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lunes, 29 de diciembre de 2025

Hicieron de Venezuela su casa y su causa

El fallecimiento de Federico Welsch me entristeció mucho. La noticia nos conmovió profundamente en casa. Pocas semanas antes había intercambiado con él por correo electrónico. Mi último correo había quedado sin respuesta rápida, cosa poco habitual en él, siempre atento a los mensajes. Pensé que contestaría a principios de año. No fue así. Al igual que todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo, en muchas partes del mundo, estoy convencido de que lo voy a extrañar, pero también pienso que el tiempo nos dará la oportunidad de apreciar en detalle las inmensas contribuciones de Federico para enaltecer el sentimiento de la amistad, para la valoración de las culturas, para construir puentes que acerquen a las personas y a las ideas, para pensar en perspectiva, para encontrar siempre un espacio para la coincidencia, para vivir con un propósito y construirlo.

Conocí a Federico a finales de 1985. Cuando ingresé a la Universidad Simón Bolívar (USB) como estudiante de postgrado. En ese tiempo Federico era el Coordinador de la Maestría en Ciencia Política. Fue mi profesor en varios de los cursos que tomé. Ahora que miro hacia atrás me maravillo de las múltiples áreas que podía dominar, desde filosofía y teoría política, hasta sistemas electorales comparados, pasando por economía del desarrollo, y relaciones internacionales. Solo por mencionar algunas. Luego de muchos años, en una conversación en la que le hice la pregunta de cómo había hecho para tener esa visión integral y detallada, me respondió que se debía a su formación doctoral en Alemania, orientada a construir la perspectiva más amplia para el análisis. También creo que se debía a que era inmensamente curioso, todo lo que pudiera ser nuevo atraía su atención. Y además lo podía conectar en los múltiples idiomas que dominaba. En español tenía el dominio de quien respeta rigurosamente un idioma y lo quiere usar bien. Una vez me dijo: “el uso del idioma es una de las pocas cosas de la vida en las que hay que considerar ser conservador”.

La mesa de su despacho estaba siempre repleta de papeles, pero ordenada. Utilizaba las hojas por los dos lados, para aprovechar todo. Me decía que en el drama de la guerra la escasez obliga a aprovechar todo al máximo. Entre los papeles de su mesa estaban innumerables solicitudes de admisión a la Maestría en Ciencia Política. Ya era un prestigioso programa, pero bastaba una entrevista con Federico para animarse a entrar. Siempre motivador, enamorado de Venezuela, con trabajos publicados para entender lo central que es la política en nuestro país. Todo eso ha debido influir para que él supiera que se necesitaba gente formada que interpretara nuestros problemas y diseñara soluciones. El impulso que Federico le transmitió a la ciencia política del país se fundó en la valoración personal y detallada de todos los que entramos al postgrado. Había un cariño genuino de quien sabe que estaba regando con pasión las posibilidades de expandir el conocimiento sobre nuestro país.

Llegado el momento de decidir quién podía ser mi tutor, como tantos estudiantes, yo no tuve ninguna duda, tenía que ser Federico. Y así nos hicimos amigos. En las conversaciones en su casa, con Bárbara su compañera de toda la vida, se percibía una inmensa admiración por los venezolanos, con innumerables artesanías de muchos sitios del país. Federico dejaba hacer al estudiante, lo dejaba crear, ir más allá de los límites conocidos. Solo sugería o proponía ideas. Y así la investigación se convertía en pasión. Yo se lo agradezco todos los días. Trato de imitarlo con mis estudiantes. Por esa razón los estudiantes que fueron asesorados por Federico en sus tesis doctorales y trabajos de maestría se cuentan por muchas decenas. Cada uno de nosotros debe recordar múltiples anécdotas de las extraordinarias conversaciones con Federico. Cuando se salía del ámbito de la investigación, cuando se pasaba a todos los temas que podía cubrir con su versatilidad.

En una de esas conversaciones le compartí a Federico que mi mayor interés en investigación se vinculaba más con la dinámica de lo que hacían los gobiernos, no tanto con la ciencia política propiamente dicha. Inmediatamente buscó en su biblioteca un libro y me dijo “esto te puede servir, llévatelo y me lo devuelves después”. Era la primera edición del extraordinario libro del profesor William N. Dunn “Public Policy Analysis: An Introduction”, surgido de los cursos que Dunn dictaba en la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos. Al leer las primeras páginas entendí que esa era el área de investigación que estaba buscando, y que yo no tenía las palabras para definir. En esos tiempos el término “políticas públicas”, en el sentido que lo entendemos hoy, prácticamente no existía en Venezuela. Puedo decir que ese libro fue fundamental para mi carrera como investigador y académico. Todo lo que he hecho después tiene que ver con ese “préstamo de libro”. Por supuesto no le devolví el libro a Federico. Él no lo hubiera aceptado. Lo tengo en mi biblioteca, como muestra de los caminos que puede abrir un libro.

Luego de terminar la Maestría, seguía yendo a conversar con Federico en su casa, especialmente para los planes de proseguir con el doctorado en políticas públicas. Era bastante claro que debía considerar ir a la Universidad de Pittsburgh, a tomar los cursos del profesor Dunn. Federico fue un gran motivador de esta idea. Y animador entusiasta de que lo que significaba ese plan de cinco años para nuestra familia. Nos ayudó en todo lo que estaba a su alcance. Y en ese proceso, empezamos a pensar que era una buena idea que al terminar el doctorado me incorporara a la USB como profesor y participara en la creación de un área de investigación en políticas públicas. Esa idea fue de Federico. Quizás absolutamente convencido de que era necesario para contribuir con conocimientos y formación de recursos humanos en la calidad de las políticas públicas en el país. Luego de mi admisión en la Universidad de Pittsburgh continuamos imaginando lo que podíamos hacer en la USB.

A nuestro regreso luego de concluir el doctorado en 1998, animado por Federico para impulsar estas ideas, nos dispusimos a comenzar con la Unidad de Políticas Públicas de la USB. En esta nueva etapa Federico contribuyó con su faceta como analista de políticas públicas, con aportes conceptuales, metodológicos y estratégicos. Todo lo que hemos desarrollado en estos 25 años tiene su contribución y entusiasmo.

