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sábado, 30 de mayo de 2026

Financiar la salud en Venezuela: la opción fiscal exclusiva

La historia tiene grandes ironías, a veces se mueve en círculos. Las circunstancias pueden haber cambiado. Pero las lógicas se mantienen. Empecinadas, tercas. La historia del financiamiento de la salud en Venezuela es una de esas grandes ironías. El país está en una nueva posibilidad de tomar la decisión que ha podido adoptarse en 1937.

A la muerte de Gómez, se creó el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). El país requería un organismo especializado de la administración pública que velara por la salud de los ciudadanos. Ese fue el rol asignado al MSAS. La gestión del primer ministro, Enrique Tejera, fue breve, de pocos meses. El segundo ministro, Santos Dominici, decidió pedir apoyo a las legaciones extranjeras en el país para acopiar información sobre el seguro social obligatorio en sus países. También se pidió a las legaciones de Venezuela en el extranjero que contribuyeran con la información que pudieran recabar.

La Ley de Ministerios de la época le atribuía al MSAS la elaboración de la Ley de Seguro Social Obligatorio. A través de una resolución el ministro Dominici decide conformar una comisión para elaborar la propuesta de ley. Esa resolución fue reportada por Dominici en el Consejo de Ministros del 17 de febrero de 1937. Dado que también se había otorgado al Ministerio de Fomento la responsabilidad de redactar una Ley de Seguro Social, el Consejo de Ministros decidió fundir en una sola comisión la preparación de la propuesta de ley.

Desavenencias entre el presidente López Contreras y Dominici terminaron con la separación del ministro de su cargo una semana después. El ministro escribiría meses más tarde que el trabajo de la comisión sería arduo y lleno de dificultades. Tuvo razón el ministro Dominici, el seguro social obligatorio entró en funcionamiento en la siguiente década.

La decisión de vincular el seguro social obligatorio al empleo era una de las opciones que existían en ese momento. Esto significaba, como en efecto se produjo, trasladar la responsabilidad del seguro social obligatorio a un ministerio distinto al MSAS. En el caso de Venezuela fue el Ministerio del Trabajo. Igual ocurrió en otros países de América Latina.

La otra opción era mantener el seguro social obligatorio bajo la responsabilidad exclusiva del MSAS. En este caso el financiamiento de la salud no hubiera estado vinculado a la relación laboral del beneficiario sino a los recursos captados por los impuestos generales. Este tipo de sistemas se expresó más nítidamente con la creación del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido en 1948.

La evolución del seguro social obligatorio dependiendo de la relación laboral ocasionó en la práctica la existencia de un sistema dual. Por una parte, los servicios vinculados al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS). Y por la otra, los servicios del MSAS para la población no asegurada. Esta diferencia generó un sistema fragmentado, con intrínsecas limitaciones para incluir a toda la población.

Esta fragmentación con sus consiguientes inequidades ha sido una constante en muchos países de medianos y bajos ingresos. La revisión de la extensa evidencia internacional ha terminado por cambiar estas orientaciones de políticas. Los organismos multilaterales de desarrollo, así como la comunidad académica y técnica en el ámbito global coinciden en dar prioridad al financiamiento por impuestos generales para la salud. El reciente libro del Consenso de Londres expresa este consenso en varios capítulos.

En Venezuela se debe considerar en detalle la opción de que el sistema de salud sea financiado exclusivamente por impuestos generales. Es decir, una opción fiscal exclusiva para el financiamiento. De esta manera se eliminaría de raíz la segregación de la población entre los que tienen trabajo en el mercado formal y aquellos que no. Por otra parte, la eliminación de las contribuciones a la seguridad social traería una reducción de costos para las empresas y un aumento del ingreso neto de los trabajadores.

La opción fiscal exclusiva para financiar la salud en Venezuela debe ser considerada de manera integral. Como parte de una transformación estructural del sistema. El país está en adecuadas condiciones para transitar esa dirección. La experiencia comparada internacional desaconseja cada día más las opciones centradas en la relación laboral, son obsoletas y regresivas.

Un sistema basado en la opción fiscal exclusiva sería un gran factor de gobernabilidad y garantía de servicios para la inmensa mayoría de la población que hoy está en situación de desprotección financiera de la salud. La adopción de la opción fiscal exclusiva podría ser uno de los logros de política pública más significativos para los venezolanos en los últimos cien años.

Politemas, Tal Cual, 27 de mayo de 2026

sábado, 2 de mayo de 2026

Todos los boletines y todos los anuarios, para empezar

La semana pasada se conoció que el Ministerio del Poder Popular para la Salud había reanudado la publicación del Boletín Epidemiológico en su sitio web. La publicación del boletín había sido suspendida, siendo el último número conocido hasta la semana pasada el correspondiente a la última semana de 2016. Esto significa que durante casi una década no se dispuso de información regular y completa sobre las enfermedades de notificación obligatoria en Venezuela.

El Boletín Epidemiológico fue iniciado en 1938 al crearse la División de Epidemiología y Estadística Vital en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), bajo la coordinación del Dr. Darío Curiel Sánchez. Esta publicación se originó en la necesidad de conocer en detalle la incidencia de las enfermedades en el territorio nacional para responder rápidamente con medidas de prevención y control.

La información del boletín es útil tanto para la toma de decisiones por parte de los responsables de los organismos de salud como para la población en general. Tener información de calidad y de manera perentoria es el primer requisito para tener éxito en la prevención y control.

Que el país haya pasado la última década sin información regular sobre enfermedades como malaria, dengue, tuberculosis, entre otras, ha sido una limitación inmensa para enfrentar con efectividad los riesgos a los que está expuesta la población. El reinicio de la publicación del Boletín Epidemiológico debe continuarse con la revisión de las políticas específicas que se implementan o se deben implementar para cada una de estas enfermedades.

La obtención y sistematización de datos en cualquier área de políticas públicas es una tarea exigente, detallada, que consume mucho tiempo y esfuerzo. Detrás de cada uno de los boletines semanales, con sus gráficos y tablas, está el trabajo de las personas responsables de incluir los datos en una planilla para después transferirlos a bases de datos, y luego proceder con los análisis y diagramación. Es un trabajo realizado muchas veces en la mayor discreción, pero de inmensa utilidad. Es importante reconocer el profesionalismo y dedicación de los equipos técnicos encargados de estas tareas, en las cuales el país llegó a estar en la delantera en América Latina y el Caribe en la segunda mitad del siglo pasado.

La reanudación de la publicación del Boletín Epidemiológico debería verse como un primer paso. Que debe continuarse en varios frentes. El primero de ellos es facilitar un mejor acceso a los boletines en el sitio web. Quizás creando una sección aparte que sea más visible. El segundo paso sería incluir todos los boletines del año en curso (el primer boletín disponible corresponde a la semana del 22 al 28 de marzo).

De acuerdo con la información del último boletín (de la semana del 29 de marzo al 4 de abril), tenemos detalles relevantes sobre la situación de las enfermedades notificables que eran desconocidos para la población general y analistas hasta hace pocas semanas. Por ejemplo, las dosis de vacuna contra fiebre amarilla (VFA) administradas en cada una de las trece semanas epidemiológicas transcurridas en 2026, el número de casos y muertes por fiebre hemorrágica venezolana (FHV) ocurridos en los estados Barinas y Apure, y el número de casos de malaria (26.903) acumulados en 2026. Cada uno de estos datos tiene implicaciones para las intervenciones de salud pública respectivas.

La publicación de los boletines debería continuar con la correspondiente a todos los números elaborados (pero no publicados) entre 2017 y 2026. De esta forma se tendría toda la información histórica, de especial relevancia para conocer patrones en la incidencia de las enfermedades notificables. También sería prioritario incluir en el sitio web todos los boletines digitales publicados antes de diciembre de 2016 (ya estuvieron disponibles en el sitio web). Y debería completarse el acceso a todos los boletines desde el primero publicado en 1938, procediendo con la digitalización de cada uno de ellos. Así estarían disponibles, año por año y semana por semana, todos los boletines publicados.

