domingo, 24 de junio de 2018

La brecha del siglo XXI

Las inmensas transformaciones tecnológicas que están ocurriendo en el mundo han configurado en las últimas décadas una nueva forma de vinculación entre países y entre áreas en los países. La forma en la cual se dan esas relaciones está basada fundamentalmente en la aproximación a la creación de conocimientos. Las sociedades con patrones de organización basados en la generación y utilización de conocimientos se encuentran en rutas de desarrollo más sostenibles y exigentes. Este fenómeno es la demostración de que la creación de riqueza no es sino la expresión de lo que las sociedades producen. Más aún, es expresión de la diversidad de lo que producen. 

La creación de riqueza está en la génesis del pensamiento económico. Es por ello que la célebre publicación de Adam Smith sobre las causas de la riqueza en 1776 se convirtió en la base para la conformación de la economía moderna. El problema de Adam Smith era encontrar una explicación al hecho de que algunos países eran más ricos que otros. Y de allí que fuera necesario examinar las causas para encontrar modalidades de acción, vale decir, políticas, que promovieran entonces la riqueza. La explicación de Adam Smith es impresionantemente sencilla: la riqueza de los países depende de lo que producen, pero más aún, de la diversidad de lo que producen. Mientras más diversidad, existen mayores posibilidades de estimular la sinergia que impulse hacia nuevos niveles de riqueza. Y para que exista diversidad en la producción se debe impulsar el aumento de la “cantidad de ciencia”, esto es, la capacidad para crear nuevos conocimientos. Hay que recordar que estos postulados fueron expresados hace casi doscientos cincuenta años, en un mundo muy diferente al que tenemos hoy. 

El problema señalado por Adam Smith implicaba medir esa diversidad de producción. Las estadísticas de la época no estaban suficientemente ordenadas para llevar el registro detallado de lo que se producía. Tampoco el mundo era tan cercano como lo es ahora. No es sino hasta hace poco más de una década que se empezó a sistematizar la información que permitiera medir la diversidad destacada por Adam Smith. De allí surgió el Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard y el Observatorio de Complejidad Económica del MIT. Ambas iniciativas permiten estimar la complejidad como expresión de la diversidad. A más complejidad, los países alcanzan mayores niveles de riquezas. En otra medida, la complejidad se convierte en un predictor del crecimiento, que a su vez lleva a nuevos niveles de riqueza. 

En la última medición del Atlas de Complejidad Económica (para el año 2016), los diez países con mayores niveles de complejidad son, en orden decreciente, Japón, Suiza, Corea del Sur, Alemania, Singapur, Austria, República Checa, Suecia, Finlandia y Estados Unidos. La diferencia de estos países con respecto a otras regiones del mundo es notable. Podría decirse que esta brecha de complejidad es la expresión de un rezago en la institucionalidad de los países para asumir los retos que implica construir sociedades del conocimiento. Tal parece que la complejidad está generando una exclusión que aumenta todos los días, en la medida que el ritmo de creación y utilización de conocimientos no hace sino crecer. Enfrentar esta brecha con políticas efectivas es quizás el desafío más significativo en el mundo de esta primera parte del siglo XXI.

Politemas, Tal Cual, 20 de junio de 2018

Destrucción sin paralelo

El anuncio de la Asamblea Nacional sobre la tasa de inflación del mes de mayo implica nuevos récords en el drama de la hiperinflación en Venezuela. En primer lugar, se confirma el séptimo mes de hiperinflación. Es decir, desde el mes de noviembre del año pasado, la tasa de inflación mensual ha superado el 50%. La duración de la hiperinflación de Venezuela ya es superior a la experimentada en Chile (1973), Perú (1988 y 1990), y Brasil (1989-1990). Esto significa que, de continuar esta situación, en cuatro meses más también se superaría la duración de la hiperinflación de Argentina (1989-1990). 

La tasa de inflación mensual correspondiente al mes de mayo de 2018 también es la más alta en la historia del país, esto es, 110%. De acuerdo con esta tasa de inflación mensual, los precios de los bienes se duplican en 28 días. De mantenerse una tasa de inflación mensual de 50% hasta final de año, la tasa de inflación, según la Asamblea Nacional, sería 35.000% en 2018, con lo cual se convertiría en la más alta de todas las hiperinflaciones de América Latina, y la más alta de las hiperinflaciones ocurridas en el mundo desde 1980. 