En algún momento a finales de los años ochenta del siglo pasado, tal como lo explicó años más tarde, Federico y Bárbara decidieron quedarse en Venezuela. Está visto que Federico definió su misión de vida, y con Bárbara, como apoyo incondicional, se puso en marcha. Primero impulsar la ciencia política en la USB, pero manteniendo vínculos con múltiples instituciones del país. Así que no era raro que participara en eventos, como conferencista, como asesor de estudiantes, en diversas universidades en Venezuela y fuera de Venezuela. Luego se propuso impulsar la creación del Doctorado en Ciencia Política de la USB a mediados de los años noventa del siglo pasado, quizás unos de los proyectos en los que mostró con más amplitud sus dotes académicas, de convencimiento, rigor, y empuje. Siempre se mostraba orgulloso de la importancia de que tuviéramos en la USB el reto de impulsar estudios doctorales en áreas vinculadas con la ciencia política.

La valoración de Federico de la ciencia que se realizaba en Venezuela lo llevó a participar en diversas comisiones del Programa de Promoción del Investigador (PPI). Era una forma de contribuir a fomentar el rigor en la calidad académica, pero también la valoración de las múltiples áreas de la investigación y la docencia. También Federico reconocía la importancia del intercambio entre culturas académicas, y por ello se esforzaba en vincular instituciones venezolanas con sus pares en Alemania, y en otros países de América Latina. En esos roles era un extraordinario constructor de puentes y cooperación.

Llegado el tiempo, Federico y Bárbara se mudaron a Margarita. Decidieron vivir en un sitio que apreciaban inmensamente, en el cual disfrutaban como los excelentes anfitriones que eran. Y desde allí Federico continuó contribuyendo en el análisis de la situación de Venezuela en los informes que preparó para el BTI Transformation Index, el cual permite seguir la evolución política, económica y social de los países emergentes. El último reporte que se publicó fue el correspondiente al año 2022. Se puede apreciar en este reporte la rigurosidad de Federico y su amplia interpretación de la situación del país. A través de este reporte múltiples actores del mundo internacional pueden conocer en detalle aspectos que Federico podía transmitir con precisión por sus casi cinco décadas apoyando la comprensión de Venezuela.

En el primer año de la pandemia de covid-19, la Academia Nacional de Medicina decidió publicar un suplemento sobre los efectos en América Latina. Nos correspondió coordinar ese suplemento de la Gaceta Médica de Caracas. Y se me ocurrió que no había mejor persona para interpretar los impactos políticos de la pandemia en América Latina que Federico. Lo invitamos a preparar una contribución. Federico escribió un artículo original en el que mostró todas sus competencias para el análisis multi-dimensional de la pandemia. Estaba muy contento de haberlo escrito. Y nosotros apreciamos mucho haber contado con su contribución.

A principios de 2021 falleció Bárbara. La terrible distancia nos impidió acompañar a Federico. De vez en cuando conversábamos a distancia, siempre estaba animado para intercambiar sobre ideas y proyectos, con su actividad permanente de seguimiento de la situación a escala global, y con especial preocupación por Venezuela. Me cuentan colegas que tenía planes para nuevas publicaciones que quería completar en este año 2024.

Federico ha sido muy relevante en mi vida personal, profesional y académica. Haber compartido con él en tantas circunstancias ha sido para mí y mi familia un privilegio inmenso. Sus contribuciones para los venezolanos se pueden apreciar en múltiples áreas. La agenda pendiente contará siempre con la referencia de sus ideas y aportes. Es muy grato saber que Bárbara y Federico hicieron de Venezuela su casa y su causa.

Politemas, Tal Cual, 8 de febrero de 2024

jueves, 23 de febrero de 2023

Nelson Gil y el carbono azul en Venezuela

La primera vez que oí una explicación sobre el carbono azul, fue la que realizó Nelson Gil en una de las sesiones de mi curso doctoral sobre Modelos de Políticas Públicas I en la Universidad Simón Bolívar (USB) a finales de 2014. Nelson seleccionó este tema para realizar el trabajo final del curso. Pero se notaba que dominaba el tópico desde mucho tiempo atrás. En los intercambios en las sesiones del curso, Nelson nos iba educando sobre la importancia de estudiar el carbono azul, especialmente en Venezuela.

La razón de este interés de Nelson por este tema de investigación era contundente. El carbono azul es el captado por los ecosistemas marinos. Si estos ecosistemas absorben carbono, entonces son de gran utilidad para mitigar los efectos del cambio climático. Ergo, disponer de ecosistemas marinos en buenas condiciones para absorber carbono se constituye entonces en un tema relevante de políticas públicas. Y por eso Nelson se entusiasmó por aproximarse en detalle a las políticas públicas. En el trabajo final del curso mostró las grandes posibilidades de investigación y política pública que condicionaban la dinámica del carbono azul.

Nelson era biólogo egresado de la UCV. También era licenciado en educación, con mención en biología. Era profesor de la UPEL. Había culminado la Maestría en Desarrollo y Ambiente de la USB. Estaba dedicado a culminar el Doctorado en Desarrollo Sostenible de la USB para continuar profundizando en la investigación. Tomó varios de mis cursos doctorales, y en todos ellos tuvo un alto rendimiento. Era de los estudiantes que no cesaba de hacer preguntas interesantes. En cada una de esas preguntas expresaba su opinión y lo que estaba considerando como hipótesis. De manera que la secuencia que se generaba a partir de sus preguntas, y de las que sus compañeros de curso, o yo podíamos hacer, enriquecía ampliamente el proceso de definición de problemas de investigación. Para mí, que fundamento la docencia en la práctica socrática de preguntar hasta el cansancio, Nelson era el estudiante ideal, inquisidor, inconforme con explicaciones no convincentes, sediento de conocer, siempre dispuesto a reelaborar argumentos.

