miércoles, 2 de mayo de 2018

Hiperinflación hasta 2023

Hace pocas semanas el FMI informó sobre las previsiones económicas para el año en curso. Dentro de los anuncios tuvo especial relevancia que la institución multilateral señalara que la tasa de inflación de Venezuela para 2018 se estima en 13.864%. Dicha tasa sería la más grande de las hiperinflaciones ocurridas en América Latina, al menos en los registros del FMI. También sería la segunda más alta en todas las hiperinflaciones del mundo, después de la experimentada por la República Democrática del Congo en 1994 (casi 24.000%). 

La estimación del FMI para 2018 ya es una pésima noticia, especialmente porque entrando ya en el séptimo mes de hiperinflación, todo indica que la tendencia es el empeoramiento de las condiciones económicas y sociales del país. 

Desafortunadamente, las malas noticias no se agotan allí. Dada la capacidad técnica del FMI, con todos sus equipos humanos y la larga experiencia en el apoyo al desarrollo de las economías en los cinco continentes, es previsible que las estimaciones que realizan tienen la mayor aproximación posible. Eso no significa que sean exactas, pero indican un escenario a considerar en toda plenitud. Especialmente porque fue esta institución la que anunció hace dos años que Venezuela, con las políticas implementadas, iba en el curso de hiperinflación. De hecho, en ese momento el FMI señaló que la tasa de inflación estimada para 2018 era 3.000%. Como se ha indicado, la nueva estimación es poco más de cuatro veces superior a la realizada dos años atrás. 

El FMI considera que, de continuar Venezuela en la dirección actual de las políticas económicas, la tasa de inflación para cada uno de los años comprendidos entre 2019 y 2023, sería casi 13.000%. También pronostica el FMI que, en ese marco de políticas, el crecimiento económico sería negativo en todos los años hasta 2023. De manera que Venezuela, con la segunda mayor capacidad de compra de América Latina en 1998, quedaría relegada al lugar número 16 (sobre 19 países de América Latina) en 2023 (una caída de 5 puestos con respecto a 2017, año de inicio de la hiperinflación). Esto significaría que, en 2023, Venezuela solo superaría a Nicaragua, Honduras y Haití. 

Este es, sin dudas, el peor escenario económico en el mundo en este momento. Todas las tendencias indican que el escenario empeora en la medida que la hiperinflación sigue su marcha descontrolada. Los objetivos del gobierno en las próximas semanas indican que no se tomarán medidas adecuadas para superar la hiperinflación. Tampoco la gravedad de la crisis ha sido lo suficientemente grande para que se haya producido una alianza sólida como alternativa al actual gobierno. Los venezolanos contemplan con angustia el escenario de destrucción y desprotección que continúa marcando su vida cotidiana.

Politemas, Tal Cual, 2 de mayo de 2018

Desprotegidos antes de nacer

Venezuela es uno de los tres países de América Latina en los cuales ha aumentado la mortalidad materna desde 1998, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El mayor incremento de mortalidad materna se ha producido en Cuba. Venezuela está de segundo en esa lamentable lista. El tercero es Costa Rica. En el resto de los países la mortalidad materna ha disminuido. El aumento de la mortalidad materna en Venezuela desde 1998 es 30%. 

Con esta evolución de deterioro, en uno de los indicadores claves para conocer la protección adecuada de la población, especialmente de las mujeres embarazadas y de sus hijos, se puede suponer que los aspectos centrales de la atención materna como lo son el cuidado prenatal y la calidad del parto, no se encuentran en las condiciones exigidas. 

Los datos obtenidos en la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2017, realizada por un equipo de investigadores de la UCV, UCAB, USB, Fundación Bengoa, indican que las mujeres que se encontraban embarazadas en el momento de realización del trabajo de campo (julio, agosto y septiembre del año pasado), acudían fundamentalmente a servicios de gestión pública para el control prenatal. Esta proporción era 57% en comparación con 37% en servicios de gestión privada. Sin embargo, 4,5% de las mujeres embarazadas reportó que no se controlaba. De las mujeres que se controlaban, el 3,4% indicó que lo había comenzado en el octavo mes del embarazo. Esto significa que aproximadamente 45.000 mujeres embarazadas, de un total estimado de 500.000 cada año, están en riesgo por ausencia de control prenatal o por comenzarlo en etapas tardías. 