También se debería actualizar la publicación de los anuarios que elabora el ministerio. Al menos tres de estos anuarios son de gran importancia para el seguimiento de las políticas de salud. El primero es el Anuario de Mortalidad en el cual se incluyen todas las defunciones ocurridas en el país en un año dado clasificadas por entidad geográfica, grupos de edad, causa, entre otras características. El último anuario disponible en el sitio web es del año 2014 (aunque se publicó el de 2016, más no el de 2015). En el caso del Anuario de Natalidad el último publicado es el correspondiente al año 2014, y en el del Anuario de Morbilidad el último publicado fue en 2013.

Completar la disponibilidad de boletines y anuarios es un paso fundamental para contar con la información histórica que permita analizar la situación en cada uno de los múltiples problemas de salud de la población en Venezuela. De esta forma se podrían identificar los éxitos y limitaciones de las respectivas políticas de salud.

Estos pasos en la mejora de la disponibilidad de información podrían continuarse con la puesta en marcha de instrumentos más frecuentes para la medición de las condiciones de salud, como pueden ser encuestas por muestreo, aplicaciones digitales con información en tiempo real, digitalización de historias clínicas, entre otras posibilidades. Esperemos que contar con mejor calidad de información sobre la salud de la población sea cada día una situación más frecuente.

Politemas, Tal Cual, 15 de abril de 2026

viernes, 2 de enero de 2026

Rol de fuentes externas en la salud en América Latina y el Caribe

La suspensión, y en algunos casos eliminación, de fuentes internacionales para la salud en las economías de bajos ingresos está empeorando las condiciones de vida en muchos países. Estas fuentes han sido fundamentales para la ejecución de los programas de atención, y para garantizar la institucionalidad básica del funcionamiento de los sistemas de salud (por ejemplo, sistemas de información, cadenas de frío, comunicaciones, entre otros aspectos).

De acuerdo con la información disponible en la base de datos global de gastos de la salud de la OMS, (GHED, por sus siglas en inglés), es posible analizar las implicaciones que tendría esta reducción de fuentes externas para los países de América Latina y el Caribe. Para 2022 (año de la última información disponible) se tienen datos de 32 países de la región. Según el porcentaje de financiamiento de fuentes externas con respecto al total del gasto en salud en 2022, se pueden dividir los países en cuatro grupos.

En el primer grupo están los países que no reciben ningún tipo de aporte externo para el financiamiento de la salud. Estos países son: Chile, México, San Cristóbal y Nieves, y Uruguay. En el segundo grupo están los países con financiamiento de fuentes externas menor al 2% del gasto total en salud. En este grupo se encuentran 19 países.

El tercer grupo está conformado por los países que tienen financiamiento externo entre 2 y 6% del gasto total en salud. En este grupo se encuentran 7 países: Belice, Bolivia, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Guyana, y Nicaragua. En el cuarto grupo están los países que tienen financiamiento externo superior al 10% del gasto total: Santa Lucía con 13,44% y Haití con 30,96%.

De acuerdo con estos datos, que obviamente han podido variar entre 2022 y la actualidad, las repercusiones de la reducción de la ayuda internacional afectará con más severidad a Haití y Santa Lucía. Ambos países tendrán que realizar esfuerzos significativos para sufragar este déficit que resultará de la reducción que se pueda producir. En el tercer grupo también se deberán desarrollar estrategias de compensación, pero no en las magnitudes requeridas en los casos de Santa Lucía y Haití.

En el segundo grupo (con financiamiento externo menor al 2% del gasto total) los efectos de la reducción pueden ser significativos en programas específicos, y dependerá también de las condiciones concretas de los países, especialmente de la evolución de la economía. La atención a las asignaciones de recursos con mayor detalle también deberá ser una tarea de especial importancia en este grupo de países.

El hecho de que en la gran mayoría de los países de la región el financiamiento externo no supere el 6% del total del gasto indica que los gobiernos tienen un margen de mayor flexibilidad para la asignación de recursos dentro de los sistemas de salud. Por supuesto, esta posibilidad requiere un examen detallado de las mejores opciones para utilizar los recursos disponibles. En otras palabras, los gobiernos de la gran mayoría de los países de la región pueden ejercer gran autonomía en la determinación de las prioridades de políticas. Esto exige, en consecuencia, mayores esfuerzos por mejorar la calidad del diseño e implementación de las políticas de salud.

Es deseable que uno de los objetivos estratégicos sea la plena autonomía en la generación y utilización de los recursos para salud, especialmente cuando todas las tendencias indican que deberán ser mayores para garantizar la atención de población creciente con alta proporción de adultos mayores, y en contextos de aumentos de costos ligados al desarrollo de nuevas tecnologías para el diagnóstico y tratamiento. Es bastante claro que no es solamente un problema de la cantidad de recursos disponibles.

Politemas, Tal Cual, 12 de noviembre de 2025

La carga de enfermedad en América Latina y el Caribe

La carga de enfermedad es una medida del efecto que tienen distintas afecciones en la salud de las personas. Se define a partir de la mortalidad que se hubiera podido evitar (mortalidad prematura) combinada con los años de discapacidad que ocasionan estas afecciones. La carga de enfermedad se expresa en años de discapacidad (DALYs, por sus siglas en inglés). A partir de esta información se pueden diseñar las políticas de salud que permitan evitar la mortalidad prematura y reducir el efecto de las afecciones en los años de discapacidad.

Obtener esta información es fundamental para los organismos encargados del diseño y seguimiento de las políticas de salud. Las deficiencias en los registros de mortalidad y morbilidad ocasionan que las estimaciones sean menos precisas, y, por ende, la efectividad de las políticas no sea la deseable. Ofrecer datos de calidad se convierte en un requisito de primer orden. Esta es la importancia de la última publicación de la revista The Lancet sobre las estimaciones de la carga de la enfermedad en el contexto global y regional en 2023.

A escala global las tres principales causas de años de discapacidad (DALYs) son: enfermedad isquémica cardíaca, accidentes cerebrovasculares, y diabetes. Las causas que han aumentado más desde 2010 son los trastornos de ansiedad, depresión, y diabetes. Las mejores más notorias se han experimentado en las enfermedades infecciosas, maternas, neonatales, y nutricionales.

América Latina y el Caribe (ALC) es una de las super-regiones analizadas en la publicación. Las cinco mayores causas de DALYs en ALC son: enfermedad isquémica cardíaca, diabetes, muertes por violencia, trastornos neonatales, y accidentes cerebrovasculares. En el ámbito de los países andinos las cinco mayores causas son: infecciones respiratorias bajas, trastornos neonatales, ansiedad, accidentes viales, y enfermedad isquémica cardíaca.

En la publicación también se presentan los factores de riesgo que condicionan estas causas de la carga de enfermedad. La reducción de estos factores de riesgo puede conllevar a su vez la disminución de la carga de enfermedad. En América Latina y el Caribe los cinco principales factores de riesgo son: alta concentración de glucosa en ayunas, alto índice de masa corporal, aumento de la presión arterial sistólica, trastornos renales, y contaminación. Los dos primeros factores han aumentado desde 2010. En los países andinos los cinco principales factores de riesgo son: alto índice de masa corporal, alta concentración de glucosa en ayunas, aumento de la presión arterial sistólica, contaminación, bajo peso al nacer y embarazos de corta duración.

A partir de estas evidencias se pueden diferenciar al menos tres tipos de estrategias para ser implementadas de acuerdo con las especificidades de cada país de la región. En primer lugar, la identificación de personas y comunidades con mayor frecuencia de riesgos cardio-metabólicos. Esto implica el diagnóstico precoz de hipertensión arterial y diabetes. En segundo plano, la identificación de las mujeres con riesgos prenatales. Y, en tercer lugar, la identificación de personas y comunidades en situación de riesgos ambientales.

Por cada una de estas estrategias se requiere que los sistemas de información sean capaces de identificar riesgos personales y colectivos, y que esos datos sean utilizados para el diseño adecuado de las intervenciones. De la capacidad para actuar en esos dos aspectos dependerá la posibilidad de disminuir efectivamente las personas en riesgo, y, consecutivamente, reducir la carga de enfermedad. La tarea por realizar es bastante evidente. Las capacidades institucionales deben estar a la altura de estas exigencias.