Ya superados los requisitos de cursos en el programa de estudios, Nelson me propuso acompañarlo como tutor en la elaboración de la tesis doctoral. Acepté con beneplácito porque ya había visto su empeño y motivación, y porque el tema seleccionado era sumamente interesante y de gran relevancia en un país con tantos ecosistemas marinos como Venezuela. Nelson se propuso contribuir con su tesis doctoral con la elaboración de lineamientos de política ambiental para conservar el medio marino a partir del estudio de la dinámica de absorción de carbono. Para ello diseñó una metodología de mediciones y análisis en los parques nacionales de Morrocoy y Mochima.

Entre finales de 2019 y los primeros meses de 2020, revisé las versiones sucesivas que Nelson estaba preparando del avance de la investigación doctoral. Este avance debía ser revisado por su Comité Doctoral. En uno de los mensajes me comentaba que se estaba realizado exámenes médicos. Me dijo en su último mensaje que esperaba que el avance cumpliera con mis expectativas. También me indicaba que estaban pendientes los resultados de los exámenes médicos que le habían ordenado. El 5 de abril, la profesora Nila Pellegrini, Coordinadora del Doctorado de Desarrollo Sostenible de la USB, y también colega del Comité Doctoral de Nelson, me informó el fallecimiento de Nelson.

Me entristecí mucho. Tanto por la pérdida que significaba para su querida familia y sus amigos, como por la aciaga circunstancia de no contar más con el talento de Nelson en el mundo de la investigación. También lamenté mucho que todo hubiera transcurrido tan rápido, que no hubiera tenido la oportunidad de decirle que el avance de su tesis doctoral cumplía ampliamente con las expectativas que yo le había indicado.

Durante todo este tiempo transcurrido regresaba de vez en cuando al avance doctoral de Nelson. Estaba persuadido de que es mi responsabilidad como tutor contribuir con la comunicación de los resultados de su investigación. Para que sean conocidos y ampliados. Sabía que esta columna se la debía. Hoy he revisado en las bases de datos internacionales. No existe a la fecha ninguna publicación sobre el carbono azul en Venezuela con análisis similares a los que Nelson estaba desarrollando. En otras palabras, probablemente lo que se conoce sobre la dinámica del carbono azul en dos de los más importantes parques nacionales de Venezuela, es lo que está en este avance doctoral escrito por Nelson hace tres años, el cual con mucho gusto compartiré con las personas que estén interesadas. Ojalá otros investigadores puedan continuar este trabajo iniciado por Nelson.

Es muy evidente que el carbono azul será cada día un tema más importante en Venezuela, y en muchos países del mundo. Es muy grato reportar que los aportes pioneros de Nelson serán de especial significación en la tarea de ampliar el conocimiento de este tema en el país. Y especialmente, como era su interés, que ese conocimiento sea de utilidad para mejorar las políticas públicas involucradas con el desarrollo sostenible. Siempre estaré muy agradecido a Nelson por sus preguntas de investigación, y por su dedicación a encontrar las mejores respuestas. Fue un gran privilegio tenerlo como estudiante, y acompañarlo como tutor.

Politemas, Tal Cual, 1 de febrero de 2023

miércoles, 30 de octubre de 2019

Félix Seijas Zerpa: pasión para comprender

El tuit me conmovió profundamente. Era el mensaje de Félix informando sobre el fallecimiento de su papá. Son esas noticias que paralizan, que nos dejan sin palabras. Félix Seijas Zerpa era mi amigo, compañero de proyectos, siempre mi profesor. Aunque nunca tomé sus cursos, era profesor en todo momento, en las facetas más diversas de la vida. Era de esas personas de las que se podía aprender solo con conversar.

Conocí a Félix en 1989, cuando era Jefe de la Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI). En esos tiempos se exploraban nuevas modalidades de medición de indicadores sociales. Por acuerdo entre el Ministerio de la Familia y la OCEI se realizó un seminario sobre los sistemas de mediciones necesarios para el seguimiento y evaluación de políticas sociales. Eso fue hace 30 años. Incluso hoy, especialmente en América Latina, el tema es inexplorado. Podemos imaginar lo que era en esa época. Félix fue el animador fundamental de ese seminario. Recuerdo la simpatía y camaradería con la que contagió a los que participamos. A todos nos hizo sentir en casa, nos transmitió apertura y confianza. Pudo vincular su experiencia como experto en métodos cuantitativos poblacionales, con la necesidad de generar nuevas opciones de medición que tomaran en cuenta las condiciones de vida. Los resultados de ese seminario fueron publicados por la OCEI. Fue una iniciativa que Félix asumió plenamente y con gran motivación.

En 1990, como parte de los acuerdos que el gobierno de Venezuela había establecido para la ejecución del Proyecto de Desarrollo Social (PDS) con el Banco Mundial, se asignó a la OCEI la tarea de realizar una encuesta de condiciones de vida, al estilo de las que en ese momento se habían empezado a implementar en países de América Latina, Asia y África. Félix había sido pionero en el desarrollo de encuestas por muestreo en distintas áreas, entre ellas para medición del empleo, bajo responsabilidad de la OCEI, considerada una de las mejores de la región. Esta iniciativa de medición implicaba innovaciones para el trabajo de la OCEI. Félix asumió este proyecto con extraordinaria visión. Convocó a la OCEI los mejores especialistas del país, muchos de ellos investigadores en las universidades nacionales. Se conformaron bajo su impulso equipos de asesores en las diversas áreas que tenía la encuesta. Estos equipos elaboraron las preguntan pertinentes a la realidad del país. Expertos internacionales vinieron para intercambiar sobre el trabajo elaborado. De todo ese esfuerzo surgió la Encuesta Social, la primera encuesta de condiciones de vida realizada en Venezuela. Bajo la coordinación de Félix se implementaron tres encuestas de este tipo, las cuales fueron de gran utilidad para conocer la evolución de las condiciones de vida y las políticas sociales. La institucionalidad creada, en la vinculación entre la academia y la OCEI, ha sido un ejemplo en nuestra administración pública, por la riqueza de intercambios y aprendizajes. Sin duda, el empuje de Félix fue determinante en este notable impulso a las mediciones de las condiciones de vida en el país.

