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viernes, 5 de agosto de 2022

¿Cuántas personas tienen inseguridad alimentaria en AL?

Con la excepción de las situaciones en que esté en riesgo la vida por acciones violentas, no existe mayor inseguridad para personas y familias que la producida por no tener los alimentos disponibles cada día, en cantidad y calidad. Es una situación de inseguridad que se presenta frecuentemente, y que se expresa en que al final del día decenas de millones de personas en América Latina no hayan ingerido los alimentos requeridos.

La importancia de eliminar el riesgo de la inseguridad alimentaria se expresa en su inclusión dentro de los indicadores del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (ODS 2), los cuales deberán alcanzarse en el año 2030. De allí que se ha establecido que para el año 2030 deberá eliminarse la inseguridad alimentaria moderada y severa en todos los países. La Organización de la Alimentación y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) es la encargada de sistematizar y difundir la información relacionada con los progresos para alcanzar esta meta. Los datos respectivos están disponibles de manera abierta en internet.

La reducción de la inseguridad alimentaria se obtiene a través de adecuadas políticas públicas en cada país. Obviamente, el primer paso para conocer la brecha con respecto a la meta es tener la información de base o el punto de partida. Esa información permitiría realizar los ajustes en las respectivas políticas con la mayor celeridad y pertinencia.

Si se quisiera conocer cuál es la situación más reciente de inseguridad alimentaria en los países de América Latina, la información disponible en el sitio web de la FAO mencionado permite señalar los siguientes aspectos. La información más reciente disponible corresponde al año 2020 en trece países. Sin embargo, en los restantes siete países (Bolivia, Colombia, Cuba, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, y Venezuela) no existe información para ese año.

Este rezago de año y medio, entre el momento actual y la última información disponible, impide por supuesto conocer en detalle cuál es la situación en tiempo real de la inseguridad alimentaria. Por la misma razón no es posible analizar si las políticas públicas que se están implementando tienen las características requeridas para tener el impacto necesario.

En este contexto, que es común a muchos otros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se aprecia con claridad la distancia entre los requerimientos de información y la toma de decisiones. Para reducir esta brecha se requiere diseñar e implementar sistemas de monitoreo que permitan la actualización en tiempo real de las variaciones, en este caso, de la inseguridad alimentaria.

La puesta en marcha de estos sistemas requiere, en primer lugar, que los gobiernos nacionales otorguen la prioridad requerida, y, en segundo lugar, que en la ejecución puedan participar múltiples instituciones sociales, políticas, técnicas, y académicas, especialmente en los ámbitos descentralizados. De no realizarse cambios sustantivos en la forma de obtener esta información, el rezago en las condiciones sociales de cientos de millones de latinoamericanos se seguirá midiendo en años.

Politemas, Tal Cual, 27 de julio de 2022

martes, 29 de diciembre de 2015

Desnutrición en la abundancia

La Venezuela de 2005 es un país de paradojas inaceptables. En pleno boom petrolero, con una expansión extraordinaria de los recursos fiscales, el propio gobierno reconoce que aumenta la desnutrición, especialmente la que afecta a los niños. Esto sucede luego de siete años de intentos infructuosos por implementar una política social a la altura de los requerimientos de los venezolanos.

Bajo el título genérico de “Misiones” se incluye un conjunto de programas de protección que han establecido los lineamientos de la actual política social venezolana. Ha quedado demostrado que estos programas intentan replicar en la realidad venezolana las experiencias de la política social de Cuba. Es conveniente profundizar el análisis de estos programas. Iniciamos dicha tarea con esta entrega.

En líneas generales, las Misiones comparten tres características. En primer lugar, estos programas coexisten con una estrategia de desarrollo que no privilegia la creación de trabajos decentes. La inversión que se realiza, especialmente la concentrada en las misiones educativas, no visualiza la incorporación de los beneficiarios en opciones laborales de alta o moderada productividad. En segundo lugar, las Misiones corresponden a asignaciones que no se incorporan al presupuesto público. De hecho, es bastante difícil identificar las fuentes de financiamiento y el seguimiento de su utilización, mucho menos su impacto. Finalmente, las quejas relacionadas con la discriminación de los beneficiarios por razones políticas o de preferencia electoral son bastantes frecuentes en el país. Más que programas de protección social, las Misiones han sido utilizadas en muchos casos como mecanismos de exclusión política y chantaje electoral.

Aparte de las críticas anteriores, también se puede mencionar que la implementación de algunas misiones deja intactos problemas fundamentales de los sectores pobres del país. El caso de MERCAL ilustra claramente esta deficiencia. La aparición de la Misión MERCAL fue determinada por los problemas de abastecimiento que se desencadenaron en el país en el denominado “paro petrolero”. El objetivo de esta misión es: comercializar y mercadear productos alimenticios y otros de primera necesidad para ser colocados al mayor y al detal en centros de venta fijos o móviles.

