sábado, 20 de abril de 2019

Dimensiones de la debacle del sistema eléctrico

Los venezolanos sufrieron en el mes de marzo las peores manifestaciones de lo que significa un país sin servicio de electricidad. Esta situación ha causado el mayor sufrimiento directo de familias y comunidades. Ya desde finales del siglo XIX, la cobertura del servicio eléctrico no solo ha sido expresión de bienestar de las personas. También es un símbolo de la capacidad de los países para enfrentar todas las áreas de la vida económica y social. Sin electricidad no existe prácticamente ninguna manifestación de bienestar. Podría decirse que el símbolo del atraso de una sociedad es justamente no tener servicio permanente y adecuado de electricidad. En consecuencia, el hecho de que los venezolanos hayan tenido en el último mes cientos de horas sin electricidad es la mayor expresión del rezago de desarrollo que experimenta el país.

La crisis del sistema eléctrico del último mes, se suma al deterioro sistemático que ha experimentado el servicio en la última década, especialmente en ciudades diferentes a Caracas en las cuales los apagones son parte de la rutina diaria. Es decir, ya desde hace una década, disponer de la conexión eléctrica respectiva en cada vivienda dejó de ser sinónimo de contar con el servicio. En América Latina, según el Banco Mundial, el 3% de la población no tiene conexión eléctrica en la vivienda, es decir, aproximadamente 20 millones de personas. A ese número habría que agregar ahora los casi 30 millones de venezolanos que no tienen ninguna certeza de disponer del servicio.

En 1992, Venezuela era el país de América Latina que se encontraba más cerca de alcanzar el 100% de cobertura de servicio eléctrico. Ese año Venezuela desplazó del primer lugar a Costa Rica al reportar 97,8% de población cubierta con electricidad. Sin embargo, esa meta del 100% de cobertura, estándar en los países de la Unión Europea, se ha vuelto cada vez más distante para los venezolanos. En la práctica, el 100% de cobertura eléctrica ya se ha alcanzado en ocho de los veinte países de la región.

El hecho de que los venezolanos contemplen con la mayor angustia posible la incertidumbre sobre el servicio eléctrico, no es azaroso. Es más bien, el resultado de erradas políticas. Una de las cuales es la relacionada con el servicio eléctrico, pero no la única. Es más bien todo un enfoque de lo que significa gobernar, la contradicción con la noción de buen gobierno. Además, no es solamente la consecuencia desastrosa de no tener cobertura eléctrica, sino el efecto en otros servicios, tales como agua, saneamiento y telecomunicaciones, solo por citar unos pocos.

Queda muy claro, entonces, que el objetivo en la gerencia del servicio eléctrico en las últimas dos décadas no era garantizar el suministro de electricidad a las incubadoras con recién nacidos, ni en las salas de terapia intensiva, ni en los hospitales, escuelas, aeropuertos, campos deportivos, salas de teatro, fábricas, universidades, ni en ningún sitio de actividad humana. Ese no era el objetivo. Eran otros objetivos. En la búsqueda de esos otros objetivos se ha convertido al país, con una de las mayores coberturas de electricidad en la región, en una total calamidad. Es un ejemplo dramático de la antítesis de un gobierno, esto es, instituciones y servicios dedicados a proteger a las personas, a prestar servicios de calidad, a aumentar el bienestar y el progreso.

Politemas, Tal Cual, 3 de abril de 2019

viernes, 19 de abril de 2019

Los compromisos de Ramón Espinasa

Como a muchos, la noticia del fallecimiento de Ramón Espinasa me conmovió profundamente. En esos segundos en los que se intenta tener dimensiones de la pérdida, pasaron por la mente muchos momentos compartidos con Ramón. A medida que pasan los días, aumenta la convicción de que sus aportes personales y profesionales se irán valorando más. En mi caso, he recordado insistentemente en estos días las oportunidades en las que tuve la grata experiencia de conversar con él a lo largo de casi treinta años de amistad. A pesar de que no nos vimos en estos últimos años, guardo esos encuentros con especial valoración. 

Supe de Ramón por lecturas, antes de conocerlo personalmente. En los ochenta, escribía con cierta frecuencia en la Revista SIC. Muchos de esos trabajos se convirtieron en referencias para la discusión política y petrolera de aquellos tiempos. Ramón le daba a esos trabajos una especial significación, quizás porque lo llevaban a una arena más complicada como era el mundo político. Sin embargo, creo que percibía que sus escritos podían ser de utilidad para ampliar el radio de acción de la discusión, y, especialmente, para impulsar la construcción de acuerdos. 

La primera contribución de Ramón en la Revista SIC fue a finales de 1979, a los 27 años de edad. Es un análisis sobre la política económica del primer año del gobierno de Herrera Campins. Más que los contenidos de ese trabajo, me interesa indicar la pregunta final que formuló en el último párrafo: ¿con quién es el compromiso? Se refiere, claro está, a las políticas de la época pero utiliza dos palabras que fueron siempre muy importantes para él: las personas concretas (“¿cón quién?”) y “compromiso”. A lo largo de su vida, Ramón fue consecuente con esas palabras, demostró incesantemente compromisos con personas y con ideas. 

Ramón estaba ante todo comprometido con su familia y con sus amigos. Lo primero que aparecía en la agenda de temas era compartir sobre las circunstancias de la vida personal y cómo iban cambiando con el paso del tiempo. Por eso compartíamos lo que hacíamos, los próximos retos, sobre nuestras familias. Cuando nos veíamos fuera del país, invariablemente preguntaba sobre amigos comunes, quería saber qué estaban haciendo, cómo les iba. Antes de las redes sociales, Ramón se encargaba de conectar personas entre sí, porque intuía que podría ser de mutuo beneficio. Por ese rasgo de personalidad fue creando una inmensa red de amigos a lo largo del tiempo. Cuando venía a Venezuela le faltaba el tiempo para pasar revista con ellos, y cuando recibía visitas en el exterior siempre buscaba un espacio para conversar y compartir. Además, tenía un “arma secreta”, usaba mucho la palabra “chamo” para saludar y despedirse. Antes yo le valoraba mucho esa costumbre, ahora mucho más. 

