jueves, 7 de mayo de 2020

120 mil rastreadores sanitarios para controlar la pandemia

América Latina entra en el tercer mes de la pandemia por Covid-19. En un momento comparable, es decir, a los sesenta días del primer paciente diagnosticado, ya Corea del Sur había reducido los casos nuevos a una décima parte. El primer caso de Covid-19 fue confirmado en este país el 24 de enero. El máximo número de casos nuevos ocurrió el 3 de marzo (851 casos). Para el 23 de marzo (a los sesenta días), el número de casos nuevos se había reducido a 76. Ahora bien, para llegar a 8 casos nuevos se requirieron 25 días más. El 4 de mayo se reportaron sólo 3 nuevos casos. 

La experiencia de Corea del Sur demuestra que es posible controlar casi completamente la pandemia, pero ello requiere estrategia, recursos, y tiempo para ejecutarla. Justamente por la rapidez en las acciones emprendidas en este país, no fue necesario realizar confinamientos generales de la población. La efectividad de estas acciones está relacionada con la preparación y la capacidad para tratar personas infectadas por Covid-19, pero también para anticipar aquellas personas que eran contactos, y que por tanto podían padecer la enfermedad o transmitirla. 

La situación en América Latina al día de hoy es completamente diferente. En doce países, la cifra más alta de casos nuevos se ha registrado en la última semana. Solo en Costa Rica y Uruguay la cifra más alta se produjo hace más de un mes. En estos dos países, el número de casos al 4 de mayo era tres y dos, respectivamente. Que esta tendencia se mantenga en estos países, depende fundamentalmente de la capacidad diagnóstica y del seguimiento de contactos. 

En el resto de los países las tendencias son preocupantes. A pesar de que varios de ellos (Chile, Perú, Panamá), tienen altas cifras de pruebas diagnósticas por población (en niveles comparables con Corea del Sur), en otros países se aprecia el estancamiento de este indicador (Bolivia y México, por ejemplo). Por otra parte, siete países de la región no tienen datos disponibles en la base de datos “Our World in Data”, entre ellos Brasil y Venezuela. Es por ello que en muchos casos no es posible conocer la situación real. 

La pandemia afecta de manera significativa, pero no única, a la mortalidad. Doce países de la región tienen ya tasas de mortalidad por Covid-19 superiores a la de Corea del Sur. En Ecuador, con la mayor tasa, la mortalidad es veinte veces superior. El número de casos de Covid-19 por 100.000 habitantes en Panamá y Ecuador es casi nueve veces el registrado en Corea del Sur. 

En estas circunstancias es evidente que el confinamiento per se, o las prácticas de distanciamiento social, no son suficientes para controlar la pandemia en el grado requerido. De hecho, la continuación de estas medidas sin cambios, puede ocasionar mayores efectos en la dinámica productiva y social de los países. Es fundamental, entonces, minimizar la propagación de la pandemia, en los niveles cercanos a “cero casos”, y retomar en plazos perentorios la reanudación de las actividades sociales y productivas. 

En aquellos países que están implementando confinamientos, es fundamental que se produzca una reducción sustancial de casos nuevos. La experiencia de algunos países europeos (España, Italia, Alemania), indica que al menos se requiere un mes para que la tendencia de los casos nuevos se reduzca sistemáticamente. Esto significa, de replicarse esta dinámica europea (lo cual no es necesariamente así, por supuesto) que, en algunos países como Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, El Salvador, Honduras, México, Panamá, alcanzar un número de casos compatible con una tendencia de franca reducción, puede llevar un mes más (primera semana de junio). 

Asumiendo que en un mes se alcanza esa situación en la región, queda una gran pregunta, ¿cuáles son los países que están en capacidad de detectar adecuadamente los casos nuevos y evitar que se produzcan nuevos episodios de la pandemia? Por lo descrito, tal parece que las mejores condiciones se dan en Costa Rica y Uruguay, países de baja población comparativamente en la región. Esto significa que la mayor proporción de la población de América Latina puede estar sujeta a la perversa dinámica de casos de Covid-19 de curso intermitente, obstaculizando aún más la recuperación económica y social. 

La evolución dramática de la pandemia en países europeos indica que una de las razones fue no contar con capacidades para realizar detección masiva de contactos en una magnitud superior al ingreso de pacientes en los centros de salud. También ha sido reconocido que la mejor forma de evitar en la actualidad la reaparición de la pandemia, es identificar la mayor cantidad de contactos. De allí que, en las últimas semanas, varios gobiernos europeos han iniciado el diseño e implementación de programas de “rastreadores sanitarios”. En el Reino Unido se planea reclutar 18 mil en las próximas semanas. En Alemania se ha propuesto que se necesita 1 rastreador sanitario por cada 25.000 habitantes. En el estado de Nueva York se ha estimado la cifra entre 6 y 17 mil. 

Los países de América Latina deben considerar seriamente esta opción. Con urgencia. No se puede esperar que la tendencia de casos empiece a disminuir. Se deben implementar estos programas a la brevedad. Si se aplica el criterio de un rastreador por cada 5.000 habitantes, se puede estimar que se necesitan 120.000 mil rastreadores sanitarios en la región. Este personal puede ser menor en los países que han mostrado capacidades para esta tarea (como Costa Rica y Uruguay), o en otros que estén realizando ya estos ajustes. 

Esta opción supone organizar cuerpos técnicos dependientes de los ministerios de salud, con el propósito de detectar contactos y supervisar la realización de los servicios para esta población. Podrían participar personas que están actualmente en los servicios de salud, pero probablemente se requiera incorporar otros nuevos. El centro de actividad de los rastreadores sanitarios es la comunidad, por cuanto deben interrogar a las personas diagnosticadas, elaborar la lista de contactos, identificar cada uno de estos contactos y establecer si padece la enfermedad o si la puede padecer. Para ello deben realizar pesquisas a través de llamadas telefónicas o visitas a domicilios y sitios de trabajo. Toda la información recolectada debe ser ingresada en bases de datos para realizar el análisis detallado. Se debe establecer quiénes son las personas en mayor riesgo. El criterio de éxito es que todos los nuevos casos hayan sido contactos de casos previos. De esta manera se irá cercando la propagación del Covid-19 hasta que no exista ningún caso en el territorio de los países. Mientras no exista la vacuna, esta debe la estrategia para garantizar la estabilidad social y productiva. 

Los rastreadores sanitarios deben ser personas de trato afable, comunicativas, con disposición a interpretar las particulares condiciones de las familias afectadas por el Covid-19, con sensibilidad por la salud pública, con vocación por el trabajo en la comunidad, con manejo de las nuevas tecnologías, y con competencias para apoyar la gerencia de servicios de salud. 

Estos cuerpos de rastreadores sanitarios están adscritos a las instituciones nacionales o locales de salud. Son profesionales de salud pública. En consecuencia, deben asignarse los recursos para sufragar sus servicios, vehículos para desplazamientos, servicios para alojar a las personas asintomáticas que requieran aislamiento y no puedan cumplirlo en sus domicilios, y toda la logística complementaria. Se trata de una amplia operación de seguimiento de personas orientado a evitar casos y proteger la salud de la población. Los ministerios de salud deben examinar los recursos disponibles para constituir estos programas, que no deben ser muchos en estos momentos. En ese caso, los gobiernos pueden acudir con celeridad a los organismos internacionales para solicitar recursos para financiar estos requerimientos. Se trata de programas que deben estar funcionando en el plazo máximo de un mes. 

