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viernes, 2 de enero de 2026

Lecciones de liderazgo en el Plan de Barranquilla

Ninguno de ellos podía imaginarse lo que vendría después de firmar el documento. Algo que tenían en común los doce firmantes era la incertidumbre. Para empezar, estaban en un país extraño, peor aún, eran exiliados. Habían coincidido en Barranquilla, como lo explica Manuel Caballero, porque era una ciudad caribeña, más parecida a las ciudades del oriente de Venezuela, alejada de la fría Bogotá. También era más barata, especialmente para muchos de ellos que habían salido al exilio sin mayores medios para mantenerse, huyendo de la persecución gomecista, dejando atrás su universidad.

Era el 22 de marzo de 1931. Luego de varios meses de reflexiones y discusiones habían concluido el “Plan de Barranquilla”. Los doce firmantes eran: Rómulo Betancourt, Pedro A. Juliac, P. J. Rodríguez Berroeta, Mario Plaza Ponte, Valmore Rodríguez, Simón Betancourt, Raúl Leoni V., Ricardo Montilla, Juan J. Palacios, Carlos Peña Uslar, César Camejo, y Raf. Angel Castillo. Desde ese día sus nombres quedaron unidos en el proceso político venezolano. Cinco de ellos (Rómulo Betancourt, Leoni, Rodríguez, Montilla, y Camejo) participarán en la creación de Acción Democrática en 1941. Rómulo Betancourt y Raúl Leoni serán presidentes de la república por elección popular a partir del retorno a la democracia en 1958.

El Plan de Barranquilla es al mismo tiempo el cierre de un ciclo y el comienzo de otro. Muchos de ellos no habían cumplido veinticinco años. Ha debido ser una de las etapas de su vida, quizás la más intensa, en la cual tuvieron que madurar con rapidez, para seguir el paso de la dinámica que estaban viviendo. Tuvieron que construir una visión compartida para lo cual solo se tenían a ellos y los recursos que pudieran sumar: sus talentos, sus deseos de cambiar el país. Según Caballero, el único vicio “que profesan como posesos, es la política”.

Mirado con la perspectiva de lo transcurrido desde 1931 en la historia de Venezuela, la elaboración del Plan de Barranquilla constituye, sin dudas, un esfuerzo relevante de reflexión y praxis política. Fue realizado por representantes de la generación del 28 que marcarían la vida del país por el resto del siglo XX. En la génesis del Plan de Barranquilla se sucedieron prácticas que constituyen referencias para la institucionalidad política de los países. Examinar las lecciones que ofrece esta experiencia puede ser de utilidad en todos aquellos contextos en los cuales se promueva la plena vigencia de la democracia.

La primera lección está vinculada con la necesidad que tenía el grupo de reflexionar sobre la coyuntura y el futuro de Venezuela. Luego de la Semana del Estudiante de 1928 y los intentos insurreccionales que se sucedieron, era importante revisar lo realizado, identificar avances, y examinar la situación de la autocracia gomecista. Era oportuno hacer un alto en el camino y reflexionar con la mayor profundidad posible. Ayudaba que todos ellos estaban familiarizados, por lectura y discusiones, con los sucesos internacionales de la época. Algunos de ellos obtenían recursos a través de un boletín jurídico que habían empezado a publicar.

La reflexión necesaria requería un marco de referencia. Es decir, una perspectiva que diera sentido a los elementos de la reflexión. El grupo opta por la perspectiva que ofrece el análisis marxista. Manuel Caballero considera que el Plan de Barranquilla es “el primer ensayo venezolano de historiografía marxista”. Independientemente de que se considere adecuada la valoración del análisis marxista, la segunda lección consiste en la importancia de conformar una perspectiva común que permitiera integrar realidades, e identificar aquellos aspectos que estuvieran fuera de ese marco de referencia. Lo notable de este proceso es que lo realizan jóvenes con formación universitaria incompleta, guiados por las interpretaciones que construían a través del intercambio y el estudio sistemático.