Lamentablemente la propia información suministrada por el sitio web de MERCAL impide conocer la dimensión exacta de los alimentos comercializados y las operaciones involucradas. Mucho menos los recursos asignados y los procedimientos utilizados. Sin embargo, es claro que la red de servicios se ha extendido. Existe información anecdótica que indica que los usuarios reclaman mayor calidad y mejoras en la infraestructura de los servicios.

Los usuarios de MERCAL deben poseer ingresos para comprar los alimentos ofrecidos. Mucho más tarde, el gobierno se “percató” de que para muchos venezolanos sin ingreso el acceso a MERCAL era imposible. Ante las claras evidencias de que ha empeorado la situación nutricional, se diseñó el Programa Casas de Alimentación bajo la responsabilidad de FUNDAPROAL, también conocido con el nombre de MERCAL Máxima Protección. Sobre la marcha de este programa tampoco existe información.

De manera tal que en el paraíso petrolero de América coexiste una gran disponibilidad de alimentos y recursos para comprarlos, con el aumento de la desnutrición. Las últimas cifras oficiales, provenientes del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional, SISVAN, del año 2004, indican que el 26,8% de los niños entre 7 y 14 años tiene algún grado de desnutrición. En el caso de los niños entre 2 y 6 años la desnutrición afecta al 25,8%. En ambos grupos aumentó la desnutrición entre 2003 y 2004. Es evidente que la erradicación de la desnutrición en el país requiere mucho más que la oferta de alimentos. El gobierno actual ha demostrado que no puede con esta exigencia.

Politemas, Tal Cual, 14 de diciembre de 2005

lunes, 28 de diciembre de 2015

¡Hambre, mano, hambre!

Aquí lo que hay es hambre, hambre pareja. El drama es total. Hombres, mujeres y niños deambulan en nuestras ciudades y pueblos buscando comida en los desperdicios colocados en calles y avenidas. El espectáculo es tan frecuente que se ha vuelto natural. Sin embargo, es completamente inaceptable. Clama a la conciencia. Clama a la responsabilidad del gobierno. Y de toda la sociedad.

Este drama, así, tan directo y chocante, también se manifiesta al examinar el progreso del país para erradicar el hambre, uno de los componentes del Primer Objetivo del Milenio. El informe reciente de Naciones Unidas, “Objetivos del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe” (www.eclac.org), revela que también en esta meta estamos lejos de lo que están haciendo muchos de nuestros vecinos, al menos en lo que se refiere a la población general.

Para el inicio de la década, según los últimos datos disponibles, los venezolanos no alcanzábamos el mínimo requerido de 2.500 calorías diarias por habitante. Para ser exacto, la cifra es cercana a 2.350 calorías por persona. De manera que formamos parte del grupo conformado junto con Bolivia, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, y República Dominicana. En todos estos países no se cubrían los requerimientos diarios de calorías. 

También el informe de Naciones Unidas destaca, esta vez citando a la FAO, que 4,3 millones de venezolanos no tenían acceso suficiente a alimentos en los comienzos de la década. En el período 2000-2002, el 17% de nuestra población es catalogada por la FAO como subnutrida. Ocho por ciento más de lo que teníamos en 1990-1992. Mientras en América Latina, en su conjunto, la subnutrición disminuyó en la década pasada, en nuestro país aumentó.

Al señalar los países que han cumplido su tarea, el informe trae malas noticias para Venezuela. Nuevamente Chile, al igual que en la reducción de pobreza extrema, demuestra que cumplió la meta prevista para el año 2015, esto es, reducir a la mitad el porcentaje de personas subnutridas que se tenía en 1990. Otros países que cumplieron esta meta son: Cuba, Ecuador, Guyana, y Perú. 

Otro grupo de países (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Haití, Jamaica, Paraguay, y Uruguay) alcanzó al menos un 60% de cumplimiento de la meta. 

Los únicos tres países que aumentaron el porcentaje de población subnutrida son: Guatemala, Panamá, y Venezuela. Para alcanzar la meta en el 2015 deberíamos aumentar el suministro de energía alimentaria entre 3 y 4% anual, el doble de lo registrado en la década de los noventa.

El pobre desempeño del país en esta materia es mucho más evidente cuando comparamos lo que otros países, con menos recursos, han realizado en estos primeros quince años del período de las Metas del Milenio. 

Es evidente que para solucionar un problema lo primero es considerarlo como tal. Las manifestaciones del hambre y la desnutrición en Venezuela nos suenan extrañas, lejanas, como si ocurrieran en distantes latitudes. Sin embargo, es muy posible que en las zonas más alejadas de nuestras ciudades y pueblos la desnutrición se presente con toda su crudeza, semejante a la que vemos en las grandes hambrunas. 

La actitud del gobierno actual comienza por no reconocer la evidente realidad. Que cada venezolano desnutrido o sin los recursos para una adecuada alimentación, es un problema, es un problema de todos. Que para satisfacer esa necesidad de alimentos es perentorio tener programas con recursos públicos que identifiquen los riesgos individuales y colectivos. Mientras ello no sea así, el hambre seguirá presente, seguirá pareja.