Las condiciones de esta situación son cada día más críticas para la inmensa mayoría de la población. Las posibilidades de protección están disponibles para un sector muy pequeño. Una hiperinflación de estas características como se está previendo es el escenario de destrucción más grande padecido por la sociedad venezolana. No existe forma de minimizar esta realidad. 

En este contexto, una de las preguntas fundamentales es identificar si es posible revertir esta situación en un plazo corto. Esto nos lleva a analizar el patrón de toma de decisiones en la actualidad en esta materia. La decisión anunciada sobre la reconversión monetaria se ha comunicado y asumido como la solución del problema. Especialistas nacionales e internacionales han indicado insistentemente que la reconversión sin las medidas de fondo requeridas, no significará ningún remedio. Más bien, puede implicar el empeoramiento de la situación. 

De acuerdo con lo informado recientemente, la reconversión monetaria se implementará a principio del mes de agosto. Es decir, que a los siete meses ya transcurridos habría que agregar los meses de junio y julio, con lo cual se alcanzarían los nueves meses de duración. Y a esos meses habría que agregar el tiempo que llevaría que se cayera en cuenta que la reconversión no es la solución. Conocido el patrón de decisiones en esta materia, es bastante probable que la hiperinflación de Venezuela se extienda por todo lo que queda del año 2018. Las consecuencias de la prolongación de este nivel de hiperinflación es muy probable que alcance los mayores topes de empobrecimiento y destrucción de capacidad productiva en la historia del mundo.

Politemas, Tal Cual, 13 de junio de 2018

lunes, 11 de junio de 2018

Éxitos en reducir la mortalidad infantil

En 1960 la tasa de mortalidad infantil de Portugal, de acuerdo con el Banco Mundial, era 84,3 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos registrados (NVR). Esa tasa representaba más de cinco veces la que registró Suecia en el mismo año (el país con la menor tasa para ese momento). Desde una perspectiva general de desarrollo, durante mucho tiempo prevaleció la idea de que las brechas entre los países, especialmente las relacionadas con la gestión y disponibilidad de tecnologías, eran muy difíciles de revertir. Desde esa visión, era muy difícil imaginar que Portugal alcanzara en 2016 una tasa de mortalidad infantil de 2,9 defunciones por 1.000 NVR, con lo cual se coloca en la élite de los países que tienen una tasa de mortalidad infantil menor a 3 defunciones por cada 1000 NVR. 

Es obvio que en el caso de Portugal han debido operar cambios sustantivos que implicaran la reducción de la brecha con respecto a los países más avanzando en este aspecto. De hecho, Portugal es el país que más redujo la brecha con respecto al país con la menor tasa de mortalidad en el período que se extiende entre 1960 y 2016. Esa reducción fue de 65% con respecto al valor de la brecha en 1960. Con la misma lógica se puede interpretar la reducción de la tasa de mortalidad en países de alto nivel de desarrollo en 1960, como Japón, y países de menor nivel en el mismo año, como Corea del Sur. En estos dos casos, para 2016 la tasa de mortalidad infantil también los sitúa en la élite de los países con mejor desempeño en el mundo. 

Es bastante probable que la importancia de mejorar en este indicador, como expresión del bienestar general de la sociedad, se convirtió en un eje de las políticas públicas que han implementado estos países en las últimas seis décadas. Y es bastante probable que la incorporación de este indicador en la tendencia de las políticas públicas, haya supuesto la convicción en el mundo del liderazgo político de que debía hacerse de manera sostenible, como área de especial consenso en la sociedad. 

Esta experiencia práctica, lamentablemente, no es frecuente. De los 102 países con información en ambos años (1960 y 2016), solo 21 lograron reducir la brecha de mortalidad infantil. Es decir, el 80% de los países más bien concluyeron el período con aumentos de la brecha. Casos muy significativos son Lesotho y la República Centro Africana con aumentos de la brecha superiores a 400%. Es también muy posible que, en los países de menor desempeño, la preocupación por asignar a algunos indicadores esta connotación de guía para las políticas públicas sea prácticamente inexistente. 