Una reflexión de estas dimensiones, realizada con la perspectiva acordada, debía ser convertida en fundamento para la acción. De allí que la noción de “plan” era una forma pertinente de expresar la utilidad de la reflexión. En algún momento de este proceso han debido concluir que debían acordar un plan. Comenta Caballero que, aunque Rómulo Betancourt era el líder consolidado del grupo, este proceso de elaboración del plan se hizo a “varias manos”. La tercera lección está relacionada con la inversión en trabajo en equipo, coordinación, construcción de consensos, que ha debido suponer la elaboración del Plan de Barranquilla. La depuración de las ideas confluyó en el texto asumido por todos los miembros del grupo.

Ahora bien, una cosa es contar con una visión general o interpretación de la realidad de Venezuela que se articule como plan, y otra muy distinta es identificar las propuestas específicas que le daban direccionalidad al documento. Era necesario proponer las características que debía tener el gobierno que sucediera a la autocracia gomecista. Por esa razón se incorpora en la parte final del documento la sección del “programa”. Esta es la cuarta lección, el plan (la visión general) requiere un programa (definido como “mínimo”). Son ocho propuestas. La primera de ellas, que ya había sido expresada a finales de 1930 por tres miembros del grupo (Rómulo Betancourt, Leoni, y Montilla), era “hombres civiles al manejo de la cosa pública”. Luego se sucedían propuestas para garantizar la libertad de expresión, la confiscación de los bienes de la élite de la autocracia, la investigación de los delitos del despotismo, la protección de las “clases productoras”, la “desanalfabetización” de las masas obreras y campesinas, la revisión de contratos y concesiones, y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Todas estas propuestas empezarán a formar parte de muchos de los programas que se sucedieron a partir de la muerte de Gómez. La Asamblea Constituyente propuesta se terminará eligiendo en 1946 para elaborar la Constitución aprobada en 1947.

Luego del plan y el programa, en el último párrafo del Plan de Barranquilla, escrito a mano, se señala que los que suscriben el plan se comprometen a luchar por las reivindicaciones que contiene y a “ingresar como militantes activos en el partido político que se organizará dentro del país sobre sus bases”. Es la quinta lección: el partido es el medio (no el fin) para llevar a cabo el plan y el programa. Primero el plan y el programa, luego el partido, no al revés. El partido se llamará Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI), antecesor de muchos de los partidos surgidos a partir de 1936. El texto del plan será ratificado después por otros líderes políticos dentro y fuera de Venezuela.

El impacto del Plan de Barranquilla, por los efectos que tuvo en el pensamiento político venezolano, se fundamentó en la secuencia de esas cinco lecciones: reflexión sobre la realidad, elaboración del marco de referencia, visión de plan, programa de transformaciones, y creación del partido. No se imaginaron los doce firmantes que a casi cien años de haber elaborado ese documento las rutinas que ellos siguieron con disciplina y pasión permanezcan como referencia para la acción política que conlleva desarrollar democracias plenas. Todo eso lo hicieron en las orillas del Caribe, en la inolvidable Barranquilla.

Politemas, Tal Cual, 13 de agosto de 2025

lunes, 24 de junio de 2024

Pactar para gobernar juntos

Quizás una certeza que compartían Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, y Jóvito Villalba, antes de las elecciones del 7 de diciembre de 1958, era que el gobierno que surgiera del voto popular sería presidido por alguno de los candidatos que presentaran sus partidos políticos en esa contienda.

Una opción que hubieran podido contemplar estos líderes políticos era simplemente respetar el resultado electoral, y apoyar al candidato que resultara electo. Sin embargo, las lecciones aprendidas a partir del golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948, y la dura experiencia de la dictadura militar, en términos de represión política, proscripción de libertades públicas, y la generación de un clima completamente adverso a la condición democrática de los venezolanos, llevó a estos líderes de los partidos Acción Democrática, COPEI, y URD, a proponer un pacto político que permitiera gobernar, y generar la estabilidad necesaria para avanzar en el desarrollo democrático y el bienestar del país.

Esta es probablemente la razón por la cual estos líderes se dedican a establecer las bases del acuerdo político presentado a la sociedad venezolana el 31 de octubre de 1958, conocido como Pacto de Puntofijo, y también a elaborar un documento que se denominó “Declaración de principios y Programa Mínimo de Gobierno” (según fue publicado en el primer número de 1959 de la revista SIC), que fue firmado por los candidatos presidenciales de los tres partidos, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, y Wolfgang Larrazábal, el 6 de diciembre de 1958, un día antes de las elecciones

El documento está dividido en dos partes. En la primera parte se señalan los principios que guían el pacto político, a saber: el respeto absoluto al resultado de las elecciones, así como el respaldo de los otros candidatos al que resultara electo; la conformación de un gobierno de unidad nacional en el cual estuvieran representados las corrientes políticas nacionales y los sectores independientes; una administración guiada por el programa mínimo de gobierno; el mantenimiento y consolidación de la tregua política; y el concurso generoso y responsable para impulsar la recuperación democrática, cultural, espiritual y económica del país.