En los testimonios de los últimos días, muchas personas se han referido a Ramón como mentor, guía, referencia en su vida profesional o académica. Estudiantes de los noventa, se han expresado sobre Ramón en un tono de cercanía y admiración. Era una atracción en los foros públicos, por su capacidad de comunicar, por la rigurosidad de sus argumentos. Fue un comprometido con la vida académica, tanto en el desarrollo de su carrera como experto en petróleo y gas en el ámbito internacional, como por su dedicación a la formación de las nuevas promociones dentro y fuera del país. Sus contribuciones en múltiples publicaciones académicas, individualmente, o como coordinador o miembro de equipos, es un acervo de primer orden en los temas a los cuales se dedicó sistemáticamente. 

También Ramón se dedicó con pasión a pensar las políticas públicas requeridas para el sector petrolero de Venezuela. Fue un compromiso de varias décadas. No solamente por su destacada carrera en la cual llegó a desempeñarse desde 1992 a 1999 como Economista Jefe de PDVSA, sino por su contribución, en informes técnicos, propuestas, artículos académicos, a la elaboración de una nueva visión del sector petrolero para el país. En el portal Prodavinci publicó a finales del año pasado un ensayo sobre las lecciones y propuestas para reconstruir el sector petrolero de Venezuela, a 75 años de los acuerdos de 1943. Si en algo fue persistente Ramón, fue en la necesidad de adaptar las políticas a las nuevas situaciones, tratando de vislumbrar diferentes opciones a la luz de las enseñanzas internacionales. Su participación en múltiples esfuerzos para pensar esa nueva política fue una de sus grandes preocupaciones en estos años. 

El compromiso de Ramón con el futuro del país fue permanente. Ya en el mencionado trabajo publicado en SIC en 1979, destacaba: “Venezuela ha vivido a expensas de la riqueza petrolera. Pero esta riqueza no se ha transformado en riqueza real.” Más adelante escribió una frase que no puede tener más pertinencia en la actualidad: “Una política económica alternativa debe tener como objetivo central desarrollar la capacidad productiva de los venezolanos”. Sin ninguna duda, Ramón Espinasa dedicó su vida a trabajar incesantemente por mejorar la capacidad productiva de los venezolanos. Su aporte al conocimiento del sector petrolero es una de sus grandes contribuciones en esa dirección. 

En estos días que el país experimenta tremendas crisis, los aportes de Ramón seguirán siendo de especial relevancia. Lamentablemente ya no está con nosotros, pero su cercanía como persona, académico y profesional, serán estímulos para poner en marcha el país de futuro que él ha ayudado a visualizar. Para mí fue un inmenso privilegio haber compartido su amistad. Es sin dudas una gran referencia para seguir adelante. Es bueno que sepas, “chamo”, que te vamos a tener siempre presente.

Politemas, Tal Cual, 27 de marzo de 2019

jueves, 18 de abril de 2019

Referencias para construir el futuro

Los venezolanos viven horas de gran angustia e incertidumbre. Los efectos del apagón del 7 de marzo seguirán presentes en las próximas semanas y meses, especialmente por la inestabilidad del servicio eléctrico, agregado a las restricciones de agua y saneamiento, y telecomunicaciones. Estas limitaciones se suman a las que existían antes del apagón. Hay zonas del país en las que las restricciones de servicios llevan varios años. Esta situación, ya bastante crítica, se sobrepone a la destrucción sistemática de capacidad productiva derivada de la hiperinflación que ya alcanzó 16 meses. Si a todas estas penurias se añade la situación política, no resulta difícil explicar las condiciones tan adversas que enfrenta la sociedad. 

En estas circunstancias, el futuro de las familias venezolanas queda reducido a lo que pueda pasar en la siguiente hora, o en el próximo día. Mucho menos pensar en la próxima semana o en el próximo mes. La paradoja es que en la medida que los tiempos del futuro sean más cortos, en esa misma medida el futuro se hace menos sostenible. Cabe preguntarse entonces, ¿cómo han hecho otros países en circunstancias parecidas?, ¿cómo se han aproximado a identificar los rasgos de un mejor futuro? Es necesario encontrar esas pistas, so pena de que el futuro siga siendo de muy corto plazo. 

Una primera referencia, a finales del siglo XIX, fue Japón. Para esa época, la élite política japonesa, con el Emperador a la cabeza, tenía la convicción de que el país estaba aislado, resultaba lejano para el resto del mundo, y, además, al margen de los progresos que la industrialización estaba facilitando en Estados Unidos y Europa. Decidieron entre 1871 y 1873 enviar emisarios a conocer lo que estaba pasando en los países de mayor interés. Por ello se realizó la Misión Iwakura, llamada así por el diplomático que la dirigió. En poco menos de dos años viajaron a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda, Rusia, Alemania, Prusia, Dinamarca, Suecia, Bavaria, Austria, Italia, Suiza. En el viaje de regreso también estuvieron en otros países de África y Asia. Producto de lo que vieron en esos países, especialmente el efecto que tenía el proceso de industrialización en el modo de vida, escribieron un reporte muy detallado que fue el fundamento para los cambios que Japón implementó para convertirse en una de las economías más industrializadas del mundo en el siglo XX. 

La segunda referencia es más cercana en el tiempo. Luego de la Revolución Cultural en China, las perspectivas para el progreso no podían ser menos atractivas. Prácticamente habían desaparecido universidades y centros de tecnología, la economía estaba empobrecida. El fallecimiento de Mao Tse Tung, abrió la posibilidad para introducir cambios manteniendo un sistema político cerrado y autoritario. Los cambios se visualizaban más en la dinámica económica y en la inserción de China en la globalización. 

