martes, 27 de diciembre de 2011

Hambre en la "revolución bonita"

El gobierno ha puesto a circular la noticia de que en Venezuela “no hay hambre”. Se repite sin cesar. Se pronuncia la frase en las concentraciones públicas y en los actos informativos del gobierno. Se dice con insistencia, para que con sólo mencionarlo, la frase se convierta en realidad. Los objetivos electorales permiten todo eso. Hasta construir un mundo de fantasías.

Cualquier venezolano que transite por nuestras calles y avenidas sabe que el hambre galopa. Cualquiera que haga mercado en estos tiempos sabe que hoy compra menos que lo que compraba hace un año. Cualquiera que se haga preguntas puede imaginarse cómo será la capacidad de compra de alimentos, especialmente en los estratos de menores ingresos de la población.

Las intuiciones del ciudadano común son comprobadas a través de los medios de medición oficiales. La última encuesta de hogares realizada por el INE en el año 2009, indica que más de dos millones de venezolanos no tienen ingresos suficientes para cubrir la compra de alimentos. Esas cifras no son exageraciones de los críticos del gobierno. Son, insistimos, las propias cifras oficiales.

Las cifras no paran allí. Una mirada al sitio web del Ministerio del Poder Popular para la Planificación y Finanzas nos revela que la desnutrición afecta mucho a nuestros niños. Las últimas cifras oficiales corresponden al año 2007. Para ese momento el 18,42% de los niños entre 7 y 14 años presentaba desnutrición. En el grupo de los niños entre 2 y 6 años el porcentaje asciende a 20, 44. En los menores de dos años el 11,29% está desnutrido.

Lo más llamativo es la cifra de recién nacidos de bajo peso al nacer. El porcentaje de niños de bajo peso al nacer en 2007 era 8,91. Superior al presentado en 1999 (8,37%). En los años 2005 y 2006 el porcentaje de niños con bajo peso al nacer sobrepasó el 9%. Este último indicador nos señala que la atención a la mujer embarazada está pasando por una de las peores épocas.

Las cifras corresponden al año 2007. En pleno “boom” de ingresos de los miles de millones de dólares provenientes del petróleo. Ya ese “boom” finalizó. Cabe preguntarse por las condiciones de vida de la población cuando ha aumentado la inflación y el desempleo, y la economía ha entrado en recesión. Es obvio que esta situación ha empeorado. Las restricciones económicas traen caídas del ingreso de las familias, y eso significa menor capacidad de compra de alimentos.

Desde comienzos del año pasado, cuando se sabía que nos vendría una caída importante del ingreso, el gobierno ha debido implementar un programa de subsidios de alimentos a los sectores más vulnerables. No lo hizo. En consecuencia, se han sumado dos circunstancias: las debilidades del sistema de protección social, y la caída de la actividad económica. Hoy hay mucha hambre. El gobierno no puede negarlo de manera tan irresponsable.

Politemas, Tal Cual, 24 de marzo de 2010

Los "bate quebrados" del Presidente

El Presidente sorprendió a propios y extraños en el Teatro Teresa Carreño. En su acostumbrado léxico definió la “calidad” de los parlamentarios a elegir el próximo 26 de septiembre.

El momento de inspiración llegó con angustia. Dice el Presidente que no quiere “bate quebrados”. Tampoco quiere “currutacos”, ni “saltadores de talanquera”. Allí quedaron los criterios que el Presidente considera deben tener los parlamentarios de la bancada oficial. Todo un poema para el reclutamiento de servidores públicos.

Comencemos por el final. El Presidente no quiere sino lealtad absoluta. Todos los que se han ido del control de la “revolución” no son otra cosa que traidores. El Supremo los castiga y los execra de su dominio. El Presidente sabe que la tiene muy difícil para triunfar en las elecciones de septiembre. Todo indica que la frustración le pasará factura. Hay un mundo de gente esperando ese instante, solos ante la máquina, para cobrar por once años de irrespetos e incompetencia.