Todo lo cual nos lleva a una conclusión muy sencilla, pero fundamental: no se consigue lo que no se busca. En todas las áreas de políticas públicas se deben definir metas guías. Es una tarea que debe conllevar el trabajo conjunto entre políticos y técnicos. Aunque muchas veces suenen lejanas o imposibles, si son relevantes para la sociedad, irán generando sostenibilidad. La experiencia de Portugal y Corea del Sur indica que es posible. “Solo” se requiere imaginar el futuro y emprender la travesía.

Politemas, Tal Cual, 6 de junio de 2018

Las brechas de mortalidad infantil

La tasa de mortalidad infantil ha sido considerado como uno de los indicadores de referencia para analizar el bienestar de los países. Una de las ventajas es que es relativamente muy sencillo. Se toma el número de defunciones en menores de un año para el año de análisis y se divide por el número de nacidos vivos registrados. Esa cifra se expresa en defunciones en menores de un año por cada 1000 nacidos vivos registrados. 

Este indicador no solamente expresa las condiciones de vida de los niños. También es de utilidad para expresar el nivel de bienestar de los países. La lógica es sencilla. Si en los países existen condiciones de bienestar, es esperable que los más beneficiados sean justamente los más desprotegidos, es decir, los niños. Pero también este indicador nos da información sobre las condiciones de vida de las madres. A menor mortalidad infantil también se encontrará menor mortalidad materna. Incluso en algunos países, con sistemas de información menos desarrollados, la mortalidad materna, por ser más notoria que las muertes infantiles, puede ser de utilidad para estimar la mortalidad infantil con más precisión. Además, la mortalidad infantil es una excelente medida para expresar el máximo de mejoras en las condiciones biológicas. Es decir, en la medida que se reduzca la mortalidad infantil se está más cerca de las muertes que no pueden ser evitadas, al menos con la tecnología disponible. 

De acuerdo con lo anterior, la mortalidad infantil es una evidencia de la capacidad de los sistemas de salud para acercarse al máximo de muertes evitables, En otras palabras, en los países en lo que se tenga la menor mortalidad infantil, deben encontrarse el máximo de posibilidades para disminuir las muertes evitables, con la tecnología disponible para el período considerado. 

En 1960, de acuerdo con la base de datos del Banco Mundial, los cinco países que tenían la menor tasa de mortalidad infantil eran: Suecia (16,3 defunciones por cada 1000 nacidos vivos registrados, Holanda (16,5), Islandia (17,5), Noruega (18,4) y Australia (20,4). Podría señalarse que en esos países se habían conjugado las condiciones institucionales y tecnológicas para reducir la mortalidad infantil en mayor magnitud para ese año. En 2016 (último año disponible) los cinco países con menor mortalidad infantil eran: Islandia (1,6), Eslovenia (1,8), Finlandia (1,9), Japón (2) y Luxemburgo (2). De manera que solo Islandia permaneció en el grupo de menor mortalidad. 

Ahora bien, cuando se analiza a los países con mayor mortalidad infantil en 1960 para conocer la brecha con respecto a los de menor mortalidad en 2016, encontramos que la brecha ha aumentado en todos ellos. Por ejemplo, Afganistán tenía 15 veces más la tasa de mortalidad infantil que Suecia en 1960 (el país con menor mortalidad infantil). En 2016, la brecha había aumentado a 33 veces con respecto a la mortalidad infantil de Islandia (el de menor mortalidad infantil de ese año). Las brechas de Liberia, Costa de Marfil, Nepal y Sierra Leona también se han multiplicado más de tres veces en algunos casos. 

Es bastante claro, en consecuencia, que las reducciones de la mortalidad infantil no se trasladan automáticamente a todos los países. Las condiciones particulares de cada país, y de cada sistema de salud, influyen para que los niños en ese contexto puedan disfrutar del máximo de disponibilidad institucional y tecnológica. En muchos países, justamente por las debilidades en esos aspectos, las brechas han aumentado a pesar de los avances realizados en el mundo en los últimos sesenta años. Lo cual nos lleva entonces a influir en las condiciones concretas en las cuales operan las políticas de salud. De lo contrario, solo se puede esperar el aumento de las brechas en mortalidad infantil.