La gran cantidad de mujeres embarazadas sin control prenatal adecuado, es el principal factor que debe estar influyendo en el aumento de la mortalidad materna. En condiciones de atención de calidad, la inmensa mayoría de las mujeres embarazadas debería concluir satisfactoriamente el embarazo, con un parto sin complicaciones. Solo en pocos casos, inevitables en cualquier contexto, se producirían eventos indeseados. Y es también un gran indicio de que la gran mayoría de los niños venezolanos se encuentran desprotegidos antes de nacer. 

Las condiciones de riesgo en que se encuentran las mujeres embarazadas y sus hijos, se han debido agravar en los últimos meses ante el gran impacto hiperinflacionario, con las severas consecuencias para el acceso a servicios, y en reducción de la protección financiera de las personas. Es obvio que, de continuar esta debacle económica, se producirá un mayor deterioro de la atención con las consecuencias directas en el aumento de la mortalidad materna. En esta materia, el sistema de salud de Venezuela ha tenido una involución de cuatro décadas. No hay manera de subestimarla.

Politemas, Tal Cual, 18 de abril de 2018

Riesgo continental

El aumento de los casos de sarampión que se ha producido en las últimas semanas en América pone de relieve la vulnerabilidad de los sistemas de salud, incluso ante las situaciones más prevenibles. Según el último informe de la Organización Panamericana de la Salud (correspondiente al 6 de abril de 2018), once países de América han reportado casos desde la primera semana del año 2018. Dentro de esos países, destaca que Venezuela ocupa el primer lugar con 727 casos reportados. Venezuela también tiene la mayor cantidad de casos confirmados (279). 

Desde la semana 26 del año 2017 se han confirmado 1.006 casos de sarampión en Venezuela También se han registrado dos defunciones por esta causa. El 67% de los casos confirmados se han producido en el estado Bolívar. También se han notificado casos en los estados Apure, Anzoátegui, Delta Amacuro, Distrito Capital, Miranda, Monagas y Vargas. El grupo de edad más afectado son los menores de 5 años. 

La situación de empobrecimiento sostenido que ha experimentado Venezuela desde 2014, sumado al estado de mayor destrucción productiva que se ha desencadenado con el inicio de la hiperinflación, han impulsado a muchos venezolanos a buscar fortuna fuera del país. Esto significa en la práctica, que el riesgo del aumento de los casos de sarampión también se ha trasladado a otros países de la región. En Brasil, especialmente en el estado de Roraima, de un total de 42 casos confirmados, 34 son de venezolanos. De esos casos se han registrado dos defunciones en niños. En Colombia, los cinco casos confirmados corresponden a venezolanos (cuatro procedentes de Caracas y uno de Miranda). Estos casos se han registrado en diferentes ciudades: Cúcuta, Medellín, Santa Rosa de Cabal y Cartagena. En Ecuador se reportó un solo caso, correspondiente a un niño venezolano de 5 años. 

Es bastante obvio que el mayor deterioro previsible en la situación económica y social de Venezuela, impulsará que muchas más personas exploren opciones de vida fuera de Venezuela. La cobertura de inmunizaciones de esas personas que migrarán está entre las más bajas de la región. Si los casos de sarampión están aumentando, es muy directo que las personas que salen del país pueden llevar la enfermedad al sitio donde decidan residir. Es decir, que uno de los servicios más sencillos de un sistema de salud, como es la administración de inmunizaciones, se convierte entonces en una terrible debilidad. 

Esta situación epidemiológica tiene consecuencias internacionales de significación. Es por ello que los gobiernos de los países vecinos deben entonces administrar los servicios que no fueron aplicados a los venezolanos, so pena de que aumente mucho más el número de casos de sarampión. Todo esto indica el estado de desprotección de la salud de los venezolanos, hasta el punto que las consecuencias de estas carencias se extienden más allá de nuestras fronteras. La implementación de las peores políticas de salud pública desde la creación el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en 1936, ha convertido a los migrantes venezolanos en un riesgo continental.