De allí que quiera asegurar que nadie se pase. Sabe el Presidente que cuando la gente percibe vientos de renovación, no hay mucho que hablar. Las posibilidades de “migración” de parlamentarios son altas. Especialmente si la “lucidez” del gobierno se mantiene con una Asamblea Nacional en contra.

Tampoco quiere el Presidente “currutacos”. Es decir, personas que estén muy afectadas por el “uso riguroso de las modas”. Vaya manera de referirse a los parlamentarios que “abnegadamente” le han servido. ¿Será que los parlamentarios actuales no se han ocupado de lo esencial? ¿Será que han estado más preocupados de figurar? Quizás deba recordar el Presidente que esos parlamentarios pertenecen a un partido que él dirige. Ninguno de ellos fue seleccionado sin su venia.

Lo más sorprendente de todo es que ahora el Presidente nos diga que no le gustan los “bate quebrados”. En primer lugar, porque de un viaje deja muy mal parados los parlamentarios de la bancada oficial. El Presidente les ha dicho lo que ya todo el país sabe. Para muestra está la incapacidad de aprobar las leyes de pensiones, o de salud, que ya tienen más de diez años sin solución. O la incompetencia que permitió que la Asamblea Nacional nunca reclamara el cumplimiento de la Ley Orgánica del Servicio Eléctrico. O que tardara años en aprobar la Ley de Policía Nacional, para hacer lo contrario de lo que había que hacer. En problemas tan “insignificantes” para los venezolanos como la salud, las pensiones, la electricidad, o la inseguridad. Una pelusa!!

En segundo lugar, porque el Presidente es absolutamente responsable de los “bate quebrados” que lo acompañan en la Asamblea Nacional y en el gobierno. Los ha nombrado, y ratificado varias veces. Ellos están ahí porque él lo necesita sumisos, incompetentes. Cada “revolución” tiene los “bate quebrados” que selecciona.

Politemas, 17 de marzo de 2010

Explique, Presidente

No vaya a creer, Presidente, que todos somos como Zapatero. Le pidió explicaciones y usted simplemente lo ignoró. Trató de escabullirse de las implicaciones que tiene lo señalado por un juez en España. Usted la ha tenido fácil en materia de explicaciones.

Primero tuvo una Asamblea Nacional con una mayoría oficialista. Eso fue entre 2000 y 2005. Ya todos los poderes los había nombrado usted en aquel aciago diciembre de 1999. Cuando la Constitución, apenas aprobada días antes, fue puesta a un lado para el nombramiento de los responsables de los poderes públicos. Luego en 2005, en las elecciones de la Asamblea Nacional, todos los diputados electos correspondieron al sector oficialista.

De manera que usted no ha tenido que explicar nada sobre su gobierno. Ninguno de los poderes públicos osa pedirle explicaciones. Para remate, usted no permite periodistas de otros medios nacionales en las pocas ruedas de prensa que realiza. Esa “comodidad” de no tener que explicar contradice la esencia de la democracia. Nada más mire cómo los líderes de las democracias de nuestra región tienen que explicar hasta los más mínimos detalles.

Debe tener claro, Presidente, que para la mayoría absoluta de los venezolanos, usted tiene mucho que explicar. Comencemos por su permanente confiscación de la Constitución de 1999. Usted le ha cercenado derechos a gobernaciones y alcaldías, ha liderado el ataque inclemente a la libertad de expresión, ha vapuleado los derechos de propiedad de empresas y particulares, ha coaccionado el poder judicial para que actúe como instrumento de retaliación política.

También usted debe explicar cómo se las arregló para sumirnos en la más completa crisis económica. No solamente es la gravedad de la caída de la actividad económica. Es el espanto que su gobierno ha producido de la inversión privada, nacional e internacional. Sin ella no habrá recuperación. Usted debe explicar cómo fue que se dejó llevar por la quimera del Socialismo del Siglo XXI, promoviendo el empobrecimiento de los venezolanos. Habiendo recibido cientos de miles de millones de dólares de la venta de petróleo.

