2011, aunque no existe todavía un recuento completo. 

El impacto de estas expropiaciones, por supuesto, no fue inmediato. Construir una empresa lleva tiempo, y transferir sus activos y tomar su control no es una tarea rápida. Se trata de procesos complejos, equipos humanos, tecnologías asociadas, en fin, toda la dinámica de creación de valor. De un día para otro, equipos humanos y técnicos debieron ser sustituidos. La modificación de los incentivos, esto es, que ahora todo estuviera controlado, sin mecanismos para el ajuste de precios y costos, trajo como consecuencia la pérdida de la dinámica productiva. Tal proceso dejado a su evolución en estos años, ha conducido al desmantelamiento de la capacidad productiva en esas empresas, y en todo el aparato económico del país. Lo que comenzó como una concepción fundamentada en prejuicios ideológicos y en un profundo desconocimiento de las tendencias modernas del desarrollo, ha terminado en uno de los desastres gerenciales y de políticas de mayor drama en el Siglo XXI. 

La lección fundamental que se deriva de todo esto, es que el actual gobierno (desde 1999) no tiene ni la visión ni las competencias para detener este desastre e impulsar el país en otra dirección. De allí que sea central para el futuro de los venezolanos, que el gobierno sea sustituido a la brevedad por los canales establecidos en la Constitución. Y también debe quedar en la agenda de transformaciones, los mecanismos necesarios para garantizar los derechos de propiedad que fueron conculcados, expresados en pagos no realizados y todo tipo de daños asociados. Y finalmente, que los cambios que deben realizarse incorporen las modalidades de transferencia de estas propiedades públicas a sectores con la competencia y dinamismo para aumentar sustancialmente su productividad. Ojalá con la esperanza de que sea un aprendizaje perdurable.

Politemas, Tal Cual, 8 de junio de 2016

Incompetencia sin límites

Ya avanzado el Siglo XXI es inaceptable que no estén disponibles para todas las personas las tecnologías más sencillas. Por ejemplo, desde hace siglos se dispone de inmunizaciones que se han ido perfeccionando con los avances de la ciencia. Puede decirse que las inmunizaciones están entre los avances científicos de mayor impacto en la vida de niños y familias. Basta con la administración de las vacunas disponibles para que los niños y adultos no contraigan o minimicen los efectos de algunas enfermedades. Desde la polio, pasando por la tosferina, tétanos, tuberculosis, hasta la fiebre amarilla y la hepatitis, solo por nombrar algunas. 

Las inmunizaciones pueden estar entre las intervenciones más costo-efectivas en la historia de la humanidad. De manera que se podría esperar que todos los niños y adultos reciban ese beneficio. Para ello se requiere la disponibilidad de vacunas, así como el personal entrenado y los medios de preservación adecuada. Con esas condiciones, una cobertura de 100% sería muy fácil de lograr. En América Latina, por ejemplo, según datos de la Organización Panamericana de la Salud para 2014, el 100% de los niños de Argentina y Nicaragua recibe la inmunización contra la tuberculosis. En el caso de antipolio y triple, la cobertura de 100% se obtuvo en Cuba y Nicaragua. En el caso de sarampión, la cobertura es 100% en Cuba, Nicaragua y Brasil. Con lo cual queda bastante claro que no se trata de una meta inalcanzable, especialmente porque muchos países superan coberturas de 95%.

El sistema de salud de Venezuela, al igual que en otras áreas de servicios, tiene un desempeño muy por debajo de lo requerido en las inmunizaciones. La cobertura más alta se observa en la inmunización contra tuberculosis (95%). En la vacunación contra sarampión, la cobertura es 89%, por debajo del porcentaje promedio de América Latina y el Caribe (91%). Países como Argentina, El Salvador, Chile, Costa Rica, tienen coberturas superiores al 95%.