En los últimos veinte años, mi contacto con Félix fue periódico. Muchas veces para intercambiar sobre la situación del país, otras para cooperar en proyectos. Recuerdo especialmente que con motivo de la implementación de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI), en la USB quisimos saber sobre las prácticas de las grandes empresas venezolanas con las cuales habíamos establecido convenios de cooperación. Le pregunté a Félix, en su condición de presidente de IVAD, si nos podían echar una mano en ese proyecto, novedoso por lo demás. Aceptó gustoso, revisó el cuestionario en detalle, nos ayudó a afinar las preguntas. Los temas de ciencia, tecnología e innovación le apasionaban. Incorporó en ese proyecto toda la curiosidad que tenía en estos aspectos. Luego de la exploración nos explicó directamente cada uno de los hallazgos, y especialmente las nuevas preguntas que surgían. Félix había formulado a través de la indagación por entrevistas, puntos que requerían una mayor atención. Demostró que más que los métodos de medición, en realidad le interesaban las preguntas.

Para tener una idea de las opiniones de los venezolanos era obligado conversar con Félix. A través de muchos años realizando encuestas, había logrado desarrollar tendencias. Tenía en su escritorio una hoja en la cual tenía el seguimiento de las respuestas a determinadas preguntas. Y podía entonces explicar o formular hipótesis sobre esa evolución. Podía expresar con mayor firmeza algunas valoraciones, pero cuando no las tenía, sencillamente lo reconocía. Inmediatamente agregaba que ese punto lo iba a explorar. Convirtió la explicación de las opiniones de los venezolanos y sus variaciones en una pasión a través de toda su vida. La pasión de comprender sobre la que escribió Manuel Caballero. Como empedernido observador de los sucesos en Venezuela y el mundo, incorporaba esas nuevas realidades en nuevas preguntas. Y de la acumulación de esas preguntas y respuestas intentaba encontrar patrones que facilitaba con total desprendimiento a los que quisieran conversar con él.

Las contribuciones de Félix Seijas Zerpa a las ciencias sociales del país son extraordinarias. Pero lo serán más en la medida que pase el tiempo. Porque su aproximación al hecho social tomaba en cuenta a la población, con similitudes y diferencias. Por eso se preocupó tanto por la calidad del muestreo para encuestas de hogares. Sus libros se convirtieron en textos de referencia. Su dedicación a actualizarlos expresaba su deseo de renovación y aprendizaje. En los próximos tiempos esas preocupaciones serán la guía para mejoras en la medición de las opiniones de los ciudadanos, y también de las condiciones de vida, así como de la valoración del impacto de las políticas públicas. Esa perspectiva ha influido en el trabajo académico de la investigación que realizamos en la USB sobre el seguimiento de condiciones de vida. Félix fue, sin dudas, un adelantado en estas tendencias, pero también un gran animador de estos proyectos.

Voy a echar de menos a Félix, su disposición siempre a dialogar, su franqueza, y sus preguntas, su capacidad para conectar, así como su permanente estímulo, sus llamadas para compartir algún nuevo hallazgo. Ha sido un extraordinario privilegio conocerlo y valorar su amistad. Un fuerte abrazo, Félix, te tendremos siempre presente.

Politemas, Tal Cual, 2 de octubre de 2019

viernes, 19 de abril de 2019

Los compromisos de Ramón Espinasa

Como a muchos, la noticia del fallecimiento de Ramón Espinasa me conmovió profundamente. En esos segundos en los que se intenta tener dimensiones de la pérdida, pasaron por la mente muchos momentos compartidos con Ramón. A medida que pasan los días, aumenta la convicción de que sus aportes personales y profesionales se irán valorando más. En mi caso, he recordado insistentemente en estos días las oportunidades en las que tuve la grata experiencia de conversar con él a lo largo de casi treinta años de amistad. A pesar de que no nos vimos en estos últimos años, guardo esos encuentros con especial valoración. 

Supe de Ramón por lecturas, antes de conocerlo personalmente. En los ochenta, escribía con cierta frecuencia en la Revista SIC. Muchos de esos trabajos se convirtieron en referencias para la discusión política y petrolera de aquellos tiempos. Ramón le daba a esos trabajos una especial significación, quizás porque lo llevaban a una arena más complicada como era el mundo político. Sin embargo, creo que percibía que sus escritos podían ser de utilidad para ampliar el radio de acción de la discusión, y, especialmente, para impulsar la construcción de acuerdos. 

La primera contribución de Ramón en la Revista SIC fue a finales de 1979, a los 27 años de edad. Es un análisis sobre la política económica del primer año del gobierno de Herrera Campins. Más que los contenidos de ese trabajo, me interesa indicar la pregunta final que formuló en el último párrafo: ¿con quién es el compromiso? Se refiere, claro está, a las políticas de la época pero utiliza dos palabras que fueron siempre muy importantes para él: las personas concretas (“¿cón quién?”) y “compromiso”. A lo largo de su vida, Ramón fue consecuente con esas palabras, demostró incesantemente compromisos con personas y con ideas. 

Ramón estaba ante todo comprometido con su familia y con sus amigos. Lo primero que aparecía en la agenda de temas era compartir sobre las circunstancias de la vida personal y cómo iban cambiando con el paso del tiempo. Por eso compartíamos lo que hacíamos, los próximos retos, sobre nuestras familias. Cuando nos veíamos fuera del país, invariablemente preguntaba sobre amigos comunes, quería saber qué estaban haciendo, cómo les iba. Antes de las redes sociales, Ramón se encargaba de conectar personas entre sí, porque intuía que podría ser de mutuo beneficio. Por ese rasgo de personalidad fue creando una inmensa red de amigos a lo largo del tiempo. Cuando venía a Venezuela le faltaba el tiempo para pasar revista con ellos, y cuando recibía visitas en el exterior siempre buscaba un espacio para conversar y compartir. Además, tenía un “arma secreta”, usaba mucho la palabra “chamo” para saludar y despedirse. Antes yo le valoraba mucho esa costumbre, ahora mucho más. 