Es mucho más importante que explique cómo fue que hizo para llevarnos al más completo retroceso en materia de servicios públicos. No hay agua y electricidad, especialmente en los pueblos y ciudades del interior del país. También destruyó la institucionalidad de las políticas sociales. Nuestros sistemas de salud y educación, por decir sólo dos, están en el más completo abandono.

La sociedad democrática venezolana no tiene ninguna ilusión de recibir sus explicaciones. Más bien se prepara a dejarle constancia el 26 de septiembre de que su gobierno ha sido un completo fraude para los venezolanos. Que ya la “revolución bonita” ha entrado en cuenta regresiva. Estamos seguros de que usted está empezando a entender esa explicación.

Politemas, Tal Cual, 10 de marzo de 2010

Cacerolazo de realidad

La cara lo dijo todo. El presidente Chávez se disponía a dar su gran cháchara. La conmemoración del mito que quiere crear con el 27 de febrero. Que si fue el día que nació la “revolución”. Que todo fue calculado por la conspiración que ya para la época llevaba varios años. De verdad se disponía. Pero fue estremecido y desafiado por un cacerolazo. Allí mismo en El Valle. Nunca lo hubiera imaginado.

Luego del cacerolazo, el Presidente no pudo recobrar la compostura. La mirada perdida, como los boxeadores cuando le dan la cuenta de protección. Ido, completamente ido. Pensando en darse la vuelta para buscar el origen de ese cacerolazo. A sabiendas de que quizás era mucha gente, muchos de los que estaban con él a lo mejor sintieron cierto disfrute. A partir de ese momento el Presidente perdió el hilo de lo que quería decir. Acortó su discurso, y se fue. Alguna locha ha debido caer en su mente.

El cacerolazo no fue una manifestación casual, azarosa. Más bien fue la expresión de una opinión mayoritaria. El gobierno del presidente Chávez se ha quedado sin la calle. Más de la mitad de los venezolanos tiene poca o ninguna confianza en el gobierno. Ya no hay forma de que alguien los convenza de volver a creer. Cada palabra de nuevas promesas, de que ahora sí habrá soluciones, cae en una inmensa incredulidad. La gran incompetencia de este largo gobierno no deja mucho lugar para la confianza y la esperanza.

No sólo es la confianza lo que se ha perdido. También hay una gran mayoría que desaprueba la gestión del gobierno. Es decir, que ya le ve más defectos que virtudes. La manera de enfrentar la crisis social y económica de Venezuela es reprobada por esa gran mayoría. El gobierno no genera satisfacciones, los ciudadanos se han quedado solos con sus problemas. El gobierno es el gran ausente de la vida cotidiana de los venezolanos.

También hay la certeza de que el gobierno separa, divide, crea diferencias entre los venezolanos. A pesar de que una abultada mayoría quiere el encuentro y el acercamiento, también se tiene la convicción de que el gobierno no lo promueve. El gobierno nos ha distanciado, y el malestar por ello es evidente.

Lo que más debe mortificar al Presidente es la opinión mayoritaria de que la alternativa democrática está realizando una buena labor. Más aún, para la mayoría de los venezolanos la alternativa democrática puede ser gobierno en Venezuela. Y además puede tener un buen equipo de gobierno. Ya no hay un solo actor en la cancha. Los venezolanos tienen identificados las posibilidades para sustituir el actual gobierno.

Todo esto lo sabía el Presidente el 27 de febrero. Lo que no sabía era que en El Valle pensaban igual. Y que tuvieron el suficiente valor para dejarlo saber en su presencia. El cacelorazo fue el vehículo para anunciar que ya la magia se acabó, que estamos en la cuenta regresiva de la “revolución bonita”.

Politemas, Tal Cual, 3 de marzo de 2010

El deslave de la "revolución"

Ahora resulta que Venezuela vive un “deslave energético”. Así, sin anestesia, el ministro Giordani sentenció sobre la crisis del sector eléctrico. Para remate, como quien busca la frase célebre, esa que sale al final de la película, se lanzó con el diagnóstico. El Ministro nos dice que la crisis eléctrica es “responsabilidad del capitalismo”. Le faltó la mirada a la tribuna, esperando el aplauso de rigor. Toda una farsa.