Politemas, Tal Cual, 11 de abril de 2018

País desplazado

El último informe de la Agencia de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) sobre la situación de los venezolanos desplazados, indica las dimensiones del drama que afecta al país. Se expresa en el informe que el número de desplazados supera 1,5 millones de ciudadanos venezolanos. Se señala, además, que un número significativo de las personas desplazadas están en necesidad de protección internacional. Por otra parte, el informe reconoce que casi 150.000 venezolanos han solicitado asilo y protección formal como refugiados. En el informe también se estima que el financiamiento requerido para atender a tal cantidad de desplazados es 46 millones de dólares, distribuidos en diez países. 

Tal es el impacto de la situación económica y social, que para millones de venezolanos no ha quedado otra salida que abandonar el país por cualquier medio disponible. El aumento de la salida de venezolanos se ha producido con mayor intensidad a partir de 2016, y especialmente, desde mediados del año pasado, justamente cuando se producía el inicio de la hiperinflación. Es obvio que ya en el quinto mes de hiperinflación, la salida de venezolanos se ha incrementado mucho más. 

La situación de los desplazados en los países a los cuales se han dirigido es totalmente previsible. Los desplazados van sin ingresos, quizás con pocos dólares que pudieron comprar con, probablemente, la totalidad de sus ahorros. En su mayoría viajan solos, pero muchos deben ir con sus familias. Marchan por vía terrestre, con pocos enseres. También han experimentado varios años de privaciones, por ejemplo, la mayoría no ha contado con seguro de salud, los niños quizás no están inmunizados, los jóvenes han debido abandonar la escuela de manera intempestiva. También para muchos de ellos las habilidades para el trabajo están concentradas en actividades manuales. Los más preparados pueden contar con certificados y diplomas, que serán reconocidos por los países huéspedes en términos no necesariamente favorables y a través de largos procesos. Es bastante claro que en la medida que aumente la cantidad de desplazados, dado que no se aprecian medidas que puedan resolver los problemas sociales y económicos, las condiciones de llegada también serán más críticas. Todo este desplazamiento masivo de venezolanos es la consecuencia de las peores políticas económicas y sociales desde que Venezuela existe como República. Los desplazados han sido privados de su país, de sus seres queridos, de su modo de vida, de sus espacios naturales. Las consecuencias de esas políticas han sido sufrimientos y penurias. 

Pero no solo han sido desplazados millones de venezolanos. También ha sido desplazado el país en su totalidad. Ha sido desplazado del futuro. Hoy en día Venezuela luce en el contexto mundial como un país desplazado de las posibilidades de bienestar, con perspectivas sombrías. Todo ello es demostración de las pésimas políticas de desarrollo implementadas en los últimos veinte años. En la situación actual, con una hiperinflación completamente desatada, el curso de las actuales políticas solo agravará la condición de las familias venezolanas. En esta dirección, la condición de país desplazado también se agravará.

Politemas, Tal Cual, 21 de marzo de 2018

miércoles, 7 de marzo de 2018

Causas de la hiperinflación más larga

La hiperinflación de Venezuela ya entró en el quinto mes. Aunque a la fecha no están disponibles los estimados de la Asamblea Nacional, todo apunta en la dirección de que en el mes de febrero también se superó el 50% de la tasa de inflación mensual, confirmando la continuación de la hiperinflación. En la práctica, esto significa que la hiperinflación venezolana ya superó la duración de las de Chile (1973) y Perú (1988 y 1990), e igualó la de Brasil (entre 1989 y 1990). Conviene entonces analizar en detalle las razones por las cuales los países tienen hiperinflaciones de larga duración. 

