martes, 2 de mayo de 2017

Gobierno de violencia

Llegará un día, más temprano que tarde, en que el actual gobierno será cesado por lo venezolanos, a través de los medios democráticos y constitucionales. Con el paso del tiempo es bastante evidente que este largo gobierno decidió desde el principio cómo quería que se le recordara. Antes que ser el gobierno del “bienestar” o de la “prosperidad”, o de la “paz”, prefirieron ser “gobierno de violencia”. Con esa marca han dejado una huella de mucho sufrimiento para todos los venezolanos, una marca de división, una marca de maldad.

El gobierno se inauguró, allá por 1999, con una gran muestra de violencia institucional. Su propia constitución, por la que se convocó una Asamblea Nacional Constituyente, fue violentada cuando no tenía ni una semana de vigencia. El nombramiento de los poderes públicos contradiciendo lo establecido en el texto constitucional, significó la anulación del equilibrio de poderes y el monopolio de las decisiones de Estado por parte de un sector de la sociedad. Lo que hemos vivido desde diciembre de 1999, con esa decisión, ha sido el resultado de la anulación violenta de un acuerdo constitucional. La violencia se hizo presente a través de las maniobras y el sectarismo.

Luego el gobierno dejó que la violencia aumentará de manera exponencial en el país. Antes que controlar y disminuir la violencia, como se hace en los países democráticos y modernos, el gobierno permitió, a través de la negligencia, la pasividad, que el crimen se hiciera cotidiano. Los órganos de protección de los ciudadanos lucían inermes. Para remate, desde las más altas instancias del Poder Ejecutivo se enviaron mensajes complacientes y muchas veces justificativos de la violencia. Peor aún, se promovió la creación y desarrollo de grupos civiles que empezaron a recibir instrucciones y recursos para sustituir a las instancias del propio Estado. La violencia que hemos sufrido en los últimos días está relacionada con esas decisiones realizadas muchos años atrás.

Una nueva fase de la violencia fue contra los adversarios políticos. Líderes de la oposición han sido perseguidos, obligados a marcharse del país, otros se encuentran en la cárcel, alejados por años de sus familias, limitados en el ejercicio de sus derechos políticos. Es la violencia desencadenada desde el poder para callar a la disidencia. También han corrido la misma suerte medios de comunicación y organizaciones civiles. Muchos directivos de estas instancias tienen prohibición de salida del país, sufren vejámenes y ofensas. Es la violencia ejercida sin ninguna consideración.

En las últimas semanas, la violencia se ha hecho más anárquica. Son los propios órganos de seguridad del Estado los que agreden a ciudadanos que manifiestan en el ejercicio de sus derechos políticos. Estas agresiones coinciden con otras realizadas por bandas armadas, consolidadas en el marco de un Estado muchas veces cómplice. Las muertes sucedidas en estos días, más de treinta hasta este momento, son la demostración de la tragedia que vive el país, de lo que produce la violencia cuando se deja crecer y proliferar.

Especial mención debe recibir la Fuerza Armada Nacional, la cual está obligada a velar por la seguridad y protección de todos los venezolanos. Muchas de las consecuencias de esta violencia que vivimos está relacionada por la manera como el liderazgo de la Fuerza Armada Nacional ha tomado partido, no ha visto a todo el país, ha desvirtuado su papel profesional de garantía y respeto a los derechos de todos los venezolanos.

Por todas estas razones este gobierno será recordado como un “gobierno de violencia”. Tiene otras muchas características negativas, pero aquella que pone en peligro la vida y la integridad de los ciudadanos que habitan este país, es la que probablemente marcará más el juicio que recibirá este largo gobierno por parte de la Historia. De allí que sea cada día más urgente que cese la actual gestión por la voluntad democrática de los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 26 de abril de 2017

Fusiles para un país con hambre

Así, con todas sus letras. En un país que se encuentra en la peor crisis social de su historia, con más de la mitad de los hogares con ingresos que no permiten comprar los alimentos del día, se anuncia que el gobierno ofrece fusiles, 500.000 fusiles exactamente. Es bastante difícil encontrar una separación más grande entre la situación concreta de los venezolanos y un anuncio gubernamental.