Jorge Giordani ha sido Ministro de Planificación y Desarrollo casi la totalidad del mandato de la “revolución bonita”. Un descanso en 2002 y otro en 2008. Pero de resto ha estado bajo su responsabilidad la planificación del país. Se dice rápido, pero no queda duda de la significación que tiene este ministerio para la vida de los venezolanos de ahora, y también los del futuro. No en balde, el ministro ha sido responsable de la elaboración de los dos planes de la nación de la última década.

Lamentablemente, la lectura del último plan deja la convicción de que no hubo mucha competencia en el cumplimiento de la tarea. Eso de planificar la demanda de servicios para garantizar la electricidad de los venezolanos como que no estaba en la brújula de los responsables.

La palabra “electricidad” aparece cinco veces en el plan. Una para decir que será utilizada en la promoción de la “integración territorial”. Otra para decir que se incrementará la generación de energía fósil. Un poco más allá, en la misma página, para indicar que se ampliará la red de transmisión y generación. Y luego, el saludo a la bandera, “incrementar la generación de electricidad con energía no convencional”. Ya previamente se había escrito que una de las metas del plan era “completar el desarrollo del potencial hidroeléctrico del país”.

Toda esa novela fue a finales de 2007. Menos de tres años atrás. No aparece ninguna mención de las presas a completar, ni los megawatios (MW) que se tendrán al final del período, ni las plantas termoeléctricas, ni los recursos que se requerirán para construir todas esas instalaciones. En el Plan de la Nación, de cuya responsabilidad no puede evadirse el ministro Giordani, no aparece ninguna meta, ni recursos, ni plazos. Es un “plan” hecho en el aire.

De lo que se habla en el plan, y mucho, es de la “nueva ética socialista”, de la “suprema felicidad social” y de la “democracia protagónica revolucionaria”. No podía entonces todo esto terminar de otra manera. Los apagones y los sinsabores de los venezolanos al no poder contar con electricidad son responsabilidad exclusiva de quien nombró al ministro Giordani: el presidente Chávez. Cada apagón que sufren hoy los venezolanos es la “suprema muestra” de la más grande incompetencia en el manejo del sector eléctrico nacional. Y a la cabeza de ella está el presidente Chávez. Liderando su deslave, liderando su fracaso.

Politemas, Tal Cual, 24 de febrero de 2010

El poder está en La Habana

Las semanas recientes han demostrado que la influencia cubana en Venezuela es más que evidente. Desde la presencia física hasta la que emana de las relaciones directas entre ambos gobiernos, siempre al alto nivel, pero también opacas, sin mucha información. Con lo cual hay que apelar a las relaciones entre algunos hechos y tendencias.

Una primera mirada podría indicar que nuestro todopoderoso gobierno es el actor dominante en la relación. Tiene los recursos derivados del petróleo. Puede utilizarlos para apoyar a la “gran revolución” caribeña. Para ayudarla a salir del atolladero en que se encuentra producto del gran fracaso del modelo comunista. Desde esa perspectiva, Cuba necesita de Venezuela para subsistir.

Las cifras no dejan de ser sorprendentes. El profesor Mesa Lago, en un trabajo de mediados del año pasado, indica que nada más en 2008 el gobierno de Cuba recibió 9.400 millones de dólares provenientes de Venezuela. Desglosados así: 5.650 millones de dólares producto del “pago” de servicios que incluyen la atención de médicos, enfermeros, maestros y otros profesionales, 2.400 millones de dólares por subsidios en forma de barriles de petróleo, y 1.355 millones de dólares en inversiones en 76 proyectos. En el año 2009 se habían firmado 173 proyectos por un valor de 2.000 millones de dólares adicionales incluyendo la expansión de la refinería de Cienfuegos.