En la segunda parte del documento se establecen las metas de las políticas que debería llevar a cabo ese gobierno, divididas en ocho áreas: acción política y administración pública, política económica, política petrolera y minera, política social y laboral, política nacional, Fuerzas Armadas. política inmigratoria, y política internacional.

En el área de acción política y administración pública se propone: la elaboración de una constitución democrática que incluya una Carta de Derechos Económicos y Sociales; la defensa del orden constitucional y las actuaciones enérgicas contra las actividades antidemocráticas; la reforma de la legislación que fuera contraria al ejercicio de las libertades públicas; la autonomía y fortalecimiento de los poderes legislativo, judicial, y municipal; la regularización de las relaciones entre la Iglesia y el Estado; y la reforma administrativa para mejorar el funcionamiento de los servicios públicos.

En el área de política económica se incluye: el rol preponderante del Estado en el fomento de la riqueza nacional; el reconocimiento de la función de la iniciativa privada como factor de progreso; la elaboración de un plan integral de desarrollo económico de largo alcance; el procesamiento dentro del país de materias primas, especialmente el petróleo y el hierro; la utilización de la Corporación Venezolana de Fomento, el Banco Industrial, y el Banco Agrícola y Pecuario como los motores económicos; la reorganización de las industrias estatales petroquímica y siderúrgica; la modernización del sistema tributario; y la reforma agraria, y la reorganización del régimen de propiedad de la tierra. Dentro del área de política petrolera y minera se señala: la revisión de las relaciones entre el Estado y las empresas petroleras para alcanzar la más justa participación en los beneficios y ejercer un mayor y más efectivo control sobre las actividades de la industria; la realización de los estudios para la creación de una Empresa Nacional de Petróleo, de una Flota Petrolera y de los demás organismos requeridos para que el país trabaje directamente el petróleo; y la revisión de la política del hierro para recibir una razonable porción de las utilidades.

En el área de política social y laboral se señala: la defensa y valorización del capital humano a través de una política demográfica dirigida al aumento de la población; la protección a la madre y al niño; política de vivienda para garantizar las necesidades de la población urbana y rural; campaña contra el rancho; el reconocimiento del trabajo como factor del progreso, así como la defensa del trabajador y la protección a la libertad sindical y a los organismos sindicales; la lucha contra el desempleo; la reforma de la Ley del Trabajo para regular de manera más eficaz y moderna las relaciones obrero-patronales; la realización de estudios para implantar el salario familiar; y la reorganización del Instituto de Seguros Sociales, así como el establecimiento de un sistema integral de Seguridad Social.

En política nacional se incluye: el fomento de la educación popular desde el preescolar y la primaria hasta la universidad; la revisión del sistema educativo para adaptarlo a las necesidades del desarrollo económico y cultural del país; campaña para erradicar el analfabetismo; la intervención del Estado en la educación sin detrimento del principio de la libertad de enseñanza; la protección y dignificación del magisterio así como medidas para aumentar el máximo la formación de maestros; y la defensa de los valores históricos y artísticos nacionales y del patrimonio espiritual de Venezuela.

Con respecto a las Fuerzas Armadas se propone: el perfeccionamiento técnico y la modernización de la institución armada; así como su carácter apolítico, obediente y no deliberante; la intensificación de la educación institucionalista; el reconocimiento de los méritos y servicios del personal; así como el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida de los oficiales, clases y soldados; y el cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio por todos los venezolanos sin distinción de clases sociales. En política migratoria se propone su reorientación para que el trabajador inmigrante contribuya realmente al progreso del país, y se explicita que debe gozar de la misma protección y derechos que el trabajador venezolano.

En política internacional se indica: la reafirmación de los principios de paz y cooperación con todas las naciones; el repudio a toda medida contra la autodeterminación de los pueblos; la ratificación de las Naciones Unidas y la OEA; el respeto a los compromisos internacionales del país, la revisión de las relaciones interamericanas para que se realicen los postulados políticos democráticos y de cooperación económica; el establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países de acuerdo con el interés nacional; y el fomento de la política de intercambio comercial.