En 1978, incorporado Deng Xiaoping al gobierno de Hua Guofeng, se realizaron cuatro viajes con delegaciones de alto nivel a aquellos países que el liderazgo chino consideraba que eran experiencias que debían ser conocidas en profundidad. Los primeros viajes se realizaron a Rumania y Yugoeslavia, en Europa Oriental, a Hong Kong y a Japón. El viaje de mayor influencia fue a Europa Occidental (Alemania, Suiza, Francia, Dinamarca y Bélgica). El desarrollo de las empresas y los efectos de la tecnología en las sociedades europeas occidentales, fue de gran impacto para los funcionarios chinos. A su regreso, elaboraron reportes que fueron la base de los cambios que comenzaron a ponerse en práctica a finales de 1978 y que marcaron el rumbo de la gran transformación de China en los siguientes cuarenta años. Hoy sabemos que los países seleccionados para esos viajes, estaban entre las economías con mayor complejidad en el mundo, esto es, de mayor diversidad para producir. 

En un resumen del efecto que los cuatro viajes habían tenido para visualizar la brecha de la sociedad china en el mundo, Deng Xiaoping señaló: “el punto central es: debemos reconocer que estamos rezagados, que muchas de las maneras de hacer las cosas son inapropiadas, que necesitamos cambiar.” Los venezolanos de hoy no tienen que viajar a ninguna parte para estar de acuerdo con esa frase. Pero si es importante colocar el punto de partida: estamos rezagados, necesitamos cambiar. Ahora bien, ¿en qué dirección?, ¿qué tipo de cambios hay que introducir? 

Ya terminando la segunda década del siglo XXI, las experiencias concretas están más a nuestro alcance. La información es mayor y la capacidad de análisis también. Las sociedades que tienen mayor diversidad productiva, es decir, que son más sostenibles, de acuerdo con el Observatorio de Complejidad Económica del MIT y del Atlas de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard son: Japón, Suiza, Alemania, Singapur, Suecia, Corea del Sur, Estados Unidos, Finlandia, República Checa, Austria. Alcanzar un futuro mejor para los venezolanos de ahora y de los próximos años, requiere un esfuerzo sistemático para aprender de estos países, por identificar lo que puede funcionar en nuestro contexto, y lo que puede aplicarse con modificaciones, y también lo que es inadecuado. Para que el futuro deje de ser de incertidumbre y angustias, debemos esforzarnos por apuntar a metas que hoy pueden parecer lejanas pero que son las que irán requiriendo que avancemos con más efectividad. El futuro lo debemos empezar a construir ahora.

Politemas, Tal Cual, 20 de marzo de 2019

miércoles, 17 de abril de 2019

Apagón total

En los últimos diez años la sociedad venezolana ha vivido con la angustia de que en cualquier momento se iba a producir un “gran apagón”. Los equipos técnicos del país especializados en el sistema eléctrico, lo habían reiterado de manera sistemática. Hay que recordar que Venezuela llegó a contar con uno de los sistemas eléctricos más desarrollados de la región, y también más allá. La angustia se convirtió en realidad el pasado jueves 7 de marzo al producirse el apagón eléctrico que ha alcanzado al momento casi 100 horas en algunas áreas del país. 

José María de Viana (@josedeviana), uno de los más competentes gerentes públicos con los que cuenta afortunadamente el país, lo ha dicho con todas sus letras. Ha expresado, José Mari, que el apagón de la semana pasada constituye, la tragedia civil más grande en la historia del país, y probablemente en la historia, tanto por la duración como por la población afectada. La lenta recuperación del servicio eléctrico, expresión de las limitaciones en las que se ha funcionado en los últimos años, agrava los efectos en personas y familias. 

La ausencia de electricidad por tiempo tan prolongado en servicios fundamentales como los de salud, agua, transporte, acceso a alimentos, entre otros, no hace sino empeorar las condiciones de vida de la gran mayoría de los venezolanos en los últimos años. Especialmente en servicios críticos para la vida, como los de salud, la sociedad ha visto el profesionalismo y desprendimiento de miles de personas que laboran en nuestros centros públicos y privados. 

El hecho de que no se haya recuperado el servicio eléctrico en partes del país, indica que los efectos inmediatos del apagón todavía están presentes. Sin embargo, luego de superada esta primera contingencia, empezarán los problemas de corto plazo. Esto es, las fallas en el servicio eléctrico debidas a que los equipos no están en condiciones de funcionar adecuadamente, y también las restricciones aún mayores de los servicios de agua y saneamiento, sumadas a las deficiencias de las telecomunicaciones. Los riesgos de epidemias por las carencias de agua y saneamiento bastan para ilustrar las dimensiones de la tragedia civil que puede avanzar. 

Estas son las evidencias del “apagón” que podemos ver. La electricidad es muy útil para ilustrar. Se tiene o no se tiene. No hay medias tintas. Las personas o las comunidades cuentan con electricidad o no. Tan sencillo como esto. Pero hay otras áreas en las cuales el “apagón” se presenta en gradientes. Se comienza con el aumento de casos de malaria y se termina con la peor epidemia en la historia del país. Se inicia con una reducción de coberturas de vacunaciones y se finaliza con epidemias de sarampión y difteria, y decenas de muertes por esas causas. Se empieza con una reducción en la cobertura de servicios materno-infantiles, y se alcanza uno de los mayores aumentos en la razón de mortalidad materna en América Latina. Es decir, hay “apagones” que evolucionan de manera no tan evidente, pero que indican al final la pérdida significativa de condiciones de vida. 

Y el peor “apagón” es justamente aquel que nos separa del futuro. Comienza con la migración de empresas, sigue con el cierre de muchas de ellas, luego con el desplazamiento de trabajadores a otros países, y continúa con la pérdida de talento en las universidades. Este apagón evoluciona de manera menos abrupta, pero también es expresión de la pérdida de capacidades de todo el país. 