La superación de la tremenda crisis que ha significado la pandemia para los pueblos de América Latina requiere la constitución urgente de miles de equipos de rastreadores sanitarios, atravesando las inmensidades de la geografía de la región. En la medida que se haga con mayor rapidez, se podrá iniciar la recuperación de los efectos severos de la pandemia. Es fundamental asignar los recursos, para lo cual será de gran valor el rol de los responsables económicos en los países y en los organismos internacionales. 

No debe haber preocupación por la sostenibilidad de estos equipos, porque luego de controlada la pandemia, queda una gran cantidad de enfermedades infecciosas que afectan la región, y también se encuentran decenas de millones de personas con enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes, solo para nombrar dos, que todavía no están diagnosticadas. Estas tareas también requerirán rastreadores sanitarios por las próximas décadas. La constitución y sostenibilidad de los cuerpos de rastreadores sanitarios puede ser una de las inversiones más significativas y de mayor retorno para el mejoramiento de las condiciones de salud en la historia de América Latina.

Politemas, Tal Cual, 6 de mayo de 2020

viernes, 1 de mayo de 2020

Países más efectivos ante la pandemia en América Latina

Después de dos meses de los primeros casos reportados de Covid-19, las diferencias en las capacidades de los sistemas de salud de América Latina se han puesto de manifiesto. El curso de la pandemia dependerá de que se profundice el éxito en aquellos países que están actuando con mayor efectividad, y de los cambios que logren realizar aquellos que hasta la fecha muestran un bajo desempeño. Para ello se requiere analizar los efectos hasta la fecha, y a partir de allí, diseñar los correctivos necesarios. 

La pandemia por Covid-19 ha afectado a casi todos los países. En muchos de ellos, el efecto se extiende ya por casi 100 días. Esto significa un mes más que la duración promedio en América Latina. Esto puede resultar una ventaja por la posibilidad de aprovechar la experiencia de otros países. De allí que sea de especial utilidad realizar el seguimiento de la pandemia en aquellos países con más tiempo, con el propósito de establecer una guía de referencia. Esta actividad debe ser realizada de manera permanente, justamente por los cambios que pueden ocurrir. Por ejemplo, el reporte de nuevos casos en Japón y Singapur ha obligado a la implementación de medidas de confinamiento que no habían sido necesarias en las primeras etapas. 

El examen de la experiencia comparada requiere seleccionar los criterios para el análisis. En la situación ideal, los sistemas de salud deben evitar el mayor número de muertes y casos, y realizar la mayor cantidad de pruebas que permitan detectar casos y el respectivo aislamiento y cuarentena. Dicho en otras palabras, aquellos países que presenten la menor tasa de mortalidad por Covid-19, la menor incidencia de casos por 100.000 habitantes, y la mayor tasa de pruebas por 1.000 habitantes, puede ser identificados como las referencias a imitar. La diferencia entre estos países y los de América Latina indicará la mayor o menor efectividad de las políticas implementadas. 

Tomando en cuenta la información disponible al 27 de abril en fuentes internacionales en los tres indicadores señalados, se pueden comparar 67 países. Los tres países con mayor efectividad son Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. La duración de la pandemia en los dos primeros países es 97 y 93 días, respectivamente. En Nueva Zelanda ha sido 60 días. La tasa de mortalidad es menor a 5 muertes por millón de habitantes en los tres países. La tasa de incidencia es menor a 30 casos por 100.000 habitantes también en los tres países. Y el promedio de pruebas por 1.000 habitantes en los tres países es 18. De manera que se podría plantear que esos son los criterios de éxito más exigentes. 

El primer paso en el análisis se fundamenta en la capacidad diagnóstica de los países de América Latina. A mayor cantidad de pruebas, se dispone de más información para establecer la magnitud de la pandemia en cada país. Este aspecto es fundamental para identificar las intervenciones más adecuadas. A tal efecto, se compararon los países que tienen información disponible en el sitio web “Our World in Data” (proyecto conjunto de la Universidad de Oxford y el Global Change Data Lab). Se seleccionó como criterio la cobertura de pruebas de Corea del Sur (por ser la menor de los tres países de referencia mencionados anteriormente). El valor de cada país al 25 de abril se comparó con el de Corea del Sur a días equivalentes de pandemia. 

Siete países de América Latina (Brasil, República Dominicana, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Venezuela) no tienen información disponible en el sitio web mencionado. Esto impide la comparación con otros países y es una deficiencia relevante para el control de la pandemia. La situación ideal es contar con esa información en cada país y que también sea conocida en el ámbito internacional. Se puede identificar a este grupo de países como de capacidad diagnóstica no reportada. En cinco países (Chile, Cuba, El Salvador, Panamá, Perú), la cantidad de pruebas por 1.000 habitantes es superior a la realizada por Corea del Sur en momentos equivalentes. Esto significa, en principio, que estos países cuentan con mayor calidad de información para la toma de decisiones. Se podría identificar a estos países con alta capacidad de diagnóstico. El tercer grupo (los restantes ocho países) tienen capacidad diagnóstica intermedia. 

La comparación de efectividad toma en cuenta, en primer lugar, la capacidad diagnóstica porque de esta manera se explora la disposición real de los países para enfrentar la pandemia con rigor. Todos los países del grupo con mayor capacidad diagnóstica, excepto El Salvador, ya han superado la tasa de mortalidad de Corea del Sur, a pesar de que tienen un mes menos de evolución de la pandemia. El país con mayor mortalidad es Panamá (38 muertes por millón de habitantes), seguido por Perú (23 muertes por millón). En el caso de El Salvador puede influir el hecho de que tiene el menor número de días de pandemia del grupo. También Panamá presenta la mayor tasa de incidencia de la región (140 casos por 100.000 habitantes). Todos los países de este grupo, con excepción de Cuba, han experimentado el mayor número de casos nuevos dentro de los últimos cinco días. Es por ello que la ponderación de la tendencia de casos requiere al menos diez días más para la evaluación más precisa. Hasta el día final del período analizado, Chile y Cuba presentan una tendencia hacia la disminución de casos, muy diferente a Perú (incremento de 100% en los últimos tres días). 

En el grupo de capacidad de diagnóstico intermedia, todos los países han superado la tasa de mortalidad de 4 muertes por millón de habitantes, con la excepción de Costa Rica y Paraguay. La mayor tasa de mortalidad de este grupo se registra hasta la fecha en Ecuador (37 muertes por millón). Solo en dos países del grupo (Costa Rica y Uruguay), el número más alto de casos nuevos se registró hace más de 14 días. Con la excepción de Paraguay, todos los países de este grupo registraron aumentos del número de casos en los últimos siete días, siendo los mayores aumentos los de Bolivia y Ecuador. 