Politemas, Tal Cual, 30 de mayo de 2018

Seis meses de hiperinflación

La tasa de inflación del mes de abril de este año, difundida esta semana por la Asamblea Nacional, indica que la hiperinflación de Venezuela ya alcanza los seis meses de duración (desde noviembre de 2017). Esto es, seis meses seguidos con tasas de inflación mensual superior a 50%. Es decir, que los precios de los bienes se duplican en un período alrededor de los treinta días. Esto significa que la hiperinflación de Venezuela superó en duración a las experimentadas en Chile (1973), Perú (1988 y 1990), y Brasil (1989-1990). 

También la intensidad de la hiperinflación alcanza un nuevo récord. Entre abril de 2017 y abril de 2018, la tasa de inflación anualizada ascendió a 13.779%. La progresión de este ritmo inflacionario indica que a finales de año los niveles pueden ser francamente astronómicos. Con mucho pesar, los venezolanos están sufriendo cada día los embates de la segunda hiperinflación del siglo XXI, la primera en América Latina en casi 30 años, la primera en un país de la OPEP sin guerra civil. Realmente, la hiperinflación venezolana ha superado las peores expectativas. 

A la fecha, los venezolanos han conocido con mucha crudeza el impacto de la hiperinflación en su vida cotidiana. Saben que los aumentos del salario mínimo, sin ninguna otra medida, solo conducirán a la prolongación de la inflación. También conocen que cada día los aumentos de precios son más frecuentes. 

A pesar de la evolución de la hiperinflación, no se perciben posibilidades de cambio en las políticas económicas. Las circunstancias políticas están más bien concentradas en otros aspectos. Es difícil imaginar que las medidas adecuadas cuenten con los fundamentos políticos y técnicos necesarios. De manera que el primer escenario a considerar es que la hiperinflación se profundice ante la inacción. 

La experiencia internacional indica que los gobiernos que ha enfrentado efectivamente los procesos de hiperinflación lo han hecho de manera inmediata. Un ejemplo en América Latina fue el programa aplicado en 1990 en Perú. El programa fue aplicado en el segundo mes de la hiperinflación, y los efectos se apreciaron de manera casi inmediata. Lo cual nos lleva a considerar que no existe en las instancias responsables la menor disposición para enfrentar la hiperinflación. 

En estas circunstancias lo más probable es que las causas que condicionan la permanencia de la hiperinflación continúen presentes. Las consecuencias para las condiciones de vida de la población son altamente previsibles: mayor empobrecimiento, cierre de empresas, emigración forzada, deterioro del sistema educativo en todos los niveles, mayor deterioro de los servicios públicos. Las políticas implementadas en Venezuela están mostrando al mundo en tiempo real los límites del anti-desarrollo.

Politemas, Tal Cual, 9 de mayo de 2018

miércoles, 2 de mayo de 2018

Hiperinflación hasta 2023

Hace pocas semanas el FMI informó sobre las previsiones económicas para el año en curso. Dentro de los anuncios tuvo especial relevancia que la institución multilateral señalara que la tasa de inflación de Venezuela para 2018 se estima en 13.864%. Dicha tasa sería la más grande de las hiperinflaciones ocurridas en América Latina, al menos en los registros del FMI. También sería la segunda más alta en todas las hiperinflaciones del mundo, después de la experimentada por la República Democrática del Congo en 1994 (casi 24.000%). 

La estimación del FMI para 2018 ya es una pésima noticia, especialmente porque entrando ya en el séptimo mes de hiperinflación, todo indica que la tendencia es el empeoramiento de las condiciones económicas y sociales del país. 

Desafortunadamente, las malas noticias no se agotan allí. Dada la capacidad técnica del FMI, con todos sus equipos humanos y la larga experiencia en el apoyo al desarrollo de las economías en los cinco continentes, es previsible que las estimaciones que realizan tienen la mayor aproximación posible. Eso no significa que sean exactas, pero indican un escenario a considerar en toda plenitud. Especialmente porque fue esta institución la que anunció hace dos años que Venezuela, con las políticas implementadas, iba en el curso de hiperinflación. De hecho, en ese momento el FMI señaló que la tasa de inflación estimada para 2018 era 3.000%. Como se ha indicado, la nueva estimación es poco más de cuatro veces superior a la realizada dos años atrás. 