Ahora bien, cabría preguntarse cuáles son las ganancias de un país con un gobierno “todopoderoso” como el venezolano, con esta ayuda multimillonaria a Cuba. ¿Cuál sería el beneficio que podría traer? Especialmente cuando sabemos que los trabajadores cubanos han sustituido a personal venezolano en estas áreas, a personal que ya teníamos, y que en muchos casos hemos perdido.

Otra lectura nos indica que el actor dominante es Cuba. Las decisiones de Venezuela se toman en Cuba, no a la inversa. Es el presidente venezolano quien viaja a Cuba a “pedir la seña”, no a la inversa. Son los asesores cubanos quienes fijan la “línea” en muchas de nuestras políticas. Son los informes de la inteligencia cubana los que sirven al gobierno venezolano en sus decisiones. Baste citar la “emergencia” decretada en Barrio Adentro, reconocida por el propio Presidente como una recomendación de expertos cubanos. Es Venezuela la que necesita a Cuba.

Desde esa perspectiva Venezuela es un peón en la estrategia de sobrevivencia de la decadente revolución cubana. Los recursos que llegan a Cuba son parte de la admiración y pleitesía que el gobierno venezolano le rinde a la épica de la revolución. Con nuestros recursos estamos financiando los últimos destellos de un proceso que ha dejado sólo miseria y atraso en Cuba. Todos los días nuestro gobierno se pregunta por las indicaciones de Cuba. Signo inequívoco que su poder no es real. El poder en realidad está en La Habana.

Politemas, Tal Cual, 17 de febrero de 2010

Yo y mis comunas

El Presidente ve subir el agua en el cuarto. La debacle de su popularidad es evidente y creciente. La mayoría absoluta del país (66%) ya le puso fecha de término a su presidencia. Hasta el 2012, como lo establece la Constitución de 1999. Llegado el momento, en elecciones libres, los venezolanos dictarán su veredicto sobre la peor gestión de la administración pública venezolana desde los tiempos de El Benémerito,

No puede ser de otra forma. El gobierno del presidente Chávez optó por seguir a una revolución. A un proceso de dominio personalista, excluyente, basado en enfrentar a unos venezolanos con otros. Amparado, entre otras cosas, en su liderazgo carismático y en la abundante cantidad de recursos derivados de los ingresos del petróleo, la fórmula funcionó. Poco tiempo, ya parece más claro.

Durante estos once años la administración pública venezolana se apartó aún más de la vieja máxima: gobernar es servir, contribuir a resolver problemas, proponer y llevar a la práctica soluciones útiles para todos los ciudadanos. Como resultado, vemos hoy en día que los servicios básicos de la vida de los venezolanos, agua y electricidad, sólo por decir dos de ellos, son ahora de menor cobertura, regularidad y calidad que once años atrás. Las prácticas ordinarias de planificación, asignación de recursos, seguimiento y evaluación desaparecieron de manera ostensible. El país no está hablando de los problemas de una sociedad moderna del siglo XXI. Está contemplando con frustración las peripecias de un gobierno incompetente para enfrentar problemas básicos.º

Para darle una vuelta a toda severa crisis de confianza y decepción, el presidente Chávez apela a su vinculación directa con los ciudadanos. Como todo liderazgo personalista y autoritario, se aspira encontrar en la relación con cada ciudadano la fórmula para proseguir en el poder. Se desconoce lo establecido en la Constitución de 1999 con respecto a la institucionalidad para promover la participación ciudadana y la efectividad de los gobiernos. Se desprecia la organización del Estado Federal. En dos palabras, el gobierno confisca la Constitución de 1999 y coloca su interés por encima de cualquier otra consideración.

De allí que las Comunas sean entendidas como la vía para el Socialismo del Siglo XXI, rechazada en el referéndum de 2007. Obvia el gobierno que en estos cuatro años los Consejos Comunales han sido más dispositivos del poder personalista y sectario que vehículos para una real participación de la población. Que la población rechaza la falta de controles y la exclusión de Gobernadores y Alcaldes. Que la insatisfacción con la gestión en los Consejos Comunales es generalizada. Pero en este momento las Comunas son los únicos espacios donde este liderazgo personalista y autoritario busca respiros y salidas. Son los espacios en que está feneciendo la “revolución bonita”.