Es por ello que la sociedad venezolana hoy experimenta un apagón total. No es irreversible, pero cada día que pase las consecuencias son peores. Es un apagón total, es bueno tenerlo siempre presente, derivado de pésimas políticas públicas, originadas en colocar la ideología por encima de las realidades, y de la total incompetencia en el manejo del gobierno. El gran reto es superar este apagón total para convertirnos en una sociedad de conocimientos, basada en la capacidad de crear bienestar y nuevas riquezas. Ojalá este gran apagón contribuya a alumbrar un nuevo sendero para todos los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 13 de marzo de 2019

sábado, 9 de marzo de 2019

El futuro según el Maestro Puigbó

Cuando Platón fundó la Academia de Atenas tenía la mirada puesta en el futuro. Su intención era crear un espacio dedicado a la educación y la investigación. Allí vendrían entonces discípulos para convertirse en filósofos que tendrían posición de autoridad en el manejo de los asuntos de la “polis”. En palabras de hoy, la Academia era el espacio para la formación de aquellos que estuvieran relacionados con el gobierno de la sociedad, para aquellos que tuvieran que construir el futuro. Es por ello que esa Academia original es la precursora de las universidades y de la preocupación por el porvenir de los países. 

Juan José Puigbó, conocido como el Maestro Puigbó, dedicó su vida a vincular su actividad profesional y académica con la construcción de futuro. Sus contribuciones a la ciencia venezolana son extraordinarias y abarcan muchas áreas. Combinó una notable formación en Venezuela, egresado de la UCV como Doctor en Ciencias Médicas Summa Cum Laude en 1948, con formación de postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología de México, en la Universidad de Columbia, en el Presbyterian Hospital de Filadelfia, en el Instituto Karolinska de Estocolmo, y en el Hospital de Niños de Houston. 

Con esos conocimientos y experiencias, el Maestró Puigbó participó en la creación de instituciones de gran relevancia para la salud de los venezolanos, entre ellas, la Cátedra y el Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Caracas, la Sociedad Venezolana de Cardiología, la Sociedad Venezolana de Medicina Interna. También fue pionero en los estudios de la patología cardiovascular en el país, así como Jefe de Preparación del Personal de la División de Enfermedades Cardiovasculares del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). Fue posteriormente Presidente de la Academia Nacional de Medicina y de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. En reconocimiento a sus extraordinarios logros, la Red de Sociedades Científicas Venezolanas le confirió en 2013 el Premio a la Excelencia Médica, Mención Consenso Nacional. 

Conocí al Maestro Puigbó inicialmente por sus clases en el Hospital Universitario de Caracas. También por el libro que utilizamos en las pasantías de cardiología. En nuestros tiempos de estudiantes a principios de los ochenta ya era una figura de referencia. Tuve la fortuna de conocerlo mucho más en las reuniones semanales de la Academia Nacional de Medicina desde hace pocos años. Tenía la virtud de generar confianza, de hacer sentir bien a los que estaban en su presencia, de trato afable, compañero, del mismo equipo. Su saludo siempre expresaba cercanía. Sus intervenciones en las reuniones apuntaban a detalles y preguntas que sugerían pistas para seguir la indagación. 

A mediados de 2016, la Junta Directiva de la Academia Nacional de Medicina designó una Comisión de Investigaciones, coordinada por el Maestro Puigbó. En la Comisión compartimos con Antonio Clemente Heimerdinger, Rafael Apitz-Castro, Horacio Vanegas, Mauricio Goihman, José Ramón Poleo, Nicolás Bianco y Mariano Fernández. Recuerdo que en la primera reunión de la Comisión, nos pidió que expresáramos las ideas sobre las líneas de investigación que debía proponer la Academia. Después que todos habíamos dado nuestra opinión, Puigbó fue incorporando esas ideas en unas notas que había preparado para la reunión. En esa intervención de aquella mañana en la Academia, Puigbó condensó los temas de investigación que deberían ser asumidos para mejorar las condiciones de salud de los venezolanos para la segunda mitad del siglo XXI. En esas notas, Puigbó integró una agenda de investigación para el futuro. Habrá que volver a esas notas. 

Unos meses después, a mediados de 2017, el Maestro Puigbó hizo una presentación en la Academia sobre la importancia de la Biblioteca de Alejandría para la civilización occidental. Explicó en detalle la forma en la que se vinculaba la investigación con la biblioteca, los grupos que participaban, la importancia de la confluencia de disciplinas, la necesidad de conectar el pasado con la ciencia del futuro, la urgencia de acometer los retos del conocimiento con espacios privilegiados para la creación y el debate. Hablar de la Biblioteca de Alejandría en la cruda realidad de nuestro país fue, sin dudas, fue un tremendo argumento a favor del futuro, a favor del conocimiento. 

En la agenda de la sesión de la Academia del 31 de mayo de 2018, apareció el título de una conferencia que el Maestro Puigbó compartió con Harry Acquatella, también Individuo de Número y ex Presidente de la corporación: “La imagenología cardiovascular: una mirada al futuro”. El título es llamativo en cualquier circunstancia, pero lo era más cuando ya para ese momento Puigbó tenía poco más de 93 años. Muestra de que el futuro no tiene las restricciones de la edad. El futuro no tiene límites. Pocos meses después en la Gaceta Médica de Caracas, publicación de la Academia Nacional de Medicina, apareció el trabajo de ambos autores: “Breve reseña de la imagenología cardiovascular actual: una mirada al futuro”. La frase final del trabajo encierra toda una perspectiva: “En síntesis el futuro es muy promisorio por los avances del proceso imageneológico, con el beneficio para los pacientes y la posibilidad de resolver los problemas de la gran repercusión cardiovascular.” 

Venezuela, terminando ya la segunda década del siglo XXI, confronta la peor crisis de salud de su historia. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad para los venezolanos. Acometer los cambios necesarios, requerirá tomar muy en cuenta las enseñanzas del Maestro Puigbó. Especialmente esa que expresa que el futuro se construye, el pasado ya es historia. Su compromiso por promover mejores condiciones para la atención de las enfermedades cardiovasculares en Venezuela se concretó en instituciones que hoy forman parte del acervo de la salud del país. Pero la influencia del Maestro Puigbó va más allá. La sociedad del conocimiento que debe ser Venezuela solo será posible cuando compartamos la visión de pionero que impulsó Puigbó toda su vida. El futuro de los venezolanos se concreta en la medida que seamos capaces de desafiar lo establecido, lo rutinario. Desde esa perspectiva, habrá que volver al Maestro Puigbó, para tener referencias e inspiración. En la aventura del futuro contaremos con su aporte. Muchas gracias, Maestro, lo vamos a extrañar.