El peor desempeño de Venezuela se obtiene en las inmunizaciones contra polio y triple. La cobertura de polio es 79%, superando solamente a Guatemala, Paraguay, Haití y Perú. En el caso de triple, la cobertura es 78%, mayor solamente que la de Haití, Guatemala, y Paraguay. De manera que se puede concluir que el sistema de salud de Venezuela está entre los peores de la Región en una de los servicios de mayor impacto y de menor complejidad en su operación. Puede decirse que no hay manera de ser más incompetente. Especialmente porque los países que tienen menor desempeño no han tenido ni por asomo los recursos de Venezuela. 

La muestra que representa la cobertura de inmunizaciones, se extiende a otras áreas de servicios. Cuando agregamos mayor dificultad, sea porque las soluciones son más complejas o porque la cobertura es más difícil, el desempeño del sistema de salud de Venezuela es todavía más bajo. Podríamos decir que tomando en cuenta los recursos administrados, no hay peor sistema de salud en la Región. Incompetencia sin límites.

Politemas, Tal Cual, 18 de mayo de 2016

Salud en picada

El deterioro de las condiciones sociales es marcado y sistemático. No puede ser de otra manera. Una economía en el tercer año seguido de recesión, con la inflación más alta del mundo por cuarto año en fila, solo puede tener consecuencias negativas para los servicios sociales. Y esto es justamente lo que está sucediendo. El efecto de la crisis es absoluto, especialmente en aquellas áreas de máxima prioridad para la conservación y protección de las condiciones de las personas, como son la nutrición, la educación y la salud.

Una caída de las magnitudes señaladas afecta con especial intensidad a la inversión pública. Ya sabemos que los servicios sociales requieren cantidades significativas de recursos, al igual que los procesos que garanticen la mayor calidad. Para estimar las consecuencias actuales de la crisis económica en la salud, deberíamos contar con la información básica. Sin embargo, las fuentes oficiales no están disponibles. El último año con información de mortalidad es 2012. El registro de los casos de las enfermedades notificables no está disponible desde mediados del año pasado (casi 10 meses de retraso). Tampoco se dispone de registros del desempeño de los servicios, y mucho menos de las condiciones de salud exploradas por encuestas de hogares.

A pesar de lo anterior, es posible plantear algunas tendencias en la evolución de algunos indicadores. Si la tasa de mortalidad infantil estaba prácticamente estancada en 2012, lo más probable es que la caída de la inversión pública repercuta en la atención de los niños, especialmente aquellos que han nacido en condiciones adversas tales como no tener adecuado control prenatal o atención del parto de calidad. Esto puede significar un aumento de la brecha con respecto a los países de la Región. En el caso de la mortalidad materna, el deterioro es aún mayor. La razón de mortalidad materna ha retrocedido a la cifra de 1975. Las coberturas de inmunizaciones como el sarampión, triple, polio, se encuentran entre las más bajas de América. Si a ello sumamos las distintas epidemias que afectan al país, todas ellas con los peores récords históricos, es bastante evidente que en lo que se refiere a las actividades de prevención y control el país atraviesa una crisis de grandes proporciones.

El desempeño del sistema de salud se agrava al considerar la atención de las enfermedades crónicas. Más de dos tercios de las personas con hipertensión arterial o diabetes, no saben que tienen la enfermedad. Y muchos de los que están diagnosticados no pueden adquirir los medicamentos esenciales para el control. Más de la mitad de la población no cuenta con cobertura de seguros, y el gasto del gobierno es uno de los más bajos de América (sólo superando a Guatemala y Haití). De hecho, Venezuela tiene el gasto de bolsillo más grande de América, con lo cual queda en evidencia la privatización del financiamiento de la salud de mayor proporción en la Región en lo que va del Siglo XXI.

El escenario hiperinflacionario que confronta el país no hará sino complicar más lo señalado. Cada día que pase sin las medidas adecuadas para que el país pueda avanzar por una notable transformación económica, no hace sino agravar la situación. La salud de los venezolanos está en las peores condiciones. Los resultados de esta larga gestión son evidentes. Suficiente motivo para cesar por los medios constitucionales disponibles a la peor gestión de gobierno en la historia del país.