El FMI considera que, de continuar Venezuela en la dirección actual de las políticas económicas, la tasa de inflación para cada uno de los años comprendidos entre 2019 y 2023, sería casi 13.000%. También pronostica el FMI que, en ese marco de políticas, el crecimiento económico sería negativo en todos los años hasta 2023. De manera que Venezuela, con la segunda mayor capacidad de compra de América Latina en 1998, quedaría relegada al lugar número 16 (sobre 19 países de América Latina) en 2023 (una caída de 5 puestos con respecto a 2017, año de inicio de la hiperinflación). Esto significaría que, en 2023, Venezuela solo superaría a Nicaragua, Honduras y Haití. 

Este es, sin dudas, el peor escenario económico en el mundo en este momento. Todas las tendencias indican que el escenario empeora en la medida que la hiperinflación sigue su marcha descontrolada. Los objetivos del gobierno en las próximas semanas indican que no se tomarán medidas adecuadas para superar la hiperinflación. Tampoco la gravedad de la crisis ha sido lo suficientemente grande para que se haya producido una alianza sólida como alternativa al actual gobierno. Los venezolanos contemplan con angustia el escenario de destrucción y desprotección que continúa marcando su vida cotidiana.

Politemas, Tal Cual, 2 de mayo de 2018

Desprotegidos antes de nacer

Venezuela es uno de los tres países de América Latina en los cuales ha aumentado la mortalidad materna desde 1998, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El mayor incremento de mortalidad materna se ha producido en Cuba. Venezuela está de segundo en esa lamentable lista. El tercero es Costa Rica. En el resto de los países la mortalidad materna ha disminuido. El aumento de la mortalidad materna en Venezuela desde 1998 es 30%. 

Con esta evolución de deterioro, en uno de los indicadores claves para conocer la protección adecuada de la población, especialmente de las mujeres embarazadas y de sus hijos, se puede suponer que los aspectos centrales de la atención materna como lo son el cuidado prenatal y la calidad del parto, no se encuentran en las condiciones exigidas. 

Los datos obtenidos en la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2017, realizada por un equipo de investigadores de la UCV, UCAB, USB, Fundación Bengoa, indican que las mujeres que se encontraban embarazadas en el momento de realización del trabajo de campo (julio, agosto y septiembre del año pasado), acudían fundamentalmente a servicios de gestión pública para el control prenatal. Esta proporción era 57% en comparación con 37% en servicios de gestión privada. Sin embargo, 4,5% de las mujeres embarazadas reportó que no se controlaba. De las mujeres que se controlaban, el 3,4% indicó que lo había comenzado en el octavo mes del embarazo. Esto significa que aproximadamente 45.000 mujeres embarazadas, de un total estimado de 500.000 cada año, están en riesgo por ausencia de control prenatal o por comenzarlo en etapas tardías. 

La gran cantidad de mujeres embarazadas sin control prenatal adecuado, es el principal factor que debe estar influyendo en el aumento de la mortalidad materna. En condiciones de atención de calidad, la inmensa mayoría de las mujeres embarazadas debería concluir satisfactoriamente el embarazo, con un parto sin complicaciones. Solo en pocos casos, inevitables en cualquier contexto, se producirían eventos indeseados. Y es también un gran indicio de que la gran mayoría de los niños venezolanos se encuentran desprotegidos antes de nacer. 

Las condiciones de riesgo en que se encuentran las mujeres embarazadas y sus hijos, se han debido agravar en los últimos meses ante el gran impacto hiperinflacionario, con las severas consecuencias para el acceso a servicios, y en reducción de la protección financiera de las personas. Es obvio que, de continuar esta debacle económica, se producirá un mayor deterioro de la atención con las consecuencias directas en el aumento de la mortalidad materna. En esta materia, el sistema de salud de Venezuela ha tenido una involución de cuatro décadas. No hay manera de subestimarla.

Politemas, Tal Cual, 18 de abril de 2018

Riesgo continental

El aumento de los casos de sarampión que se ha producido en las últimas semanas en América pone de relieve la vulnerabilidad de los sistemas de salud, incluso ante las situaciones más prevenibles. Según el último informe de la Organización Panamericana de la Salud (correspondiente al 6 de abril de 2018), once países de América han reportado casos desde la primera semana del año 2018. Dentro de esos países, destaca que Venezuela ocupa el primer lugar con 727 casos reportados. Venezuela también tiene la mayor cantidad de casos confirmados (279). 