Politemas, Tal Cual, 30 de octubre de 2025

Epidemias y riesgos en la agenda de América Latina

En una versión tradicional de “desastre” se tiende a definir como un suceso inesperado, de causa poco conocida, que afecta dramáticamente a una población en un territorio determinado. Si este desastre se origina en una condición climática (un huracán o una inundación, por ejemplo) en esta versión tradicional se da por sentado cierta noción de inevitabilidad. Es decir, que tal situación y sus consecuencias están fuera de las posibilidades de prevención.

Esta versión tradicional contrasta con la dinámica real que antecede a los desastres. Si las poblaciones se desarrollan en los cauces de los ríos, sin ningún tipo de protección de infraestructura, es bastante probable que las situaciones climáticas van a afectar mucho más a aquellas poblaciones desprotegidas. Si a ello agregamos que en muchos países no existe una adecuada institucionalidad para enfrentar estos riesgos, ni los recursos humanos y financieros para garantizar su funcionamiento, no debe extrañar la gravedad que pueden alcanzar estos riesgos.

En una versión más moderna y compleja de los desastres el énfasis entonces se debe orientar a la reducción o control de los riesgos. Esta orientación adopta la visión de que los riesgos son prevenibles, y que debemos considerar estas circunstancias no como “desastres”, algo así como hechos inevitables, sino como situaciones en las cuales no se han seguido las pautas para prevenir sistemática y rigurosamente sus efectos.

Una reciente publicación analiza la relación entre epidemias y desastres. Aunque se utiliza el término “desastres” y no “riesgos”, el mensaje es muy claro. Ya sabemos, especialmente por la pandemia de Covid-19, el extraordinario efecto que puede tener la población afectada por una epidemia en la demanda y calidad de los servicios de salud. Este efecto, dependiendo de la magnitud de la epidemia, puede ocasionar un severo shock en la gestión de los sistemas de salud.

Los autores de la publicación utilizan la información disponible en la International Disaster Database (EM-DAT). En esta base de datos existen registros de 1.525 epidemias reportadas desde el año 1900, de las cuales 892 se han registrado entre 2000 y 2023. En la consulta realizada a 21 universidades y centros de investigación se concluye que las epidemias deben considerase como riesgos significativos para los sistemas de salud y las sociedades en su conjunto.

Muchos de los países de América Latina, por su ubicación geográfica en áreas tropicales y subtropicales, constituyen ambientes que predisponen la generación de epidemias. Cuando esta condición es permanente, estas epidemias se pueden convertir en endemias. Un ejemplo muy evidente es la malaria. Esta enfermedad puede presentarse inicialmente como un brote epidémico, que dependiendo de las condiciones particulares puede evolucionar hacia la endemia. Países como Colombia, Venezuela, Brasil, tienen estas condiciones.

Las epidemias en América Latina pueden tener dimensiones desconocidas debido a las limitaciones de los sistemas de registro. Si a ello se suman las restricciones en el financiamiento de los servicios de salud pública, es evidente que una parte considerable de la tensión a la cual están sometidos los sistemas de salud tiene su origen en la existencia y falta de control de las epidemias. De allí que el vínculo estrecho entre epidemias y riesgo es una consideración que debe ser tomada muy en cuenta en el diseño de las políticas de protección social en América Latina. Si los riesgos son prevenibles, mucho más lo son aquellos que tienen su origen en epidemias que pueden ser anticipadas y controladas con máxima efectividad.

Politemas, Tal Cual, 30 de julio de 2025

martes, 30 de diciembre de 2025

Diez años de retroceso por la pandemia de COVID-19

El progreso de la humanidad muchas veces se expresa directamente por el aumento en los años de vida. Es lo que se denomina “expectativa de vida”, lo cual corresponde al número de años que una persona podría vivir calculada en el año del nacimiento. Es el número de años que se podrían vivir de acuerdo con los progresos existentes. Esta medición se puede refinar con la “expectativa de vida saludable”, esto es, el número de años que se pueden vivir sin grandes limitaciones de la salud.

Hace dos semanas la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la última edición de las Estadísticas Sanitarias Mundiales. Este reporte incluye los datos de mortalidad de todos los países del mundo hasta 2021 (en el segundo año de la pandemia de COVID-19).

Se indica en la publicación que la expectativa de vida calculada para el año 2020 disminuyó a la cifra registrada en 2016. Igual resultado se señaló para la expectativa de vida saludable. La expectativa de vida en 2020 es 72,5 años, mientras que la expectativa de vida saludable es 62,8 años.

Cuando se incluyen los datos de 2021, se señala que la expectativa disminuye a 71,4 años y la expectativa de vida saludable se reduce a 61,9 años. De allí que estos valores sean equivalentes a los registrados en 2012. Un retroceso de una década. Si tomamos en cuenta que en muchas partes del mundo la pandemia se prolongó por un año más (2022), es muy posible que esta reducción sea mayor cuando se conozcan los datos de ese año.

El impacto de la pandemia en el número de muertes ha sido de grandes dimensiones. En el informe de OMS se indica que el número de muertes por COVID-19 a escala global fue 12 millones (entre 2020 y 2021). Es también muy posible que el subregistro de muertes haya sido muy alto en países con menor calidad de los sistemas de información. Las muertes por COVID-19 fueron la tercera causa de mortalidad en 2020 y 2021 a escala global. En las Américas fue la primera causa de mortalidad.

Las regiones más afectadas por la disminución de la expectativa de vida y la expectativa de vida saludable fueron el Sudeste Asiático y las Américas. Las reducciones en ambas regiones fueron 3 años para la expectativa de vida y 2,5 años para la expectativa de vida saludable. Este negativo impacto está relacionado con las severas dificultades de gestión que mostraron los sistemas de salud de esas regiones para responder a los efectos de la pandemia, tanto en la atención de casos como en los programas de vacunaciones.

Esta reducción de la expectativa de vida y la expectativa de vida saludable también se combina con el aumento en la proporción de muertes relacionadas con enfermedades infecciosas. Esto significó que en 2021 las muertes por enfermedades infecciosas representaran el 28% del total de muertes, proporción similar a la que se había registrado en 2005. En este caso un retroceso de 20 años.

También enfatiza la publicación de OMS el impacto negativo de la pandemia en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2030. Este impacto negativo se nota especialmente en los mayores retrasos para alcanzar la Cobertura Universal de Salud, tanto en la protección financiera como en el acceso a los servicios de salud. Esto es especialmente preocupante en América Latina por las grandes debilidades del monitoreo y las brechas de políticas y gestión en los sistemas de salud. Todo indica que las consecuencias de la pandemia de COVID-19 seguirán afectando la salud de los latinoamericanos por un largo tiempo.

Politemas, Tal Cual, 5 de junio de 2024

Hospitales de Venezuela en la emergencia humanitaria

Nuevamente la Encuesta Nacional de Hospitales de Venezuela explica con precisión y claridad el clamor de los ciudadanos que acuden a los hospitales públicos del país. Esta encuesta es el producto del trabajo sistemático del equipo de informantes y analistas que obtienen y ordenan datos de los hospitales incluidos. La encuesta se realiza en el marco de la cooperación entre dos organizaciones aliadas: Médicos por la Salud, y el Grupo de Investigación de Enfermedades Infecciosas y Tropicales de Venezuela.

La primera encuesta se realizó en 2014, y desde 2018 se adoptó el formato de monitoreo semanal. En el sitio web señalado están disponibles las encuestas y los boletines respectivos. El último reporte anual, correspondiente al período enero-diciembre de 2023 (también está disponible en el sitio web), fue publicado la semana pasada. La revisión de este reporte permite evidenciar la dramática situación en la cual están los hospitales públicos de Venezuela, y demuestra con detalles el grado de insatisfacción de los pacientes y familias que deben acudir a estos servicios.

La emergencia humanitaria de Venezuela fue reconocida de manera expresa por la OEA en mayo de 2016, y en agosto del mismo año por la ONU. En el sitio web de HumVenezuela se señalan los hitos más relevantes en la evolución de la emergencia humanitaria compleja, reconocida internacionalmente desde hace casi ocho años. Es bastante claro que los fundamentos de la emergencia se establecieron mucho antes. Podríamos decir que prácticamente la última década ha sido vivida por los venezolanos en emergencia humanitaria.