Politemas, Tal Cual, 22 de junio de 2005

domingo, 27 de diciembre de 2015

Hambre endógena

Dramática ironía: los altos ingresos petroleros coinciden con el aumento del hambre en Venezuela. El último informe de la FAO (2004) señala que el porcentaje de personas subnutridas en nuestro país aumentó de 11% en 1990-1992 a 17% en 2000-2002. Esto significa que tenemos cuatro veces más subnutrición (en términos porcentuales) que Costa Rica, Cuba, Chile y Uruguay. En todos estos países la subnutrición no pasa de 4%. Esta cifra corresponde a la población general. 

En los niños la situación es peor. Según las últimas cifras oficiales (2003), el 26,6% de los niños entre 7 y 14 años presenta algún tipo de desnutrición. 

Es también verdad que esto no es un problema nuevo. Si alguna falla ha tenido nuestra democracia es no haber erradicado el hambre, manifestación suprema de la pobreza. Porque el hambre es la negación de la posibilidad de ser productivo. Un niño con hambre es un atentado a la dignidad humana y a la justicia. Un adulto con hambre es un doble atentado: a los niños que están en la casa y al futuro de la familia.

Lo que si es muy novedoso es la estrategia implementada por el gobierno actual para enfrentar el hambre y la desnutrición. Es definitivamente una estrategia endógena. Porque las deficiencias son así, totalmente endógenas al gobierno. 

La primera limitación de la estrategia es desfavorecer la creación de empleo productivo. No hay alimentos sin ingresos. Si el ingreso es inestable o hay desempleo, no hay posibilidad de comprar alimentos. Tan sencillo como eso. La proporción de empleos de baja productividad ha aumentado en el país desde 1999. Lo dice la CEPAL.

La segunda limitación es suponer que la mera existencia de alimentos es garantía de su consumo, especialmente por aquellos sectores más vulnerables. Por esa razón el gobierno no pasa del abastecimiento de productos. En este momento el país no tiene programas nutricionales que lleguen directamente a los niños y a las mujeres embarazadas. Cuando tenemos millones de desnutridos, el gobierno se jacta de tener 100.000 personas atendidas por Comedores Industriales y Escolares. La última información del Programa de Alimentación Escolar (PAE) fue elaborada en febrero de 2004. No sabemos nada sobre el total de beneficiarios por estados y por escuela.

Una tercera limitación es simplemente que el gobierno no habla del tema. El Instituto Nacional de Nutrición (INN), organismo responsable, entre otras cosas, del diseño de políticas en esta área, ni siquiera tiene sitio web. El Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional (SISVAN), dependiente del INN, brilla por su ausencia. Las últimas cifras disponibles del SISVAN son del año 2003.

Pasar hambre porque no se tiene es muy duro. Pero pasar hambre, como lo están pasando millones de venezolanos, cuando tenemos recursos es totalmente inaceptable y antiético. En efecto, solamente el Ministerio de Alimentación tiene un presupuesto de 650 millardos en este año. Con las limitaciones señaladas es muy probable que esos recursos no lleguen a los más necesitados. Lo que si sabemos es que una gran parte de esa cifra servirá para importar alimentos. Llamativo en la era del desarrollo endógeno.

Con una estrategia así el hambre seguirá presente y en aumento. En el propio informe “Cumpliendo las Metas del Milenio” se reconoce que al ritmo actual tendremos más hambre en el 2015 que lo que teníamos en 1990. Ergo, no cumpliríamos tampoco esta parte de la Primera Meta del Milenio. Podemos tener circo, está claro que pan no hay.

Politemas, Tal Cual, 1 de junio de 2005

sábado, 26 de diciembre de 2015

Éxitos contra el hambre

El gobierno fue contundente. Desde la campaña electoral colocó la lucha contra el hambre como primera prioridad. La dramática situación de millones de familias, que no podían adquirir alimentos, fue denunciada, con toda razón, como la mayor fuente de injusticias en la sociedad. Era inaceptable que los recursos del país no hubieran servido para garantizar el sustento diario a todos los habitantes.

La consigna recibió apoyo de la sociedad. Gran parte del triunfo electoral se debió a lo sencillo del mensaje: acabar con el hambre. Suministrar alimentos a millones de familias es el primer paso para salir de la pobreza. No es el único, pero no puede haber desarrollo sin garantizar comida para todos.

El gobierno no se durmió en los laureles. Desde el primer día tomó acciones para cumplir con la palabra empeñada. Definió el enfrentamiento del hambre como el mayor desafío de la sociedad. Propuso una estrategia que priorizaba a las personas con mayores dificultades para acceder a los alimentos. 

Entre 2003 y 2004 se duplicaron los recursos para el cumplimiento de la estrategia. Para el año 2005 se aumentaron en un tercio. Pero no sólo se aumentaron los recursos. El gobierno procedió a reformular la institucionalidad para combatir el hambre.