Politemas, Tal Cual, 6 de marzo de 2019

lunes, 4 de marzo de 2019

Así se superó la larga recesión de Croacia

Ya está concluyendo el segundo mes del año. Cada día que pase sin la aprobación de medidas para enfrentar efectivamente la hiperinflación y la recesión, aumentan las probabilidades de que en este año tampoco se recupere el crecimiento en Venezuela. 

Si se da ese lamentable escenario, el país alcanzaría seis años seguidos de recesión e ingresaría al grupo de siete países con ese récord tan poco envidiable. En ese grupo solo la República Democrática del Congo también experimentó hiperinflación (a principios de los años noventa del siglo pasado). Todavía ese país no ha recuperado el PIB per cápita que tenía el año antes del inicio de la recesión (1988). Por ello conviene revisar la experiencia de los países que han tenido éxito en superar seis años de recesión. Estas lecciones pueden ser tomadas en cuenta para los cambios que deberán implementarse en Venezuela, especialmente porque podríamos tener la recesión más profunda de estos países. 

En este grupo, el país más exitoso para recuperar el PIB per cápita del año previo a la recesión ha sido Croacia. La recesión croata se extendió desde 2009 a 2014. El promedio de caída anual de la actividad económica en el período fue 2%, es decir, seis veces menos de lo que podría ser el promedio de reducción en Venezuela. Ya en 2016 el PIB per cápita de Croacia había regresado al valor del año 2008 (año previo a la recesión). 

Son evidentes las diferencias entre Croacia y Venezuela, las cuales se expresan también en las recesiones experimentadas. En primer lugar, la de Venezuela ha sido más profunda y causada por una severa destrucción de capacidad productiva. Un segundo aspecto está relacionado con las diferentes estructuras productivas: Croatia es un país con mayor nivel de diversificación económica que Venezuela, es decir, con posibilidades más amplias de creación de valor. 

Explicar entonces las causas de la recesión en Croatia, supone identificar rasgos particulares de la estructura productiva y asociarlos con las condiciones propias de Venezuela. Un primer aspecto a destacar es que en Croacia se produjo una guerra por la independencia de cuatro años de duración (entre 1991 y 1995). El sistema económico resultante después de la guerra, conservaba las restricciones de los países con planificación central, y en particular, las distorsiones del mercado laboral con beneficios, incluyendo las pensiones, por encima de las reales posibilidades fiscales. Aparte de ello, muchas de las empresas eran públicas con bajos incentivos para funcionar en entornos exigentes. Por otra parte, las exportaciones de Croacia se realizaban a países que también eran menos competitivos. Como consecuencia de estos factores, todos de naturaleza estructural, la economía croata entró en una fase de decrecimiento en 2009, la cual se prolongó por los siguientes seis años. 

Vistas estas condiciones de la economía croata, resulta claro que la solución de la recesión debía basarse en una transformación sustancial. Un primer aspecto que recibió atención fue la promoción de incentivos para la exportación. Dentro de ellos estuvo la aprobación de disposiciones legales para aumentar la inversión en el país, tanto en el sector público como en el privado. Esto se acompañó con un programa de privatizaciones de empresas del sector público. También se aprobaron medidas para aumentar la flexibilidad del mercado laboral, así como la reforma de los beneficios de protección social. A estos últimos se le colocó un tope con respecto al salario mínimo. La orientación de estas reformas laborales y de protección social fue estimular la creación y ampliación del empleo. 

Como resultado de estas reformas, desde 2015 la economía croata experimenta un período de crecimiento, pronosticado hasta 2023 por el FMI. Dentro de los factores relacionados con este crecimiento se encuentra el aumento del consumo privado, el incremento de las exportaciones, aunque todavía muy dependientes del turismo, así como la disminución del déficit del sector público. Si en los próximos años se mantienen estos avances y se fortalece la diversificación productiva, la sostenibilidad de estos cambios será aún mayor. 

La trayectoria de Croacia ilustra que el diferimiento de los cambios estructurales trae su precio. En ese caso, fue la generación de una recesión de seis años. Para Venezuela los aprendizajes son muy relevantes, En primer lugar, especialmente por lo notorio que ha sido no contar con ello, se encuentra la prioridad a la exportación de bienes con un nivel creciente de diversificación. No se trata solamente de la preponderancia del petróleo, es la preocupación cada vez mayor por consolidar múltiples áreas de producción. Un segundo aspecto está vinculado con las reformas que se deben implementar para aumentar la flexibilidad del mercado de trabajo, con el objetivo de favorecer la instalación de empresas o la transformación de muchas de ellas. En tercer lugar, la experiencia de Croacia indica que la sostenibilidad del progreso supone contar con la estrategia y los recursos para aumentar la calidad y diversidad de bienes y servicios atractivos en el mercado internacional. Croacia demostró que salir de una recesión de manera sostenible no puede conllevar una visión de corto plazo.

Politemas, Tal Cual, 27 de febrero de 2019

domingo, 3 de marzo de 2019

Así superó Guyana la destrucción del "socialismo cooperativo"

No hay que ir muy lejos. Se puede aprender de la experiencia de países vecinos cuando se trata de cambios en la orientación de las sociedades. Guyana y Venezuela son países muy diferentes. En todos los planos, histórico, cultural, político, económico, social, solo por decir algunos. Comparten el hecho de ser países caribeños, tropicales, pero con muchas diferencias. Vale señalar, solo como ejemplo, que la población de Guyana todavía no alcanza el millón de habitantes comparado con los casi 32 millones de Venezuela. Sin embargo, existen similitudes que cobran especial relevancia ante el avance de la catástrofe social y económica que afecta a los venezolanos. 