Los primeros efectos de la emergencia humanitaria se expresaron en la vida cotidiana de las personas. Desde la falta de alimentación y medicamentos, hasta las restricciones para conseguir empleo, inasistencia a las escuelas, dificultades con los servicios públicos, entre otros aspectos. Llega un momento en que el deterioro institucional alcanza a la estructura de servicios públicos. Y entonces aumenta el efecto pernicioso para las personas. Tampoco en esos servicios se obtiene los beneficios que se suponen deben prestar.

Ese es justamente el efecto severo y profundo que ha traído la emergencia humanitaria en la red de hospitales del país. En un Estado democrático y social de derecho los servicios públicos, y en particular los de salud, deberían ser de la mayor calidad. Comparable con los más altos estándares en el contexto internacional. Esta no es, lamentablemente, la situación que demuestran los resultados del último informe de la Encuesta Nacional de Hospitales (2023).

En el gráfico se indica una muestra de los servicios y suministros que deberían ser regulares en cualquier hospital del mundo. Regular significa que están disponibles el 100% de los días y horas. Es decir, todos los días (y horas) debería estar disponible el agua requerida para las actividades, el suministro eléctrico, los medicamentos, los servicios diagnósticos, las unidades especializadas, en fin, todas las áreas de servicios.

Venezuela: Hospitales sin suministro regular de servicios
 e insumos seleccionados (porcentaje), 2023
     Fuente: Encuesta Nacional de Hospitales, 
     Reporte anual 2023 (publicado en marzo de 2024)

Tal como se indica en el gráfico, en Venezuela el 91% de los servicios de terapia intensiva no tiene servicio regular (todos los santos días, todas las santas horas) de agua. El 85% de los hospitales no tiene suministro eléctrico regular (todos los días, todas las horas). El 62% de los hospitales no tiene el servicio regular de ascensores (todos los días, en todos los pisos).

En lo que respecta a las tecnologías requeridas para realizar diagnósticos rápidos y acertados, el 91% de los hospitales no cuenta con disponibilidad regular (todos los días, todas las horas) para realizar tomografías y resonancias magnéticas. En 80% de los hospitales no se cuenta con disponibilidad regular para realizar ecografías, y el 67% no tiene disponibilidad regular de Rayos X.

Para la atención directa de pacientes, en el 74% de los hospitales no se dispone de manera regular (todos los días, todas las horas) de medicamentos antihipertensivos. En el 68% de los hospitales no se dispone de manera regular (todos los días, todas las horas) de insulina. En el 67% de los hospitales no se dispone regularmente (todos los días, todas las horas) de analgésicos, así de lamentable.

No hay mucho más que agregar a este panorama tan patético que ilustra la Encuesta Nacional de Hospitales. Queda, en primer lugar, reconocer el extraordinario servicio que prestan los informantes y analistas de la Encuesta Nacional de Hospitales. Cada dato recogido y analizado es un acto de defensa del derecho irrevocable de los venezolanos a la salud integral. Y, en segundo lugar, esperar que esta situación promueva una reflexión amplia sobre las tremendas fallas de políticas públicas que han conducido a este superlativo deterioro de la calidad de la salud de las familias venezolanas.

Politemas. Tal Cual, 10 de abril de 2024

lunes, 29 de diciembre de 2025

Venezuela en el laberinto de la malaria

Hubo una época en Venezuela en la cual se podía conocer el número de casos de malaria diagnosticados en la semana anterior. Esto es, los casos totales de malaria de acuerdo con los reportes recibidos de los servicios de salud a lo ancho y largo del país. El origen de esa práctica se remonta al año 1938, cuando se empezó a publicar el Boletín Epidemiológico. La justificación fue muy sencilla. Si se quería enfrentar el drama que significaba la malaria para los venezolanos, pues había que contar los casos. Había que comenzar por ahí.

La idea de contar y clasificar los casos de malaria, es decir, las personas enfermas, permitía saber dónde y en qué circunstancias se estaba produciendo la transmisión de la enfermedad. Y luego de comprender esas características, era posible ensayar alternativas de control. Esta fue la importancia del Boletín Epidemiológico al cual se fueron incorporando con el paso del tiempo otras enfermedades que requerían notificación.

Se puede imaginar la logística necesaria para que en un país que apenas se abría a la modernización, se pudiera elaborar cada semana el Boletín con la información recibida por telegramas. Como el propósito era informar a los responsables de los servicios, el Boletín se debía enviar de vuelta para que en cada sitio del país se tuviera la visión general del problema. Entonces, los que trabajaban en los estados llaneros podían saber los casos que se notificaban en los estados orientales, y viceversa. Esta inteligente rutina está en el corazón del éxito extraordinario que tuvo Venezuela en el control de la enfermedad a mediados del siglo pasado.

Esta práctica de conocer y publicar los casos semanales de malaria en Venezuela cesó a finales de 2016. El último Boletín Epidemiológico publicado, correspondiente a la semana 52 de 2016, se encuentra disponible en el sitio web del Observatorio Venezolano de la Salud. Se puede detallar en las páginas 23-27 la información sobre los casos de malaria de esa semana. También se puede observar en la página 24 que el número total de casos de malaria en 2016 fue 240.613, casi el doble que los registrados en 2015. Esta es la última cifra oficial publicada. Hace exactamente siete años.

En la actualidad, para obtener información sobre el número de casos de malaria en Venezuela se debe acudir a la Organización Mundial de Salud (OMS). El último informe de la OMS sobre el estado de la malaria en el mundo fue publicado en noviembre de 2023. Las cifras disponibles de Venezuela, al igual que las de otros países de América Latina, corresponden, tal como se indica en la página 124 del informe, a estimaciones, es decir, no reflejan estrictamente la contabilización de los registros oficiales. De manera que pudieran existir diferencias entre ambas cifras. También se debe destacar que las últimas estimaciones son del año 2022. Vale decir, las cifras son estimaciones de una situación que no es la actual.

El gráfico muestra el número de casos de malaria por 100.000 habitantes en zonas de riesgo en los países de América Latina en 2022, de acuerdo con las estimaciones de OMS. Tres países no tienen datos incluidos en el informe: Cuba, Chile, y Uruguay. El número de casos de malaria de Venezuela es el más alto en la región, en términos absolutos (154.284) y relativos (1.090 por 100.000 habitantes). Nótese que la tasa de Venezuela es tres veces superior a la de Brasil, país que tiene casi cuatro veces más población en riesgo.

América Latina: Casos de malaria por 100.000 habitantes en zonas de riesgo por países, 2022
     Fuente: OMS. World Malaria Report 2023, cálculos propios

Estas ostensibles debilidades de los sistemas de información de malaria impiden el análisis de políticas de salud en el corto plazo. En la práctica sólo se pueden realizar análisis históricos de la evolución de la malaria. Cuando se sabe que es una enfermedad que tenía una población en riesgo de más de 150 millones de habitantes y más de 525.000 casos en América Latina en 2022. De especial relevancia es el hecho de que tres países de la región, Argentina, Paraguay y El Salvador no registraron casos en 2022. En Argentina el último caso de malaria estimado fue en 2010, en Paraguay en 2011, y en El Salvador en 2016.

Luego de décadas siendo un país pionero en el control de la malaria en el contexto global, Venezuela registra el peor desempeño de la región. Lamentablemente no es posible conocer, al menos por la información que se debe ofrecer regularmente a los ciudadanos, la situación actual (esto es, para la semana pasada) de la malaria en Venezuela. Y por supuesto, es mucho más difícil saber la efectividad de las políticas de control. La omisión de información, y la falta de seguimiento de políticas que de ella se deriva, es una combinación que solo lleva al fracaso. Las evidencias no pueden ser más contundentes.

Politemas, Tal Cual, 15 de febrero de 2024

domingo, 31 de agosto de 2025

¿Cuán alta es la mortalidad materna de Venezuela?

Todo indica que la mortalidad materna de Venezuela debe ser alta. Los efectos de la emergencia humanitaria compleja iniciada en 2016, sumados a la hiperinflación y la pandemia de COVID-19, son signos muy claros del deterioro en la atención materna en los servicios de salud del país. Ahora bien, establecer la verdadera magnitud de la mortalidad materna es una tarea complicada.

Si Venezuela hubiera mantenido el alto nivel de elaboración y publicación de estadísticas de salud que tenía en 1961, la tarea sería muy sencilla. Los datos epidemiológicos y de estadística vital de 1960 fueron publicados por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social MSAS) en julio de 1961. Es decir, apenas seis meses luego de concluir el año anterior.