Las líneas de políticas públicas que fueron propuestas en este documento guiaron, con sus virtudes y limitaciones de diseño, la acción de los siguientes gobiernos constitucionales de Venezuela, hasta el punto de que muchas de ellas se convirtieron en acciones compartidas por varios de ellos. El hecho de que estas políticas fueran acordadas antes de las elecciones de 1958, y concebidas para fundamentar la acción del gobierno, son demostraciones relevantes de la madurez con la cual se entendía la gestión pública. Son también un ejemplo del enfoque que debería prevalecer para incluir la gestión del gobierno en el eje de los acuerdos políticos. La experiencia venezolana en este aspecto sigue siendo de especial valor, no solo para las próximas etapas del país sino para otros países en procesos de democratización.

Politemas, Tal Cual, 21 de junio de 2023

domingo, 26 de marzo de 2017

La hora de Betancourt

Hace pocas semanas se conmemoró el nacimiento de Rómulo Betancourt, ocurrido en Guatire en 1908. Han transcurrido 109 años de esa fecha. La influencia de Betancourt en la sociedad venezolana ha sido amplia y profunda. Su vida fue marcada siempre por la polémica, y muchas veces, por la pugnacidad. Su liderazgo ha despertado siempre apoyos y rechazos, muchas veces fanatismos y rivalidades. Con el paso del tiempo, muchos de sus acérrimos opositores han moderado los juicios. Como toda figura de gran presencia, su vida seguirá despertando interés y nuevas perspectivas. 

Betancourt siempre recalcó la importancia que había tenido en su vida la creación de Acción Democrática. Entendía que el acceso al gobierno requería partidos diferentes a los conocidos en Venezuela a principios del siglo XX. Y dedicó gran parte de su actividad entre 1928 y 1941, dentro y fuera del país, a pensar a fondo lo que significaba un partido moderno en la Venezuela post-gomecista. Y esa fue la cita a la que acudió el 13 de septiembre de 1941. Ese día apareció en la vida pública del país el partido Acción Democrática. Ha debido ser un día de especial emoción para Betancourt. En aquella fecha pronunció lo que puede considerarse un modelo de discurso político. Hasta el punto que todavía hoy puede ser referencia para aquellos que aspiren gobernar a Venezuela.

Lo primero que llama la atención del discurso es la preparación. Para ese momento Betancourt tenía 33 años, pero había vivido una vida muy intensa. Desde los sucesos del Carnaval de 1928, su actividad había sido incesante, especialmente marcada por el exilio y la formación en la lucha política. En ese discurso, Betancourt comienza diciendo que le embarga la emoción, “emoción de quien soñó con esta hora, y la esperó sin impaciencia, seguro de que habría de sonar”. Se puede imaginar a Betancourt ensayando cada día esas palabras, a lo largo de catorce años, seguro de que en su momento las iba a pronunciar. Ha debido ensayar cada cadencia, cada gesto. Fue construyendo en su pensamiento el orden y el contenido de esas palabras. Ese discurso lo construyó en cada sentencia, en cada imagen. 

El segundo aspecto llamativo es el tema del discurso. Betancourt explicó las líneas fundamentales de la política económica que proponía Acción Democrática. Puede decirse que esas tesis fueron iniciadas en las lecturas realizadas y en las clases que tuvo que dictar para formar sindicalistas y otros líderes en el exilio. También se nutrieron de su experiencia como columnista, muchas veces en la clandestinidad. Betancourt muestra en el discurso que había depurado esas tesis, que las había confrontado y discutido. Pero es indudable que su expresión reflejaba la construcción de una perspectiva colectiva, en la que él había tenido una figuración estelar. Un resumen de esa tesis se puede apreciar cuando señala: “nuestro país, económica y físicamente, está girando alrededor de una sola fuente de riqueza: el petróleo; y los gobiernos venezolanos no han sabido, hasta ahora, imprimirle un ritmo agresivo, dinámico a las otras fuentes de producción”. Todo un argumento en Venezuela después de 75 años. 