Politemas, Tal Cual, 11 de mayo de 2016

La inflación destruye gobiernos

El actual gobierno ha decidido que su forma de encarar el riesgo de hiperinflación, es simplemente evadiendo la realidad. No habla de eso. Y mucho menos informa sobre la evolución de los precios. El BCV, incumpliendo las funciones que la Constitución le asigna explícitamente, tampoco reporta los datos requeridos. Lo que sabemos sobre este aspecto, se debe a las informaciones que suministran los medios, sea por estudios especiales, opiniones de expertos, o por los reportes de los ciudadanos cuando compran los bienes. Por todas estas fuentes, la situación de plena aceleración de precios, en un contexto de escasez creciente, es la nota permanente.

La actitud del gobierno es sencillamente esperar el milagro. Esto es, que aumenten los precios del petróleo y continuar agravando los enormes desequilibrios de la economía venezolana. Llamar a eso una política irresponsable, es lo menos que se puede hacer. El gobierno espera que con esa creencia pueda pasar esta terrible circunstancia.

La inflación descontrolada es sinónimo de destrucción. Aniquila el ingreso de las familias, las inversiones de las empresas, estimula la migración de amplias franjas de la población, quebranta los mecanismos de intercambio económico. Todo ello se traduce en reducción del bienestar de personas y familias.

También los gobiernos que generan las inflaciones descontroladas la pasan muy mal. Hasta el punto que también son llevados por la ola de destrucción que crean. En América Latina los siguientes países han experimentado episodios de hiperinflación: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Nicaragua, Perú. En todas ellas, los gobiernos que las generaron terminaron siempre desplazados. Veamos. 

La hiperinflación de Chile se produjo en el mes de octubre de 1973, poco después del golpe de estado contra Salvador Allende. Sin embargo, la raíz de la hiperinflación se produjo en el gobierno de la Unidad Popular a través de las estatizaciones y controles. Dentro de las causas del golpe de estado estuvo indudablemente el clima de caos económico que predominaba en ese país. En Bolivia, la hiperinflación obligó a renunciar a Hernán Siles Suazo, adelantando un año las elecciones que permitieron la entrada del gobierno de Paz Estenssoro para implementar las medidas que terminaron controlando la hiperinflación. En Argentina la hiperinflación condicionó sin duda que el mandato de Alfonsín fuera recortado para dar la oportunidad a otro gobierno. La hiperinflación en Perú, la cual llegó a su tope en el último año del primer gobierno de Alan García, estuvo dentro de los factores que dieron entrada a Fujimori en la política de ese país y la aplicación del denominado “Fujishock” en el primer mes de su gobierno. La extrema dimensión de la hiperinflación en Nicaragua sin duda fue un factor clave en la elección de Violeta Chamorro en 1990 y el final del gobierno sandinista. Brasil, con la más larga etapa de inflación por encima de 100% en la Región, experimentó también inestabilidad política, incluida la destitución de un presidente, hasta la entrada del gobierno de Cardoso para enfrentar con éxito la hiperinflación.

El gobierno de la Venezuela actual ya sufre el gran deterioro que resulta de su incompetencia para el manejo económico. Estamos en el tercer año seguido sin crecimiento económico, y en el cuarto año seguido con la inflación más alta del mundo. Y para remate, ante el riesgo de hiperinflación, como ha señalado el FMI. No debe extrañar entonces que en pocas horas se hayan obtenido millones de firmas para cesar este gobierno en el marco de la Constitución.