Dentro de los países con capacidad diagnóstica no reportada, se encuentran los tres que registran la mayor cantidad de días sin casos nuevos en las últimas dos semanas (Haití, Nicaragua y Venezuela). Dada la magnitud de contagios que se aprecia en otros países de la región, este hecho, junto con la ausencia de reportes internacionales, indica que el subregistro de casos puede ser muy significativo. Otros países del grupo (Brasil, República Dominicana, Guatemala, Honduras) han registrado altas tasas de crecimiento de casos en la última semana. Brasil, República Dominicana y Honduras ya tienen tasas de mortalidad superiores a 4 muertes por millón de habitantes. 

A pesar de la diversidad de contextos de los sistemas de salud de la región, es posible identificar tres niveles de efectividad. El más alto está compuesto por países que están realizando mayor detección de casos, algunos de ellos (Chile y Cuba) con bajas tasas de mortalidad relativa. Otros países de este grupo (Panamá y Perú) con notables esfuerzos de diagnóstico, probablemente están captando los casos tardíamente o con complicaciones. De allí las mayores tasas de mortalidad. Un segundo grupo de países debe mejorar a la brevedad la realización de pruebas, so pena de que el aumento de casos se prolongue en el tiempo. Y un tercer conjunto de países en los cuales es evidente que no están en capacidad de identificar casos en proporciones adecuadas. En este grupo se encuentran México y Brasil, los cuales experimentan a la fecha extraordinarios aumentos en los casos nuevos. Los países de este último grupo son los que presentan al día de hoy el peor pronóstico para el control de la pandemia en la región.

Politemas, Tal Cual, 29 de abril de 2020

sábado, 25 de abril de 2020

¿Por qué algunos países son más efectivos ante la pandemia?

El curso de la pandemia ocasionada por el Covid-19 no es inevitable. Casi por concluir el cuarto mes de evolución, es de gran importancia examinar los factores que han contribuido para que algunos países hayan enfrentado efectivamente la pandemia. No solo con el propósito de extraer lecciones de política pública, sino porque las medidas que han ejecutado esos países deben tomarse en cuenta, independientemente del estado de afectación en el cual se encuentran actualmente algunos países, especialmente de América Latina. 

La pandemia de Covid-19 fue un evento inesperado por la magnitud y velocidad con la que se ha propagado. Sin embargo, diferentes organizaciones internacionales habían avanzado en el diseño de las estrategias para actuar en el caso de producirse. Las razones por las cuales estos mecanismos no funcionaron adecuadamente, serán motivo de análisis en los próximos tiempos. Lo cierto es que a principios del año 2019 se había difundido un estudio sobre el grado de preparación de los países ante una amenaza biológica como ha significado el Covid-19. También deberá ser motivo de debate las decisiones tomadas por los países antes de que se conociera la infección que ha terminado como pandemia. 

Los objetivos fundamentales al enfrentar la pandemia son dos: evitar la mayor cantidad de muertes, y la mayor cantidad de casos. Esto significa que el efecto en la población se exprese en la menor tasa de mortalidad. Con respecto a los casos, se trata de diagnosticarlos precozmente, garantizar el tratamiento, y evitar que otras personas sean infectadas. En consecuencia, una tarea central es realizar las pruebas diagnósticas y proceder con el aislamiento de los casos positivos, y la cuarentena de los contactos. Es decir, aunque la tasa de incidencia, esto es, el número de casos, aumente porque se realizan más pruebas diagnósticas, al final se producirán menos infecciones porque se reducirá el contacto con personas susceptibles. En principio, un país podría tener una mayor incidencia e impedir la saturación de los servicios de salud, al realizar la detección sistemática de los casos. Actuar de esta forma facilita también que los pacientes que ingresen a los hospitales puedan ser tratados adecuadamente, con la reducción de la letalidad (muertes por cada 100 casos). La situación ideal es que los países realicen la mayor cantidad de pruebas diagnósticas y tengan la menor cantidad de muertes en términos de la población. 

El primer factor involucrado en la efectividad de los países es. sin dudas, la preparación para alcanzar los objetivos anteriores. Aquellos países que habían experimentado otras pandemias en este siglo, o que habían tomado las previsiones exigidas, estaban en mejores condiciones al momento de conocer la existencia de la infección considerada como emergencia internacional. Esto fue lo que ocurrió a principios de este año. El segundo factor es el diseño de la estrategia que tome en cuenta la detección precoz de casos, el aislamiento y cuarentena, y el tratamiento en los diferentes niveles de atención. 

En la actualidad contamos con los datos, prácticamente actualizados en línea, de los casos diagnosticados y los fallecimientos. La base de datos de la Universidad Johns Hopkins es un gran recurso para el análisis de estos indicadores. La información sobre la realización de pruebas diagnósticas también está disponible en la base de datos Our World in Data de la Universidad de Oxford. En este caso, el número de países que reportan es menor que en la primera. 

Si tomamos los países que tienen información actualizada en las dos bases de datos, encontramos que aquellos países que han realizado más pruebas diagnósticas (expresadas por 1.000 habitantes), y que han combinado el diagnóstico con las correspondientes medidas de aislamiento y cuarentena, han registrado menor mortalidad. En este análisis no se ha tomado en cuenta las diferencias atribuibles a la composición por edad. Sin embargo, las diferencias son notables, pueden disminuir con el ajuste, pero no de manera significativa. Países como Corea del Sur, Letonia, Australia y Nueva Zelanda han realizado más de 10 pruebas diagnósticas por cada 1.000 habitantes, y tienen tasas de mortalidad menores a 4 muertes por millón de habitantes. En líneas generales, estos países no tuvieron que acudir a suspensión de actividades en la magnitud que otros países. En cambio, el Reino Unido y Países Bajos con menos pruebas diagnósticas presentan tasas de mortalidad de más de 200 muertes por millón de habitantes. En estos países el sistema de salud experimentó tremendas exigencias que ameritaron la puesta en marcha de distintos grados de confinamiento. 

En América Latina también se aprecian diferencias en las pautas seguidas por los sistemas de salud. Debe señalarse que más de la mitad de los países de la región no tiene datos de pruebas diagnósticas para comparación. Sin embargo, países como Chile, Panamá, Perú y Uruguay han realizado más pruebas diagnósticas por 1.000 habitantes que Corea del Sur en períodos comparables de la pandemia. También la calidad del proceso de aislamiento y cuarentena de casos, combinado con las medidas de confinamiento, puede explicar que países como Argentina, Costa Rica hayan experimentado reducciones significativas de los casos nuevos registrados en la última semana. Lamentablemente, otros países como Bolivia, Ecuador y Panamá han registrado más bien la tendencia al aumento. 

La consolidación de los avances en algunos países, y la reversión de la tendencia negativa en otros, debe fundamentarse en la realización de la mayor cantidad de pruebas diagnósticas y en el fortalecimiento de los procesos de atención, especialmente en el nivel de población que permita la detección precoz, así como en el énfasis en las medidas de distanciamiento social y prevención. Para disminuir la mayor cantidad de casos, muchos países de la región deberán implementar mecanismos de rastreo epidemiológico con innovaciones significativas de gestión y la incorporación de nuevo personal de campo. Será el reto más importante para controlar la pandemia, antes de que estén disponibles otras alternativas.