Tomemos el caso de Nicaragua. En este país se produjo la hiperinflación más larga registrada en la historia, con una duración de 58 meses, entre junio de 1986 y marzo de 1991. También tiene el récord del año con la mayor tasa de hiperinflación en América Latina, con 13.100% en 1987. Nos concentraremos en las evidencias aportadas por participantes relevantes en la toma de decisiones en ese período. Tal es el caso de los testimonios referidos por Sergio Ramírez, quien se desempeñó como Vice-presidente de Nicaragua en el período de la hiperinflación, hasta que el gobierno sandinista fue sustituido en las elecciones ganadas por Violeta Chamorro en 1990. En su conocido libro “Adiós muchachos: Una memoria de la revolución sandinista”, publicado en 1999, Ramírez ofrece pistas sobre las causas de la prolongada hiperinflación en su país. 

Refiere Ramírez que el ministro de Planificación, Alejandro Martínez Cuenca, “trató de enseñarnos las ventajas de la disciplina monetaria y la necesidad de combatir la inflación”. Inmediatamente señala Ramírez que “siempre siguieron pesando la guerra, las razones políticas y las improvisaciones para descalabrar cualquier plan”. También expresa que luego del cambio de moneda en 1987 se ha debido implementar un “severo ajuste monetario, el saneamiento de las carteras bancarias y una estricta austeridad en el gasto público, objetivos que nunca se cumplieron”. Más adelante, indica Ramírez que “la consigna que quebró el espinazo de la economía fue todo para los frentes de guerra”. En otras palabras, la guerra se convirtió en el gran resguardo para no enfrentar las decisiones que implicaba la hiperinflación. 

También relata Ramírez que en 1987 (en medio de la hiperinflación) estuvo en Managua un experto del Ministerio de Planificación soviético. En la reunión de presentación de recomendaciones al Consejo Nacional de Planificación, con Daniel Ortega presente, el experto propuso “que era necesario liberalizar la economía y controlar el gasto, siendo estrictos en el cálculo económico; y segundo, que los comandantes debían abandonar las tareas de gobierno y dejarlas en manos de técnicos competentes”. Ante el planteamiento, Daniel Ortega contestó: “¿Usted pide que nos quedemos haciendo un papel protocolario? Yo no sirvo para eso”. 

La historia demostró que ahí terminaron las sugerencias del experto soviético. El gobierno se aferró a las consignas en medio de una gran incompetencia. Los resultados fueron tres años más de hiperinflación bajo la responsabilidad del gobierno sandinista. La mezcla de ideología e incompetencia prolongan las hiperinflaciones. La lección nicaragüense está bastante clara.

Politemas, Tal Cual, 7 de marzo de 2018

La peor catástrofe

Venezuela vive la peor situación social y económica de su historia. Los resultados de la IV Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2017), elaborada por equipos técnicos de la Universidad Central de Venezuela, Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Simón Bolívar y de la Fundación Bengoa, permiten establecer las dimensiones de este gran deterioro. Es importante notar que los datos presentados la semana pasada son previos al inicio de la hiperinflación. 

Desde que se elaboró la primera ENCOVI en 2014, el ingreso de las familias venezolanas no ha hecho otra cosa que disminuir. En ese año, el 24% de los hogares no tenía para comprar los alimentos del día, por lo tanto, se encontraba en pobreza extrema. En la última ENCOVI (2017) se constató que la pobreza extrema afecta al 61% de los hogares del país. La pobreza total, es decir las personas que no tienen los ingresos para cubrir las necesidades de alimentación, educación, salud, transporte, entre otras, alcanzó al 90% de los venezolanos. También en la última ENCOVI se exploró la pobreza multidimensional, la cual corresponde a la indagación sobre los déficits que puede experimentar un hogar en aspectos tales como vivienda, servicios, ingreso, educación y protección social. La pobreza multidimensional aumentó de 41% de hogares en 2015 a 51% en 2017, con lo cual se evidencia las limitaciones de las políticas en las áreas señaladas. 