Ya en el cuarto mes del año, las condiciones de la economía no dejan de empeorar. No se ha aprobado ninguna medida de política económica que atienda los grandes desequilibrios que se confrontan desde hace varios años. Las condiciones sociales se deterioran día a día, en la medida que la inflación afecta gravemente a toda la población, pero de manera especial a aquellos que no tienen ningún mecanismo para ajustar el ingreso, vale decir más del 80% de la población.

La desvinculación del gobierno con estas realidades es cada día más notoria. De hecho, prácticamente todos los anuncios del gobierno en las últimas semanas se han concentrado en temas políticos, y, dentro de ellos, los relacionados con el mundo militar. Se puede inferir que la naturaleza de la crisis poco importa en términos de los objetivos de la actual gestión. También se deduce que el gobierno ha pasado a un modo de sobrevivencia, en el cual poco cuenta la discusión y aprobación de políticas que atiendan la gravedad de la situación.

Todo lo cual demuestra una vez más las razones por las cuales el gobierno actual tiene el peor desempeño en la gestión pública del planeta. Es bastante evidente que al gobierno poco le interesa ya la calidad de las políticas ni sus objetivos. Se trata sencillamente de mantener el poder sin ninguna otra preocupación. 

En esas condiciones conviene examinar la perspectiva que se tiene para los próximos meses. Es decir, ¿cuáles son las implicaciones que tiene esta situación de práctico abandono de las funciones gubernamentales? ¿qué podemos estimar con lo que ya sabemos de la evolución de las condiciones de vida de los venezolanos? Todas las respuestas son negativas. En los topes ya alcanzados de deterioro de los ingresos, es bastante probable que la tendencia siga afectando de manera especial a los sectores sin empleo formal. Lo cual significa que probablemente aumente la población en pobreza extrema. 

El siguiente efecto que puede estimarse es el aumento en la proporción de la población que se encuentra en pobreza estructural. Es decir, aquellas familias que estarán más limitadas para superar la pobreza. Esto es característico en las familias en las cuales han dejado de asistir a las escuelas los estudiantes de primaria o secundaria. Esta proporción de familias prácticamente se ha duplicado entre 2014 y 2016, al pasar de 16% a 31%. Por ello es bastante probable que aumente la desigualdad debido a que la brecha con respecto a las familias más pobres será mayor.

En estas circunstancias el anuncio de los fusiles debe motivar una reflexión profunda en el país. Las implicaciones éticas y sociales, especialmente por la vulneración de las condiciones de vida de las familias más pobres, son absolutamente dramáticas. El gobierno nuevamente ha demostrado que sus palabras y hechos solo aumentan el sufrimiento de los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 19 de abril de 2017

Inhabilitado está el gobierno

Es bastante irónico que el gobierno que ha sido inhabilitado por los venezolanos, aparezca de pronto impidiendo el ejercicio de derechos políticos. Una somera mirada a las mediciones de opinión público muestra que el actual gobierno fue inhabilitado por los venezolanos desde hace tiempo. La gran mayoría de los ciudadanos considera que el gobierno no tiene las competencias para ejercer la conducción del país. Más aún, lo que esa gran mayoría desea es la oportunidad de ir a los centros electorales para expresar la opinión de que este gobierno debe cesar en su ejercicio. Y esa es la razón por la cual este gobierno se niega a cumplir con lo estipulado para que se realicen las elecciones previstas en la Constitución. 

Este gobierno ha sido inhabilitado porque su gestión es la más incompetente en el siglo XXI en el mundo. No solamente ha introducido la división y la polarización de la vida de los venezolanos, también ha aniquilado sistemáticamente la institucionalidad democrática. La Constitución que fue bandera de este largo gobierno, hoy está fuera de vigencia. En los casi 18 años transcurridos desde su aprobación, el gobierno se ha encargado de eliminar en la práctica todas las disposiciones que consagraban la vigencia del Estado de Derecho. No existe equilibrio de poderes, las cárceles tienen a cientos de venezolanos recluidos por causas políticas, la Asamblea Nacional ha sido despojada de sus competencias constitucionales. Todas las formas y prácticas de una democracia funcional han sido transgredidas.