Si sabemos que el hambre es un problema multidimensional, que abarca desde la producción hasta la distribución de alimentos, pasando por la educación y la información a los ciudadanos, así como la calidad del servicio de salud, entre otros aspectos, entonces, tiene sentido lo que decidió el gobierno. Puso a trabajar juntos a los Ministerios de Desarrollo Social, Desarrollo Agrario, Educación, Salud, Agricultura, Trabajo y Empleo, Integración Nacional, Hacienda y Planificación. Colocó todos los factores alrededor del problema. Excelente muestra de capacidad de coordinación y articulación de políticas públicas.

Para llevar a cabo la estrategia se definieron múltiples programas. Uno de estos programas apuntó a mejorar el sistema de transferencias en dinero. Para ello se definió que los beneficiarios del programa serían las familias que tuvieran un ingreso per cápita hasta los 50 dólares mensuales. No hubo otro criterio de incorporación al programa. Nada de odiosas distinciones por razones ideológicas o políticas. Nada que no tuviera que ver con los problemas de la gente. Así se fortaleció al Programa Bolsa Familia.

En este programa se concentraron todos los recursos similares. Así, se sumaron las transferencias que provenían de asignaciones a estudiantes, del subsidio al gas, de la bolsa de alimentación, entre otros programas. El gobierno sabía que si concentraba los recursos introducía un efecto multiplicador. Nada de atomizar la gestión pública creando programas a diestra y siniestra dependiendo de las variaciones de ánimo de los funcionarios. 

El gobierno del presidente Lula ha enfrentado con las medidas anteriores el grave problema del hambre en Brasil. Una revisión de la información disponible en el sitio web del gobierno brasileño del Programa “Fome Zero” (Hambre Cero) impresiona por lo efectivo del mensaje y la concreción de beneficios para las familias más pobres. 

En efecto, el gobierno brasileño no sólo contó los recursos, también contó lo más importante, las familias beneficiarias. Para el año 2005, el 58,6% de las familias pobres de Brasil está cubierta por Bolsa Familia. En algunos estados, como Ceará, Minas Gerais, Paraiba, se cubre cerca del 70% de las familias.

A diferencia del gobierno brasileño, el gobierno del presidente Chávez no tiene información relevante sobre la lucha contra el hambre. En el sitio web oficial no existe un sólo número sobre la cantidad de familias que son beneficiarias de la Misión Mercal. La Misión Barrio Adentro tampoco tiene esta información.

Hay gobiernos muy diferentes. Los que dicen y hacen, como el brasileño. Y los que llenos de retórica mantienen a millones de ciudadanos, especialmente los más pobres, en el hambre y la pobreza. En este último grupo, está el nuestro.

Politemas, Tal Cual, 7 de junio de 2006

Aprender con hambre

En la sociedad del conocimiento, aprender es el evento más frecuente. Supone adiestrarse en el manejo de información y en el desarrollo de nuevas habilidades. Más aún, la mera información no basta para interactuar exitosa y productivamente. Se requiere fortalecer la capacidad de análisis para elaborar nuevos argumentos y nuevos contenidos. Aprender es un proceso incesante que otorga a cada ser humano la posibilidad de superar sus ignorancias y crear nuevas fronteras. Es por ello que la primera exigencia de un gobierno moderno es fomentar las condiciones para que todos los ciudadanos aprendan mejor y más rápido. 

El primer paso para aprender es concentrarse. Esto es, colocar todos los sentidos en la dirección requerida. En buena medida, la capacidad de concentración condiciona la rapidez y calidad del aprendizaje. Para lograr la adecuada concentración, el cerebro humano requiere la dosis adecuada de glucosa. Se calcula que este órgano consume 25% de toda la glucosa circulante en la sangre. Por esta razón, las personas que no desayunan sólo disponen de glucosa por 40 minutos. Al cabo de este período se inicia la utilización de proteínas para garantizar el funcionamiento del cuerpo. En otras palabras, la ausencia de alimentación adecuada ocasiona la destrucción de proteínas creadas previamente. Es fácil imaginar que en estas condiciones el aprendizaje no es posible.

En el gobierno del presidente Chávez no sólo se desafían las leyes y el adecuado equilibrio de poderes. También se desafía la máxima biológica: para aprender hay que tener la barriga llena. El Programa de Alimentación Escolar (PAE), según el Ministerio de Educación y Deportes, apenas cubrió en 2004 el 18% de los estudiantes de educación básica del país. Este es el único dato útil sobre el PAE en una Memoria y Cuenta de 1.229 páginas.

La Memoria y Cuenta no informa sobre la condición nutricional de esos niños, sobre el número de comidas que recibieron, si fueron desayunos, si fueron almuerzos, sobre los controles de peso y talla. Mucho menos reporta sobre la frecuencia de las evaluaciones nutricionales y el efecto de las comidas recibidas en la evolución de sus indicadores antropométricos, así como en su rendimiento educativo. Tampoco reporta sobre la cobertura en los estados o según el tipo de establecimientos, públicos, privados, nacionales, estadales, municipales. Nada de eso. 