La inseguridad alimentaria, es decir, las condiciones de riesgo que presentan las familias con respecto a la ingesta de alimentos, afectaba, según ENCOVI 2017, al 80% de las familias del país. Esto significa menor ingesta de alimentos, menor calidad, así como posibilidades de desnutrición. Menos del 40% de la población puede comprar alimentos como el pollo y la carne, apenas 11% reporta comprar frutas. También la última ENCOVI registra un aumento del desempleo abierto, de 7% en 2016 a 9% en 2017, combinado con solo 40% de empleos fijos, y con reducción de la cobertura de casi todas las prestaciones sociales. En el área de seguridad, 20% de los venezolanos reportó que había sido víctima de un delito, pero el 60% de las personas no acudió a denunciarlo. Casi el 60% de las personas reporta sentir miedo en su vivienda y 76% en los medios de transporte. 

En el aspecto educativo, ENCOVI 2017 reporta una pérdida de 7% en la cobertura educativa de la población entre 3 y 24 años, cuando se compara con la registrada en 2014. De especial preocupación es la reducción de la cobertura educativa en el grupo entre 18 y 24 años, esto es, 7% en el caso de los hombres y 13% para las mujeres. De esta manera la cobertura de ambos sexos en este grupo de edad se encuentra en menos de 40% en 2017. Finalmente, entre 2014 y 2017 se ha perdido casi 20% de cobertura de seguros de salud. En 2017 el 68% de la población no tenía seguros de salud, ni público, ni privado. Solo 20% de las mujeres embarazadas en el estrato de menores recursos acudía al control prenatal en el primer mes, mientras que en el estrato de mayores recursos era casi 75%. 

Los datos de ENCOVI 2017 ilustran con nitidez el profundo deterioro de las condiciones de vida que han experimentado los venezolanos a lo largo de estas décadas, pero especialmente en los últimos cuatro años. Es la peor catástrofe en las condiciones de vida de los venezolanos en toda su historia, la mayor en América Latina en los últimos sesenta años, entre las mayores del mundo en lo que va de siglo. No hay manera de expresar este drama que afecta a la población. Estas condiciones se están agravando en la medida que la hiperinflación no se enfrente con decisión y competencia. Los venezolanos viven horas graves, de sufrimiento. Son las consecuencias directas de las peores políticas públicas implementadas en la historia del país.

Politemas, Tal Cual, 28 de febrero de 2018

domingo, 25 de febrero de 2018

Venezuela se muere

Todas las evidencias están a la vista. Venezuela vive la peor crisis social y económica de su historia. No hay manera de ocultarla. El desastre en la conducción de las políticas públicas ha traído como consecuencia la destrucción de la economía, y, por ende, de los mecanismos de intercambio de la sociedad. La hiperinflación es efecto directo de la ideologización y de la mayor incompetencia en el manejo del Estado. Como resultado, tenemos en curso la peor recesión del país, cinco años sin crecimiento económico, y la mayor inflación del mundo en casi un lustro. La hiperinflación es la segunda del siglo XXI, la primera en América Latina en casi treinta años, la primera en un país de la OPEP sin guerra civil. No existen palabras para ilustrar las dimensiones de esta catástrofe de las políticas públicas. 

Lo fundamental son las consecuencias en la vida de la gente. Los gobiernos y las políticas públicas deben ser para promover el bienestar a los ciudadanos. Cuando los gobiernos y las políticas públicas traen sufrimiento a las personas, son inaceptables, transgreden los principios de la vida en sociedad. Y eso es lo que está pasando hoy en Venezuela. Para empezar, estas políticas ocasionan hambre y desnutrición. La destrucción del aparato productivo ha significado la desaparición de cosechas, de canales de distribución, de mejoras tecnológicas. Si a ello se suma la aniquilación de los ingresos, se explica el drama de la mayoría de las familias del país que no tienen para comprar la comida del día, mucho menos ahora con la debacle hiperinflacionaria. Se suceden entonces, día tras día, muertes, especialmente de niños y adultos mayores, por hambre. Un millón de niños venezolanos menores de tres años no están comiendo lo que requiere para tener una vida plenamente productiva. Cada uno de ellos es una llamada a la conciencia de la sociedad. Cada uno de ellos es una manifestación de lo nocivo que pueden ser los gobiernos desastrosos. 