En los testimonios de los últimos días, muchas personas se han referido a Ramón como mentor, guía, referencia en su vida profesional o académica. Estudiantes de los noventa, se han expresado sobre Ramón en un tono de cercanía y admiración. Era una atracción en los foros públicos, por su capacidad de comunicar, por la rigurosidad de sus argumentos. Fue un comprometido con la vida académica, tanto en el desarrollo de su carrera como experto en petróleo y gas en el ámbito internacional, como por su dedicación a la formación de las nuevas promociones dentro y fuera del país. Sus contribuciones en múltiples publicaciones académicas, individualmente, o como coordinador o miembro de equipos, es un acervo de primer orden en los temas a los cuales se dedicó sistemáticamente. 

También Ramón se dedicó con pasión a pensar las políticas públicas requeridas para el sector petrolero de Venezuela. Fue un compromiso de varias décadas. No solamente por su destacada carrera en la cual llegó a desempeñarse desde 1992 a 1999 como Economista Jefe de PDVSA, sino por su contribución, en informes técnicos, propuestas, artículos académicos, a la elaboración de una nueva visión del sector petrolero para el país. En el portal Prodavinci publicó a finales del año pasado un ensayo sobre las lecciones y propuestas para reconstruir el sector petrolero de Venezuela, a 75 años de los acuerdos de 1943. Si en algo fue persistente Ramón, fue en la necesidad de adaptar las políticas a las nuevas situaciones, tratando de vislumbrar diferentes opciones a la luz de las enseñanzas internacionales. Su participación en múltiples esfuerzos para pensar esa nueva política fue una de sus grandes preocupaciones en estos años. 

El compromiso de Ramón con el futuro del país fue permanente. Ya en el mencionado trabajo publicado en SIC en 1979, destacaba: “Venezuela ha vivido a expensas de la riqueza petrolera. Pero esta riqueza no se ha transformado en riqueza real.” Más adelante escribió una frase que no puede tener más pertinencia en la actualidad: “Una política económica alternativa debe tener como objetivo central desarrollar la capacidad productiva de los venezolanos”. Sin ninguna duda, Ramón Espinasa dedicó su vida a trabajar incesantemente por mejorar la capacidad productiva de los venezolanos. Su aporte al conocimiento del sector petrolero es una de sus grandes contribuciones en esa dirección. 

En estos días que el país experimenta tremendas crisis, los aportes de Ramón seguirán siendo de especial relevancia. Lamentablemente ya no está con nosotros, pero su cercanía como persona, académico y profesional, serán estímulos para poner en marcha el país de futuro que él ha ayudado a visualizar. Para mí fue un inmenso privilegio haber compartido su amistad. Es sin dudas una gran referencia para seguir adelante. Es bueno que sepas, “chamo”, que te vamos a tener siempre presente.

Politemas, Tal Cual, 27 de marzo de 2019

sábado, 9 de marzo de 2019

El futuro según el Maestro Puigbó

Cuando Platón fundó la Academia de Atenas tenía la mirada puesta en el futuro. Su intención era crear un espacio dedicado a la educación y la investigación. Allí vendrían entonces discípulos para convertirse en filósofos que tendrían posición de autoridad en el manejo de los asuntos de la “polis”. En palabras de hoy, la Academia era el espacio para la formación de aquellos que estuvieran relacionados con el gobierno de la sociedad, para aquellos que tuvieran que construir el futuro. Es por ello que esa Academia original es la precursora de las universidades y de la preocupación por el porvenir de los países. 

Juan José Puigbó, conocido como el Maestro Puigbó, dedicó su vida a vincular su actividad profesional y académica con la construcción de futuro. Sus contribuciones a la ciencia venezolana son extraordinarias y abarcan muchas áreas. Combinó una notable formación en Venezuela, egresado de la UCV como Doctor en Ciencias Médicas Summa Cum Laude en 1948, con formación de postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología de México, en la Universidad de Columbia, en el Presbyterian Hospital de Filadelfia, en el Instituto Karolinska de Estocolmo, y en el Hospital de Niños de Houston. 

Con esos conocimientos y experiencias, el Maestró Puigbó participó en la creación de instituciones de gran relevancia para la salud de los venezolanos, entre ellas, la Cátedra y el Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Caracas, la Sociedad Venezolana de Cardiología, la Sociedad Venezolana de Medicina Interna. También fue pionero en los estudios de la patología cardiovascular en el país, así como Jefe de Preparación del Personal de la División de Enfermedades Cardiovasculares del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). Fue posteriormente Presidente de la Academia Nacional de Medicina y de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. En reconocimiento a sus extraordinarios logros, la Red de Sociedades Científicas Venezolanas le confirió en 2013 el Premio a la Excelencia Médica, Mención Consenso Nacional. 

Conocí al Maestro Puigbó inicialmente por sus clases en el Hospital Universitario de Caracas. También por el libro que utilizamos en las pasantías de cardiología. En nuestros tiempos de estudiantes a principios de los ochenta ya era una figura de referencia. Tuve la fortuna de conocerlo mucho más en las reuniones semanales de la Academia Nacional de Medicina desde hace pocos años. Tenía la virtud de generar confianza, de hacer sentir bien a los que estaban en su presencia, de trato afable, compañero, del mismo equipo. Su saludo siempre expresaba cercanía. Sus intervenciones en las reuniones apuntaban a detalles y preguntas que sugerían pistas para seguir la indagación. 

A mediados de 2016, la Junta Directiva de la Academia Nacional de Medicina designó una Comisión de Investigaciones, coordinada por el Maestro Puigbó. En la Comisión compartimos con Antonio Clemente Heimerdinger, Rafael Apitz-Castro, Horacio Vanegas, Mauricio Goihman, José Ramón Poleo, Nicolás Bianco y Mariano Fernández. Recuerdo que en la primera reunión de la Comisión, nos pidió que expresáramos las ideas sobre las líneas de investigación que debía proponer la Academia. Después que todos habíamos dado nuestra opinión, Puigbó fue incorporando esas ideas en unas notas que había preparado para la reunión. En esa intervención de aquella mañana en la Academia, Puigbó condensó los temas de investigación que deberían ser asumidos para mejorar las condiciones de salud de los venezolanos para la segunda mitad del siglo XXI. En esas notas, Puigbó integró una agenda de investigación para el futuro. Habrá que volver a esas notas. 