Politemas, Tal Cual, 4 de mayo de 2016

domingo, 1 de mayo de 2016

El daño a evitar

Cada día que pasa se complica más la situación general en el país. Venezuela padece en este momento la confluencia de tres shocks: político, económico y social. Nunca antes los venezolanos habíamos estado expuestos a una circunstancia de esta naturaleza. Es muy claro que el actual gobierno no tiene la visión ni las competencias para acertar con las políticas que incorporen los correctivos necesarios. Cada día que pase sin que se tomen medidas, hace más complicado la implementación de las soluciones y aumenta la complejidad de los efectos. 

Es prioritario, entonces, explorar lo que ha pasado en otros países, para aprender de esas situaciones y estimar los efectos previsibles. Lo cual es otra manera de ilustrar la necesidad de actuar con celeridad. El riesgo de hiperinflación de Venezuela ya está en todos los corrillos políticos y técnicos, dentro y fuera del país. De manera que no hace mucho bien tratar de ocultar esa posibilidad. 

La hiperinflación ha sido experimentada en los siguientes países de América Latina: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Nicaragua y Perú (aplicando el criterio de aumento de precios igual o superior a 50% mensual). Solo en los casos de Brasil, Bolivia, y Perú, están disponibles los datos para analizar el efecto de esos procesos en la capacidad adquisitiva de los ciudadanos. 

La hiperinflación de Brasil ocurrió entre finales de 1989 y principios de 1990. Sin embargo, la tasa de inflación de Brasil fue superior a 100% anual desde 1981 hasta 1994. A pesar de ello, debido a que la economía tuvo crecimiento económico positivo en ese período, y a que la magnitud de la tasa de inflación no fue tan alta (comparada con los casos de Bolivia y Perú), en Brasil la reducción del poder adquisitivo (expresados en poder de compra en dólares internacionales) fue 1% (entre 1989 y 1990).

En los casos de Bolivia y Perú, la intensidad de la hiperinflación fue muy grande y en períodos relativamente más cortos. En Bolivia la reducción del poder adquisitivo per cápita entre 1981 y 1986 fue 4,3%. En Perú se produjo una reducción mucho mayor (19,3%) entre 1987 y 1991. Esta reducción es la mayor reportada en los países con hiperinflación y datos disponibles en América Latina.

En Venezuela, de acuerdo con las estimaciones del FMI, incluyendo los años con tasas de inflación mayores a 100%, entre 2015 y 2018, la reducción del poder adquisitivo per cápita estimado podría llegar a ser 20,3%, esto es, el mayor empobrecimiento en procesos hiperinflacionarios en América Latina. Este es el daño que hay que evitar. 

Para impedir este daño a los venezolanos se requiere una transformación sustantiva del país. Y ello pasa, en primer lugar, por la sustitución del actual gobierno de acuerdo con los procedimientos establecidos en la Constitución. No hay ninguna duda de que con el actual gobierno solo podemos esperar más destrucción. Los cambios requeridos pasan por desarrollar un Estado funcional y un mercado funcional. Es la tarea de los tiempos.

Politemas, Tal Cual, 27 de abril de 2016

jueves, 21 de abril de 2016

Escenario hiperinflacionario

Los datos son simplemente escalofriantes. El FMI ha publicado los escenarios económicos hasta el año 2021. Los estimados para la evolución económica de Venezuela no dejan ninguna duda. Venezuela está en una situación de shock económico, con todas las consecuencias que puede traer para la vida de los venezolanos.

Decía Keynes en 1919 que no hay forma más segura de trastocar las bases de la sociedad que destruir la moneda. La inflación, especialmente aquella que es abrupta y de altas proporciones, destruye las sociedades. Aniquila capacidades productivas y cambia la vida de las personas afectadas. Las implicaciones de la inflación descontrolada obligan a plantearlo como el principal público a enfrentar cuando aparece.