No solo se muere por hambre en estos tiempos en Venezuela. Se muere también porque no hay medicamentos, inmunizaciones, insumos para realizar diálisis, entre otras deficiencias. Las personas que requieren la atención de salud no tienen forma de conseguirla en el país. No tienen alternativa, y sus familias contemplan con desesperación y frustración la pérdida de posibilidades que puede terminar en la muerte. Y esto sucede en el país en el que se ha producido la mayor privatización de los servicios de salud en el siglo XXI en América. El 65% de todo el gasto en salud sale del bolsillo depauperado de los venezolanos. La política de salud de las últimas dos décadas ha sido la peor agresión a la vida de los venezolanos. 

También se muere por violencia. Muchas ciudades venezolanas están entre las más inseguras del mundo. La violencia se ha incrementado porque el gobierno se ha retirado de una de sus funciones principales, como es proteger las vidas y bienes de los venezolanos. La inseguridad ha tomado la vida de los venezolanos, incluso en sus propias viviendas. 

Por todo esto, los venezolanos huyen. Se van del país por todos los medios. Muchos de ellos a través de las fronteras con nuestros vecinos, ocasionando prácticamente zonas crecientes de refugiados. Se van muchas veces con lo que tienen en el bolsillo o con lo poco que han obtenido. Se van porque en este país tienen riesgo de morir. No es exageración, es la cruda realidad. 

También en el país mueren las esperanzas. Cada venezolano que debe emigrar es una pérdida. Es una posibilidad truncada. Es una ilusión que se concretará en otros destinos. Es por ello que también se afecta la viabilidad del país. Sin cambios en estas políticas, solo le queda a Venezuela el escenario de mayor empobrecimiento. La pérdida de capacidades, especialmente de los más jóvenes, nos aleja de la diversificación, nos coloca más lejos del desarrollo pleno y sostenible. 

En un célebre mensaje, el presidente de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, al anunciar el programa de estabilización económica para enfrentar la hiperinflación a finales de agosto de 1985, expresó: “Bolivia se nos muere”. Para indicar la importancia de tomar las medidas con la urgencia del caso. Hoy tenemos conciencia creciente de que el país se muere. Ojalá pronto el liderazgo de la sociedad acuerde las soluciones inmediatas para salvar a Venezuela.

Politemas, Tal Cual, 21 de febrero de 2018

¿En cuánto tiempo se recupera la baja inflación?

La hiperinflación de Venezuela, según las estimaciones de la Asamblea Nacional (únicas oficiales en el país), ya se encuentra en el cuarto mes. De tal manera que ya superó en duración las hiperinflaciones de Perú (1988 y 1990) y la de Chile (1973), según el recuento realizado por Steve Hanke y Nicholas Krus, investigadores de la Universidad Johns Hopkins. Si se prolonga hasta el mes de marzo habrá superado también la duración de la hiperinflación de Brasil (entre 1989 y 1990). 

Todo parece indicar que al menos hasta la elección presidencial fijada para el 22 de abril de este año, el gobierno seguirá impulsando una política económica que no hará otra cosa que agravar los factores que condicionan la hiperinflación. En este caso, puede estimarse que la hiperinflación de Venezuela durará al menos seis meses. También es previsible que un programa adecuado de estabilización económica no es lo que el gobierno tiene pensado implementar. La persistencia de la actual política, entonces, puede aumentar la duración de la hiperinflación con las graves consecuencias que están conllevando para los hogares venezolanos. 

De allí que sea urgente acometer los cambios de política que pudieran corregir el curso hiperinflacionario. Ya las previsiones indican que, de no haber modificación, Venezuela puede alcanzar en 2018 la tasa de inflación más alta de todas las hiperinflaciones de América Latina (comparable con la de Nicaragua en 1987). 