En tercer lugar, Betancourt expresa su convicción de que llevar adelante esas tesis requería un partido con programa, dedicado a construir en la realidad esos contenidos. Betancourt expresa la convicción de que “este Partido (AD) ha nacido para hacer historia. Nace armado de un Programa que interpreta las necesidades del pueblo, de la nación, de un programa realista, venezolano, extraído del análisis desvelado de nuestros problemas”. Esta relación entre problemas y políticas no era la tradición para la época. Muchas veces las propuestas de programas en la primera parte del siglo XX eran más bien enunciados generales, poco vinculados con las específicas condiciones de vida de los venezolanos. 

Quizás lo más novedoso de ese discurso fue condensar en imágenes la visión que Betancourt tenía del futuro deseable. Señala, por ejemplo: “Imagino la escena, que sucederá dentro de cincuenta años en una población agraria de los Andes, forjada al arrimo de una potente planta hidroeléctrica, en una población donde en vez de los garajes para autos de lujo que se multiplican en Caracas, habrá garajes para tractores; o bien, en una ciudad industrial de la Gran Sabana, construida en la vecindad de las chimeneas de los altos hornos, donde obreros venezolanos estén transformando en materia prima para las fábricas venezolanas de máquinas esos miles millones de toneladas de hierro que en sus entrañas guarda, hoy inexplotadas, la Sierra del Imataca”. Betancourt se atreve a imaginar el país que podría existir cincuenta años después, muy consciente de que para alcanzarlo habría que tomar decisiones complejas. 

Visto a la distancia de tres cuartos de siglo, este discurso de Betancourt ofrece lecciones relevantes para los liderazgos políticos de la Venezuela del siglo XXI. Se requieren liderazgos formados, con conocimiento de los problemas de los venezolanos, fundamentados en la cercanía con las dificultades prácticas, y diestros en el manejo de aspectos técnicos. También es fundamental que los liderazgos vinculen de manera permanente que las ofertas programáticas deben estar orientadas a la solución de problemas públicos. Finalmente, los líderes deben ofrecer una visión del futuro, deben atreverse a soñar con fundamentos y transmitir posibilidades, deben enunciar el país que deberíamos tener en cincuenta años. Con su discurso de ese día, Betancourt demostró que una cosa es hablar generalidades en un mítin político, y otra muy distinta es haber elaborado las ideas para gobernar un país.

Politemas, Tal Cual, 8 de marzo de 2017

miércoles, 17 de agosto de 2016

La encrucijada de los líderes

Gobernar no es tarea fácil. La categoría de gobiernos exitosos no se asigna frecuentemente. Lograr el reconocimiento de la sociedad en la gestión del gobierno es exigente y complejo. De allí que es importante establecer cuáles son las condiciones para lograr el éxito en el ejercicio del gobierno.

Quizás sea útil examinar la experiencia de los países con mejor desempeño en el manejo de los gobiernos. Para extraer las lecciones que pueden ser de utilidad, especialmente en países como el nuestro. Uno de esos países es Estados Unidos. Aparte de la tradición republicana y apego constitucional, en Estados Unidos el funcionamiento del gobierno es, sin dudas, un tema de alta relevancia, dadas las repercusiones que tiene tanto en el ámbito interno como internacional.

Si algo distingue a la administración del gobierno de Estados Unidos, es la aplicación de rutinas institucionales, las cuales son modificadas en función de alcanzar mayor impacto en la toma de decisiones. Una de esas rutinas es la información que recibe el Presidente de los Estados Unidos sobre los temas de seguridad que pueden afectar decisiones en todos los países del mundo. Se conoce como PDB (por las siglas en inglés de “President´s Daily Brief”). Es un documento secreto elaborado para el uso del Presidente desde la administración Kennedy, y es presentado por el Director de Inteligencia. En el sitio web de la Casa Blanca, aparecen los días y horas de cada semana en que el PDB es presentado a la consideración del Presidente y de los altos funcionarios del gobierno. 

El PDB es considerado el documento con el más alto nivel de seguridad en el gobierno. A pesar de ello, existe también la disposición de que al ser seleccionados los candidatos presidenciales, reciban el PDB en los términos adecuados. De manera que prácticamente los grandes temas de la seguridad de los Estados Unidos empiezan a ser compartidos a tres actores: el Presidente y cada uno de los candidatos presidenciales en disputa por la Casa Blanca. 