Politemas, Tal Cual, 10 de febrero de 2010

"Revolución" sin médicos

Así como lo oye, apreciado lector. La “majestuosa revolución”, esa que se jactaba de conducir al país a niveles insuperables de bienestar, ha reconocido que se ha quedado sin médicos. Y para solucionar el “pequeño problema” que ello significa, apela a la incorporación de estudiantes a los hospitales públicos. La cifra exacta la indicó el propio Jefe del Estado. Serán 8.948 estudiantes de medicina integral comunitaria. Con lo cual la “revolución bonita” impone otra marca, esto es, eliminar la formación especializada como requisito de la calidad en la atención de los pacientes de nuestros hospitales públicos.

Para atender un parto con la mayor calidad posible se requiere tener un obstetra bien formado en la sala de partos. Para ello se requiere, en primer lugar, estudiar medicina por seis años. Luego trabajar dos años en un internado en un hospital general de alta complejidad. Esto es, realizar las respectivas pasantías por las grandes especialidades de la práctica médica. Después se requiere concursar para entrar en un postgrado universitario. Y luego de ser admitido, estar sometido a las exigencias de tres años de atención de pacientes, exámenes, guardias, horas de quirófanos. Sólo después de cumplidos estos requisitos, el especialista podrá atender un parto y sus complicaciones con lo mejor de sus habilidades, conocimientos y uso de la tecnología.

Antes de la “revolución bonita”, los concursos de los postgrados en los hospitales universitarios venezolanos eran de los más competitivos en América Latina. Esto significaba que muchas veces entraba el 10% de los aspirantes. Se escogían los mejores. No cabe duda de que la fama de la calidad de nuestros especialistas estaba bien ganada. Los médicos venezolanos eran aceptados en los mejores centros del mundo para postgrados más avanzados. Y muchos de ellos regresaban al país para crear nuevas escuelas. Era, en cierta manera, un círculo virtuoso. Mejores especialistas formaban a mejores estudiantes.

Hasta que llegó este gobierno. Sus políticas equivocadas han hecho poco atractivo continuar postgrados en Venezuela. Muchos de estos programas no tienen residentes desde hace varios años. La mitad de los cargos de medicina interna, por ejemplo, no han sido cubiertos este año. Las tres cuartas partes de los cupos para pediatría tampoco han sido cubiertos. La mitad de los cupos de todos los postgrados están vacantes. Muchos de nuestros médicos recién graduados se marchan a otros países a continuar su formación.

La “totumocracia” que nos gobierna quiere responsabilizar a estudiantes por la atención especializada en nuestros hospitales. Servicios en los cuales se atienden fundamentalmente a los sectores de menores recursos del país. Todo lo cual deja muy claro lo poco importante que es para este gobierno el bienestar real de los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 3 de febrero de 2010

Los próximos ocho meses

La marcha del 23 de enero marcó el inicio de una etapa muy importante para el país. Se trata de demostrar, con la elección de la nueva Asamblea Nacional, que ya existe una nueva mayoría en Venezuela. Que el actual gobierno ha perdido la calle, ha perdido la ilusión de millones de venezolanos. Que las decisiones de las últimas semanas, las cuales incluyen devaluación, racionamientos discriminatorios, deterioro del salario de los venezolanos, expropiaciones, y cierre de canales, son muestras de un gobierno que ha perdido la brújula. El actual gobierno se ha convertido en el principal problema de los venezolanos.

El objetivo es muy evidente. La alianza de los sectores democráticos debe conquistar la mayoría en las elecciones del 26 de septiembre. Es el camino de los votos. Es la ruta democrática. Para que ello sea posible hay mucho trabajo por delante. Es una tarea en la que cada venezolano deseoso de nuevos rumbos debe participar.