Unos meses después, a mediados de 2017, el Maestro Puigbó hizo una presentación en la Academia sobre la importancia de la Biblioteca de Alejandría para la civilización occidental. Explicó en detalle la forma en la que se vinculaba la investigación con la biblioteca, los grupos que participaban, la importancia de la confluencia de disciplinas, la necesidad de conectar el pasado con la ciencia del futuro, la urgencia de acometer los retos del conocimiento con espacios privilegiados para la creación y el debate. Hablar de la Biblioteca de Alejandría en la cruda realidad de nuestro país fue, sin dudas, fue un tremendo argumento a favor del futuro, a favor del conocimiento. 

En la agenda de la sesión de la Academia del 31 de mayo de 2018, apareció el título de una conferencia que el Maestro Puigbó compartió con Harry Acquatella, también Individuo de Número y ex Presidente de la corporación: “La imagenología cardiovascular: una mirada al futuro”. El título es llamativo en cualquier circunstancia, pero lo era más cuando ya para ese momento Puigbó tenía poco más de 93 años. Muestra de que el futuro no tiene las restricciones de la edad. El futuro no tiene límites. Pocos meses después en la Gaceta Médica de Caracas, publicación de la Academia Nacional de Medicina, apareció el trabajo de ambos autores: “Breve reseña de la imagenología cardiovascular actual: una mirada al futuro”. La frase final del trabajo encierra toda una perspectiva: “En síntesis el futuro es muy promisorio por los avances del proceso imageneológico, con el beneficio para los pacientes y la posibilidad de resolver los problemas de la gran repercusión cardiovascular.” 

Venezuela, terminando ya la segunda década del siglo XXI, confronta la peor crisis de salud de su historia. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad para los venezolanos. Acometer los cambios necesarios, requerirá tomar muy en cuenta las enseñanzas del Maestro Puigbó. Especialmente esa que expresa que el futuro se construye, el pasado ya es historia. Su compromiso por promover mejores condiciones para la atención de las enfermedades cardiovasculares en Venezuela se concretó en instituciones que hoy forman parte del acervo de la salud del país. Pero la influencia del Maestro Puigbó va más allá. La sociedad del conocimiento que debe ser Venezuela solo será posible cuando compartamos la visión de pionero que impulsó Puigbó toda su vida. El futuro de los venezolanos se concreta en la medida que seamos capaces de desafiar lo establecido, lo rutinario. Desde esa perspectiva, habrá que volver al Maestro Puigbó, para tener referencias e inspiración. En la aventura del futuro contaremos con su aporte. Muchas gracias, Maestro, lo vamos a extrañar.

Politemas, Tal Cual, 6 de marzo de 2019

martes, 13 de noviembre de 2018

Teodoro ante los retos de gobernar

Nunca imaginé esa fría y oscura madrugada en el aeropuerto de Pittsburgh, cuando veía a los encargados de quitar el hielo de las alas del avión que iba a abordar, que en pocas horas tendría oportunidad de hablar en persona con Teodoro, en ese momento ministro de CORDIPLAN, y coordinador de la reforma de la seguridad social en el segundo gobierno de Rafael Caldera. Era justamente la primera semana de noviembre de 1997, hace veintiún años. Ya teníamos más de cuatro años en los Estados Unidos. Estaba en la parte final del programa doctoral, muy ocupado para terminar a tiempo la tesis. Seguía en la distancia las incidencias de los cambios que se proponían en la seguridad social. 

En esas semanas, Edgar Capriles, gran amigo desde los tiempos en que lideró la descentralización de los servicios de salud en el estado Aragua a principios de los noventa, me había consultado sobre la propuesta de reforma que se discutía. Le había escrito a Edgar unas notas con mis observaciones, basadas en el seguimiento que había realizado de esos procesos en los sistemas de salud en América Latina y el Caribe. En esas notas expresaba preocupaciones por algunos aspectos, así como mi creencia de que era una excelente oportunidad para aprobar mejores soluciones en el sistema de salud del país. Edgar, asesor en ese entonces del Congreso Nacional en la Comisión de Salud, organizaba un seminario internacional sobre estos temas. Me propuso que asistiera como expositor. Ahora le agradezco más la invitación. A pesar de lo atareado que estaba, decidí ir, era una oportunidad privilegiada para comunicar las observaciones y contribuir con ideas. No olvidaré nunca esa mañana porque me preguntaba cómo iba a hacer el piloto para despegar el avión en un cielo tan oscuro y cerrado. Pues lo hizo, después de unos cuantos minutos atravesando nubes apareció el sol muy radiante, nunca he visto el cielo tan azul como esa mañana. A partir de ahí el avión se movió sin ningún sobresalto hasta Nueva York, en escala a Caracas. 

Luego del seminario, realizado en el BCV, Edgar Capriles y Eduardo Orozco me propusieron ir con ellos a conversar con Teodoro. Ellos consideraban que sería útil plantearle lo analizado en el seminario y comentarle las observaciones que tenía. Acepté con entusiasmo, por la oportunidad, pero también con cierta inquietud. Yo no conocía personalmente a Teodoro. Por supuesto, para los de mi generación su figura era familiar, había formado parte relevante en nuestra socialización política. Solo pensé que debía transmitirle los argumentos, decirle la verdad al gobernante. 

Teodoro ya tenía año y medio como ministro, había superado la primera fase de la Agenda Venezuela, y estaba coordinando una de las actividades más importantes que asumió en su gestión. Nada más y nada menos que impulsar una reforma amplia de la seguridad social, caracterizada por intentos infructuosos en años anteriores. Es difícil imaginar un tópico de políticas públicas más complejo que la seguridad social. Ya aproximando al año final de la Administración Caldera, es muy probable que Teodoro hubiera decidido sobre las prioridades a la cuales dedicarse hasta el final del período. Y ciertamente, la seguridad social tenía la máxima importancia. Con el paso del tiempo, me he percatado más que en ese intercambio de aquella tarde salieron a relucir tres rasgos de Teodoro que son muy significativos, poco frecuentes en el ejercicio del gobierno. 