Esta celeridad y calidad en la publicación de los datos de salud fue considerada como “milagro técnico y administrativo” por el Jefe de Metodología y Estadística de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según indica Arnoldo Gabaldón, Ministro de Sanidad y Asistencia Social en ese año, en su clásica publicación “Una Política Sanitaria”. Comenta Gabaldón que ese hecho, la publicación a los seis meses de concluir el año, “colocó a Venezuela a la vanguardia de los países que publican más oportunamente sus estadísticas”.

En la actualidad Venezuela no pertenece a esa vanguardia. Los últimos datos publicados de la mortalidad registrada en el país corresponden al año 2016. Es decir, un rezago de casi ocho años. Al momento de escribir, el sitio web correspondiente a la información oficial del ministerio respectivo ni siquiera está activo.

En estas circunstancias, de ausencia sistemática de datos nacionales de tanta relevancia para las condiciones de salud de la población, se pueden utilizar los aportes de los organismos internacionales para suplir, en alguna manera, estas restricciones de información.

En el sitio web de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se pueden consultar las estimaciones más recientes (2020) de la razón de mortalidad materna (RMM), esto es, las muertes maternas ocurridas en 100.000 nacidos vivos registrados en el año respectivo, para los países de América Latina. Estas estimaciones fueron realizadas por OMS, UNICEF, UNFPA, Banco Mundial, y UNDESA (División de Población). También se encuentran disponibles por países y años anteriores, junto con la metodología de estimación.

En el gráfico se muestran las estimaciones de la razón de mortalidad materna para todos los países de América Latina. La razón de mortalidad materna de Venezuela era en 2020 la segunda más alta de la región (259,2 muertes maternas por 100.000 nacidos vivos), solo superada por la de Haití (350,4 muertes maternas por 100.000 nacidos vivos). La razón de mortalidad materna de Venezuela en 2020 era 17 veces mayor que la de Chile, país de la región con la menor RMM.

América Latina: Razón de mortalidad materna (RMM) 
estimada (2020) por país 
(muertes maternas por 100.000 nacidos vivos)


Fuente: OPS, de acuerdo con estimaciones de OMS, UNICEF, UNFPA, Banco Mundial, y UNDESA (División de Población).

De acuerdo con estas estimaciones, la RMM de Venezuela aumentó poco más de cinco veces entre 1998 y 2020, pasando de ser un país con RMM intermedia a muy alta. Nótese que el último valor estimado de RMM corresponde a 2020, el primer año de la pandemia. Es muy probable que la situación actual refleje un mayor deterioro en la cobertura de servicios materno-infantiles, y, por ende, una RMM más elevada, especialmente en países como Venezuela con deterioros económicos y sociales pronunciados. El aumento extraordinario de la RMM en las últimas décadas en Venezuela es muestra evidente de los notables retrocesos en la protección financiera y en la cobertura de servicios en todos los ámbitos del sistema de salud.

Politemas, Tal Cual, 8 de noviembre de 2023

viernes, 24 de febrero de 2023

Desigualdades a tres años de pandemia

Desde el reporte de los primeros casos de una neumonía típica a finales de 2019 en China, hasta el control de la pandemia en muchos países, han transcurrido tres años. De los efectos traumáticos en los primeros meses de 2020, se ha pasado al seguimiento permanente de una nueva enfermedad (Covid-19) por parte de los sistemas de salud a escala global. La producción de múltiples vacunas efectivas en apenas un año ha sido un éxito científico y gerencial de la mayor envergadura.

La evolución de la pandemia de covid-19 ha sido quizás la situación crítica más grande que han enfrentado los ministerios de salud de América Latina. Analizar los efectos de la pandemia en la región es de gran importancia para identificar las consecuencias, pero especialmente, para afinar las alternativas de políticas que se deben poner en marcha.

En el conjunto de los 20 países de América Latina se ha registrado el 12% de los casos de covid-19 a escala global. Sin embargo, las muertes en la región por covid-19 han representado el 25% de las registradas en el mundo. Existe una desproporción entre la población de América Latina (el 8% de la población mundial), y las muertes registradas. Esto significa que se pueden identificar factores de los sistemas de salud que han condicionado la alta mortalidad por covid-19 en la región. La tasa de mortalidad acumulada por covid-19 de Perú, por ejemplo, duplica la de Chile, y triplica la de Costa Rica.

Ahora bien, los impactos de la pandemia variaron de acuerdo con las realidades específicas de los países. El análisis general puede esconder notables diferencias. El diagnóstico de los casos de covid-19, medido a través de las pruebas diagnósticas realizadas por 1.000 habitantes, varió entre 2040 pruebas/1.000 habitantes en Chile a 161 pruebas/1.000 habitantes en Ecuador. Los últimos datos de pruebas diagnósticas solo están disponibles para once países al 23 de junio de 2022. Desde esta fecha se dejó de actualizar esta información en Our World in Data de la Universidad de Oxford.

También las diferencias de gestión de los sistemas de salud han condicionado la cobertura de vacunaciones. Hasta la fecha, la cobertura de vacunaciones supera el 80% de la población solo en siete países de la región (Chile, Cuba, Nicaragua, Uruguay, Perú, Costa Rica, y Brasil). Seis países de la región tienen coberturas de vacunación menores a 60% de la población (Honduras, República Dominicana, Venezuela, Paraguay, Guatemala, y Haití). En Haití la cobertura de población vacunada es apenas 2%. Los refuerzos de vacunación solo superan a 80 dosis por cada 100 habitantes en Chile, Uruguay, y Perú.

Vistas estas diferencias entre los sistemas de salud, el análisis de los casos actuales de covid-19 permite distinguir los siguientes rasgos. En primer lugar, la tasa más alta de mortalidad diaria por covid-19 a la fecha en la región corresponde a Perú (1,61 muertes por millón de habitantes). Esta tasa es el doble de la que se registra en España (uno de los países con mayor cobertura de vacunaciones de la Unión Europea), y se ha triplicado en la última semana. De acuerdo con esta tasa, el número de muertes diarias en Perú por covid-19 oscila entre 40 y 60.

El segundo aspecto es la alta confiabilidad que tiene la tasa de mortalidad diaria en Chile (0,76 muertes/millón de habitantes), debido fundamentalmente a la sistemática práctica de diagnóstico y a la alta cobertura de vacunaciones contra covid-19. Esta confiabilidad no está presente en otros países, sea porque el diagnóstico no es tan riguroso o porque la cobertura de vacunaciones no es tan alta.

En el balance de la pandemia en la región, es ya evidente que los mecanismos de seguimiento se han reducido progresivamente. En consecuencia, a medida que pase el tiempo, aumentará la incertidumbre sobre la evolución de los casos y muertes por covid-19. Solo aquellos países que mantengan el seguimiento del diagnóstico y la alta cobertura de vacunaciones podrán reducir esta incertidumbre. Y estos países, lamentablemente, son una minoría. Para la mayoría de los países no será posible reducir la incertidumbre, si no incorporan cambios sustantivos en estas prácticas. De tal manera que, a las desigualdades preexistentes en los sistemas de salud, habrá que agregar las producidas por el impacto de la pandemia. Sin embargo, tal como han demostrado los países exitosos en el control de la pandemia, estas desigualdades son completamente evitables. Estas desigualdades son, en el fondo, el resultado de notables deficiencias para diseñar e implementar políticas públicas. Eliminar esas desigualdades, ergo, también será posible solo con mejores políticas públicas.

Politemas, Tal Cual, 8 de febrero de 2023

jueves, 23 de febrero de 2023

Planes sin protección financiera en salud

En 2030, en todos los hogares del mundo, el gasto de bolsillo en salud no debería superar el 10% del ingreso mensual. El gasto de bolsillo corresponde a todos los pagos de servicios de salud que se realicen en efectivo o con cargo directo a las cuentas de las personas del hogar. Es decir, que no sean gastos prepagados, sea por la existencia de un seguro público o privado. Esta meta corresponde al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) identificado con el número 3.8 en lo que respecta a la protección financiera en salud. Y como tal, forma parte de los ODS aprobados en 2015 en Naciones Unidas, y ratificados por 193 países.