La Mesa de la Unidad Democrática debe servir de plataforma para conformar un amplio acuerdo político y electoral. Que tome en cuenta la representación de los partidos políticos como la de amplios sectores sociales y organizativos del país. Se trata de presentar a los electores las mejores opciones de candidatos en todos los circuitos electorales. Tal alianza debe ser pensada más allá de la elección de la Asamblea Nacional. Hay que avizorar los cambios políticos que deben darse en Venezuela en los próximos años, especialmente con la elección de un gobierno de la alianza democrática en 2012. Para ello es fundamental que el acuerdo sea incluyente, pero también basado en los compromisos de los actores políticos del país.

Por parte de los ciudadanos es hora de fortalecer la participación. En primer lugar, exigiendo a las expresiones de la unidad democrática el cumplimiento de los acuerdos. En segundo lugar, promoviendo y presentando alternativas de candidatos para cada uno de los circuitos electorales. Toda la diversidad de instituciones y grupos debería motivar la selección de las mejores alternativas. Para que sean consideradas tanto en los acuerdos unitarios como en las elecciones primarias. Todo ello debe concluir en el 30 de abril, fecha en la cual se presentará al país el conjunto de candidatos de la llamada “alianza perfecta”. Junto con ellos se deberá presentar la agenda parlamentaria de la unidad democrática, eje de la labor de la nueva mayoría en la Asamblea Nacional.

Entre mayo y septiembre tendremos tanto la preparación de la campaña como su ejecución. En cada circuito se requerirá trabajo político, participación, visitas a comunidades, encuentros cara a cara con personas y comunidades, informar y convencer. Para todo ello se requiere el compromiso directo de todos los que quieran sumarse. Tenemos por delante ocho meses de oportunidades para avanzar en la redemocratización de Venezuela.

Politemas, Tal Cual, 27 de enero de 2010

El Maestro de Sanare

En su Bilbao natal, a los 96 años, murió un venezolano de excepción. José María Bengoa fue venezolano desde el primer día. Había salido del País Vasco en 1937, luego del inicio de la Guerra Civil en España. Una corta estancia en Francia, y luego el encuentro con un pariente cercano, el padre jesuita Manuel Aguirre. Allí surgió la invitación para que se viniera a Venezuela.

Y así fue. José María Bengoa llega a Caracas el 25 de abril de 1938. Vive en La Pastora. No tenía papeles para ejercer la medicina. El ministro de Sanidad y Asistencia Social, Honorio Sigala, lo nombra médico de Sanare. Allí estuvo los siguientes tres años. Reconoce Bengoa que esos fueron los mejores años de su vida profesional.

La experiencia de Bengoa en Sanare le permite postular, con varias décadas de adelanto, lo que él denominó la “medicina social”. Esto es, la influencia de la sociedad, sus hábitos, costumbres, en la salud pública. Bengoa reconoce, en la realidad de Sanare, que la salud puede ser afectada por factores como el salario, la educación, el agua, la alimentación. Todo ese aprendizaje lo plasma en su libro “Medicina Social en el medio rural venezolano”, una de las contribuciones más significativas en la salud pública del siglo XX en el mundo.

En Sanare, Bengoa combina la reflexión con la práctica. Un día fue a visitar una mujer embarazada en su humilde vivienda. Había un niño de mirada triste, con el cuerpo hinchado, la piel en mosaico. Lo que presentaba el niño no se encontraba en los textos de medicina tropical de la época. Era el llamado síndrome pluricarencial, con deficiencia de proteína y vitaminas. Los niños sencillamente necesitaban alimentos. Fue de los primeros casos descritos en Venezuela.

Bengoa no lo dudó dos veces. En el patio del dispensario colocó unas colchonetas. Junto con el Dr. Agustín Zubillaga, atendía a los niños por tres y cuatro meses. Hasta que les volviera la sonrisa. Así nació la idea de los Centros de Recuperación Nutricional, pioneros en el mundo como alternativa contra la desnutrición.