El niño que acude a la escuela sin desayuno sólo tiene 40 minutos de concentración. Luego de ese lapso será incapaz de disponerse a aprender. Por más esfuerzo de sus maestros y de ellos mismos, estos niños no pueden aprender con la efectividad que un niño que haya desayunado. Peor aún, luego de esos 40 minutos comenzará la destrucción de proteínas, tan críticas en las edades del crecimiento y maduración. Esta es justamente la fundamentación de los programas de alimentación en las escuelas, especialmente en las públicas y de manera preferente en aquellas que se encuentran en las zonas más pobres.

Lamentablemente, todos los días millones de niños en las escuelas venezolanas quedan rezagados en el proceso de aprendizaje, quedan excluidos del conocimiento. Son los marginados del futuro. Todo ello sucede en la “revolución bonita”.¿Cuál es la lógica perversa que permite que esta situación se mantenga en un país que nada en petrodólares? ¿ Cuál es la justificación para que nuestros niños y adolescentes no cuenten con un programa de alimentación de amplia cobertura que garantice desayunos y almuerzos de calidad? ¿De qué tamaño es la responsabilidad de un gobierno que permite que se cercene cada día el porvenir intelectual de los niños venezolanos?

Los resultados de esta incompetencia no pueden extrañar. Según las últimas cifras oficiales disponibles, el 26,8% de los niños entre 7 y 14 años tenía desnutrición en 2004, lo cual representa un aumento de 2,2% con respecto al año 2000. Venezuela necesita un gobierno que sea capaz de garantizar que los niños aprendan sin hambre. Por allí empieza el futuro.

Politemas, Tal Cual, 5 de abril de 2006

domingo, 13 de diciembre de 2015

Anemia del Siglo XXI

Un país que recibe 50.000 millones de dólares anuales por concepto de venta de petróleo debería haber resuelto muchos problemas de sus ciudadanos. Comencemos por lo básico. Ese país debería haber resuelto los problemas de alimentación. Todas las personas que viven en ese país deberían tener acceso a los alimentos. Todas las personas deberían estar bien nutridas y en capacidad de desarrollar todo su potencial.

Lamentablemente esa no la situación en nuestro país. Todo el ingreso de los últimos diez años, el cual asciende a más de 500.000 millones de dólares, no ha servido para resolver los problemas nutricionales de los venezolanos. De lo cual se deduce que nuestros problemas, como ya sabemos, no son los recursos. Es la ausencia de políticas llevadas a cabo por equipos competentes, que coloquen en el centro a los problemas de la gente.

En una reciente publicación en la revista Acta Científica Venezuela, una de las revistas más importantes en nuestro medio, un equipo de investigadores del IVIC, del Centro de Biofísica y Bioquímica, coordinados por Rafael Apitz-Castro, Investigador Emérito y destacado científico venezolano, reporta una lamentable noticia: 86,9% de la población del país tiene deficiencias significativas de ácido fólico. 

El ácido fólico es un compuesto muy importante para la adecuada formación de las células sanguíneas. Enzimas involucradas en la formación de glóbulos rojos requieren ácido fólico. En consecuencia, la deficiencia de ácido fólico produce anemia, esto es, disminución de la concentración de glóbulos rojos lo cual disminuye la cantidad de oxígeno requerida para que el organismo funcione adecuadamente. 

El ácido fólico se encuentra en las carnes (de res, cerdo), en las verduras oscuras, en cereales como el trigo, arroz y maíz, y en frutas. De manera que una dieta balanceada es garantía de ingesta adecuada de ácido fólico. En las mujeres embarazadas la deficiencia de ácido fólico puede significar la aparición de espina bífida y anencefalia en el feto. Por todo ello, la prevención de la anemia por ácido fólico es una prioridad de salud pública, sin más. 

Tal parece, entonces, que en la época de la “revolución bonita” han fallado todos los mecanismos para evitar este problema de salud pública. Los investigadores del IVIC analizaron los niveles de ácido fólico en una muestra de 3062 personas de los estados Aragua, Miranda, Lara, Falcón, Carabobo, Anzoátegui, Sucre, Yaracuy y del Distrito Metropolitano. Estos estados representan el 60% de la población del país. 

Los niveles de ácido fólico recomendados por el Comité de Expertos de la FAO y la OMS es 12nanomoles por litro. En la muestra estudiada el 86,9% de los individuos tenía valores de ácido fólico por debajo de esos requerimientos. En consecuencia, para una gran mayoría de los venezolanos el riesgo de sufrir anemia por causa de una baja ingesta de ácido fólico es una evidente realidad.

Para enfrentar este riesgo, señalan los especialistas, en algunos países se realiza la fortificación de alimentos con ácido fólico. Tales son los casos de Estados Unidos y Canadá en el mundo desarrollado. En América Latina se han incorporado Chile y Costa Rica. Señalan los autores que en el caso venezolano estos hallazgos deberían servir como línea de base para la evaluación de intervenciones nutricionales específicas.

Como en otras áreas de nuestras políticas públicas, lo problemas están allí, muy claros, muy concretos. Para ellos no existen alternativas de políticas serias y competentes. Las fallas del gobierno nacional se traducen en trabas al bienestar de los venezolanos. Es también un gobierno con anemia.