Hasta este punto todo va muy bien. Porque garantizar que en todos los países del mundo el gasto de bolsillo en salud no supere el 10% del ingreso mensual, beneficiará indudablemente a miles de millones de personas. Cuando este gasto de bolsillo supera el 10% se denomina “gasto catastrófico” en salud. Dicho de otra manera, en 2030 el gasto catastrófico en salud en todos los hogares del mundo debería ser 0%.

Si se examina la información disponible, se puede tener mejor idea de las exigencias que conlleva alcanzar este aspecto del ODS 3.8. En el último reporte de la OMS y el Banco Mundial sobre protección financiera en salud, publicado a finales de 2021, se indica que en el Reino Unido el gasto catastrófico en salud afectaba al 2,3% de la población en 2018. En América Latina, en los tres países con menor proporción de gasto de bolsillo (según las cuentas nacionales), Uruguay, Colombia, y Argentina, el gasto catastrófico, de acuerdo con la última medición reportada (entre 2016 y 2017), era 2,3%, 8,2%, y 9,6%, respectivamente. En el caso de Cuba, que también tiene un bajo gasto de bolsillo por cuentas nacionales, no están disponibles mediciones de gasto catastrófico. De acuerdo con estos niveles, es evidente que disminuir el gasto catastrófico a 0% constituye una extraordinaria meta del desarrollo.

Según lo anterior, se podría imaginar que reducir el gasto catastrófico en salud es una meta que debe estar incluida en los planes de desarrollo de los países de América Latina. En realidad, es solo imaginación. El Observatorio Regional de Planificación para el Desarrollo de la Cepal, permite ubicar y analizar los planes de desarrollo publicados desde 2015 (porque los ODS fueron aprobados ese año). En primer lugar, se constata que para seis países de la región (de un total de 20): Paraguay, Haití, Guatemala, El Salvador, República Dominicana, y Costa Rica, no están disponibles los planes de desarrollo en este sitio web de Cepal. En el caso de Uruguay, el documento se menciona, pero no se puede obtener.

En los planes de desarrollo de los restantes 13 países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, y Venezuela) no aparece ninguna mención a la meta de reducir el gasto catastrófico en salud. De tal manera que, al día de hoy, en los planes de desarrollo vigentes, no existe ninguna manifestación que permita eliminar la desprotección en salud de cientos de millones de latinoamericanos para el año 2030. Si ya es difícil alcanzar una meta de desarrollo cuando es definida, para las que son inexistentes la posibilidad de lograrlas es casi nula.

Estas evidencias indican que el logro de los ODS, y en particular, el correspondiente a la protección financiera en salud, está en una fase absolutamente incipiente (luego de siete años de la aprobación). No se constata que los ODS estén incluidos en las estrategias de desarrollo de los países de la región. De tal manera que influir en la incorporación de los ODS en la visión de desarrollo de los países, es una tarea más que urgente para los centros académicos, organizaciones de la sociedad, civil, instituciones multilaterales, partidos políticos, entre otras instancias. De lo contrario, alcanzar plenamente los ODS se convertirá cada día en un desafío más difícil.

Politemas, Tal Cual, 30 de noviembre de 2022 

Nuevos equilibrios para evitar nuevas pandemias

Tres años después del inicio de la pandemia de covid-19, las evidencias indican que los riesgos biológicos pueden aumentar a menos que se tomen medidas adecuadas a escala global. Estos riesgos implicarían la ocurrencia de nuevas pandemias, sean localizadas en algunas áreas del mundo, o de gran afectación, como ha sido la pandemia de covid-19.

En estas circunstancias, las políticas de los gobiernos deben combinar al menos dos aspectos. En primer lugar, el control completo de la pandemia de covid-19. Al 15 de noviembre de 2022, según cifras de Our World in Data de la Universidad de Oxford, se registran alrededor de 35.000 casos diarios de covid-19 en los países de América Latina, más del doble que los casos reportados en noviembre de 2021. Esto es significativo especialmente porque solo ocho países de la región (de 20) tienen a la fecha más de 80% de cobertura completa de vacunación. Alcanzar el pleno control es una tarea que luce bastante exigente para muchos países de América Latina, si se considera el severo impacto que tuvo la pandemia con más de 1,6 millones de muertes hasta la fecha.

El segundo aspecto es la preparación que se debe acometer en cada país para evitar nuevas pandemias. Un reciente reporte del Banco Mundial concentra la atención en las prioridades de acción que se pueden considerar a tal efecto. Se señala en el informe que el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes se debe a zoonosis, es decir, enfermedades que se originan en animales, y son transmitidas al hombre a través de diferentes mecanismos. De allí que el fundamento de la estrategia es garantizar que los países desarrollen los procesos y programas que permitan anticipar la posible aparición de pandemias.

Tres tipos de acciones son descritas en el reporte para facilitar esta anticipación. En primer lugar, sacar provecho al momento actual. Es decir, tomar en cuenta que el tema se encuentra de manera preferente en la agenda pública (por las circunstancias de la evolución de la pandemia). En segundo lugar, se indican en el reporte los costos aproximados para la prevención de las nuevas pandemias, a través de mejoras en los servicios públicos de veterinaria, de la bioseguridad en las fincas, y la reducción de la deforestación en países de alto riesgo. Se estima que el costo total anual de estos programas puede variar entre 10,3 y 11,5 miles de millones de dólares a escala global.

El tercer grupo de acciones incluye reducción de emisiones de CO2, adaptación climática, mejoras en la seguridad de los alimentos y en la nutrición, reducción del costo económico por enfermedades de animales, aumento en el acceso a los mercados, y el fortalecimiento de los sistemas de salud. Para desarrollar estas acciones, en el reporte se propone la constitución de un Marco de Inversiones para los actores relevantes en los ámbitos nacionales, regionales, y globales.

El mensaje fundamental del reporte es la necesidad de armonizar las dinámicas de desarrollo, fundamentales para el bienestar, con la protección ante los riesgos biológicos, es decir, la urgencia de establecer nuevos equilibrios en la tensión permanente entre las opciones productivas y la preservación del ambiente. Vistas las notables restricciones en el diseño e implementación de políticas públicas que confrontan los gobiernos de la región, se requiere una gran dosis de visión y persistencia para promover estos nuevos equilibrios.

Politemas, Tal Cual, 17 de noviembre de 2022

viernes, 5 de agosto de 2022

La pandemia en su incertidumbre

Con respecto al 1 de junio de este año, el número de casos de covid-19 por millón de habitantes se ha más que duplicado en el mundo. Esto es, ha pasado de 50 a 123 casos de covid-19 por millón de habitantes en cuestión de seis semanas. También se ha registrado el aumento de muertes por millón de habitantes. De allí que sea importante conocer cuáles son las tendencias de la evolución de la pandemia en América Latina.

La primera restricción que surge para conocer con precisión estas tendencias, es la ausencia de información reciente sobre la realización de pruebas diagnósticas de covid-19. La última información disponible más reciente para comparación internacional, corresponde al 22 de junio de este año. De acuerdo con los datos disponibles, solo nueve países tienen para esa fecha el registro de pruebas diagnósticas por 1000 habitantes. Y de ese grupo de países, solo dos (Chile y Panamá) realizaban pruebas diagnósticas en una proporción mayor a 2 por cada 1000 habitantes.

La segunda restricción es que el número de países en los cuales se tiene más de 80% de vacunación completa (con respecto al protocolo inicial), se ha mantenido sin modificaciones en los últimos meses. Solo seis países (Chile, Cuba, Uruguay, Argentina, Perú, y Nicaragua) han superado el 80% de cobertura completa. En dos países (Costa Rica y Venezuela), la información sobre la cobertura completa no está disponible actualmente, de hecho, tiene un retraso de dos meses en Costa Rica, y cuatro meses en Venezuela.

Si se combinan las anteriores restricciones, entonces se entiende mejor que en ocho países se registren actualmente más de 200 casos de covid-19 por millón de habitantes (el doble de lo que se registraba meses atrás). En cinco de estos países (Paraguay, Bolivia, Guatemala, Perú, y México) existen aumentos significativos de casos en estas últimas semanas. También se ha registrado en las últimas semanas el aumento en la tasa de fallecimientos en Chile y Paraguay.