Politemas, Tal Cual, 22 de abril de 2020

domingo, 19 de abril de 2020

La pandemia sacude a América Latina

El Covid-19 avanza con fuerza en la región. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado que el mayor impacto de la pandemia se producirá a mediados del mes de mayo. Sin embargo, ya son evidentes los terribles efectos que se están ocasionando, expresados en el número de fallecidos, enfermos, y las demandas extraordinarias sobre los sistemas de salud. Para actuar con urgencia se requiere, identificar las situaciones de mayor riesgo y las opciones de políticas que deben implementarse prácticamente sobre la marcha. 

En el cuarto mes de la pandemia, ha quedado demostrado con bastante claridad las capacidades de los sistemas de salud para enfrentarla. Aquellos países que establecieron el riesgo con antelación y tenían instalados los mecanismos para identificar casos y contactos, así como el tratamiento especializado de los pacientes complicados, han podido contener los efectos de la pandemia. Entre estos países pueden incluirse al menos Singapur y Corea del Sur. Estos países tienen, después de más de 80 días de pandemia, menos casos por 100.000 habitantes y menos muertes por cada 100 personas con Covid-19 en el contexto global. A pesar de experimentar aumentos recientes en el número de casos, no han tenido que implementar confinamientos nacionales. 

Otros países europeos (España e Italia, por ejemplo) intentaron una fase de contención que se prolongó por varias semanas. Ante el aumento incontrolado de casos, y las posibilidades de que se desbordaran las capacidades del sistema de salud, aprobaron confinamientos parciales que luego se ampliaron a toda la extensión del territorio. Estos países han terminado con seis veces más casos por 100.000 que Singapur, y quince veces más que Corea del Sur. Por cada cien casos de pacientes con Covid-19, en estos dos países la letalidad es cuarenta veces más alta que en Singapur y cinco veces más que en Corea del Sur. Lo cual indica que era posible enfrentar la pandemia con menos afectación a la actividad productiva, pero ello era función de la capacidad de los sistemas de salud para realizar las funciones específicas requeridas en la pandemia. 

En América Latina, un grupo de países han optado hasta la fecha por la estrategia de contención sin aplicar medidas de confinamiento nacional. En Costa Rica y Chile la evolución de casos al 13 de abril, indica que han alcanzado tasas de incidencia acumulada (casos por 100.000 habitantes), superiores a las que tenía España en el mismo período, es decir, con números de días similares de haber reportado el primer caso. Es posible que el mayor número de casos se deba a que se han realizado más pruebas diagnósticas. La capacidad de atención de estos casos diagnosticados en los próximos días será un aspecto clave a monitorear. Por ejemplo, en Chile solo en los últimos cinco días se han diagnosticado 2.000 nuevos casos. Brasil y México adquieren especial importancia en este grupo de países. Por contar con amplias áreas urbanas, la expansión de la pandemia puede adquirir grandes proporciones en estos dos países. Ya en este momento Brasil está cerca de ingresar al grupo de los diez países del mundo con mayor número de casos. 

Más de una decena de países de la región adoptaron la estrategia de confinamiento nacional (con variantes dependiendo del caso concreto). Por ejemplo, El Salvador inició el confinamiento el 22 de marzo, apenas tres días después del reporte del primer caso, cuando solo tenía tres casos totales diagnosticados. Bolivia inició el confinamiento a los 12 días de haber reportado el primer caso. Con la excepción de Argentina, todos los países en este grupo presentaban al 13 de abril tasas de incidencia acumulada (casos por 100.000 habitantes) superiores a las registradas en España en fechas comparables de duración de la pandemia. De especial significación en este grupo son los siguientes países: Panamá, Ecuador, República Dominicana y Perú, todos con tasas de incidencia muy superiores a la de España en períodos comparables. 

Al entrar en la segunda quincena del mes de abril, con la excepción de Argentina y Uruguay, todos los países de la región con más de 400 casos de Covid-19, presentan tasas de crecimiento del número de casos nuevos en los últimos siete días, siendo la más alta la de Perú (80%). Todo indica, en consecuencia, que la tendencia en el aumento de casos se puede hacer más pronunciada. 

Los países de la región confrontarán en las próximas semanas la tarea de atender el creciente número de casos y pacientes complicados, junto con la necesidad de preparar las acciones que permitan la progresiva reducción del confinamiento. Tal como anunció la OMS hace pocas horas, esto supone: (1) haber controlado la transmisión, (2) tener en funcionamiento los mecanismos para diagnosticar y tratar casos, y realizar la detección y seguimiento de contactos, (3) minimizar los riesgos de brotes, (4) contar con medidas de prevención en sitios de trabajo, escuelas, y otros espacios sociales, (5) detectar y manejar los casos importados, y (6) facilitar las medidas de educación de la comunidad. Es difícil imaginar tareas más exigentes y críticas para los sistemas de salud de la región en los días por venir.

Politemas, Tal Cual, 15 de abril de 2020

jueves, 9 de abril de 2020

Resultados iniciales del confinamiento en América Latina

Extraordinarios dilemas confrontan los gobiernos de América Latina en el control de la pandemia por Covid-19. Uno de ellos es la opción de políticas que pueden tomar los sistemas de salud. Se trata de ponderar si se cuenta con las capacidades para detectar casos y tratarlos, sin ejecutar medidas de confinamiento de la población. Esta es la opción que tomaron países como Corea del Sur, Japón, Singapur. En todos se constataron éxitos tempranos en el control, aunque también en todos ellos han resurgido los casos recientemente. De hecho, Japón aprobó en las últimas horas el confinamiento de los habitantes de Tokio hasta el 6 de mayo. 

Un dilema consecutivo al anterior, en los países que optan por el confinamiento, es establecer el tiempo requerido para controlar la mayor cantidad de casos y limitar la sobrecarga de demanda de los servicios de salud, especialmente en las unidades de alta complejidad como las de terapia intensiva. Pero también es fundamental que el confinamiento dure lo menos posible para evitar mayores afectaciones de la actividad económica y social. 

En países europeos, como España e Italia, que han implementado medidas extremas de confinamiento, el tiempo de duración se ha extendido al menos por seis semanas. En España la fecha de finalización propuesta actualmente es el 25 de abril. En Italia todavía no está definida una fecha. En ambos países, la información disponible hasta el 6 de abril, indica que ya presentan una tendencia de reducción de casos nuevos en la última semana (8% en promedio para España y 1,3% en Italia). La situación ideal es que la tendencia de reducción de casos se alcance lo más rápido posible, y que exista el tiempo suficiente para planificar el cese del confinamiento. El anuncio de estas medidas con anticipación, redunda en que todos los actores sociales estén en capacidad de programar la restitución de actividades. 