Desde la semana 26 del año 2017 se han confirmado 1.006 casos de sarampión en Venezuela También se han registrado dos defunciones por esta causa. El 67% de los casos confirmados se han producido en el estado Bolívar. También se han notificado casos en los estados Apure, Anzoátegui, Delta Amacuro, Distrito Capital, Miranda, Monagas y Vargas. El grupo de edad más afectado son los menores de 5 años. 

La situación de empobrecimiento sostenido que ha experimentado Venezuela desde 2014, sumado al estado de mayor destrucción productiva que se ha desencadenado con el inicio de la hiperinflación, han impulsado a muchos venezolanos a buscar fortuna fuera del país. Esto significa en la práctica, que el riesgo del aumento de los casos de sarampión también se ha trasladado a otros países de la región. En Brasil, especialmente en el estado de Roraima, de un total de 42 casos confirmados, 34 son de venezolanos. De esos casos se han registrado dos defunciones en niños. En Colombia, los cinco casos confirmados corresponden a venezolanos (cuatro procedentes de Caracas y uno de Miranda). Estos casos se han registrado en diferentes ciudades: Cúcuta, Medellín, Santa Rosa de Cabal y Cartagena. En Ecuador se reportó un solo caso, correspondiente a un niño venezolano de 5 años. 

Es bastante obvio que el mayor deterioro previsible en la situación económica y social de Venezuela, impulsará que muchas más personas exploren opciones de vida fuera de Venezuela. La cobertura de inmunizaciones de esas personas que migrarán está entre las más bajas de la región. Si los casos de sarampión están aumentando, es muy directo que las personas que salen del país pueden llevar la enfermedad al sitio donde decidan residir. Es decir, que uno de los servicios más sencillos de un sistema de salud, como es la administración de inmunizaciones, se convierte entonces en una terrible debilidad. 

Esta situación epidemiológica tiene consecuencias internacionales de significación. Es por ello que los gobiernos de los países vecinos deben entonces administrar los servicios que no fueron aplicados a los venezolanos, so pena de que aumente mucho más el número de casos de sarampión. Todo esto indica el estado de desprotección de la salud de los venezolanos, hasta el punto que las consecuencias de estas carencias se extienden más allá de nuestras fronteras. La implementación de las peores políticas de salud pública desde la creación el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en 1936, ha convertido a los migrantes venezolanos en un riesgo continental.

Politemas, Tal Cual, 11 de abril de 2018

País desplazado

El último informe de la Agencia de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) sobre la situación de los venezolanos desplazados, indica las dimensiones del drama que afecta al país. Se expresa en el informe que el número de desplazados supera 1,5 millones de ciudadanos venezolanos. Se señala, además, que un número significativo de las personas desplazadas están en necesidad de protección internacional. Por otra parte, el informe reconoce que casi 150.000 venezolanos han solicitado asilo y protección formal como refugiados. En el informe también se estima que el financiamiento requerido para atender a tal cantidad de desplazados es 46 millones de dólares, distribuidos en diez países. 

Tal es el impacto de la situación económica y social, que para millones de venezolanos no ha quedado otra salida que abandonar el país por cualquier medio disponible. El aumento de la salida de venezolanos se ha producido con mayor intensidad a partir de 2016, y especialmente, desde mediados del año pasado, justamente cuando se producía el inicio de la hiperinflación. Es obvio que ya en el quinto mes de hiperinflación, la salida de venezolanos se ha incrementado mucho más. 

La situación de los desplazados en los países a los cuales se han dirigido es totalmente previsible. Los desplazados van sin ingresos, quizás con pocos dólares que pudieron comprar con, probablemente, la totalidad de sus ahorros. En su mayoría viajan solos, pero muchos deben ir con sus familias. Marchan por vía terrestre, con pocos enseres. También han experimentado varios años de privaciones, por ejemplo, la mayoría no ha contado con seguro de salud, los niños quizás no están inmunizados, los jóvenes han debido abandonar la escuela de manera intempestiva. También para muchos de ellos las habilidades para el trabajo están concentradas en actividades manuales. Los más preparados pueden contar con certificados y diplomas, que serán reconocidos por los países huéspedes en términos no necesariamente favorables y a través de largos procesos. Es bastante claro que en la medida que aumente la cantidad de desplazados, dado que no se aprecian medidas que puedan resolver los problemas sociales y económicos, las condiciones de llegada también serán más críticas. Todo este desplazamiento masivo de venezolanos es la consecuencia de las peores políticas económicas y sociales desde que Venezuela existe como República. Los desplazados han sido privados de su país, de sus seres queridos, de su modo de vida, de sus espacios naturales. Las consecuencias de esas políticas han sido sufrimientos y penurias. 