Politemas, Tal Cual, 16 de julio de 2008

martes, 11 de agosto de 2015

Indefensos ante el hambre

Para finales del año pasado, según nos informan en el sitio web del Instituto Nacional de Estadística, nueve de cada cien venezolanos se iban a dormir sin haber comido completo. Esa es la proporción de la población que se encuentra en pobreza extrema. 

Se dice muy rápido, pero la reflexión que debe generar es monumental. Un gobierno que ha recibido cientos de miles de millones de dólares en ingreso de venta de petróleo, no puede seguir diciendo que vivimos en el mejor de los mundos. Esta cifra indica con todo su drama la gran incompetencia que ha significado la década de la administración Chávez.

Eso ya es muy preocupante. Pero no podemos pararnos allí. Tenemos que imaginar las condiciones de vida de esas familias en situación de pobreza extrema en la actualidad. Si para finales del año pasado les costaba conseguir los alimentos, qué podemos esperar para el 2009 cuando todos los signos apuntan a una caída brutal del ingreso petrolero y a una inflación superior. No hay duda de que para estas familias la magnitud del déficit de alimentos aumentará. No se necesitan muchas cuentas para saber eso.

A lo anterior hay que agregar el porcentaje de familias que el año pasado tenían los ingresos para comprar los alimentos, pero que para este año ya no les “alcanza”. Son aquellas familias que van a los mercados y compran menos que el año pasado. Un kilo, cuando antes compraban dos. Un paquete, cuando el año pasado llevaban tres. Obviamente, esto les pasa a todas las familias del país. Pero hay algunas que antes tenían para comprar completo y que ahora no tienen. Esas familias pasarán a engrosar el número de familias en situación de pobreza extrema. Lamentablemente, nos enteraremos de la cifra oficial el año que viene por esta época, cuando ya el efecto haya ocurrido. 

Lo más grave de todo esto es que usted no oye ni ve al gobierno expresando alguna preocupación sobre este aspecto. Central, por lo demás. Sin comida, después de la vida la necesidad más básica, el cuento de la “revolución” simplemente no existe. Sin la protección del ingreso de los más pobres, aquellos que tienen literalmente que sobrevivir en una economía que se dice “socialista”, se acaban los dobles discursos. El número de personas que no tienen para comer completo, casi tres millones, es la demostración más palmaria de que acá lo que tenemos es un gobierno y unos gobernantes preocupados de adquirir más poder, no de ayudar a resolver los problemas de la gente, y dentro de ellos los problemas de los más pobres.

Prueba de esta indolencia es que, según las propias cifras oficiales, fácilmente ubicables en el sitio web del Ministerio de Planificación y Desarrollo, en el año 2007 teníamos a 18,4% de la población entre siete y catorce años, nuestros niños en las escuelas, en situación de desnutrición. En el grupo de niños entre 2 y 6 años la desnutrición afecta al 20,44%. En los menores de 2 años la desnutrición afecta al 11%. Podrá usted imaginarse el futuro que puede tener el llamado “socialismo” cuando no ha podido resolver la alimentación de una quinta parte de sus niños. Cuando todo eso ocurre con un ingreso tan grande en petrodólares.

Pero eso no es lo peor. El porcentaje de niños que nacían con desnutrición (con bajo peso al nacer) en 2007 es el más alto desde el año 1999. Nueve de cada cien recién nacidos llegan al “Socialismo del Siglo XXI” con desnutrición. Sólo un gran cinismo puede esconder la total responsabilidad que tiene la actual administración del presidente Chávez sobre este problema. Para estos millones de venezolanos la indefensión no puede ser mayor.

Politemas, Tal Cual, 22 de abril de 2009

sábado, 13 de abril de 2013

Hambre en la abundancia

El gobierno está a punto de llamar aún más la atención del mundo. Más allá de su incompetencia para gerenciar la política alimentaria, este gobierno puede convertirse en una evidencia contundente de que es posible producir desabastecimientos masivos en presencia de una lluvia de petrodólares y con cientos de miles de toneladas de alimentos descompuestos. Todo ello por una falla global de la democracia en el país, de la cual es responsable total el actual gobierno..

En 1998 Amartya Sen obtuvo el Premio Nobel de Economía, entre otras cosas, por analizar con precisión la relación entre democracia y hambrunas. A través del examen de varios ejemplos de hambrunas, Sen concluyó que los gobiernos democráticos tienen capacidades para evitar tales calamidades. Los gobiernos no democráticos tienen más probabilidades de sufrir crisis en sus políticas de alimentación. Las razones son bastante sencillas.

Sen señala que las hambrunas se producen cuando las sociedades presentan estas dos condiciones: (1) no pueden producir alimentos en suficiente cantidad, y (2) no se pueden comprar alimentos por las distorsiones entre los precios y el ingreso de las familias. En otras palabras, es posible que usted tenga los recursos, pero ello no es garantía de que los pueda conseguir. Las distorsiones entre los precios de los productos y el poder real de compra de la población es lo que determinará si efectivamente hay acceso a los alimentos.