En las últimas semanas, el Presidente Obama ha advertido al candidato Trump que debe actuar de manera responsable en el manejo de la información que le será suministrada. Ha señalado Obama que el uso de esos reportes es justamente para que el próximo Presidente tenga el conocimiento adecuado de los asuntos de Estado desde el primer día de su gestión. En otras palabras, la responsabilidad en el uso de la información es lo que determina la diferencia entre dos opciones: asumir la comprensión del gobierno o seguir pensando solamente en las elecciones. Es la encrucijada de los líderes políticos. Tomar la primera opción los acerca a gobernar exitosamente. La segunda los convierte en meros operadores políticos, no gobernantes.

Bien vale la pena tomar en cuenta la experiencia de los Estados Unidos en esta materia. Adaptado a nuestra realidad, significaría que todos los que aspiren a gobernar al país en los próximos tiempos deberían recibir y solicitar reportes diarios de los temas de seguridad y defensa, sobre la situación económica y social, sobre los aspectos internacionales, y así sucesivamente. Habría que indagar si esos “presidenciables” tienen el conocimiento y familiaridad con los grandes temas del Estado, y si ya tienen previstos a los miembros de su potencial gabinete. Además, deberían haber fijado un día semanal para revisar los problemas de los venezolanos y las políticas adecuadas para enfrentarlos. Habría que ver si han comprendido la dimensión de dirigir al Estado venezolano en las actuales circunstancias. Habría que ver si están pensando en ser estadistas. Habría que ver cuál ruta de la encrucijada están tomando.

Politemas, Tal Cual, 17 de agosto de 2016

Preguntas para ir a la Luna

La semana pasada se cumplieron 47 años de la llegada del hombre a la Luna. Se recuerda siempre ese día. Algo muy importante para los que tuvimos la oportunidad de vivirlo. Luego de casi medio siglo todavía se pueden conocer detalles que hacen más relevante ese acontecimiento.

Buscando ejemplos de visualizaciones, es decir, miradas ordenadas a lo que se puede tener en el futuro, acudí a Internet para obtener datos del gran proyecto de ir a la Luna. Llegué a un web en el cual se encuentran documentos ya de dominio público elaborados por los actores principales involucrados en esa decisión. En particular llama la atención un memo redactado por el presidente Kennedy el 20 de abril de 1961.

De acuerdo con los documentos disponibles, se puede inferir lo siguiente. El 12 de abril de 1961 se produjo el primer vuelo tripulado al espacio, por el cosmonauta soviético Yuri Gagarin. Duró 108 minutos, pero bastaron para que la noticia fuera considerada un éxito de grandes proporciones en la disputa por la supremacía espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Ha debido ser así porque los documentos indican que inmediatamente se reunieron en la Casa Blanca, por una semana, expertos espaciales para responder al éxito soviético. Como resultado de lo que consideró lo más relevante en esa semana de intercambios, el presidente Kennedy elaboró un memo de poco menos de una página de extensión dirigido al vice-presidente Johnson. En realidad el memo tiene cinco preguntas. La primera de ellas (la más larga, de seis líneas) indaga sobre las posibilidades que tenían los Estados Unidos de derrotar a los soviéticos en la carrera espacial. Pregunta Kennedy si ello sería posible colocando un laboratorio en el espacio, o realizando un viaje alrededor de la Luna, o a través de un cohete que llegue a la Luna, o más todavía un cohete tripulado que llegue a la Luna y regrese a la Tierra. Termina la pregunta señalando si existe otro medio en que los Estados Unidos puedan ganar. Así de simple.

Las siguientes preguntas de Kennedy plantean el tema de los costos involucrados. También se indica si se está trabajando las 24 horas del día en esas posibilidades, y de no estarlo hace el requerimiento para acelerar el paso. Más adelante pregunta por el tipo de combustible que puede ser adecuado. La pregunta final es: ¿estamos haciendo nuestro máximo esfuerzo? ¿estamos alcanzando resultados? Le pide a Johnson una respuesta a la brevedad.

La respuesta se produjo a la semana. Johnson reconoce que los Estados Unidos no están haciendo el esfuerzo máximo para alcanzar una posición de liderazgo en la carrera espacial. También indica el Vice-Presidente, que los Estados Unidos podrían circunnavegar la Luna o llevar a ella una nave tripulada en 1966 o 1967. El 25 de mayo de 1961, Kennedy acudió al Congreso en sesión conjunta para proponer el plan de alcanzar la Luna. Lo cierto del caso es que llevó dos años más de lo previsto, pero el éxito fue alcanzado el 20 de julio de 1969. 