También ha sido inhabilitado este gobierno por su visión ideológica, atrasada y profundamente limitada. Por haber creído que era posible tomar el control del Petro-Estado y resolver todo por añadidura. Este gobierno más bien quiso controlar la riqueza derivada del petróleo para controlar el Estado, como objetivo central de su gestión. Es por ello que procedió a enfrentar progresivamente todas las instancias sociales fundamentales: al sector productivo, a los sindicatos, a la Iglesia, a las universidades autónomas, a las organizaciones de DD.HH., a las organizaciones de pacientes, a todos aquellos que disentían de esta visión ideológica. Aparte del error de creer que solo la riqueza petrolera puede garantizar el bienestar de los venezolanos, el gobierno ha terminado destruyendo capacidades institucionales y productivas.

La inhabilitación está asociada con la ejecución por parte de este gobierno de la destrucción productiva más grande que se haya producido en el mundo en el siglo XXI. Se ha comprometido la viabilidad económica y financiera de la República. El país está en el cuarto año de la peor recesión experimentada en América Latina en toda su historia, con el cuarto año seguido de la inflación más alta del mundo, y la más alta en América Latina en los últimos 25 años. No existe peor política económica en el planeta en este momento que la de este gobierno.

La mayor cuota en esa inhabilitación la tiene el deterioro en las condiciones de vida de los venezolanos. Se ha producido la mayor reducción de bienestar de un país de la manera más abrupta en los últimos 50 años en América Latina. La pobreza total por ingresos alcanza al 82% de los hogares, y la extrema pobreza al 52%. Es decir, 16 millones de venezolanos no tienen ingresos para comprar la comida del día. Casi 10 millones de venezolanos comen máximo dos veces al día. Si hay algún gobierno inhabilitado en este momento es el venezolano. Ya todo el mundo lo sabe.

Politemas, Tal Cual, 12 de abril de 2017

domingo, 9 de abril de 2017

Sin orden constitucional desde 1999

Las sentencias aprobadas por la Sala Constitucional del TSJ la semana pasada, han colocado al país en una nueva fase de deterioro democrático. La consecuencia más directa de ambas sentencias es suprimir a la Asamblea Nacional como poder público. La “corrección” de las sentencias, a través de mecanismos completamente fuera de toda formalidad constitucional, deja más evidente grandes carencias en el respeto a las normas y procedimientos. La situación ha ameritado la expresión de organismos internacionales denunciando la vulneración del “orden constitucional” en el país.

Pudiera quedar la impresión de que esta situación es una arremetida del actual gobierno a partir de octubre de 2016, cuando se eliminó la opción del referendo revocatorio, y que ha continuado con la ausencia de cronograma electoral para todos los niveles de representación. Sin embargo, debe destacarse que lo sucedido es consecuencia de una decisión tomada hace casi 18 años cuando se procedió al nombramiento de los Poderes Públicos sin seguir lo estipulado en la Constitución aprobada el 15 de diciembre de 1999 en referéndum nacional. Los efectos de la Tragedia de Vargas habían dejado al país en completo shock. A la semana siguiente de la aprobación de la Constitución, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) asumió el nombramiento de los miembros del Tribunal Supremo de Justicia, del Consejo Nacional Electoral, así como los representantes de la Fiscalía y la Contraloría, sin apego a lo establecido en la Constitución.

Todo lo que ha pasado en Venezuela desde ese momento, es consecuencia de esa ruptura del orden constitucional en esa fecha. Claro, en aquel momento otra era la conformación de fuerzas políticas. El gobierno había logrado un notable respaldo popular, y se habían puesto en marcha mecanismos que subestimaron la fuerza electoral de los sectores adversos. De tal forma que la representación en la Asamblea Nacional Constituyente no se correspondía con la votación real de los sectores opositores. 

A partir de esa decisión, se generó una coincidencia entre los objetivos del gobierno y las posibilidades que brindaba la pérdida del equilibrio de poderes. Entre 1999 y 2015, exactamente 16 años, esta alianza de poderes fue el instrumento para alterar todas las disposiciones constitucionales contrarias al objetivo de controlar al gobierno y a la sociedad. Entonces, no estamos hablando de una alteración de corta evolución, estamos en presencia de un deterioro constitucional de casi dos décadas.