Tal pareciera que, en la gran mayoría de los países de la región, están confluyendo el deterioro de las capacidades de diagnóstico de covid-19, por una parte, con debilidades de los procesos de control, especialmente con la administración de las terceras y cuartas dosis de vacunaciones. En estas condiciones, la incertidumbre en la evolución de la pandemia será más la rutina que la excepción en la región.

Politemas, Tal Cual, 20 de julio de 2022

martes, 31 de mayo de 2022

¿Cómo estimar el impacto institucional de la pandemia?

La progresión de la pandemia por casi dos años y medio expresa con claridad los notables impactos que ha tenido en el contexto global. Pronósticos de organismos internacionales indican que la recuperación a los niveles pre-pandemia puede llevar varios años. Esta perspectiva se complica más si se considera que la pandemia se puede prolongar en muchos países, especialmente en aquellos con bajos niveles de cobertura de vacunaciones contra covid-19.

Es evidente que en la medida que se conozca con más detalles el impacto de la pandemia en los países, se podrá identificar con mayor especificación las tareas que se deben realizar para superar estos efectos. En consecuencia, es conveniente establecer una forma de estimar estos impactos. De especial consideración, es el impacto institucional, es decir, los efectos en las capacidades de los países para diseñar e implementar políticas públicas.

Una alternativa para estimar este impacto es conocer el “exceso de mortalidad”, lo cual expresa la variación que implicó la pandemia con respecto a la tendencia de mortalidad previa. Esto significa que aquellos países que han tenido un menor exceso de mortalidad, estarán en mejores condiciones de superar las exigencias post-pandemia. En Our World in Data, de la Universidad de Oxford, se encuentra la estimación, realizada por la revista The Economist, del exceso de mortalidad en la pandemia. En el caso de América Latina, se estima que, al 8 de mayo de 2022, más de 2,5 millones de muertes se produjeron en exceso durante la pandemia

Al analizar los estimados del exceso de mortalidad en América Latina, se pueden distinguir tres grupos de países. En el primer grupo están los países con mayor exceso de mortalidad en la región (más de 400 muertes por cada 100.000 habitantes): Perú, México, Bolivia, y Ecuador. Perú tiene la mayor tasa (662 muertes en exceso por cada 100.000 habitantes). Esta tasa de Perú solo es superada por tres países de la Unión Europea (Bulgaria, Lituania, y Rumania).

El segundo grupo está conformado por diez países: Argentina, Brasil, El Salvador, Colombia, Paraguay, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Chile, y Venezuela. En este grupo, la tasa de exceso de mortalidad se encuentra entre 200 y 400 muertes por 100.000 habitantes. En el tercer grupo se encuentran los países con menor exceso de mortalidad (menor a 200 muertes por cada 100.000 habitantes), y está compuesto por Panamá, Haití, Cuba, Costa Rica, Uruguay, y República Dominicana. Este último país es el que tiene la menor tasa de mortalidad en exceso en la región.

Tomando como referencia este indicador es posible proponer que los países con mayor exceso de mortalidad comparten al menos tres características. La primera está constituida por las debilidades en la preparación para enfrentar la pandemia. La segunda es la amplitud de efectos familiares y sociales relacionados con esta alta mortalidad. Y la tercera característica está vinculada con las dificultades previsibles para superar el impacto de la pandemia. Estas características ilustran los diferentes tipos de gestión institucional que se deberán implementar para superar el impacto de la pandemia en América Latina.

Politemas, Tal Cual, 18 de mayo de 2022

¿Cuán confiable es la reducción de mortalidad por covid-19?

En la actualidad se registra en todos los países de América Latina una reducción significativa de la mortalidad diaria por covid-19. En el caso de Chile esto significa que la tasa actual de mortalidad diaria es doce veces menor a la registrada en el período de mayor mortalidad en la pandemia (junio de 2021).

Esta reducción, sin embargo, tiene diferentes niveles de confiabilidad en los países de la región. Para discriminar estos niveles se pueden tomar en cuenta dos aspectos. En primer lugar, la realización de pruebas diagnósticas de covid-19. En la medida que los países realicen el diagnóstico de la mayor cantidad de casos, se puede conocer con más detalle la magnitud de la transmisión. En la actualidad, solo nueve países de la región tienen reportes de pruebas diagnósticas de covid-19 en Our World in Data de la Universidad de Oxford. Sin embargo, cuatro de ellos (Ecuador, México, Haití, y Nicaragua) tienen menos de 0,1 pruebas diarias por 1.000 habitantes. Los datos de Cuba dejaron de estar disponibles desde julio de 2021. Los datos de Bolivia, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú, y Uruguay, no están disponibles desde marzo o abril de 2022.

El segundo aspecto es la cobertura de vacunación completa contra covid-19. Con la excepción de Venezuela, todos los países de la región tienen el registro de vacunaciones completas en Our World in Data. Los países que han alcanzado a la fecha más de 80% de cobertura son: Chile, Cuba, Uruguay, Argentina, y Perú.

La combinación de estos dos aspectos (pruebas diagnósticas y cobertura completa de vacunaciones) permiten distinguir tres grupos de países con respecto a la confiabilidad de las cifras de mortalidad por covid-19. En el primer grupo están los países con alta cobertura completa de vacunaciones y realización de pruebas diagnósticas. En este grupo de países la tasa de mortalidad diaria por covid-19 tiene el mayor nivel de confiabilidad. Está conformado por tres países: Chile, Argentina, y Panamá. En este grupo todos los países tienen una tasa de mortalidad diaria de covid-19 de menos de 1 muerte por millón de habitantes.

En el segundo grupo, de seis países (Uruguay, Cuba, Ecuador, Brasil, Perú, y Costa Rica), la tasa de cobertura de vacunaciones completa es superior al 70%, pero no cuentan con datos de realización de pruebas diagnósticas de covid-19. Por consiguiente, la confiabilidad en la tasa de mortalidad es menor que en el primer grupo de países. Los últimos datos disponibles de la tasa de mortalidad diaria de este grupo indican que los datos de Ecuador y Cuba probablemente no reflejan tanto la realidad como las de los otros cuatro países.

En el último grupo están los restantes once países (Colombia, República Dominicana, El Salvador, México, Paraguay, Bolivia, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Venezuela, y Haití). En todos ellos, la cobertura completa de vacunaciones es menor de 70%, y no cuentan con registros de la realización de pruebas diagnósticas. Es decir, que la confiabilidad de las cifras de mortalidad diaria es la menor de los tres grupos señalados.

Para contar con la mayor precisión sobre la evolución de la pandemia en los países de la región, se requiere mejorar la información disponible sobre el seguimiento de los casos (especialmente el diagnóstico), y sobre la cobertura de vacunaciones. En la gran mayoría de los países de América Latina ésta sigue siendo una tarea pendiente.

Politemas, Tal Cual, 11 de mayo de 2022

viernes, 22 de abril de 2022

¿Cuán rigurosas son las políticas a dos años de la pandemia?

Las últimas cifras disponibles en Our World in Data (Universidad de Oxford), indican que el 28 de marzo de 2022 se registraron en América Latina cerca de 340 muertes por covid-19. Esto significa que aproximadamente 15 mil muertes podrían registrarse en la región en el mes de marzo. La cantidad de muertes diarias en este momento de 2022 está muy por debajo de las casi 6.000 muertes que se registraron en América Latina el 31 de marzo de 2021.

La disminución extraordinaria de la mortalidad diaria es, obviamente, el resultado de las medidas de control, pero especialmente de la ejecución de los programas de vacunación contra covid-19. Ahora bien, es relevante analizar el impacto que ha tenido esta reducción en la rigurosidad de políticas de control que se han aplicado desde el inicio de la pandemia.

El Índice de Rigurosidad de Políticas (IRP) es una medición que combina las distintas políticas aplicadas para aumentar el distanciamiento social, y por consiguiente, reducir las posibilidades de contagio de covid-19. El IRP varía entre 0 y 100, siendo 0 el valor que corresponde a la ausencia de aplicación de medidas, y 100 a la máxima rigurosidad de políticas. En las fases más críticas de la pandemia, el valor del IRP alcanzó más de 80 en muchos países.