Once países de América Latina han aprobado medidas de confinamiento nacional hasta la fecha. Otros países han implementado el confinamiento en áreas específicas (Chile y Brasil, por ejemplo). A continuación, se analizan solo los casos de confinamientos de carácter nacional. Debe destacarse que el confinamiento no ha sido homogéneo. Ha habido variaciones de horas, días de la semana, tipos de servicios, entre otros aspectos. Se pueden distinguir tres grupos de países. 

El primer grupo se compone de países que establecieron fechas de finalización del confinamiento y que han procedido a prorrogarlas con antelación. Estos países son Colombia y El Salvador. En el primer país se había fijado que el confinamiento cesaba el 13 de abril. En El Salvador era el 22 de abril. Los gobiernos de estos países han anunciado en las últimas horas que extienden el confinamiento, hasta el 27 de abril en Colombia, y hasta la primera semana de mayo en El Salvador. Es muy probable que en ambos casos haya influido el hecho de que la proporción de casos nuevos ha aumentado en la última semana (4% en Colombia y 8% en El Salvador). El anuncio a tiempo de esta prórroga indica que el seguimiento de la tendencia de casos ha sido tomado en cuenta. 

En Argentina y Bolivia, segundo grupo de países, los gobiernos han indicado recientemente que están considerando la prórroga del confinamiento. En ambos casos se había aprobado que el confinamiento terminara en los próximos días (12 y 15 de abril, respectivamente). En Bolivia el aumento de 28% promedio en el número de nuevos casos, debe ser un aspecto valorado por el gobierno. En Argentina, no se cuenta con el reporte de casos en días recientes en la base de datos de la Universidad Johns Hopkins. 

El tercer grupo está formado por países en los cuales no se ha indicado que están considerando la prórroga del confinamiento. Dos de estos países, Paraguay y Perú, han experimentado aumentos promedio de 87% y 58%, respectivamente, en el número de casos nuevos en la última semana. En ambos países la prórroga debe estar siendo ponderada. La fecha tope vigente es el 12 de abril. En los restantes países del grupo (Ecuador, Guatemala, Panamá, República Dominicana, Venezuela), la información disponible no es suficientemente robusta para el análisis de tendencias, pero todo indica que las actividades de control no garantizan a la fecha que se pueda cesar el confinamiento. 

De acuerdo con lo anterior, es bastante probable que todos los países en confinamiento por el Covid-19 terminen aprobando prórrogas que abarquen hasta finales de mes de abril. Esto significaría que en estos países la paralización podría extenderse por un mínimo de seis semanas. Si a ello agregamos los países que no han optado por el confinamiento nacional (de manera especial Brasil y México), es bastante evidente la severidad de los efectos que puede tener la pandemia en la región en las próximas semanas.

Politemas, Tal Cual, 8 de abril de 2020

jueves, 2 de abril de 2020

América Latina ante el shock de la pandemia

En el transcurso del mes de marzo de 2020 todos los países de América Latina empezaron a registrar casos de Covid-19. Esto es, dos meses después de la notificación de China y un mes después del registro de los primeros casos en países europeos. 

Una referencia de la velocidad en la que se ha propagado la pandemia, se puede tener al comparar la variación en algunos países de acuerdo con la base de datos de la Universidad Johns Hopkins. Por ejemplo, los dos primeros casos de Covid-19 fueron diagnosticados en Italia el 31 de enero. El 29 de febrero ya eran 1.128 casos. Al 30 de marzo el número de casos había aumentado a 101.739. En este momento Italia es el país con mayor número de fallecidos (11.591). En España, el primer caso fue diagnosticado el 1 de febrero. El 29 de febrero el número de casos había aumentado a 45. Para el 30 de marzo el total de casos reportados fue 87.956. En cuatro semanas el número de casos aumentó 100 veces en Italia y 2.000 veces en España. 

Las diferentes velocidades de propagación están relacionadas con las capacidades de los sistemas de salud para detectar y aislar casos, así como identificar contactos y poner en práctica las rutinas de cuarentena y seguimiento. En la medida que estas intervenciones sean más efectivas, la progresión de la epidemia puede reducirse. Es por ello necesario conocer las diferentes expresiones de la propagación, específicamente en los países de América Latina. El objetivo es precisar la capacidad de respuesta de los sistemas de salud ante la pandemia. Para este propósito es útil examinar la tendencia de la pandemia en cada país y comparar con la experimentada en países de referencia, por ejemplo, aquellos que hayan reportado casos con anterioridad. 

El primer país que reportó casos de Covid-19 en América Latina fue Brasil (27 de febrero). Para la fecha, en la mayoría de los países de la región (17 de 20) han transcurrido más de 15 días desde que comenzaron a registrar casos. En todos estos países, con la excepción de Paraguay, el número de casos es superior al que tenían países de referencia (Italia, España, Corea del Sur, Japón, Singapur) en el día comparable de duración de la epidemia. Por ejemplo, los 4.579 casos reportados por Brasil en el día 34 de la epidemia (30 de marzo), son superiores a los 3.089 casos que tenía Italia el 4 de marzo (también día 34 de la epidemia en ese país). Los otros países de referencia tenían muchos menos casos que Italia en ese día. 

Una situación similar se observa con Ecuador. Para el 30 de marzo, día 30 de la epidemia en ese país, el número de casos era 1.962, superior a los 1.128 que tenía Italia en el día 30 de la epidemia. Solo Paraguay, con 64 casos en el día 23 de la epidemia, tenía menos casos que Singapur (67 casos), que era el país con más casos en el grupo de referencia en ese momento. En consecuencia, en números absolutos, 14 países de la región tienen más casos que lo experimentado por los países de comparación en duraciones similares de las epidemias nacionales. 

Es evidente que la magnitud de la epidemia debe tener como referencia la población total de cada país. No es lo mismo 1.000 casos de Covid-19 en un país de 10 millones de habitantes que en uno de 100 millones. Cuando incorporamos este ajuste, por ejemplo, en Argentina encontramos que la tasa de incidencia acumulada de Covid-19 (número de casos por 100.000 habitantes), al 30 de marzo es casi el doble que la que tenía Italia en un período similar. En Chile la tasa de incidencia acumulada es 12 veces superior, en Ecuador 11 veces, y en República Dominicana 8 veces. 

De acuerdo con lo anterior, los sistemas de salud de América Latina no contuvieron el aumento de casos en las primeras semanas de epidemia, como si se pudo hacer en los sistemas de salud de referencia, aunque en este grupo Italia y España experimentaron aumentos de casos muy superiores a los de Japón, Corea del Sur y Singapur. El hecho de que la tasa de incidencia acumulada sea superior a la experimentada por los países de referencia, indica que, de mantenerse esa tendencia, también será mayor la población afectada. La implementación de las medidas de cuarentena tiene por objetivo evitar que siga aumentando el número de casos. Sin embargo, tal como ha sido la experiencia de Italia y España, los resultados no se manifiestan de manera inmediata. 

En las próximas semanas, dados estos condicionantes, los sistemas de salud de la región experimentarán una mayor presión por atender pacientes, sean complicados o no complicados, pero también deberían fortalecer los equipos de seguimiento epidemiológico. Esta medida es clave para que la reducción de casos se realice en el menor tiempo posible. Manejar este inmenso shock que representa la pandemia es probablemente el reto más significativo al cual se han enfrentado los sistemas de salud de la región en el último siglo.