Según el FMI, la tasa de inflación promedio de Venezuela en 2016 sería 481%. Eso significa más del doble que la reportada el año pasado. Pero la inflación estimada para finales de este año ya estaría en 720%. No hay sino que comparar con la situación actual, para tener una idea de lo terrible que puede ser esa tasa de inflación a finales de año. Sigue el FMI indicando que el año próximo, de seguir estas políticas que nos han conducido hasta aquí, la tasa de inflación promedio llegaría a 1.600%, y que al final de 2017 tendríamos una tasa de inflación de 2.200%. Tal escenario es sencillamente devastador. Si tomamos en cuenta la estimación del FMI para el 2021, Venezuela podría alcanzar una tasa de inflación promedio de 4.500%. Sin palabras.

Este escenario implica que Venezuela sería la segunda hiperinflación del Siglo XXI (la primera fue Zimbabwe entre 2007 y 2008). Además, sería la primera hiperinflación en un país de la OPEP no sometido a una guerra civil (como fue el caso de Angola entre 1994 y 1997). Por otra parte, la tasa de inflación de Venezuela es la única superior a 100%. En América Latina y el Caribe, la anterior tasa de inflación superior a 100% la experimentó Surinam en 1994 (142%). De no corregirse el curso de la inflación, en 2017 Venezuela tendría la tasa de inflación más alta de América desde la que ocurrió en Brasil en 1994 (2.075%).

Por donde quiera que se mire, este escenario es absolutamente destructivo. Para los ciudadanos y sus condiciones de vida concretas, y para toda la sociedad. A esta situación hemos llegado por la irresponsabilidad e incompetencia del actual gobierno. Sus políticas han destruido la moneda, han pulverizado el marco de relaciones económicas, han distorsionado todas las dimensiones de las relaciones de producción e intercambio en la sociedad.

Este escenario no es irreversible. Pueden tomarse políticas que modifiquen el curso. Para ello se requiere una política económica completamente diferente, orientada a la creación de valor, el bienestar de los ciudadanos y a la preservación de la moneda. El actual gobierno ha dejado muy claro que no irá en esa dirección. Mientras eso no pase, se deteriorará mucho más la vida de los venezolanos. En consecuencia, es fundamental que la sociedad venezolana proceda en el marco constitucional a la sustitución de un gobierno que llevado al país a las puertas del fenómeno más destructivo: la hiperinflación.

Politemas, Tal Cual, 20 de abril de 2016

miércoles, 6 de abril de 2016

El peor desempeño social

La publicación del último Panorama Social (2015) por parte de la CEPAL aumenta la preocupación sobre la situación del país. Dado que el informe incluye información de todos los países de la Región, permite comparar la gestión social en diferentes contextos institucionales.

La tasa de pobreza en América Latina en 2014 fue 28,2%. Eso significa que aproximadamente 168 millones de personas se encontraban en situación de pobreza en ese año. El 11,8% del total de la población estaba en situación de indigencia, es decir, sin los recursos para adquirir los alimentos. El número total de personas en pobreza aumentó en 2 millones entre 2013 y 2014. El incremento neto de la población en pobreza se debió fundamentalmente a tres países (Guatemala, México y Venezuela). 

Cuando se compara a Venezuela con los otros países, se evidencian tres características: (1) la tasa de aumento de la pobreza en nuestro país en el período 2010-2014 fue mayor que en cualquier otro, (2) la brecha entre los pobres y los no pobres fue la que más se incrementó, y (3) la brecha entre los individuos, tomando en cuenta el ingreso, también fue la mayor. Por donde quiera que se mire, la pobreza en Venezuela se está agravando, sea en términos de la magnitud como de la intensidad.

Pero lo más inquietante de ese informe no es lo que se dice, sino lo que no se dice. Dado que el último año de información es 2014, podemos imaginar lo que está pasando con la pobreza en estos momentos. Han pasado más de 16 meses desde finales del año 2014. Sin embargo, la crisis económica se complica cada día más. El aumento de la tasa de inflación en 2015 fue el mayor en la historia del país, y el mayor en América desde 1994. Venezuela tiene la inflación más alta del mundo desde 2013 (es decir, cuatro años seguidos). Por otra parte, la economía sigue en recesión, por tercer año seguido. El aumento de los precios de los alimentos el año pasado fue mucho mayor que la inflación agregada. Y para remate, los programas de protección social no están en capacidad de amortiguar la extraordinaria caída de la capacidad adquisitiva. Si a ello se suma la debacle en las áreas de salud y de educación, así como la impresentable gestión de los servicios públicos, queda muy evidente que la afectación de la vida cotidiana de los venezolanos está en su peor momento histórico. 