El triunfo de la Unidad en la elección de la Asamblea Nacional en diciembre de 2015 ocasionó el cese de esa alianza férrea de poderes públicos. Por primera vez un poder público pasaba a estar en manos de un sector político adverso al gobierno. A partir de esa elección, se ha pretendido anular la capacidad de la Asamblea Nacional para ejercer todas sus facultades constitucionales a través de las sentencias del TSJ y con el pleno apoyo de los restantes poderes públicos. Es por ello que lo que está en juego no son los efectos de las decisiones recientes del TSJ, sino la reversión completa de todas las decisiones que han anulado en la práctica lo que significa la Constitución de 1999 como garantía de los derechos de todos los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 5 de abril de 2017

La mayor desprotección en América

La cobertura universal se ha convertido en el principal objetivo de los sistemas de salud del mundo. En aquellos países que han alcanzado un alto nivel de desarrollo, lo fundamental es mantener la alta cobertura especialmente ante el aumento de la expectativa de vida, y los costos crecientes de la atención a la salud. En los países de menor desarrollo es mucho más complicado. Se trata de alcanzar la cobertura universal en un escenario más difícil desde el punto de vista económico, y con las mismas tendencias en cuanto al envejecimiento de la población y el aumento de las inversiones requeridas.

De allí que alcanzar la cobertura universal de salud supone tanto la prestación de servicios como garantizar que todas las familias cuenten con la protección financiera para sufragar los costos. Es por ello que la protección financiera de las familias se convierte en un eje central de la cobertura universal de salud. Se trata de evitar que las familias deban asignar una proporción muy alta de los ingresos para los servicios de salud, así como impedir que en algunas circunstancias se afecte de manera permanente la sostenibilidad económica del hogar. Dada las características de la prestación de servicios de salud, el rol de los gobiernos, a través de la asignación de recursos públicos, se convierte en un requisito clave para alcanzar la cobertura universal salud.

En este contexto es totalmente dramática la situación de desprotección financiera que afecta a las familias venezolanas. De acuerdo con los últimos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2014, casi el 65% del gasto en salud en Venezuela fue realizado por las familias, con lo cual se convierte en el gasto de bolsillo más alto de América. Los mismos datos señalan que el gasto de bolsillo en Venezuela es uno de los más altos del mundo.

Datos obtenidos a través de la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI), realizada por especialistas de la UCV, UCAB, USB en 2016, indican que 63% de la población no cuenta con un plan de seguros de salud. Esta cifra representa un aumento de 10% con respecto a la obtenida en ENCOVI 2015. Más aún, cuando se toma en cuenta el nivel de recursos de las familias, se constata que la falta de plan de seguro de salud alcanza casi al 90% de la población en el estrato social de menores recursos. También se constata que el 20% de la población en uno de los estratos de mayores de recursos perdió la cobertura de seguro de salud entre 2015 y 2016. 

Los datos anteriores confirman una terrible tendencia: Venezuela ha experimentado la mayor privatización de la salud que se ha producido en América en el siglo XXI. Esta tendencia está acompañada por uno de los gastos de salud per cápíta del gobierno más bajos de América (solo superado por Haití y Guatemala). Es por ello que la desprotección financiera de salud de los venezolanos es la mayor en América. No hay forma de negarlo.

Politemas, Tal Cual, 29 de marzo de 2017

domingo, 26 de marzo de 2017

La brecha educativa

La medición del desempeño de los estudiantes en muchos países del mundo dejó de ser un misterio. Gracias a los esfuerzos de la OECD en las últimas dos décadas, a través del programa de evaluación de estudiantes, conocido como PISA por sus siglas en inglés, se dispone de datos para comparar la educación en 72 países en 2015 (última medición disponible). Los resultados de las pruebas de 540.000 estudiantes de 15 años fueron procesadas para obtener el rendimiento en lectura, matemáticas y ciencia.

Los cinco primeros lugares en matemáticas fueron ocupados por Singapur, China, Taiwán y Japón. Ante las tendencias en la creación de conocimientos en el contexto global, expresadas en la generación de bienes y servicios que demandan mayor capacidad analítica, es obvio que aquellos países en los cuales se produzcan mejores resultados en matemáticas, tendrán amplias ventajas para contar con los recursos humanos que puedan vincularse con niveles superiores de desarrollo tecnologías. 