La diferencia en la calidad de las políticas tiene efecto en la duración de las hiperinflaciones. Ello se puede apreciar cuando se analiza la evolución de procesos de hiperinflación que comparten características similares. Una comparación en este aspecto la ofrecen las hiperinflaciones que se sucedieron luego de la disolución de la Unión Soviética. En enero de 1992 comenzaron 14 procesos de hiperinflación en repúblicas soviéticas. En nueve casos las hiperinflaciones duraron entre uno y dos meses (incluyendo la de Rusia que duró un mes). En los restantes casos (5) las hiperinflaciones se extendieron por dos años o más: Tayikistán (22 meses), Turkmenistán (23 meses), Moldavia (24 meses), Ucrania (35 meses) y Azerbaiyán (36 meses). Se puede inferir que las hiperinflaciones deben ser atendidas con prontitud, de lo contrario tienden a prolongarse en el tiempo. De hecho, las hiperinflaciones de Ucrania y Azerbaiyán solo son superadas en duración por las de Grecia (1941-1945) y Nicaragua (1986-1991). 

Ahora bien, no necesariamente la corta duración de las hiperinflaciones es indicativa de que la recuperación será rápida. Para ello tomaremos como criterio que la recuperación de una tasa baja de inflación implica alcanzar dos dígitos. En los nueve casos en los que las hiperinflaciones duraron entre uno y dos meses, solo en dos de ellas (Estonia y Letonia) la recuperación de una baja tasa de inflación llevó dos años. En los restantes casos llevó más tiempo, hasta cuatro años en Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán y Uzbekistán. 

El examen de la experiencia en otros países permite precisar un poco más lo que puede durar la hiperinflación en Venezuela, así como los rasgos de la recuperación. En primer lugar, el hecho de que la hiperinflación no se haya enfrentado con rapidez, es un signo de mal pronóstico con respecto a la duración. En segundo lugar, en caso de tomarse medidas para enfrentar la hiperinflación deben ser muy bien diseñadas para que la recuperación sea en el menor tiempo posible. Es claro que la manera de enfrentar la hiperinflación marcará el rumbo de la sociedad venezolana en los próximos años.

Politemas, Tal Cual, 14 de febrero de 2018

Hiperinflación sin límites

La hiperinflación se apodera de todos los espacios de la sociedad. Cualquier actividad de las personas o familias está condicionada por el aumento de los precios. De eso depende lo que se compra, si se va o no al trabajo, lo que se comenta en el mercado. Prácticamente las conversaciones de los venezolanos giran alrededor de esta situación. De nada ha servido la negación. El poder de la hiperinflación está trastocando las costuras económicas, sociales, y también las políticas. 

Tal es la magnitud de este descalabro, que el FMI anunció a finales del mes pasado una nueva estimación de la tasa de inflación de Venezuela en 2018. El pasado mes de octubre el FMI indicó que la tasa de inflación podría alcanzar 2.300% en este año. Ante los acontecimientos de las últimas semanas, el organismo indica que la tasa de inflación podría alcanzar más bien 13.000%. Es muy poco lo que habría que comentar si esto se acompaña, como también lo señala el FMI, con una caída de la actividad económica de 15%. Es decir, de cumplirse el pronóstico del FMI, Venezuela tendría en 2018 el penoso récord de la mayor tasa de todas las hiperinflaciones de América Latina, con la excepción de Nicaragua en 1987. 

Lo que determina que un problema se pueda resolver, en primer lugar, es la disposición a resolverlo. Si no existe esa voluntad, en muy poco probable que se pueda avanzar. Ese es justamente el caso de Venezuela. El actual gobierno no ha mostrado ningún signo de aceptación de que la hiperinflación es un problema relacionado con las políticas implementadas. Ya está bastante demostrado que la hiperinflación es causada fundamentalmente por desajustes monetarios y fiscales que pueden ser controlados rápidamente, siempre y cuando exista conciencia de esa situación. Y en esas circunstancias, la sobrevivencia del gobierno concentra todos los recursos en la próxima elección para conservar el poder. Mientras tanto, las acciones del gobierno, cuyo único propósito es aumentar la fuerza electoral, agravan la hiperinflación porque aumentan las fallas de las políticas implementadas, esto es, los desajustes señalados. Todo ello porque existe la creencia de que las opciones de políticas requerirán costos de todo tipo, es más fácil en estos momentos seguir el curso. De tal manera que no se puede esperar que el gobierno cambie de políticas antes de la elección presidencial. 