Hasta la fecha, Guyana y Venezuela son de los pocos países que han sufrido recesiones de cinco años de duración. Aunque ya la recesión venezolana se encuentra en el sexto año, esperemos que no sea así cuando cierre 2019. A pesar de tener la misma duración, la profundidad de ambas recesiones es muy diferente. La recesión de Guyana se inició en 1986 y concluyó en 1990. El promedio de reducción del PIB per cápita en esos años fue 2,86%, casi cuatro veces menos que el promedio de la caída de la actividad en la recesión de Venezuela entre 2014 y 2018. De hecho, la recesión de Venezuela, en términos de la proporción de pérdida del PIB, es una de las más grandes de la historia. Y de tener una caída de 7% en este año, la recesión de Venezuela sería la más profunda. Con todas esas letras. 

También es muy diferente en ambas recesiones la evolución de la tasa de inflación. En Guyana la máxima tasa de inflación ocurrió en 1989 (exactamente 89,5%). Venezuela, al contrario, ya tiene casi 16 meses en hiperinflación. En el último mes de la hiperinflación, los precios han aumentado más del doble de lo que aumentaron en el año completo de la peor inflación en la recesión de Guyana. 

Ahora bien, lo que si comparten ambas recesiones es el origen. Guyana era uno de los países caribeños con mayor desarrollo cuando alcanzó la independencia en 1966. Hasta 1988 se implementó en el país el llamado “socialismo cooperativo”, el cual consistió en que el Estado fue asumiendo empresas y servicios que se encontraban en manos privadas. Se nacionalizaron las empresas de azúcar, bauxita, así como medios de comunicación y transporte. En 1988 el gobierno de Guyana controlaba el 80% del comercio y el 85% de la inversión del país. Las pocas empresas privadas que quedaron fueron afectadas con elevados impuestos. 

La “idea” del “socialismo cooperativo” era construir un Estado que alimentara, vistiera y le diera vivienda a toda la población. Así de simple. Para ello se implementaron las medidas económicas “clásicas” de este tipo de visiones: control de precios, control de divisas, sobrevaluación de la tasa de cambio, endeudamiento sin freno del gobierno. Y como corolario político, se tomaron medidas contra las libertades de expresión y participación. El lector tiene suficientes elementos para encontrar los parecidos con Venezuela. 

Como consecuencia de estas grandes “ideas”, Guyana perdió la mitad del PIB per cápita entre 1966 y 1988. Hasta el punto que no tenía recursos para pagar la deuda externa en ese último año. Para salir de este inmenso atolladero, producto de las políticas públicas equivocadas, Guyana emprende en 1988 el Programa de Recuperación Económica (PRE). Este programa estableció como objetivo la transformación de Guyana en una economía abierta y moderna. Para ello se estableció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), apoyado por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo del Caribe, y una alianza de donantes bilaterales. 

Bajo este programa se eliminaron los controles de precios, se estableció un régimen de cambio unificado y de libre mercado, se redujeron los aranceles de importación. También se introdujeron reformas en el empleo del sector público y en el sistema impositivo. Un amplio programa de privatizaciones permitió transferir muchas empresas del sector público. Se fortaleció la inversión pública en servicios e infraestructura. También se incluyó un programa para reducir el impacto social de las medidas. El dinero aportado por los donantes bilaterales permitió pagar compromisos multilaterales y renegociar la deuda externa. Como resultado de estas políticas públicas, Guyana pudo recuperar el crecimiento económico hasta el punto que fue 7% promedio anual entre 1991 y 1997. Dos años después del último año de recesión, Guyana igualó el PIB per cápita previo al período de estancamiento. La reactivación económica fue de especial significación en la agricultura, minería, y la manufactura. 

Tres lecciones de la experiencia de Guyana son de especial relevancia para las medidas que deberán tomarse en Venezuela para superar la catástrofe económica y social en curso. En primer lugar, a diferencia de lo sucedido en Guyana, el programa de estabilización debe generar crecimiento económico (en los dos primeros años del programa en Guyana se mantuvo la recesión). La segunda lección deriva de las medidas de protección social. En Venezuela deben ser de mayores proporciones y ejecutarse desde el primer momento. El tercer aspecto es la orientación general de la modernización económica. En Guyana las limitaciones en la diversificación productiva ocasionaron que el crecimiento se haya reducido en la última década. En Venezuela, la adopción de una orientación hacia la diversificación, esto es, hacia la construcción de una sociedad del conocimiento, puede permitir que la transformación sea sostenible y generadora del mayor bienestar posible para los venezolanos en las próximas décadas.

Politemas, Tal Cual, 20 de febrero de 2019

sábado, 2 de marzo de 2019

¿En cuánto tiempo se recupera esta catástrofe económica?

La sociedad venezolana avanza, esperemos que sea lo más rápido posible, hacia la coyuntura de un nuevo rumbo, una orientación totalmente diferente. En ese rumbo, el objetivo debería ser alcanzar el máximo nivel de democracia y bienestar. En consecuencia, debe ser una dirección diferente a la creencia de que basta producir y vender petróleo. Ya eso no es viable. Tampoco lo era hace veinte años. Y, sin embargo, ya vemos los resultados de no haber cambiado. 

Es importante saber en cuánto tiempo es posible revertir esta inmensa catástrofe económica. En primer lugar, porque la sociedad debe saber las posibilidades y las restricciones. Conocer las posibilidades permite ser realista, pero también más exigente. Y conocer las restricciones facilita anticipar los aspectos que deben considerarse, tomar las medidas adecuadas, evitar los errores cometidos por otros. Y en segundo lugar, porque el liderazgo, especialmente el político, debe transmitir esas posibilidades, ejercer el rol informativo y motivacional que se requiere. 