El primero de ellos era la conciencia que tenía Teodoro del manejo del Estado, de la importancia que tendrían los cambios para los arreglos en el mundo laboral y de la protección social. Es decir, de la gravedad de la situación y de la urgencia de tomar decisiones. Estos aspectos eran evidentes tanto por su manera de expresarse sobre ellos, como en el tiempo y esfuerzo que les había dedicado. También se notaba que estaba informado, que había estudiado un tema difícil con el que estaba probablemente poco familiarizado al comenzar la gestión, que conocía los detalles y las implicaciones, así como las dificultades. Mi impresión, confirmada con el paso de tiempo, es que Teodoro, por su formación política pero también por sus criterios técnicos afinados en el ejercicio como ministro, tenía una idea profunda de los grandes problemas del Estado venezolano. Y estaba tratando por los medios a su alcance de modificar en alguna medida esa situación. 

El segundo rasgo fue la curiosidad. Teodoro se había hecho preguntas complejas en el tema en cuestión. Y había elaborado, con los aportes de sus equipos técnicos, respuestas a esas preguntas. De manera frontal, directa, en su estilo, las expresaba. Pero también tuvo la curiosidad de considerar nuevas preguntas y nuevas respuestas. Quería saber la fundamentación de las observaciones. Ante ellas respondía con los argumentos que conocía, pero era permeable a opiniones diferentes. Y llegado el punto, también continuaba con ideas para aprovechar las nuevas posibilidades que estaba conociendo. Nos hizo innumerables preguntas. Hasta el cansancio. En realidad, se las estaba haciendo también a él mismo Y a partir de la curiosidad, apareció el tercer rasgo. Tratar de concretar en decisiones lo que se estaba conversando. Ahora sus preguntas eran diferentes: ¿Cómo se podría hacer tal cambio? ¿Ese cambio podría contradecir este otro aspecto? ¿Cómo hicieron con ese tema en tal país? 

Llegado el cierre de la conversación, de más dos horas, Teodoro me preguntó cuándo regresaba a Pittsburgh. Me planteó si le podía enviar un memo con las observaciones y recomendaciones. Le contesté que con mucho gusto. Al día siguiente de regresar a casa, redacté ese memo al ministro. Lo envié al fax de su despacho, como me había indicado. Lo conservo como algo muy apreciado, el viaje había sido toda una experiencia. Sin embargo, las orientaciones de la reforma terminaron en otras direcciones. De hecho, las leyes aprobadas en 1998 fueron suspendidas en los primeros meses del gobierno de Chávez. Un tiempo más adelante, en una reunión donde coincidimos y surgió nuevamente el tema, Teodoro se aproximó después del almuerzo y tuvimos una amena charla. Ahora parecía tener más preguntas. 

Años después, en una conversación con un grupo, haciendo un balance de su gestión como ministro, Teodoro expresó algunas opiniones que bien pudieran ser una síntesis de la percepción que tenía de su actividad en el gobierno de Caldera II. En primer lugar, decía Teodoro que nunca se propuso ser ministro, que no le había pasado por la cabeza. Sin embargo, es obvio que se tenía que haber considerado dirigiendo un gobierno como presidente. Pero también es cierto que su gestión como ministro la fue concibiendo a través de las críticas que expresaba en sus columnas de prensa a las políticas de la primera parte del gobierno de Caldera, y a través de las propuestas que expresaba por la misma vía. En otras palabras, Teodoro se había dedicado a pensar en las políticas que se requerían. 

Un segundo aspecto fue su convicción de la importancia de comunicar, de decirle a la gente, en lenguaje sencillo y directo, tanto la gravedad de los problemas como lo que se podía esperar de las políticas de la Agenda Venezuela. Comentó que muchas veces se le acercaban personas de todo tipo a agradecerle que hubiera explicado lo que iba a pasar y eso los tranquilizaba. Señaló que la gente sabía que no había mentiras, que no había magia. Teodoro dedicó innumerables horas a comunicar la Agenda Venezuela, en todos los escenarios, y al hacerlo convencía, porque estaba próximo a la realidad de las personas. Aumentó la viabilidad de la política con la comunicación. Tremendo ejemplo a seguir. Un tercer rasgo, fue su insistencia en que era fundamental promover por todos los medios un acuerdo, en el caso concreto de la seguridad social. Por eso siempre señaló que aceptó coordinar la comisión y trabajar incesantemente “hasta que se llegue a un acuerdo”. 

Gobernar requiere combinar la atención a las grandes ideas, pero también a los grandes detalles. Teodoro estaba ya acostumbrado a vincularse con las grandes ideas. Baste citar la anticipación que hace en los años sesenta sobre la disolución de la Unión Soviética varias décadas después. Desde la cárcel y en el otro lado del mundo. Es probable que su paso por el gobierno haya sido una forma de combinar grandes ideas con grandes detalles. En ese tránsito, Teodoro ofrece lecciones muy actuales para los que aspiren gobernar: sentido de Estado, curiosidad por las políticas públicas, atención a la implementación, anticipación como práctica, comunicación directa y capacidad de facilitar acuerdos. Todo un estilo para enfrentar los retos de gobernar. Gracias por esos aportes, Teodoro.

Politemas, Tal Cual, 7 de noviembre de 2018

viernes, 23 de diciembre de 2016

Una vida dedicada a servir

La última vez que conversé personalmente con Mercedes Pulido fue el 18 de enero de este año. Coincidimos en el programa matutino de Alba Cecilia Mujica y Sergio Novelli en Onda La Superestación. La idea del programa era analizar la Memoria y Cuenta que días antes había presentado el Ejecutivo. Como de costumbre, fue una gran experiencia compartir ese día con Mercedes. Siempre tenía un ángulo diferente, algo que llamaba a la reflexión, una nueva idea surgida del intercambio. Producto de una de sus virtudes más notorias, la espontaneidad, decir lo que le parecía, en tono de mucho respeto, pero siempre con mucha franqueza.