El memo de Kennedy contiene las preguntas que guiaron los siguientes pasos. Demuestra también una tarea fundamental de los líderes políticos, cual es formular las preguntas adecuadas en los momentos adecuados. Y tener la vocación para incorporarse activamente en las respuestas que vayan surgiendo. También el memo demuestra que los líderes políticos no tienen que saber de todo, pero si deben ser capaces de establecer las premisas y convocar a los equipos calificados para alcanzar las metas de las sociedades. Después de 55 años de elaborado, el memo de Kennedy es una buena guía para los que aspiren a ser estadistas. Pero primero deben tener las preguntas.

Politemas, Tal Cual, 27 de julio de 2016

Brexit: lecciones para líderes

La aprobación de la salida del Reino Unido de la Unión Europea ha traído conmoción e incertidumbre en todo el mundo. Algunos expertos han señalado que ha sido la decisión con mayor impacto global desde la II Guerra Mundial. Lo cierto del caso es que pocos días después de la votación, se ha producido un trastorno de grandes proporciones en la política del Reino Unido: renuncia del Primer Ministro, retiro de candidatos a sucederle, propuestas de independencia de Escocia, y pare de contar.

Se ha señalado que un rasgo fundamental de estos acontecimientos, ha sido que la decisión popular fue a contravía de las evidencias reunidas por instancias técnicas, académicas, nacionales e internacionales. Tales análisis indicaban que el mejor escenario para el Reino Unido era la permanencia en la Unión Europea. De hecho, la gran mayoría de los representantes en el Parlamento eran partidarios de la permanencia.

Lo anterior nos lleva a explorar las razones por las cuales tales evidencias, y su manejo por el liderazgo político, fueron desechadas en la práctica por los votantes. Vale la pena analizar esa secuencia, por las consecuencias que puede tener en nuestro contexto. Un primer aspecto es la interpretación que hicieron los líderes políticos. Por un lado están los partidarios del Brexit. Es obvio, que tales evidencias contradecían su posición, y ante ellas el argumento fue llamar a votar a favor del Brexit. Los acontecimientos posteriores dejaron claro que muchas veces señalaron argumentos que no tenían fundamento, o hicieron ofrecimientos que después tuvieron que desechar por inviables. Puede decirse que antepusieron ideas preconcebidas a las presentadas.

En el lado de los favorables a la permanencia, la queja de muchos votantes fue que no supieron explicar sus argumentos y que en la transmisión de ese mensaje más bien crearon incertidumbre y rechazo. Lo cual lleva a la pregunta si efectivamente comprendieron los argumentos. Y si hubiera sido así, es claro que no tuvieron las suficientes habilidades para explicarlos. 

Lo anterior ilustra que la tarea de los líderes políticos se ha vuelto mucho más compleja. Las nuevas modalidades de información no se reflejan necesariamente en que los ciudadanos se apropien de los contenidos. Los líderes deben, en primer lugar, comprender en profundidad los problemas y temas que afectan a sus países. Luego de ello deben tener las habilidades para extraer las evidencias disponibles, muchas veces elaboradas por instituciones especializadas, y utilizarlas con el suficiente detalle para afinar los argumentos. Por supuesto, esto supone que los líderes cuenten con equipos técnicos dedicados a ayudarlos en esa tarea. Es, sin embargo, tarea del líder formular las preguntas centrales para la elaboración de tales argumentos.

Las limitaciones en los procesos descritos, pueden explicar que en nuestro contexto actual no predomina la explicación y las argumentaciones, realizadas por parte de los líderes políticos, sobre temas cruciales tales como: el efecto directo del estatismo en la escasez y el desabastecimiento, la importancia de la colaboración entre el sector público y el privado, la relevancia de tener una baja tasa de inflación y una alta de crecimiento económico, los retos de la sociedad del conocimiento y de la IV Revolución Industrial, solo por decir algunos. Las transformaciones del país requieren líderes competentes para explicar los mejores argumentos que se deben construir.

Politemas, Tal Cual, 6 de julio de 2016