Para estimar lo que es posible y lo que será más complicado, es útil la experiencia de otros países. De esa manera se puede aprender, de los éxitos y de los fracasos. Es por ello necesario comparar con las experiencias pasadas. Siempre diferentes, por supuesto, pero valiosas para el aprendizaje. 

Asumamos inicialmente que Venezuela, por efecto de políticas diferentes que se empiecen a aplicar en este año, evita el crecimiento negativo en 2019 (ya pronosticado de seguir el rumbo actual de políticas). En ese caso, la economía venezolana tendría cinco años sin crecimiento (2014-2018), el último de ellos en hiperinflación. Esto significa que Venezuela se uniría al grupo de seis países que en los últimos cuarenta años han experimentado recesiones de cinco años, según el FMI. En este grupo, Sierra Leona tuvo la mayor caída de actividad económica (promedio de 12,27% en los cinco años de recesión). El segundo lo ocuparía Venezuela, con una caída de 11,71% promedio. 

Si consideramos que la superación de la caída económica, se produce en el año que se alcanza la capacidad de compra anterior al inicio de la recesión (en dólares de poder de compra, PPP per cápita), el país más exitoso en este grupo ha sido Guyana al lograr recuperar el PIB per cápita previo a la recesión en dos años. Esto es, el PIB per cápita era 3.360 dólares en 1985. En 1986 se inicia la recesión y termina en 1990. En 1992 el PIB per cápita superó al de 1985 (3.393 dólares). Se debe señalar que la recesión de Guyana alcanzó un promedio de caída económica de 2,86% (casi cuatro veces menos que la de Venezuela). Esa es la noticia buena, aunque debe resaltarse que no solo la recesión de Guyana fue menos profunda que la de Venezuela, tampoco tuvo hiperinflación. Los restantes países de este grupo llevaron mucho más tiempo para la recuperación. En Turkmenistán y Bolivia, por ejemplo, ambos países con hiperinflación, la recuperación llevó 15 y 18 años, respectivamente. 

Ahora, asumamos un escenario más crítico. Esto es, que el FMI tenga razón y este año también Venezuela tenga una caída económica de 5%. En ese caso, sería una recesión con una duración de seis años. Acá el escenario es más complicado. Croacia pudo recuperar el PIB per cápita previo a la recesión en tres años. Los otros cinco países tardaron más de diez años. En el caso de la República Democrática del Congo se podría llevar más de 30 años (el único país con hiperinflación en el grupo). 

La experiencia comparada demuestra que no es imposible superar una recesión tan larga en pocos años. Se requiere tener las políticas adecuadas para hacerlo en el menor tiempo posible y con el menor costo, así como el liderazgo con los equipos humanos y las condiciones institucionales necesarias. Desde esa perspectiva, si Venezuela tuviera esos requerimientos, ¡y claro que los puede tener!, podríamos recuperar en 2021 el PIB per cápita que teníamos en 2013. Y de allí queda más cerca recuperar el PIB per cápita que teníamos en 1980 (poco menos de 300 dólares). Lo que está claro es que la vía más viable para alcanzar esa sinergia es que Venezuela se enrumbe a constituirse en una sociedad de conocimiento. Es factible, es cuestión de que exista la orientación del liderazgo y la disposición colectiva. Construyamos con decisión un acuerdo de esa naturaleza que marque un rumbo diferente para los venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 13 de febrero de 2019

viernes, 1 de marzo de 2019

Hacia la peor recesión del mundo

La magnitud de la hecatombe económica ya es padecida por casi todos los venezolanos. Ha afectado la vida cotidiana: falta de alimentos y de medicinas, hiperinflación desde hace quince meses con pronóstico de 10.000.000% para 2019, migración de millones de personas, empobrecimiento, máxima desprotección social histórica, entre otros efectos. La crisis crece día a día en proporciones nunca imaginadas dentro y fuera del país. Que esta debacle ocurra a finales de la segunda década del siglo XXI, es toda una manifestación del deterioro institucional que ha experimentado Venezuela. 

Ahora bien, las dimensiones de esta crisis, ya superlativa, deben estar presentes, es necesario que sean apreciadas en sus proporciones. Porque deben ser, por una parte, un llamado a tomar las medidas urgentes que se requieren. Cada día sin las opciones adecuadas, hace más difícil la reversión de esta situación. Por otra parte, conocer el tamaño de esta calamidad debe estar en el centro de la estrategia que se debe implementar. De esa forma se podrán tomar las decisiones que controlen rápidamente los daños ocasionados. También se deberá ganar tiempo al tiempo y favorecer que el país pueda salir de estos efectos negativos lo más pronto posible. 

La recesión de Venezuela se encuentra en su sexto año consecutivo, esto es, desde 2014 hasta la fecha. A partir de 1980, de acuerdo con el FMI, veinte países del mundo han padecido recesiones de al menos cinco años de duración. Solo en uno de ellos, República Democrática del Congo, se produjeron dos períodos de recesión (de seis años en cada caso). 

Hasta la fecha, sin consideramos el período 2014-2018, la recesión de Venezuela es la tercera en intensidad. Esto es, el promedio de caída de la actividad económica en el período es 11,71%. Es decir, en promedio todos estos años la economía venezolana ha decrecido casi 12%. Solo la recesión de Ucrania (en el período comprendido entre 1993 y 1997), y la de Sierra Leona (entre 1995 y 1999), tuvieron un promedio mayor de decrecimiento económico. En Ucrania el promedio de caída fue 12,57% (la mayor registrada), y en Sierra Leona fue 12,27%. Para tener una idea de estas magnitudes, se puede señalar que la Gran Depresión (1929-1933) tuvo una duración de cinco años y un promedio de decrecimiento de 9,1%. 

Lo más preocupante es que si se prolonga la recesión en 2019, y se cumple el pronóstico de caída económica del FMI de 5%, la recesión de seis años de Venezuela sería la segunda más profunda de la historia. Ahora bien, si la caída es de 7%, entonces la recesión de Venezuela sería la más profunda de la historia en los países que han padecido recesiones de al menos seis años. 