Pero no solo han sido desplazados millones de venezolanos. También ha sido desplazado el país en su totalidad. Ha sido desplazado del futuro. Hoy en día Venezuela luce en el contexto mundial como un país desplazado de las posibilidades de bienestar, con perspectivas sombrías. Todo ello es demostración de las pésimas políticas de desarrollo implementadas en los últimos veinte años. En la situación actual, con una hiperinflación completamente desatada, el curso de las actuales políticas solo agravará la condición de las familias venezolanas. En esta dirección, la condición de país desplazado también se agravará.

Politemas, Tal Cual, 21 de marzo de 2018

miércoles, 7 de marzo de 2018

Causas de la hiperinflación más larga

La hiperinflación de Venezuela ya entró en el quinto mes. Aunque a la fecha no están disponibles los estimados de la Asamblea Nacional, todo apunta en la dirección de que en el mes de febrero también se superó el 50% de la tasa de inflación mensual, confirmando la continuación de la hiperinflación. En la práctica, esto significa que la hiperinflación venezolana ya superó la duración de las de Chile (1973) y Perú (1988 y 1990), e igualó la de Brasil (entre 1989 y 1990). Conviene entonces analizar en detalle las razones por las cuales los países tienen hiperinflaciones de larga duración. 

Tomemos el caso de Nicaragua. En este país se produjo la hiperinflación más larga registrada en la historia, con una duración de 58 meses, entre junio de 1986 y marzo de 1991. También tiene el récord del año con la mayor tasa de hiperinflación en América Latina, con 13.100% en 1987. Nos concentraremos en las evidencias aportadas por participantes relevantes en la toma de decisiones en ese período. Tal es el caso de los testimonios referidos por Sergio Ramírez, quien se desempeñó como Vice-presidente de Nicaragua en el período de la hiperinflación, hasta que el gobierno sandinista fue sustituido en las elecciones ganadas por Violeta Chamorro en 1990. En su conocido libro “Adiós muchachos: Una memoria de la revolución sandinista”, publicado en 1999, Ramírez ofrece pistas sobre las causas de la prolongada hiperinflación en su país. 

Refiere Ramírez que el ministro de Planificación, Alejandro Martínez Cuenca, “trató de enseñarnos las ventajas de la disciplina monetaria y la necesidad de combatir la inflación”. Inmediatamente señala Ramírez que “siempre siguieron pesando la guerra, las razones políticas y las improvisaciones para descalabrar cualquier plan”. También expresa que luego del cambio de moneda en 1987 se ha debido implementar un “severo ajuste monetario, el saneamiento de las carteras bancarias y una estricta austeridad en el gasto público, objetivos que nunca se cumplieron”. Más adelante, indica Ramírez que “la consigna que quebró el espinazo de la economía fue todo para los frentes de guerra”. En otras palabras, la guerra se convirtió en el gran resguardo para no enfrentar las decisiones que implicaba la hiperinflación. 

También relata Ramírez que en 1987 (en medio de la hiperinflación) estuvo en Managua un experto del Ministerio de Planificación soviético. En la reunión de presentación de recomendaciones al Consejo Nacional de Planificación, con Daniel Ortega presente, el experto propuso “que era necesario liberalizar la economía y controlar el gasto, siendo estrictos en el cálculo económico; y segundo, que los comandantes debían abandonar las tareas de gobierno y dejarlas en manos de técnicos competentes”. Ante el planteamiento, Daniel Ortega contestó: “¿Usted pide que nos quedemos haciendo un papel protocolario? Yo no sirvo para eso”. 

La historia demostró que ahí terminaron las sugerencias del experto soviético. El gobierno se aferró a las consignas en medio de una gran incompetencia. Los resultados fueron tres años más de hiperinflación bajo la responsabilidad del gobierno sandinista. La mezcla de ideología e incompetencia prolongan las hiperinflaciones. La lección nicaragüense está bastante clara.

Politemas, Tal Cual, 7 de marzo de 2018