En los cuatro países con más de 80% de cobertura de vacunación completa en la región (Chile, Cuba, Uruguay, y Argentina), el IRP tiene actualmente valores comprendidos entre 20 (Uruguay), y 31(Argentina). Con la excepción de Cuba, en todos estos países se registra en la actualidad el menor valor del IRP desde los inicios de la pandemia. Este valor se ha mantenido en estos rangos en los últimos tres meses. Se puede concluir, a partir de esta evidencia, que en estos países siguen en funcionamiento medidas de control con relativa rigurosidad, independientemente de la cobertura alcanzada.

El menor valor del IRP se registra en la actualidad en Nicaragua y República Dominicana (menos de 10 en ambos países). Sin embargo, ninguno de estos dos países ha alcanzado el 70% de la cobertura de vacunación completa. En once países de la región se registran en la actualidad los menores valores de IRP de toda la pandemia. En cinco países (Brasil, Ecuador, Guatemala, Colombia, y Bolivia), el IRP todavía se mantiene por encima de 50.

El valor actual del IRP en los países de la región es expresión de las consideraciones que deben realizar los gobiernos para reducir la rigurosidad de políticas. Es claro que en los países con mayor cobertura también se mantiene la prudencia para evitar reducciones muy grandes de la rigurosidad. El hecho de que sean pocos los países que han alcanzado coberturas de vacunación completa superior a 80%, es sugestivo de que el nivel del IRP se mantendrá al menos en 30-40 en los próximos meses en muchos países. Regresar completamente a la situación previa a la pandemia parece más complicado en algunos países que en otros, pero, en general, pareciera que no es una situación que esté cercana.

Politemas, Tal Cual, 30 de marzo de 2022

Efectos de las altas coberturas de vacunas contra covid-19

El control de la pandemia, luego de disponer de vacunas contra covid-19, se ha concentrado en alcanzar la mayor cobertura posible en el menor tiempo. Con este propósito, en la gran mayoría de los países del mundo se han implementado amplios programas de vacunaciones contra covid-19.

Luego de un año de la ejecución de estos programas, las altas coberturas de vacunación completa se han conseguido en relativamente pocos países. En la Unión Europea, solo cinco países (de 27) han alcanzado hasta la fecha el 80% de población completamente vacunada (Portugal, Malta España, Dinamarca, e Irlanda). También Portugal, Malta, y Dinamarca, están entre los cinco países con mayor cobertura de la dosis de refuerzo. En América Latina solo cuatro países (Chile, Cuba, Uruguay, y Argentina), han logrado la meta del 80% de cobertura completa. Estos cuatro países también tienen los mayores porcentajes de cobertura del refuerzo.

Estos nueve países señalados ya tenían altas tasas de cobertura completa al 1 de noviembre de 2021, fecha alrededor de la cual cuando se reportó la existencia de la variable ómicron. Con la excepción de Cuba y Argentina, estos países tenían más de 75% de cobertura completa para esa fecha.

En los países de la Unión Europea, todos, con la excepción de Dinamarca, experimentaron aumentos de la mortalidad diaria por covid-19 que alcanzaron cifras topes a finales de enero y comienzos de febrero de 2022. La tasa de mortalidad más alta en este grupo fue la de Malta (cerca de 8 muertes diarias por millón de habitantes). El país con el menor tope en la tasa de mortalidad fue Irlanda (4,6 muertes por millón de habitantes). De acuerdo con las cifras más recientes, en todos estos cuatro países (Malta, Portugal, España, e Irlanda), la tasa de mortalidad diaria por covid-19 se registra cerca de 2 muertes diarias por millón de habitantes. En Dinamarca la cifra más alta de mortalidad diaria se registró en el mes de marzo (cerca de 9 muertes por millón de habitantes). A la fecha, la tasa de mortalidad diaria en Dinamarca es poco más de dos veces más que en los cuatro restantes países de la Unión Europea.

En los países de América Latina señalados se registraron también topes de las tasas diarias de mortalidad por covid-19, con diferentes características. El menor incremento de la tasa de mortalidad se registró en Cuba a principios de febrero de 2022, la cual alcanzó a 0,56 muertes por millón de habitantes (el tope más bajo entre los nueve países señalados). En Uruguay y Argentina el máximo de mortalidad diaria se registró en el mes de febrero, mientras que en Chile fue en el mes de marzo. A la fecha, las tasas de mortalidad diaria de Argentina y Uruguay se registran cerca de 2 muertes por millón de habitantes, mientras en Chile es poco más del doble.

De acuerdo con la evolución de la tasa de mortalidad diaria por covid-19, se puede señalar que, en países con altas coberturas completas de vacunación, se registraron aumentos significativos, probablemente relacionados con la alta propagación de la infección por la variante ómicron, y la consiguiente afectación de la población no vacunada. También se puede indicar que el tiempo para regresar al valor de la tasa de mortalidad diaria preexistente, fue aproximadamente dos meses. Alcanzar los mayores niveles de cobertura de vacunación parece ser la mejor estrategia para evitar la aparición de nuevas variantes, y así impedir los retrocesos en la mortalidad diaria por covid-19.

Politemas, Tal Cual, 23 de marzo de 2022

sábado, 19 de marzo de 2022

¿Cuál es la tendencia de la pandemia en América Latina?

Después de dos años de pandemia no parecen estar definidas cabalmente las posibilidades de control efectivo en los próximos meses. La incorporación de vacunas en las estrategias para enfrentar la pandemia permitió elaborar programas con diferentes opciones para contrarrestarla. Dentro de estas opciones, tienen especial relevancia las medidas de distanciamiento social y los programas de vacunación. De acuerdo con este enfoque, el éxito del control requería aumentar rápidamente la cobertura de vacunaciones, y mantener prudentemente otras medidas de control.

El desempeño de Chile ilustra claramente que el efecto neto de vacunar debe tomar en cuenta otros factores. La cobertura de vacunación completa de Chile es la más alta de la región. Desde noviembre del año pasado la cobertura corresponde al 80% de la población. Sin embargo, actualmente Chile registra la tasa de mortalidad diaria por covid-19 más alta de América Latina. Esta tasa es similar a la que tenía Chile a mediados del año pasado con la mitad de cobertura de vacunación completa.

Una explicación posible es que la alta tasa de contagio por la variante ómicron ocasiona un aumento significativo de casos, y, por consiguiente, también aumenta el número de casos que se pueden complicar y fallecer. De acuerdo con el último reporte de seguimiento elaborado por la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile, y la Universidad de Concepción, en colaboración con el Ministerio de Salud, y el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el grupo de edad con la tasa de mortalidad más alta es el de los mayores de 70 años, aunque no se indica la proporción de vacunados entre los fallecidos.

La posibilidad de que se detecten nuevas variantes, y la disminución de la inmunidad con el paso de los meses, pueden ser algunos de los factores que influyan en aumentos significativos de casos y muertes en los próximos meses. Asumiendo que existe una tasa de mortalidad diaria que va a mantenerse sin variaciones por un largo período, se podría considerar que esta tasa puede variar entre 0,5 y 1 muerte por millón de habitantes. De acuerdo con este valor, el número de muertes diarias por covid-19 en América Latina sería alrededor de 500.

En la actualidad, el número de muertes diarias por covid-19 en América Latina es 550. La tasa de mortalidad diaria por covid-19 varía entre 5,79 muertes por millón de hab. en Chile, a menos de 1 en varios países de la región. En el gráfico también se puede apreciar que en ocho países (Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Costa Rica, México, Paraguay, y Argentina) el valor de la tasa actual es mayor que el criterio señalado (0,5-1 muerte por millón. de América Latina). De acuerdo con este nivel de la tasa, el número de fallecimientos mensuales por covid-19 puede estimarse en 15 mil.

Esta posible evolución de la pandemia, conlleva a examinar las implicaciones que tendría para la región mantener este alto nivel de mortalidad y casos, especialmente por la afectación de cientos de miles de familias, y los extraordinarios efectos sociales y económicos que pueden continuar. Estas características de la actual situación demuestran la prioridad que se debe asignar al desempeño de los programas de vacunación, especialmente en los países que todavía no llegan al 50% de cobertura (Venezuela, Bolivia, Honduras, Paraguay, Guatemala y Haití). Todo indica que la pandemia seguirá representando una gran exigencia para la gestión de los países de América Latina.

Politemas, Tal Cual, 16 de marzo de 2022