Vistos estos resultados se entiende más que Singapur reciba ingresos per cápita de 29.000 dólares por la exportación de altas tecnologías (también en 2015). Es decir, el círculo virtuoso se aprecia con toda claridad. Si la idea es crear valor, expresado en altas tecnologías, se requieren recursos humanos de alta calificación. Con los ingresos de esas exportaciones se puede financiar un sistema educativo de alta calidad, que a su vez forma los recursos humanos que se requieren para el nuevo nivel de creación de conocimientos. El desempeño en la educación de los países indicados, refleja que en las próximas décadas la dinámica tecnológica tendrá en Asia un polo de especial relevancia. Más aún, la situación actual en los Estados Unidos, con restricciones a la incorporación de personal calificado de otros países, influirá en que Asia reciba estos recursos humanos, sumados a la población de esos países que decida regresar de los países de mayor desarrollo. 

Mientras esto pasa en Asia, en los países de América Latina la situación es muy diferente. El país mejor calificado es Chile (en el puesto 51). En los países ubicados en los últimos quince puestos se encuentran Colombia, México, Brasil, Perú, y Rep. Dominicana. El caso ahora es el círculo vicioso. Países con menor capacidad de producir conocimiento valorado en el contexto global, tienden a tener sistemas educativos de menor calidad, que a su vez aumentan las diferencias de potencial productivo. Todo lo cual indica que la única forma de corregir el círculo vicioso es tener mejores políticas para la producción y mejores políticas para la educación. No basta con afectar el sistema educativo sin modificar el modelo de creación de conocimientos.

A todas estas, usted apreciado lector, se preguntará sobre el desempeño del sistema educativo de Venezuela. Preocupación bastante natural para comparar con la realidad de los países vecinos. Lamentablemente Venezuela no está incorporada en los países que forman parte de las mediciones del PISA. Al menos los otros países de América Latina mencionados tienen sus mediciones y pueden usarlas para mejorar. Se entiende mucho más todavía que el ingreso per-cápita que recibe Venezuela por exportaciones de alta tecnología sea 0,67 dólares. Es decir, 45.000 veces menos que Singapur. Ese es el tamaño de la brecha.

Politemas, Tal Cual, 22 de marzo de 2017

La hora de Betancourt

Hace pocas semanas se conmemoró el nacimiento de Rómulo Betancourt, ocurrido en Guatire en 1908. Han transcurrido 109 años de esa fecha. La influencia de Betancourt en la sociedad venezolana ha sido amplia y profunda. Su vida fue marcada siempre por la polémica, y muchas veces, por la pugnacidad. Su liderazgo ha despertado siempre apoyos y rechazos, muchas veces fanatismos y rivalidades. Con el paso del tiempo, muchos de sus acérrimos opositores han moderado los juicios. Como toda figura de gran presencia, su vida seguirá despertando interés y nuevas perspectivas. 

Betancourt siempre recalcó la importancia que había tenido en su vida la creación de Acción Democrática. Entendía que el acceso al gobierno requería partidos diferentes a los conocidos en Venezuela a principios del siglo XX. Y dedicó gran parte de su actividad entre 1928 y 1941, dentro y fuera del país, a pensar a fondo lo que significaba un partido moderno en la Venezuela post-gomecista. Y esa fue la cita a la que acudió el 13 de septiembre de 1941. Ese día apareció en la vida pública del país el partido Acción Democrática. Ha debido ser un día de especial emoción para Betancourt. En aquella fecha pronunció lo que puede considerarse un modelo de discurso político. Hasta el punto que todavía hoy puede ser referencia para aquellos que aspiren gobernar a Venezuela.

Lo primero que llama la atención del discurso es la preparación. Para ese momento Betancourt tenía 33 años, pero había vivido una vida muy intensa. Desde los sucesos del Carnaval de 1928, su actividad había sido incesante, especialmente marcada por el exilio y la formación en la lucha política. En ese discurso, Betancourt comienza diciendo que le embarga la emoción, “emoción de quien soñó con esta hora, y la esperó sin impaciencia, seguro de que habría de sonar”. Se puede imaginar a Betancourt ensayando cada día esas palabras, a lo largo de catorce años, seguro de que en su momento las iba a pronunciar. Ha debido ensayar cada cadencia, cada gesto. Fue construyendo en su pensamiento el orden y el contenido de esas palabras. Ese discurso lo construyó en cada sentencia, en cada imagen. 