Es nuestro caso que el gobierno actual se las ha arreglado para que los venezolanos cumplamos con las dos condiciones anteriores. La caída de la producción de la gran mayoría de los rubros agrícolas está suficientemente documentada. También es evidente que el aumento de la inflación limita el poder de compra de los ciudadanos. Menos ingresos, menos alimentos. Y si a eso le sumamos que no existen adecuados programas nutricionales, las consecuencias son terribles.

Lo que no había visto Sen era un país petrolero que acaba con el agro y luego destroza la economía, y es capaz de comprar cientos de miles de toneladas de alimentos importados. En el camino estatiza los puertos, pone a la empresa petrolera a comprar y vender alimentos, y a generar toda una burocracia dependiente de los petrodólares para repartir alimentos importados. Pero resulta que lo hacen con tal incompetencia que esas cientos de miles de toneladas se terminan pudriendo en el fiasco conocido como “Pudreval”.

Todo eso pasa con 25% de los niños en las escuelas con desnutrición, y entrando en una nueva fase de desabastecimiento. Sin controles de ningún tipo, sin ningún responsable, con la política gatopardiana de cambiar nombres. El gobierno actual demostró que las autocracias petroleras también producen hambre. Seguro el profesor Sen no pensó nunca que se podía llegar tan lejos.

Politemas, Tal Cual, 7 de julio de 2010

martes, 27 de diciembre de 2011

Hambre en la "revolución bonita"

El gobierno ha puesto a circular la noticia de que en Venezuela “no hay hambre”. Se repite sin cesar. Se pronuncia la frase en las concentraciones públicas y en los actos informativos del gobierno. Se dice con insistencia, para que con sólo mencionarlo, la frase se convierta en realidad. Los objetivos electorales permiten todo eso. Hasta construir un mundo de fantasías.

Cualquier venezolano que transite por nuestras calles y avenidas sabe que el hambre galopa. Cualquiera que haga mercado en estos tiempos sabe que hoy compra menos que lo que compraba hace un año. Cualquiera que se haga preguntas puede imaginarse cómo será la capacidad de compra de alimentos, especialmente en los estratos de menores ingresos de la población.

Las intuiciones del ciudadano común son comprobadas a través de los medios de medición oficiales. La última encuesta de hogares realizada por el INE en el año 2009, indica que más de dos millones de venezolanos no tienen ingresos suficientes para cubrir la compra de alimentos. Esas cifras no son exageraciones de los críticos del gobierno. Son, insistimos, las propias cifras oficiales.

Las cifras no paran allí. Una mirada al sitio web del Ministerio del Poder Popular para la Planificación y Finanzas nos revela que la desnutrición afecta mucho a nuestros niños. Las últimas cifras oficiales corresponden al año 2007. Para ese momento el 18,42% de los niños entre 7 y 14 años presentaba desnutrición. En el grupo de los niños entre 2 y 6 años el porcentaje asciende a 20, 44. En los menores de dos años el 11,29% está desnutrido.

Lo más llamativo es la cifra de recién nacidos de bajo peso al nacer. El porcentaje de niños de bajo peso al nacer en 2007 era 8,91. Superior al presentado en 1999 (8,37%). En los años 2005 y 2006 el porcentaje de niños con bajo peso al nacer sobrepasó el 9%. Este último indicador nos señala que la atención a la mujer embarazada está pasando por una de las peores épocas.

Las cifras corresponden al año 2007. En pleno “boom” de ingresos de los miles de millones de dólares provenientes del petróleo. Ya ese “boom” finalizó. Cabe preguntarse por las condiciones de vida de la población cuando ha aumentado la inflación y el desempleo, y la economía ha entrado en recesión. Es obvio que esta situación ha empeorado. Las restricciones económicas traen caídas del ingreso de las familias, y eso significa menor capacidad de compra de alimentos.

Desde comienzos del año pasado, cuando se sabía que nos vendría una caída importante del ingreso, el gobierno ha debido implementar un programa de subsidios de alimentos a los sectores más vulnerables. No lo hizo. En consecuencia, se han sumado dos circunstancias: las debilidades del sistema de protección social, y la caída de la actividad económica. Hoy hay mucha hambre. El gobierno no puede negarlo de manera tan irresponsable.

Politemas, Tal Cual, 24 de marzo de 2010

El Maestro de Sanare

En su Bilbao natal, a los 96 años, murió un venezolano de excepción. José María Bengoa fue venezolano desde el primer día. Había salido del País Vasco en 1937, luego del inicio de la Guerra Civil en España. Una corta estancia en Francia, y luego el encuentro con un pariente cercano, el padre jesuita Manuel Aguirre. Allí surgió la invitación para que se viniera a Venezuela.

Y así fue. José María Bengoa llega a Caracas el 25 de abril de 1938. Vive en La Pastora. No tenía papeles para ejercer la medicina. El ministro de Sanidad y Asistencia Social, Honorio Sigala, lo nombra médico de Sanare. Allí estuvo los siguientes tres años. Reconoce Bengoa que esos fueron los mejores años de su vida profesional.