Para el gobierno es claro que luego de la elección tendría que analizar la hiperinflación con otra perspectiva. Y ahí entonces aparecería otra gran restricción que ha sido crónica en el actual gobierno: la dificultad para tomar decisiones oportunas y complejas, fundamentalmente porque existen muchos grupos y actores en su interior. Cada una de las opciones de política tendría críticos y adversarios con grados variables de influencia, lo cual hace muy intrincado el proceso de decisión. Por el lado de la alternativa al actual gobierno, esto es, los potenciales nuevos gobernantes, habría que preguntar si existe el consenso para implementar un programa de estabilización que resuelva de raíz la hiperinflación. Vale recordar que el gobierno de Violeta Chamorro, conformado por una amplia alianza de partidos, solo pudo implementar el programa anti-inflacionario casi año y medio después de la toma de posesión. Por lo señalado, se puede decir que en estos momentos la hiperinflación en Venezuela no tiene límites. Los venezolanos lo saben y están actuando en consecuencia.

Politemas, Tal Cual, 7 de febrero de 2018

Ni respeto a la vida, ni respeto a la muerte

No hay ninguna duda de que en Venezuela el respeto a la vida ha desaparecido como práctica de las responsabilidades del gobierno. Para empezar, el hecho de que la mayoría de los venezolanos no cuente con los recursos para comprar los alimentos del día, lo cual trae como consecuencia los riesgos de muerte y desnutrición, especialmente para aquellas poblaciones de mayor vulnerabilidad, ya deja bastante claro que la preservación de la vida no es la guía de la acción pública. A ello debe agregarse que también la mayoría de la población no tiene acceso a los medicamentos para afecciones de todo tipo, y que por la falta de ellos muchas personas están en peligro real de morir. El grado de desprotección ante la violencia, que ha condicionado que la gran mayoría de la población se sienta con temor incluso en su propia vivienda, ha llegado hasta el punto de que el país es considerado en este momento el más peligroso en el mundo. Ya todo eso bastaría para tener la máxima preocupación. 

A todo lo anterior hay que agregar el clima de zozobra que ha experimentado el país ante los sucesos ocurridos en El Junquito la semana pasada. Especial mención deben recibir dos hechos absolutamente sorprendentes que requieren ser aclarados en las investigaciones por venir. En primer lugar, el lamentable resultado en vidas humanas cuando aparentemente había disposición de entregarse ante las autoridades. Y en segundo lugar, las acciones de los organismos oficiales para disponer de los cuerpos de los fallecidos sin tomar en consideración la voluntad de sus familias. Estas acciones, por parte de los organismos responsables, indican que no existió mayor miramiento por los sentimientos y decisiones de los familiares. 

En las actuales circunstancias del país, en las que cada día que pasa agrega multitud de situaciones que reflejan el malestar y rechazo de los ciudadanos, estos hechos son completamente inauditos. Son expresión de rasgos inequívocos de una gran descomposición institucional. El respeto por la vida y la muerte deben ser signos característicos de las sociedades. Cuando se irrespeta la vida y la muerte, especialmente por la valoración que hacen las familias del dolor que significa perder seres queridos, es imperativa la reflexión sobre los valores que esa sociedad comparte o ha dejado de compartir. Es un llamado muy directo a la conciencia de los actores políticos y sociales que participan. Es una alerta colectiva sobre el tipo de conductas que están caracterizando la vida de la sociedad. 

Es indudable que la situación general del país no puede ser más dramática. En todos los frentes. En el plano político por las grandes dificultades para encontrar espacios de acuerdo. En lo económico por las tremendas repercusiones que tiene la hiperinflación, con su estela de destrucción en todos los espacios. En lo social por el sufrimiento de millones de familias en su cotidiana lucha por la subsistencia. Y como si no fuera suficiente, ahora en la vulneración del respeto a la vida y la muerte. Si no es el punto más bajo en la incertidumbre por el destino del país, se le debe parecer bastante.

Politemas, Tal Cual, 24 de enero de 2018