Politemas, Tal Cual, 1 de abril de 2020

jueves, 26 de marzo de 2020

Lecciones de Corea del Sur para controlar el Covid-19 en América Latina

En este momento, de los diez países con más casos de coronavirus (Covid-19), Corea del Sur tiene la tercera tasa de letalidad más baja del grupo, solo mayor que las de Alemania y Estados Unidos. Esto significa que, por cada 100 casos de la enfermedad, se registran 1,3 defunciones en Corea del Sur. Esta tasa es siete veces menor que la de Italia y cinco veces menor que la de España. También debe señalarse que países con mayor poder de compra per cápita que Corea del Sur, como el Reino Unido, Francia y Suiza tienen mayores tasas de letalidad por Covid-19. De tal forma que la diferencia en desempeño debe estar basada en la manera de hacer las cosas, más que estrictamente en los recursos disponibles. 

Para tener una idea del impacto de las medidas de control tomadas por Corea del Sur en el primer mes de epidemia, se puede comparar con lo experimentado por Brasil en un período similar. El primer caso de Covid-19 en Corea del Sur fue diagnosticado el 20 de enero de 2020. Para el 19 de febrero se habían reportado 31 casos. En Brasil se reportó el primer caso el 26 de febrero. Si la evolución de casos hubiera seguido la tendencia de Corea del Sur, entonces Brasil tendría para la fecha 120 casos (haciendo el ajuste por la diferencia en población). Sin embargo, al día de hoy el número de casos de Brasil es 1980, es decir, 17 veces más que Corea del Sur. Es evidente que, en esta tendencia, no muy diferente a la experimentada en otros países de América Latina, la progresión de casos será dramática. 

Es fundamental, en consecuencia, a partir de la experiencia de Corea del Sur, extraer con la mayor urgencia los aprendizajes que pueden aplicarse en América Latina. Al menos cinco lecciones son de gran relevancia. 

La primera corresponde a la preparación antes de la aparición de la pandemia. Corea del Sur fue afectada por las epidemias de SARS (2002-2003) y MERS (2012). Como resultado, el país actualizó la legislación para incorporar innovaciones en el tratamiento de las cuarentenas y aislamientos, y modernizar los procesos de toma de decisión en el manejo de epidemias. También se establecieron mecanismos para la movilización de recursos para el sistema de salud en emergencias, y se otorgó prioridad a la formación de recursos humanos en epidemiología y enfermedades infecciosas. De la misma forma, se mejoró la vinculación entre el gobierno nacional y los gobiernos locales y el sector privado. En consecuencia, la notificación por parte de China a finales de 2019 de la epidemia de Covid-19, fue asumida por Corea del Sur en mejores condiciones institucionales que en las anteriores epidemias por otros coronavirus. En líneas generales, los sistemas de salud de América Latina no están en condiciones comparables para enfrentar estas situaciones. No tanto por los recursos que ello supone, sino por la previsión de estos aspectos en el mediano plazo. 

La rápida respuesta de Corea del Sur en los primeros días de este año, cuando todavía no se habían registrado casos en su territorio, es la segunda lección a tomar en cuenta. El gobierno consideró a la ciudad de Wuhan como área de propagación de casos de Covid-19. Se inició la realización de controles de temperatura y síntomas respiratorios a las personas procedentes de esa ciudad. También se definieron los protocolos a ser seguidos luego de la detección de casos y se constituyó un comité para liderar la emergencia dependiente del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Corea del Sur. Pocos días después se amplió esta previsión a todas las personas provenientes de China. Otra medida clave fue el contacto del gobierno nacional con las empresas que pudieran elaborar las pruebas para diagnóstico de Covid-19. Como resultado, el país generó la capacidad para producir 100.000 pruebas diarias, al punto que en este momento se pueden exportar a 17 países. En otras palabras, la búsqueda de casos fue asociada con la consiguiente toma de decisiones. 

En América Latina, los casos de Covid-19 comenzaron a ser diagnosticados a finales de febrero de este año. En el escenario más positivo, esto significaría que estaban en ejecución los respectivos protocolos para la detección de casos. Sin embargo, los acontecimientos de las últimas semanas, especialmente el aumento exponencial de los casos, y las noticias sobre la limitada disponibilidad de pruebas, indica que las previsiones no fueron tomadas para realizar el rápido despistaje de casos. También sabemos que, en la primera semana de marzo, cuando solamente se habían reportado 15 casos en toda la región, nueve ministerios (sobre un total de 20) no habían colocado en las respectivas páginas web los protocolos para el tratamiento clínico de los casos. Una semana más tarde ningún ministerio de la región tenía colocado en las páginas web el plan adecuado para enfrentar la pandemia. 

De manera que, en la gran mayoría de los países de la región, se empieza a registrar este aumento extraordinario de casos sin haber cumplido las fases anteriores. El hecho de que el diagnóstico de casos haya ocurrido casi dos meses después de la notificación de la epidemia por parte de China, significa que se contó con tiempo prudencial para haber diseñado los protocolos y planes. Esa era la “ventana de oportunidad” a la cual se refería insistentemente la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lamentablemente, tal pareciera que esa ventana no fue aprovechada adecuadamente. 

Estos rezagos pueden explicar las condiciones en las cuales los sistemas de salud de la región empiezan a enfrentar la aparición de casos. En Corea del Sur la preparación detallada facilitó que el sistema de salud identificara los primeros casos y dispusiera las medidas de aislamiento y cuarentena de contactos, complementado con la realización masiva de pruebas diagnósticas. Los brotes que se presentaron en algunas ciudades fueron controlados rápidamente con la aplicación de restricciones del transporte público, cancelación de eventos sociales, retraso en el comienzo de las actividades escolares. Los resultados de las pruebas diagnósticas permitieron separar a los pacientes con sintomatología moderada en servicios de salud para esa condición, con lo cual se pudo reservar los servicios de mayor complejidad para los pacientes complicados. El efecto combinado de estas medidas puede explicar la baja tasa de letalidad ya señalada. 

En el caso de América Latina, la tasa de crecimiento de los casos indica que la posibilidad de seguimiento de contactos está superada en las primeras de cambio. De allí que sea urgente dar prioridad a estas actividades. Esto significaría tomar medidas urgentes para incorporar personal de salud que pueda identificar contactos y obtener las muestras para la confirmación de diagnósticos. Es bastante evidente que la calidad de este proceso es lo que determinará el tiempo de control de la pandemia, incluso con la realización de cuarentenas como ya existe en varios países. 

Una cuarta lección de Corea del Sur ha sido el desarrollo de alternativas tecnológicas (aplicaciones, mecanismos prácticos para la realización de las pruebas diagnósticas, entre otras) que ha permitido vincular la información de cada persona al seguimiento de la pandemia. En este aspecto los gobiernos de la región pueden implementar programas de cooperación con empresas y universidades. En la medida que se pueda identificar caso a caso, contacto a contacto, y que el manejo de esa información esté vinculado a la toma de decisiones, aumenta las posibilidades de mejorar el control. 