El segundo aspecto llamativo es el tema del discurso. Betancourt explicó las líneas fundamentales de la política económica que proponía Acción Democrática. Puede decirse que esas tesis fueron iniciadas en las lecturas realizadas y en las clases que tuvo que dictar para formar sindicalistas y otros líderes en el exilio. También se nutrieron de su experiencia como columnista, muchas veces en la clandestinidad. Betancourt muestra en el discurso que había depurado esas tesis, que las había confrontado y discutido. Pero es indudable que su expresión reflejaba la construcción de una perspectiva colectiva, en la que él había tenido una figuración estelar. Un resumen de esa tesis se puede apreciar cuando señala: “nuestro país, económica y físicamente, está girando alrededor de una sola fuente de riqueza: el petróleo; y los gobiernos venezolanos no han sabido, hasta ahora, imprimirle un ritmo agresivo, dinámico a las otras fuentes de producción”. Todo un argumento en Venezuela después de 75 años. 

En tercer lugar, Betancourt expresa su convicción de que llevar adelante esas tesis requería un partido con programa, dedicado a construir en la realidad esos contenidos. Betancourt expresa la convicción de que “este Partido (AD) ha nacido para hacer historia. Nace armado de un Programa que interpreta las necesidades del pueblo, de la nación, de un programa realista, venezolano, extraído del análisis desvelado de nuestros problemas”. Esta relación entre problemas y políticas no era la tradición para la época. Muchas veces las propuestas de programas en la primera parte del siglo XX eran más bien enunciados generales, poco vinculados con las específicas condiciones de vida de los venezolanos. 

Quizás lo más novedoso de ese discurso fue condensar en imágenes la visión que Betancourt tenía del futuro deseable. Señala, por ejemplo: “Imagino la escena, que sucederá dentro de cincuenta años en una población agraria de los Andes, forjada al arrimo de una potente planta hidroeléctrica, en una población donde en vez de los garajes para autos de lujo que se multiplican en Caracas, habrá garajes para tractores; o bien, en una ciudad industrial de la Gran Sabana, construida en la vecindad de las chimeneas de los altos hornos, donde obreros venezolanos estén transformando en materia prima para las fábricas venezolanas de máquinas esos miles millones de toneladas de hierro que en sus entrañas guarda, hoy inexplotadas, la Sierra del Imataca”. Betancourt se atreve a imaginar el país que podría existir cincuenta años después, muy consciente de que para alcanzarlo habría que tomar decisiones complejas. 

Visto a la distancia de tres cuartos de siglo, este discurso de Betancourt ofrece lecciones relevantes para los liderazgos políticos de la Venezuela del siglo XXI. Se requieren liderazgos formados, con conocimiento de los problemas de los venezolanos, fundamentados en la cercanía con las dificultades prácticas, y diestros en el manejo de aspectos técnicos. También es fundamental que los liderazgos vinculen de manera permanente que las ofertas programáticas deben estar orientadas a la solución de problemas públicos. Finalmente, los líderes deben ofrecer una visión del futuro, deben atreverse a soñar con fundamentos y transmitir posibilidades, deben enunciar el país que deberíamos tener en cincuenta años. Con su discurso de ese día, Betancourt demostró que una cosa es hablar generalidades en un mítin político, y otra muy distinta es haber elaborado las ideas para gobernar un país.

Politemas, Tal Cual, 8 de marzo de 2017

Avanza la crisis social

La III Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), correspondiente al año 2016, muestra un panorama de profundo deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos. Por tercer año consecutivo, un equipo de investigadores de la UCV, UCAB y USB, ha coordinado la realización de una encuesta por hogares que contiene información sobre distintos aspectos de la vida de los venezolanos, tales como, el ingreso de las familias, alimentación, seguridad ciudadana, salud, educación, empleo, vivienda y servicios. Cada año que se ha realizado la encuesta (desde 2014), los resultados indican que la crisis social aumenta ante el fracaso rotundo de las políticas del actual gobierno. Debe destacarse que los últimos datos presentados corresponden al último trimestre del año 2016. De manera que se puede inferir que la actual realidad es mucho más complicada. 