Buscando en Twitter los mensajes reportados ese día por Alba Cecilia y Sergio, se hace mención a dos de sus comentarios, muy a tono también con la actualidad. Mercedes tenía la virtud de expresar en una corta frase todo un mensaje. Mi impresión es que su mente de editora, luego de unos cuantos años en la dirección de SIC, afianzaron ese rasgo: condensar en una idea toda una interpretación. Dijo Mercedes ese día que las protestas eran “la única forma de hacer una presencia”. Los acontecimientos de los últimos meses han demostrado que había mucho de cierto en esa afirmación. Desafortunadamente su partida el 23 de agosto se produjo una semana antes de la mayor concentración que se haya visto en Caracas. Podríamos decir, siguiendo sus palabras, que la presencia se manifestó en las calles de nuestra ciudad.

También dijo Mercedes ese día que el gobierno actual debía “ceder en su arrogancia”. Lo ocurrido en los últimos días ha demostrado que el gobierno no está dispuesto a ceder, que más bien lo que ha pasado es que la gran mayoría del país está completamente decidida a impulsar con el voto la sustitución de una forma de gobernar tan incompetente y fracasada, por otra al servicio de la gente. Lo cual no quita que sería bueno tener un gobierno menos arrogante, como decía Mercedes. 

Al finalizar el programa nos quedamos conversando un rato. Me contó que estaba animada con un curso de educación a distancia que estaba organizando con colegas fuera del país. Que le gustaba la idea de aprender esas cosas. Me contó de sus hijos, de los nietos. Me preguntó por mi esposa, por mis hijos, por mi mamá, sobre cómo llevaba el fallecimiento de mi papá, por los proyectos. Puedo decir que pasamos revista a todo lo que nos unía, y quedamos en vernos en su casa para seguir conversando.

Lamento mucho que no hayamos podido volver a conversar. Con motivo de mi incorporación a la Academia Nacional de Medicina, me envió un cariñoso correo electrónico. Nuevamente hicimos el propósito de sentarnos un rato. Mercedes ha sido una personalidad de gran impacto en la vida de los venezolanos. Su acción pública transciende en múltiples facetas. Sobre sus contribuciones se escribirá cada día más. 

Para aquellos que tuvimos la oportunidad de trabajar con ella en múltiples proyectos, muchas veces por su iniciativa y persistencia, la pérdida es muy grande. Como compañera de jurados de tesis, Mercedes era insuperable. Iba directo al punto. Al mismo tiempo que realizaba una consideración, expresaba siempre una idea que servía para mejorar, antes que nada estimular a los estudiantes. Esa parece haber sido su consigna. A la rigurosidad unía la justicia en la evaluación, especialmente por el impulso que puede hacerse al reconocer el trabajo serio y sistemático. Su valoración por la vida académica, y por las posibilidades de plantearse preguntas y tratar de responderlas, era contagiosa. Para sus compañeros en la Unidad de Políticas Públicas en la USB, Mercedes siempre será un testimonio de compromiso con la gente, con los aportes de la academia, con la búsqueda de alternativas para solucionar problemas. Mercedes fue, sin dudas, una vida dedicada a servir. La extrañaremos. También trabajaremos para continuar sus aportes y enseñanzas.

Politemas, Tal Cual, 7 de septiembre de 2016

martes, 27 de diciembre de 2011

El Maestro de Sanare

En su Bilbao natal, a los 96 años, murió un venezolano de excepción. José María Bengoa fue venezolano desde el primer día. Había salido del País Vasco en 1937, luego del inicio de la Guerra Civil en España. Una corta estancia en Francia, y luego el encuentro con un pariente cercano, el padre jesuita Manuel Aguirre. Allí surgió la invitación para que se viniera a Venezuela.

Y así fue. José María Bengoa llega a Caracas el 25 de abril de 1938. Vive en La Pastora. No tenía papeles para ejercer la medicina. El ministro de Sanidad y Asistencia Social, Honorio Sigala, lo nombra médico de Sanare. Allí estuvo los siguientes tres años. Reconoce Bengoa que esos fueron los mejores años de su vida profesional.

La experiencia de Bengoa en Sanare le permite postular, con varias décadas de adelanto, lo que él denominó la “medicina social”. Esto es, la influencia de la sociedad, sus hábitos, costumbres, en la salud pública. Bengoa reconoce, en la realidad de Sanare, que la salud puede ser afectada por factores como el salario, la educación, el agua, la alimentación. Todo ese aprendizaje lo plasma en su libro “Medicina Social en el medio rural venezolano”, una de las contribuciones más significativas en la salud pública del siglo XX en el mundo.

En Sanare, Bengoa combina la reflexión con la práctica. Un día fue a visitar una mujer embarazada en su humilde vivienda. Había un niño de mirada triste, con el cuerpo hinchado, la piel en mosaico. Lo que presentaba el niño no se encontraba en los textos de medicina tropical de la época. Era el llamado síndrome pluricarencial, con deficiencia de proteína y vitaminas. Los niños sencillamente necesitaban alimentos. Fue de los primeros casos descritos en Venezuela.

Bengoa no lo dudó dos veces. En el patio del dispensario colocó unas colchonetas. Junto con el Dr. Agustín Zubillaga, atendía a los niños por tres y cuatro meses. Hasta que les volviera la sonrisa. Así nació la idea de los Centros de Recuperación Nutricional, pioneros en el mundo como alternativa contra la desnutrición.

De Sanare pasó Bengoa a Caracas. Es llamado para ayudar en la creación del Instituto Nacional de Nutrición, la Escuela de Nutricionistas y Dietistas de la UCV, así como de la revista Archivos Venezolanos de Nutrición. Todas instituciones que han perdurado hasta la fecha. En 1955 se marcha a la Organización Mundial de la Salud, a solicitud del Director General. Desde allí Bengoa se consagró a impulsar en todo el mundo en desarrollo las pautas del manejo nutricional, tanto en individuos como en comunidades, que había aprendido en Sanare. En algún momento llegó a decir en una conferencia en la India, que todo lo había aprendido en la “Universidad de Sanare”.

José María Bengoa fue considerado la “conciencia global de la nutrición comunitaria” por más de sesenta años. Nosotros en Venezuela también lo recordaremos siempre como el Maestro de Sanare.

Politemas, Tal Cual, 20 de enero de 2010