Todo lo anterior nos lleva a una conclusión más que preocupante. Las perspectivas de la situación social se agravaron en 2015, y se están agravando en lo que va de 2016. Ante eso hay un gobierno sin ideas, repitiendo los mismos errores, haciendo gala de la mayor incompetencia en la gestión pública en el Siglo XXI, perdiendo credibilidad a cada instante. La población se afianza en el convencimiento de que el primer paso para tener una transformación en el país es la sustitución institucional de este pésimo gobierno.

Politemas, Tal Cual, 6 de abril de 2016

miércoles, 30 de marzo de 2016

Últimos en creación de valor

Si de verdad Venezuela puede tener un escenario de bienestar y progreso en las próximas décadas, es menester analizar la capacidad para crear valor agregado. Desde hace varias décadas, el grado de progreso en los países se mide por la generación de productos con el mayor valor agregado posible. Si ese es el eje de desarrollo, entonces todas las actividades productivas marcharán en la dirección que permita acompañar ese ritmo. Dado que dichos productos son los más valorados en el mercado, entonces la rentabilidad de esa inversión es mayor. 

Si se pudiera seleccionar un indicador que exprese tal énfasis productivo, uno que habría que considerar es la cantidad de dólares per cápita obtenidos por exportaciones de bienes con altas tecnologías. La utilidad de este indicador se fundamenta en varios aspectos. En primer lugar, establece el acento en la exportación, de manera que es el consumidor extranjero el que decide sobre la calidad del producto. En otras palabras, coloca de una vez al país en la dinámica de las exigencias de calidad internacional. En segundo lugar, al considerar las altas tecnologías, se decide por el criterio más riguroso. Esto es, productos altamente intensivos en investigación y desarrollo (industria aeroespacial, informática, farmaceútica, instrumentos científicos, robótica, entre otros), de tal forma que su elaboración conlleva directamente la expansión de las capacidades de creación de conocimientos. Y en tercer lugar, al realizar la comparación por habitante, se puede ajustar el efecto proporcional en cada país. Es decir, no es el tamaño de los países ni de su economía lo que se toma en cuenta, sino la capacidad productiva de cada individuo.

Examinemos ahora, en el contexto de América Latina, la evolución de este indicador. Tomemos como referencia los últimos 30 años. De acuerdo con la información disponible elaborada por CEPAL, en 1985 el país que producía mayor cantidad de dólares per cápita por concepto de exportación de productos de alta tecnología en América Latina era México (23 dólares). El segundo país era Costa Rica (11 dólares). Un poco más atrás se encontraban Brasil (6,30 dólares), Guatemala (6 dólares), Argentina (5,3 dólares). Luego seguía el resto de los países. Venezuela obtenía en ese año 0,59 dólares por habitante por concepto de exportación de altas tecnologías, uno de los más bajos de la Región.

En estos 30 años la tendencia de que el conocimiento es la base fundamental del desarrollo, se ha expandido por América Latina. En México, por ejemplo, en 2015 las exportaciones de alta tecnología tuvieron un valor de 701 dólares por habitante (esto es, 30 veces más con respecto a 1985). En Costa Rica, por su parte, el valor de exportaciones de alta tecnología por habitante alcanzó 613 dólares (un aumento de 55 veces). Otros países aumentaron también de manera significativa. Guatemala aumentó a 20 dólares per cápita, Argentina a 33, Brasil a 45. Estos últimos países, como se puede observar, muy por debajo de México y Costa Rica. Venezuela es el país con el menor valor de exportación de altas tecnología per cápita: 0,67 dólares. El único país por debajo de un dólar por habitante, cuando ya había alcanzado 3,96 dólares en 1990. Mientras esto pasaba en América Latina, Corea del Sur aumentó de 90 dólares a 3.200, y Singapur de 1.700 a 29.000 dólares en ese período. Otra liga muy diferente. 