De acuerdo con la ENCOVI 2016, el 52% de los hogares del país no tiene el ingreso necesario para comprar la cesta de alimentos. Es por ello que se consideran en pobreza extrema. Más aún, un 30% adicional, aunque tiene los ingresos para comprar los alimentos, no tiene los ingresos para otros rubros de gastos básicos del hogar. En consecuencia, el 82% de los hogares del país se encuentra en situación de pobreza. No hay mucho más que agregar después de conocer este dato. El gobierno que se jactó durante buena parte de estos 18 años en tener a la pobreza como el eje de su acción, ha ocasionado la mayor reducción en las condiciones de vida en la historia del país en los últimos cien años. Por otra parte, las cifras indican que es la debacle más abrupta en las condiciones sociales en América Latina en los últimos cincuenta años.

Otros resultados expresan la variedad de manifestaciones en este contexto. Por ejemplo, el aumento de la proporción de hogares en pobreza estructural (de 16% en 2014 a 31% en 2016), es una evidencia de que ya no se trata de una condición transitoria. Es más bien un proceso que demuestra la sistemática disminución de la capacidad institucional para garantizar el bienestar de la población. Si a ello sumamos que las proteínas son accesibles para menos de la mitad de la población, que casi 10 millones de personas realizan solo dos comidas, o que el 94% de la población considera que la violencia ha aumentado en el año anterior, no queda la menor duda de la afectación en todas las esferas de la vida ciudadana. 

Este deterioro era previsible. Es posible que las dimensiones no fueran completamente estimadas. Pero es muy evidente que el grado de incompetencia que el actual gobierno ha tenido en el manejo de los asuntos públicos, no podía conducir a otros resultados. La población venezolana está sufriendo sistemáticamente las consecuencias de tener un gobierno con la peor combinación de políticas en el siglo XXI en el mundo. El avance de la crisis social lo demuestra. Y también deja muy claro que el actual gobierno no tiene ni la visión ni las capacidades para enfrentar esta terrible situación.

Politemas, Tal Cual, 22 de febrero de 2017

Lejos de la productividad

América Latina ha disminuido de manera sistemática su importancia relativa en la economía global. En los últimos 35 años la Región ha perdido representación en la capacidad de compra mundial (de 12% en 1980 a poco más de 8% en 2016). Para remate, la economía de la Región ha decaído en los últimos cinco años. Es verdad que en esa reducción influye el peso de economías como la de Brasil, Argentina y Venezuela. Y también es cierto que otros países experimentan procesos continuados de crecimiento económico. Pero hay signos de que el deterioro no es coyuntural y que existen tendencias preocupantes para el porvenir de la Región.

El último boletín estadístico de la Cepal ofrece evidencias sobre esas dificultades. En la Región no se están creando empleos productivos, al menos no en la cantidad necesaria para afrontar los retos actuales y futuros. Los países que tienen menor proporción de empleos de baja productividad, como es el caso de Chile y Panamá, no están por debajo del 30% de toda la fuerza laboral, Otros países como Venezuela, Colombia, Perú, presentan proporciones superiores al 50% de empleos de baja productividad. 

Si bien es cierto que haber consolidado economías ordenadas, con tasas de crecimiento positivas y baja inflación, es un gran avance con respecto a los años ochenta, no es menos cierto que en la Región no están presentes las condiciones para la generación de empleos de calidad de manera sostenible. Muchos factores se pueden citar. La competencia por las inversiones es cada día más intensa. Los países de Asia, en especial China y ahora más recientemente India, están atrayendo cantidades astronómicas de inversión, y han desarrollado opciones tecnológicas que son muy poco frecuentes en América Latina. A ello debe sumarse la ausencia de políticas de innovación que articulen a los sectores productivos, a los gobiernos y a los centros de investigación. La desvinculación entre las empresas, los gobiernos y las universidades es quizás uno de los signos más evidentes de este rezago.

Lo anterior está concatenado con las debilidades de los sistemas educativos, especialmente en la vinculación con el sector productivo, y en las dificultades para innovaciones en la formación de recursos humanos. Muchos países de la Región tienen coberturas de educación secundaria que no alcanzan al 80% de la población. De manera que contar con recursos calificados, especialmente capacitados en matemáticas y ciencias, es mucho más fácil en los países asiáticos que en los nuestros. 