El panorama de un país sometido a una destrucción económica de estas proporciones debe tener efecto en la calidad de las políticas públicas requeridas. Deben ser políticas de la mayor efectividad en condiciones institucionales complejas y con financiamiento adecuado. La ausencia de estas condiciones impondrá más sufrimiento a los venezolanos. En vital recuperar el crecimiento lo más pronto posible y tomar las medidas pertinentes para que esta calamidad no ocurra nunca más.

Politemas, Tal Cual, 6 de febrero de 2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Las dimensiones del retroceso

Tal como era reconocido en múltiples ámbitos, el país confronta la peor crisis de gobernabilidad que se pueda imaginar. No solo es la dimensión política, evidente y de amplia presencia en todos los escenarios internacionales. Es también la grave dimensión económica y sus repercusiones sociales. Los eventos políticos no hacen sino profundizar la dinámica de la hiperinflación, ya con una duración de quince meses. No hace falta resaltar que hasta que no se controle la hiperinflación, la debacle social seguirá aumentando de intensidad. 

En estas circunstancias es importante enfatizar que la solución política debe fundamentarse justamente para resolver la crisis social y económica. De allí que un día más de prolongación de la situación, influye en aumentar las restricciones y dificultades. Ahora bien, la vía para resolver esta terrible situación no puede implicar la vuelta a los trechos conocidos, con la idea de que es necesaria una fase de “normalización” para luego considerar los problemas “estructurales”. 

Abogar por la “normalización” puede estar basado en la idea de que los desequilibrios económicos del país requieren medidas macroeconómicas y que por “añadidura” se retomará el bienestar que supuestamente teníamos. En esa visión, el programa de estabilización de la economía lo resolverá todo, acabar con la hiperinflación y producir más petróleo. Con esos elementos, en un tiempo prudencial volvería la “felicidad”. 

Esa visión desconoce totalmente que los problemas del país, agravados inmensamente en estos veinte años, tienen su raíz en la consolidación de una economía absolutamente dependiente del petróleo, y que, para remate, no generó las capacidades para crear valor cuando teníamos las posibilidades. Es decir, cuando teníamos las personas con las competencias para producir otros bienes. Ahora, cuando millones han dejado el país y han trasladado sus competencias a otros lugares, no se puede reiterar la causa central de todo lo que ha pasado. 

Es clave examinar lo que ha ocurrido en el mundo del desarrollo, para tener dimensiones del retroceso que se ha experimentado en Venezuela. Hay que afrontar esa realidad. Hay que ponerle tamaño. So pena de actuar ingenuamente. Justamente porque en la medida que hemos retrocedido, otros han avanzado, y mientras Venezuela confronta la única hiperinflación en la segunda década del siglo XXI y tiene la crisis de gobernabilidad más grande en los últimos treinta años en América Latina (por decir solo un detalle), esos países están ocupados en aumentar la capacidad de innovación, en producir nuevas tecnologías, en ensanchar el mundo del conocimiento, en enseñar a todos sus niños a pensar y ser creativos. Actualmente en Venezuela para millones de niños no está garantizada ni la comida del día. 

Entre 1922 y 1985, Venezuela superaba ampliamente a Corea del Sur en PIB per cápita. En 1950 Venezuela tenía cuatro veces más PIB per cápita que Corea del Sur. Pero, además, aunque sorprenda, Venezuela en ese año superaba a Japón en PIB per cápita. Teníamos el doble de Japón. A partir de 1961 nos desplazó Japón. Y dos décadas más tarde nos superó Corea del Sur. Hoy en día Japón es, desde hace décadas, la economía más diversificada del mundo. Corea del Sur ya le llega cerca. 

Entonces, el retroceso no se resuelve con volver a las fuentes tradicionales de lo que producimos. Justamente en estos veinte años se quiso llevar esta premisa al límite, esto es, vivir del petróleo. Creer, según esta orientación, que el bienestar estaba a la vuelta de la esquina y se prolongaría por siglos. La realidad de estos años indica que no era así, que no ha sido de esa forma desde hace seis décadas, al menos. 

Japón y Corea del Sur son países diversificados porque ese es el acuerdo de la sociedad. Porque han avanzado en la construcción de emporios de conocimiento, en los cuales la preocupación central es innovar y contar con recursos humanos de la más alta preparación. 

En ese contexto, ¿Cómo se pueda avanzar en el desarrollo de Venezuela sin cambiar la orientación fundamental? ¿Cómo se pueden mejorar las condiciones de vida de los venezolanos sin fijar un rumbo que apunte a la diversificación? ¿Cómo se puede progresar en la dirección que nos ha demostrado que no es la correcta? ¿Cómo plantear las mismas estrategias que aumentarán el retroceso? Definitivamente, los venezolanos, los de ahora y los del futuro, requieren una mejor interpretación de nuestro rol en el mundo. Un liderazgo con mayor compresión de nuestras posibilidades, un liderazgo del siglo XXI, no del pasado, un liderazgo con vocación para los altos retos. 

Una propuesta de futuro para los venezolanos debe colocar en el centro la aspiración de ser una sociedad de conocimientos. Con claridad, con ambición. En la cual el petróleo sea un medio, no un fin. Una alternativa con ganas. Sin complejos. Construida con el talento de los venezolanos. Esa visión tiene que plantear los retos del conocimiento para los niños que nacen hoy en cualquier sitio de Venezuela. Debe ser una plataforma para incorporarlos en la modernidad del siglo XXI. Con posibilidades para la innovación en empresas, grandes, medianas y pequeñas. También debe tener opciones para el talento que hoy se mueve en el mundo y quiere saber si puede desarrollarse en el país en el que se formaron. Esa visión debe tener respuestas para la universidad pública venezolana, hoy confrontada con la mayor pérdida de talento de toda su historia. Si esa propuesta no tiene ideas para esas inquietudes desde el primer minuto, será una respuesta para continuar en el pasado. Para mantener el retroceso.

Politemas, Tal Cual, 30 de enero de 2019