Facilitar información a la población de manera continua y rápida, es la quinta lección de Corea del Sur. Esto supone que los gobiernos, organizaciones sociales, empresas, servicios de salud públicos y privados, universidades, promuevan la generación y utilización de información que permita controlar la pandemia. Algunos países de la región tienen excelentes antecedentes en estas iniciativas, su aplicación al ámbito específico de la pandemia por Covid-19 es quizás una de las tareas más apremiantes en la región. 

En la actualidad, dada la evolución de la pandemia en cada uno de los países de la región, las perspectivas son preocupantes. La experiencia exitosa de Corea del Sur es referencia de utilidad para que cada país tenga a la brevedad una estrategia definida, práctica, con la respectiva asignación de recursos, que evite la mayor cantidad de casos, muertes y sufrimiento en América Latina.

Politemas, Tal Cual, 25 de marzo de 2020

viernes, 20 de marzo de 2020

Lecciones de Singapur para controlar el coronavirus (Covid-19) en América Latina

Hasta la fecha, en Singapur se han reportado 266 casos de coronavirus (Covid-19), sin ningún fallecimiento. Siendo que el primer caso fue diagnosticado en ese país casi dos meses atrás, es altamente significativo que el control implementado haya permitido reducir los casos y evitar muertes. Especialmente si se compara con países de América Latina, tales como Brasil y Chile, en los cuales el registro de casos ha alcanzado más de 200 en menos de dos semanas. 

La comparación con países muy diferentes, en términos sociales y económicos, como es el caso de Singapur, es muchas veces subestimada. Se aduce que las condiciones son muy diversas, que la disponibilidad de recursos no es similar, entre otras consideraciones. En el caso de Singapur también se agrega que sus particulares rasgos geográficos y de densidad poblacional, impiden establecer puntos de coincidencia con países de América Latina. 

A pesar de estas reales diferencias, existen elementos que permiten extraer lecciones que pueden ser aplicadas en nuestros contextos. En primer lugar, Singapur ha alcanzado notables logros económicos y sociales a través del tiempo. Por ejemplo, solo para tomar la cobertura de protección financiera en salud, puede observarse que el gasto que deben sufragar las personas con sus recursos propios (llamado también “gasto de bolsillo”) se ha reducido de 48% en el año 2000 a 32% en 2017 (último año de información por parte de la OMS), una de las cifras más bajas en Asia. Esto es, la introducción de cambios de políticas es una práctica continua en Singapur. Por otra parte, la población del país alcanza es cercana a los 6 millones de habitantes, similar a la de algunos países de nuestra región. Es decir, que las diferencias señaladas pueden estar relacionadas con características de la toma de decisiones, más que con factores pre-determinados. 

Singapur está muy vinculado con China (330.000 personas llegan de este país cada mes), lo cual tiene notables implicaciones, incluyendo en los aspectos sanitarios. La epidemia de SARS de 2003, originada en China, ocasionó 33 muertes en Singapur. Desde ese momento, el sistema de salud tomó decisiones para impedir que se repitiera una situación similar. Una de ellas fue la creación de Centro de Enfermedades Infecciosas y el Laboratorio Nacional de Salud Pública. También se aumentó el número de camas de aislamiento en el sistema público, así como la dotación de los equipos de protección y tecnologías requeridas para enfrentar epidemias. De igual forma se diseñaron los mecanismos de coordinación inter-institucional para actuar en situaciones de emergencia. El país también asumió la tarea de fortalecer sus capacidades en el manejo de enfermedades infecciosas. 

El reporte del Covid-19 el 31 de diciembre de 2019 por parte de China, encontró a Singapur en condiciones adecuadas para implementar las acciones requeridas. El 2 de enero el Ministerio de Salud notificó a todos los médicos que estuvieran alertas sobre casos de neumonía en pacientes que procedieran de Wuhan. Al día siguiente, se inició la medición de temperatura a los viajeros procedentes de China. También se constituyó el Equipo Interministerial a cargo de coordinar las acciones contra la epidemia en todos los ámbitos. 

Como producto de esta fase de preparación, el 23 de enero se detectó el primer caso de Covid-19 en Singapur. A partir de ese momento se realizó la identificación rigurosa y cuarentena de los contactos de casos confirmados. También se impusieron restricciones de entrada al país a las personas que hubieran viajado a China en los 14 días previos. Aproximadamente 700 viajeros de Hubei fueron colocados en cuarentena, y autorizados permisos de trabajo por 14 días a los nacionales de Singapur que regresaran de China. A todos los casos sospechosos se les realizó el test para descartar el diagnóstico. 

Como producto de estas medidas, y el seguimiento estricto de los casos, se logró reducir la cantidad de personas contagiadas y evitar los fallecimientos. De manera que el éxito de Singapur en el control de la pandemia por Covid-19 es producto de acciones deliberadas, incorporadas en un plan de trabajo sistemático a través de más de quince años. Las dimensiones de estas inversiones son perfectamente compatibles con la disponibilidad de recursos en los países de América Latina. Que no se hayan realizado no es un efecto fatalista, es más bien la consecuencia de no haber tomado las medidas adecuadas cuando era pertinente. 

El hecho de que dos meses después de anunciada la epidemia por las autoridades chinas, todavía existan países de la región que no cuenten con los planes y recursos requeridos, está vinculado más a la ausencia de previsión y prioridades que a brechas insalvables con respecto a las buenas prácticas en el ámbito global. La experiencia de Singapur en el control del Covid-19 ilustra que las políticas exitosas son más bien expresiones de rutinas (planificar, asignar recursos, monitorear) que de acciones surgidas de la emergencia y la improvisación. Ojalá se esté a tiempo para tomar en cuenta las lecciones de Singapur, y así evitar casos y muertes por Covid-19 en los ciudadanos de América Latina.

Politemas, Tal Cual, 18 de marzo de 2020

lunes, 16 de marzo de 2020

¿Tienen los gobiernos de América Latina planes contra el coronavirus?

En el transcurso de la última semana, seis países de América Latina han comenzado a reportar casos de coronavirus (Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú, Paraguay). Esto significa que ya son diez países de la región con casos reportados. La tendencia que se manifiesta en países europeos, especialmente Italia, España, Alemania, Francia, indica que el número de casos se incrementará significativamente en las próximas semanas. En aquellos países en los cuales no se han reportado casos es muy probable que se comiencen a diagnosticar pronto. 

Las probabilidades de que la transmisión se extienda a toda la región son bastante altas. En consecuencia, la pregunta es más bien si las autoridades responsables de la salud pública, están en las mejores condiciones para enfrentar la transmisión del coronavirus. Desde la aparición de los primeros casos en China, a finales del año pasado, y especialmente desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional, se ha insistido en la importancia de que las autoridades de salud preparen los planes de contingencia contra el coronavirus. Según documentos elaborados por OMS, estos planes deben elaborarse antes de se presenten los primeros casos de infección por coronavirus. 