Las políticas de los últimos 17 años en Venezuela han sido la antítesis de las que se han aplicado en otros países: objetivos de mediano plazo, inversión en áreas de tecnologías de punta, respeto a los derechos de propiedad, mejoras en la formación de recursos, entre otros aspectos. Los resultados están a la vista. Esos países están en ventaja para enfrentar los retos de la sociedad del conocimiento del siglo XXI. Venezuela, por su parte, debe cambiar sustancialmente para dejar de ser el país con menor capacidad de valor agregado en América Latina.

Politemas, Tal Cual, 30 de marzo de 2016

jueves, 10 de marzo de 2016

La mayor privatización de la salud

El caradurismo no puede ser más grande. Ante las grandes penurias de los venezolanos por conseguir medicamentos, por tramitar un cupo quirúrgico, o la radioterapia para el tratamiento de cáncer, el actual gobierno solo insiste en consignas que han sido desmentidas por la realidad. Venezuela tiene los peores desempeños de salud en América, todas las evidencias así lo indican. No existe la garantía de tratamiento en las instituciones públicas. Y mucho menos es verdad que los venezolanos tienen cobertura gratuita de los servicios de salud.

Es todo lo contrario, los venezolanos tienen la mayor proporción de gasto privado de la salud en América. Según cifras de la OMS para 2013 (último año disponible), el 65,8% del gasto en salud en el país proviene del bolsillo de las personas. Esto significa que las familias deben tomar dinero de sus salarios, de préstamos a familiares, de las cajas de ahorros, de la venta de vehículos, de la hipoteca de viviendas, para conseguir los recursos que permita el tratamiento de alguno de sus miembros. En otras palabras, los venezolanos viven la peor desprotección posible en materia de salud.

Esta privatización ha ido en aumento. En el año 2000, el 53,2% del gasto provenía del bolsillo de las personas. Esto significa que un período de 13 años el aumento ha sido superior a 12%. Mientras esto ocurre en nuestro país, en otros como Chile y Brasil ha disminuido el gasto de bolsillo, vale decir, ha aumentado el gasto público en 10% o más. En Colombia y Uruguay el gasto de bolsillo es menor a 20% del gasto total. Es decir, al contrario de la tendencia universal de aumentar el financiamiento público, las políticas del actual gobierno de Venezuela han significado la mayor privatización de la salud del Siglo XXI en América.

Cuando se compara a Venezuela con el resto del mundo, los resultados son más decepcionantes. Solo dos países tienen un mayor porcentaje de gasto de bolsillo que Venezuela. Esos países son Afghanistán (con 73,8% de gasto de bolsillo) y Azerbaiyán (con 71,1%). Vale decir, entonces, que la desprotección en salud de los venezolanos es la tercera más alta del mundo. Todo lo anterior coexiste con la intención permanente del gobierno de mostrar una gestión preocupada por la gente. Los resultados en la práctica, y las angustias de los venezolanos son suficientes para demostrar lo irreal de las afirmaciones del gobierno.

La actual gestión no solo ha destruido la economía, también ha vulnerado las condiciones de las personas, especialmente en servicios fundamentales como la salud. Bajo el cinismo ideológico se ha encubierto la mayor agresión a la equidad en el acceso a los servicios. Antes que ampliar las fuentes de financiamiento público, las políticas de esta administración han conducido a la mayor indefensión de las personas antes las contingencias de la salud. El actual gobierno ha dejado la salud de millones de venezolanos en la total desprotección.

Politemas, Tal Cual, 9 de marzo de 2016