En este contexto, las transformaciones no serán inmediatas, pero deben comenzar en algún momento. Una de las primeras exigencias es la conformación de acuerdos productivos con la participación de gobiernos, empresas, universidades, que se formulen para el mediano plazo pero que tengan implicaciones en el corto plazo. De estas premisas se pueden derivar opciones de cooperación entre empresas y centros de investigación (especialmente en universidades, sean públicas o privadas) que contribuyan a identificar requerimientos que puedan motivar nuevas líneas de investigación, y la aplicación, por otra parte, de conocimiento acumulado. Iniciar círculos virtuosos de innovación en procesos de cooperación es un requisito central para dejar de ser una Región de empleos de baja productividad, y favorecer nuevas opciones productivas para las nuevas generaciones de latinoamericanos.

Politemas, Tal Cual, 15 de febrero de 2017

Anti-gobierno

En dos semanas el presidente Trump ha entrado en una franca crisis en el manejo de su gestión. Incluso antes de la juramentación, la opinión mayoritaria sobre Trump no era positiva, al contrario de lo que ha sido la rutina en Estados Unidos con el inicio de un nuevo gobierno. El balance a la fecha es el de un gobierno que ha entrado en conflicto con gobiernos de otros países (México, China, solo por mencionar dos), con grupos dentro de su país (inmigrantes, estudiantes, universidades, empresas líderes en tecnologías, y pare de contar), con el Congreso (los demócratas ya han anunciado que no votarán a favor ningún otro candidato al Gabinete), con el poder judicial (enfrentamientos con jueces que han dictado sentencias desfavorables). La lista podría seguir un rato largo.

Tal parece que la aspiración de Trump por un gobierno de ocho años se ve bastante lejana. Cabe entonces preguntarse por las razones que influyen en que uno de los gobiernos más sofisticados del mundo entre en una crisis de gestión originada por sus propias decisiones. Vale la pena precisar esos factores, especialmente por las lecciones que puede ofrecer. 

Gobernar es fundamentalmente conducir. Una buena imagen es la del timonel que guía la embarcación a través de mares tranquilos y también agitados. El supuesto de esa imagen es que en la embarcación viajan todos los ciudadanos y que la responsabilidad primaria del timonel es garantizar la inclusión en toda la sociedad. Si los gobiernos incorporan por su propia iniciativa elementos que conspiran contra acuerdos fundamentales de la sociedad, la reacción que se genere va a limitar sensiblemente la capacidad de gestión. 

En el caso de Estados Unidos, parte de esos acuerdos están relacionados con la garantía de los derechos humanos, con el respeto a las minorías, con la preservación del espíritu de libre empresa. Las acciones iniciales del gobierno de Trump apuntan a desplazar lo que se entiende son privilegios de ciertos grupos sobre otros, por ejemplo, de los inmigrantes sobre los nacionales, de los que transfieren empresas fuera del país sobre los desempleados, de los grupos ambientalistas sobre las empresas petroleras, y así sucesivamente. Entonces, se procede a aprobar medidas con el afán de resarcir más que de construir espacios comunes, que resulten de nuevas coincidencias.

En la misma perspectiva de imponer una sola visión, el gobierno de Trump no se detiene en detallar la política. También procede al interior del gobierno excluyendo a todas las instancias que pudieran mejorar la implementación. Es por ello que los responsables del diseño de las políticas, como por ejemplo en el caso de la prohibición de entrada a los nacionales de siete países, no consultaron con los encargados de varias de las agencias más importantes en la ejecución de estas medidas. 

Al final de cuentas, es la misma restricción, es decir, cuando se procede a excluir de la toma de decisiones a grupos, sectores, instancias gubernamentales, el resultado siempre será negativo. No se tomará en cuenta las perspectivas de otros, las buenas ideas, las críticas, las sugerencias. Los gobiernos que proceden de esa manera, sistemáticamente, conducen a sus países a crisis, promueven que se pierdan oportunidades, polarizan las sociedades, y favorecen el clima de opinión pública para que sean sustituidos en la primera oportunidad electoral que se presente. Esa la tenemos.

Politemas, Tal Cual, 8 de febrero de 2017