Planes de contingencia de esta naturaleza, para enfrentar una infección inédita deben tener dos características básicas. La primera es que deben adaptarse a las condiciones concretas de la prestación de los servicios de salud, es decir, contener el inventario detallado de los recursos con los que se cuenta, y estimar el probable impacto de la transmisión del coronavirus, asumiendo varios escenarios dependiendo de la evolución ya conocida en otros países. La segunda característica es detallar los requerimientos, en términos de recursos humanos, insumos, camas para distintos tipos de hospitalización, entre otros aspectos. Sin esas características, los planes pueden terminar siendo una lista detallada de procesos sin mayor contenido para enfrentar de manera flexible y adecuada la epidemia por coronavirus. También estos planes deben ser del dominio público, para facilitar la información de todas las instancias gubernamentales y no gubernamentales que interactúan en el control de la epidemia. Y, finalmente, la elaboración de estos planes es el requisito para solicitar a los órganos legislativos los recursos adicionales, o realizar los cambios requeridos en el presupuesto público. 

Idealmente, para la fecha, todos los países de la región deberían tener elaborados estos planes de contingencia. Y también deberían estar colocados en los respectivos sitios web de los ministerios de salud de la región. El tiempo transcurrido desde la aparición de la epidemia en China ha sido lo suficientemente largo para realizar estos planes. Es la “ventana de oportunidad” que ha mencionado reiteradamente el Dr. Tedros Ghebreyesus, Director de la OMS. 

A tal afecto, se examinaron los sitios web de 16 ministerios de salud de la región (en cuatro países los sitios web no estaban disponibles). Solo en cinco países se constató la existencia de un documento con el título de plan para enfrentar al coronavirus o similar (Argentina, Chile, Guatemala, Panamá y Paraguay). Sin embargo, en ninguno de esos documentos se menciona la situación actual y el impacto previsible que podría generar la epidemia de coronavirus en la demanda de servicios de salud. Tampoco existe la estimación de los recursos presupuestarios adicionales. Solamente en Guatemala se menciona el inventario de recursos humanos y de servicios, pero sin estimar las variaciones previsibles. 

La conclusión es bastante directa. Los países enfrentarán la epidemia de manera reactiva, sin los mecanismos de flexibilidad y seguimiento requeridos en la ejecución de un buen plan, y sin los recursos adicionales bien estimados. Ojalá sea que esos documentos verdaderamente existen, pero que no están colocados en los sitios web de los ministerios. A pesar de lo inédito de la epidemia, los conocimientos para enfrentarla están disponibles en todo el mundo, la experiencia de otros países demuestra que es posible. Pero para que se tenga éxito, y se puedan evitar la mayor cantidad de casos y muertes, hace falta un buen plan. Como en tantos problemas públicos, termina siendo el gran ausente. En este caso, puede ser una ausencia de consecuencias muy lamentables para los ciudadanos de América Latina.

Politemas, Tal Cual, 11 de marzo de 2020

¿Cómo se prepara América Latina contra el coronavirus?

Al momento de escribir (3 de marzo de 2020), se han reportado casos de Covid-19 (coronavirus 2019) en 76 países, según la información del sitio web del Centro de Sistemas de Ciencia e Ingeniería (CSSE) de la Universidad Johns Hopkins. El número de casos en el mundo es 92.132. El 86,9% de los casos (80.151) corresponden a China. Los siguientes países con mayor número de casos son: Corea del Sur (5.186), Irán (2.336), Italia (2.036), y Japón (283). En América Latina se han registrado casos en Ecuador (7), México (5) Brasil (2), República Dominicana (1). 

Aunque el cálculo de la tasa de letalidad en estos momentos no es un reflejo fidedigno, porque es posible que existan casos no reportados en cantidades significativas, al menos ofrece una muestra de las diferencias de las manifestaciones en los países. La letalidad expresa la proporción de muertes sobre el total de casos. En China la tasa de letalidad es 3,6%, es decir, poco menos de cuatro fallecidos por cada 100 enfermos. Sin embargo, en Corea del Sur la tasa de letalidad es 0,5%, mientras que en Irán es 3,2%. Estas diferencias, especialmente entre Corea del Sur e Irán, indican las características peculiares de los sistemas de salud y las desiguales capacidades que tienen para el diagnóstico precoz y el tratamiento efectivo. En el caso de China, dada la magnitud del número de casos, debe pasar un tiempo para conocer con más exactitud cuántas personas padecieron la enfermedad en forma leve sin que fueran reportadas. 

La magnitud de la presencia del Covid-19 en todos los continentes es indicativo de que es cuestión de tiempo que se reporten casos en un mayor número de países. De manera que la pregunta es más bien cómo prepararse para enfrentar efectivamente la epidemia de Covid-19. La experiencia en el manejo de la enfermedad que ha desarrollado el sistema de salud de China, constituye una referencia para la organización de la preparación, especialmente en el ámbito de América Latina. Hasta la fecha, según reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las autoridades chinas han elaborado al menos seis protocolos o lineamientos para controlar la epidemia y tratar los pacientes. Estos protocolos se han actualizado en función de los nuevos conocimientos adquiridos desde finales del año pasado. Lo más probable es que estos protocolos se seguirán actualizando en las próximas semanas o meses. 

Una buena forma de conocer el grado de preparación de los países de América Latina, con respecto a Covid-19, es indagar si se han elaborado estos protocolos, y si se han dispuesto para el conocimiento de la población en general y para los equipos encargados del control y tratamiento. En esta época de masivo uso de la internet, sería deseable que todos los ministerios de salud de la región hayan colocado en los respectivos sitios web información general sobre Covid-19, y especialmente los protocolos para la detección de casos, y el tratamiento clínico y epidemiológico. La referencia de los países que están enfrentando la mayor cantidad de casos es de especial utilidad. También es deseable que se hayan constituido equipos técnicos nacionales, con la participación de especialistas clínicos, de salud pública, de ciencias de la información, entre otras áreas, para realizar la asesoría en la medida que evolucionen las circunstancias en cada país. 

Al explorar en los sitios web de los países de la región (20 en total), se pudo constatar que los protocolos de atención han sido colocados por nueve países. En otros nueve países (Bolivia, Chile, El Salvador, Guatemala. Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú) no se encontraron protocolos para atención de Covid-19 en los respectivos sitios web. En dos países (Cuba y República Dominicana), los sitios web no se encontraban activos al momento de la revisión. 

Es perentorio que en los próximos días todos los ministerios coloquen estos protocolos para la utilización de la población y de los especialistas. Este paso es de especial valor porque permite armonizar pautas y evitar demoras en el diagnóstico y manejo de los casos de Covid-19 que se puedan presentar. Por supuesto, la mera elaboración de los protocolos no es garantía de éxito contra la epidemia. También se requiere que los recursos (humanos, insumos, transporte, de diagnóstico, entre otros) estén disponibles y en funcionamiento. Pero como en toda tarea exigente, el diseño del plan y las rutinas de acción son los primeros pasos para lograr el objetivo. La demostración será que los casos de Covid-19 sean detectados rápidamente, tratados efectivamente, y que se reduzca al mínimo la propagación de la enfermedad. La prueba para los ministerios de la salud de la región está en curso.

Politemas, Tal Cual, 4 de marzo de 2020