De Sanare pasó Bengoa a Caracas. Es llamado para ayudar en la creación del Instituto Nacional de Nutrición, la Escuela de Nutricionistas y Dietistas de la UCV, así como de la revista Archivos Venezolanos de Nutrición. Todas instituciones que han perdurado hasta la fecha. En 1955 se marcha a la Organización Mundial de la Salud, a solicitud del Director General. Desde allí Bengoa se consagró a impulsar en todo el mundo en desarrollo las pautas del manejo nutricional, tanto en individuos como en comunidades, que había aprendido en Sanare. En algún momento llegó a decir en una conferencia en la India, que todo lo había aprendido en la “Universidad de Sanare”.

José María Bengoa fue considerado la “conciencia global de la nutrición comunitaria” por más de sesenta años. Nosotros en Venezuela también lo recordaremos siempre como el Maestro de Sanare.

Politemas, Tal Cual, 20 de enero de 2010

Todo se le derrumbó

En menos de diez días el presidente Chávez se dirigió al país para contarle historias muy distintas. En ambos casos lo hizo con su proverbial “naturalidad”, como si nadie se hubiera dado cuenta de que ambas intervenciones describen diferentes visiones del país. Lo que ha quedado claro es que en ambas oportunidades el presidente Chávez sólo dijo lo que le convenía, lo que era “adecuado” a la ocasión, sin mayor miramiento por la profunda crisis económica y social que vive la República.

Pocas horas antes de terminar el año 2009, en cadena nacional, el presidente Chávez anunció a los venezolanos que el año concluía “bien”. También señaló que el gobierno había sido exitoso para enfrentar la crisis derivada del “fracaso del capitalismo”. Para rematar indicó que en lo estrictamente económico se terminaba mucho mejor que de lo que se había pensado. De acuerdo con el Presidente, prácticamente habría que hacerle un reconocimiento público, con medallas y demás, a los miembros de su equipo económico.

Es obvio, por los anuncios del pasado viernes, que ya para ese momento el presidente Chávez sabía que las cosas no eran como las estaba diciendo. No dijo que la economía venezolana es una de las menos exitosas en América Latina en la manera de enfrentar la crisis del último año. Tampoco dijo que el decepcionante desempeño de la economía venezolana es previo a la crisis financiera de los países desarrollados. Todo lo contrario, el presidente “pintó” un escenario “promisorio”, para nada compatible con los profundos desequilibrios económicos que afectan la vida de los venezolanos.

Ya para ese momento el informe anual del Banco Central de Venezuela dejaba en evidencia que la producción del sector privado tiene once trimestres sin crecimiento. Ello, sumado al peor récord en la política antiinflacionaria, no deja mucho espacio para la duda: la economía venezolana está pasando un gran mal rato. Sin crecimiento, con inflación, con persistencia de las restricciones estructurales de las últimas décadas.

En el período que se extiende desde el 30 de diciembre hasta el viernes 8 de enero, el presidente Chávez vio caer ante sus ojos muchas de las premisas que han orientado su gestión. Supo que el bolívar no era tan fuerte como lo pintaban. Que los recursos fiscales para garantizar los gastos del año electoral no estaban garantizados. Que las importaciones habían aumentado más de la cuenta. Que le quedaban pocas opciones para “salir del entuerto”.

Y es allí que apela a la devaluación. Reducir el valor del bolívar para paliar la carencia de recursos fiscales. Sin mucha originalidad, sin ninguna propuesta económica que apunte a la solución del proceso de empobrecimiento progresivo que tiene la economía venezolana. Luego de once años de “revolución” producimos mucho menos, somos más dependientes, hemos perdido todo tipo de capacidades productivas.

Todo lo cual no impidió que el presidente Chávez ofreciera, después de once años, que ahora si vamos a exportar “porque nosotros debemos salir del modelo rentístico petrolero”. Es bastante probable que los asesores del Presidente no le hayan comentado mucho que la posibilidad de reanimar al aparato productivo es cada día menor, que después de todas las agresiones a la propiedad privada y la persecución de la actividad productiva, ya no hay ambiente para la creación de riqueza. Que ante su propia impotencia se derrumba el castillo de naipes del Socialismo del Siglo XXI.

Politemas, Tal Cual, 13 de enero de 2010