La experiencia de Bengoa en Sanare le permite postular, con varias décadas de adelanto, lo que él denominó la “medicina social”. Esto es, la influencia de la sociedad, sus hábitos, costumbres, en la salud pública. Bengoa reconoce, en la realidad de Sanare, que la salud puede ser afectada por factores como el salario, la educación, el agua, la alimentación. Todo ese aprendizaje lo plasma en su libro “Medicina Social en el medio rural venezolano”, una de las contribuciones más significativas en la salud pública del siglo XX en el mundo.

En Sanare, Bengoa combina la reflexión con la práctica. Un día fue a visitar una mujer embarazada en su humilde vivienda. Había un niño de mirada triste, con el cuerpo hinchado, la piel en mosaico. Lo que presentaba el niño no se encontraba en los textos de medicina tropical de la época. Era el llamado síndrome pluricarencial, con deficiencia de proteína y vitaminas. Los niños sencillamente necesitaban alimentos. Fue de los primeros casos descritos en Venezuela.

Bengoa no lo dudó dos veces. En el patio del dispensario colocó unas colchonetas. Junto con el Dr. Agustín Zubillaga, atendía a los niños por tres y cuatro meses. Hasta que les volviera la sonrisa. Así nació la idea de los Centros de Recuperación Nutricional, pioneros en el mundo como alternativa contra la desnutrición.

De Sanare pasó Bengoa a Caracas. Es llamado para ayudar en la creación del Instituto Nacional de Nutrición, la Escuela de Nutricionistas y Dietistas de la UCV, así como de la revista Archivos Venezolanos de Nutrición. Todas instituciones que han perdurado hasta la fecha. En 1955 se marcha a la Organización Mundial de la Salud, a solicitud del Director General. Desde allí Bengoa se consagró a impulsar en todo el mundo en desarrollo las pautas del manejo nutricional, tanto en individuos como en comunidades, que había aprendido en Sanare. En algún momento llegó a decir en una conferencia en la India, que todo lo había aprendido en la “Universidad de Sanare”.

José María Bengoa fue considerado la “conciencia global de la nutrición comunitaria” por más de sesenta años. Nosotros en Venezuela también lo recordaremos siempre como el Maestro de Sanare.

Politemas, Tal Cual, 20 de enero de 2010

lunes, 31 de octubre de 2011

La Venezuela del hambre

Grande tiene que ser la desconexión entre el presidente Chávez y la realidad del país. Inmensa, puede decirse. Lo suficiente para que haya dicho, sin mayor desparpajo, que en Venezuela no hay hambre. También cabe que haya lanzado la mentira para distraer, para transmitir la falsa creencia.

Lo cierto del caso es que la frase fue muy clara. Según el Presidente, en Venezuela sencillamente no hay hambre. Cree que el hambre sube en todas partes, pero no acá en el país. Señala que la alimentación es “sagrada”. El juicio anterior, por supuesto, se hace sin ninguna evidencia, no hay fuentes, ni datos. Simplemente lo dice el Presidente y todos lo deben aceptar.

Lo primero que llama la atención es que las fuentes de información sobre el tema ya no están disponibles. Desaparecieron de la web. De hecho, los últimos datos oficiales corresponden al año 2007. “Nada más” un retraso de casi cuatro años. Por otro lado, las pocas fuentes disponibles son contradictorias. Hace poco más de un año, el propio gobierno reconocía que existía un déficit nutricional que afectaba al 3,7% de la población de menores de cinco años. Y citaban que la fuente era el Instituto Nacional de Nutrición. Y para ello señalaban que el indicador seleccionado para la comparación era el peso para la edad de los niños.

Lo cierto del caso es que tal indicador no es el más adecuado para medir la desnutrición. Se utiliza especialmente para los niños menores de un año. Para remate, las cifras que se encuentran en los informes oficiales del INN de 2007 (últimas disponibles) son muy diferentes a las señaladas con insistencia por parte del gobierno. El déficit es casi tres veces más, exactamente 11,2% en los menores de dos años. En el caso de la desnutrición crónica, la que ha dejado ya efectos en la talla de los niños, alcanza al 30% de los que se tienen entre 7 y 14 años.

Es obvio que la Venezuela del hambre no tiene cabida en la realidad del Presidente. Probablemente para escapar de ella se acude a la exageración y al invento. Por supuesto eso no resuelve para nada las condiciones concretas de millones de niños venezolanos que están en situación de déficit nutricional. Y más grave aún es que las últimas cifras disponibles sean las de 2007. No hay forma de conocer al día de hoy cómo ha evolucionado este problema.

Las consecuencias son más que evidentes. El rendimiento de nuestros estudiantes está claramente condicionado por la disponibilidad de alimentos. Cuando no existen en el hogar, es deber del gobierno facilitarlo en las escuelas. De lo contrario se estimula la deserción escolar y se incrementa la desigualdad de oportunidades. Todo esto es lejano a los responsables de la política del gobierno en esta materia. Inaceptable en un país que recibirá este año más de 70.000 millones de dólares en ingresos por venta de barriles de petróleo.

Politemas, Tal Cual, 26 de octubre de 2011