viernes, 12 de junio de 2020

¿Por qué América Latina no controla la pandemia?

Luego de cuatro meses del inicio de la pandemia en América Latina, la gran mayoría de los países no ha logrado el control. Esto significa que los negativos efectos económicos y sociales tienen ya el doble de la duración que en los países asiáticos y europeos. En la medida que los trastornos causados por la pandemia se prolonguen, las dificultades de recuperación serán mayores. Al día de hoy, el conjunto de los países de la región registra cerca del 20% de los casos reportados a escala global. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto como uno de los criterios para establecer el control de la pandemia, que debe verificarse la reducción sistemática del número de nuevos casos diarios de covid-19 en los 21 días siguientes al que se haya registrado el mayor número de casos. Esta reducción debe ser al menos de 50% de los casos. Al día 8 de junio, la gran mayoría de los países (16/20) ha registrado el mayor número de casos en una fecha muy reciente, de manera que no se cumplen los 21 días requeridos. Un caso significativo es el de Costa Rica, al registrar el 4 de junio un nuevo número máximo de casos, casi dos meses después del anterior registro. 

Los cuatro países restantes (Cuba, Ecuador, Uruguay, Paraguay), aunque cumplen con el número de días requeridos, no reportan la reducción sostenida. En Cuba, que había alcanzado el número máximo de casos el 3 de mayo, se han registrado aumentos de casos en la última semana hasta el punto que ya no cumple con el 50% de disminución requerida. En igual situación se encuentra Ecuador. En Uruguay, el número máximo de casos se registró el 30 de marzo. Sin embargo, el 26 de mayo reportó un número de casos que es superior al número equivalente al 50% de la reducción requerida. En Paraguay, aunque no se ha superado en días recientes el 50% señalado, la tendencia de casos no es a la reducción sostenida. De manera que, a efectos prácticos a la fecha, los países que están más cerca de controlar la pandemia son Uruguay y Paraguay. 

Revisar la experiencia internacional puede ilustrar las características de las políticas exitosas para el control de la pandemia. En el primer grupo de características están aquellas que son externas al sistema de salud, especialmente las de índole político y económico. En el segundo grupo, están las características relacionadas con el sistema de salud, a saber: (1) la situación institucional de base, (2) la capacidad instalada para enfrentar situaciones de emergencia epidemiológica, (3) la preparación hasta el momento de reportar el primer caso de covid-19, y (4) la gestión de las políticas aplicadas durante la pandemia. Para realizar la comparación se toma como referencia a Corea del Sur y luego se analizan uno de los países de la región que está más cerca del control (Uruguay). 

Con respecto a las características externas al sistema de salud, una diferencia notable entre Corea del Sur y Uruguay es el nivel de complejidad económica. Sin embargo, en lo que respecta a la vulnerabilidad del empleo, factor crítico para garantizar el distanciamiento social, la diferencia entre ambos países no es tan grande, especialmente si se compara con otros países de la región que tienen mayor proporción de personas en la economía informal. 

Con respecto a la primera característica del sistema de salud (situación institucional de base), Uruguay tiene ventajas en comparación con Corea del Sur, en tanto el financiamiento público tiene una mayor proporción, con lo cual también es mayor la protección financiera. Con respecto a la segunda característica (capacidad instalada para enfrentar emergencias epidemiológicas), Corea del Sur fue clasificada en el lugar número 9 mientras Uruguay ocupó el lugar 81 sobre el total de países incluidos en el Índice Global de Seguridad en Salud (IGSS). 

El hecho de que ambos países hayan sido efectivos en el control, indica que las diferencias señaladas con respecto a las características anteriores, pudieron ser reducidas, especialmente por Uruguay, con la implementación de políticas específicas en la pandemia. Por supuesto, otros países de la región no están la misma situación que Uruguay, lo cual indica que requieren mayor efectividad de las políticas, porque resolver las diferencias más estructurales no es posible en el corto plazo. Justamente un ejemplo de este aspecto es que Paraguay también ha tenido éxito en el control, a pesar de las notables diferencias estructurales con Uruguay. 

El examen de las políticas seguidas por Corea del Sur refleja dos rasgos significativos: gradualidad y anticipación. Para ello se toma como referencia la información contenida en la base de datos de la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford, especialmente el Índice Rigurosidad de Políticas (IRP). Corea del Sur inició las primeras intervenciones para el control una semana después del registro del primer caso. El monitoreo de los casos permitió incrementar progresivamente la rigurosidad tratando de que no fuera muy alta (para evitar impactos negativos en el sistema productivo). Es por ello que se implementan gradualmente las siguientes intervenciones: cierre de escuelas, suspensión de reuniones públicas (al mes del primer caso), confinamiento recomendado (no obligatorio). De tal manera que el IRP durante los días de mayor número de casos diarios se mantuvo en un nivel intermedio (50, sobre un máximo de 100). Sin embargo, cuando se registró un aumento de casos, luego de la fase más crítica, se elevó sustancialmente la rigurosidad hasta 80. Cuando se requirió disminuir la rigurosidad al haber detectado los contactos de los casos, también se hizo gradualmente. En el caso de Uruguay, el IRP alcanzó una medida también intermedia, pero en un plazo más rápido, con lo cual no hubo posibilidad de minimizar los efectos negativos de la rigurosidad. También en Uruguay el IRP se mantuvo más tiempo sin ajustes, lo cual indica que quizás prevaleció el criterio de reducir riesgos, sin consideración de los efectos negativos de la rigurosidad. 

Tanto Corea del Sur como Uruguay aplicaron intervenciones con rigurosidad intermedia. Sin embargo, en el caso de Corea del Sur fueron más graduales, demostrativo de que existe una mayor precisión institucional para implementar los ajustes. Este aspecto puede estar relacionado con el menor número de casos de covid-19 por población en Corea del Sur. 

Por todo lo anterior, entre los factores que más han influido en que los países no hayan controlado la pandemia se pueden señalar: (1) la composición del mercado laboral que impide alcanzar altos niveles de distanciamiento social, y (2) las dificultades para ajustar políticas, por lo cual se establecieron de entrada altos niveles de rigurosidad que no se han podido revertir hasta la fecha. 

El hecho de que tanto Paraguay como Uruguay hayan sido efectivos, indica que la implementación de políticas puede subsanar las limitaciones más estructurales (siempre y cuando, por supuesto, existan los recursos institucionales y de financiamiento). En este contexto, los países que no han logrado el control requieren a la brevedad: (1) proteger el ingreso de las personas en el mercado informal y los desempleados (al menos en un monto equivalente al 100% del salario promedio), (2) implementar adecuados mecanismos para garantizar el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social, y (3) identificar las intervenciones en las cuales se puede reducir la rigurosidad con el propósito de aminorar el impacto en el sistema productivo. Estas medidas deben apuntar a controlar la pandemia en las próximas semanas. De lo contrario, aumentará mucho más el daño en la región.

Politemas, Tal Cual, 10 de junio de 2020

sábado, 6 de junio de 2020

América Latina: sin protección social ante la pandemia

En el cuarto mes de la pandemia de covid-19, la gran mayoría de los países de América Latina tienen severas dificultades para lograr el control. A la fecha, más de un millón de casos han sido reportados en la región. El total de fallecidos asciende a 52 mil. El 91% de los casos diarios se diagnostican en Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. En la semana en curso se podrían reportar cerca de 250. 000 casos más. Chile y Perú ya se encuentran entre los ocho primeros países en número de casos por millón de habitantes. 

En la última semana, 14 países de la región han reportado el número más alto de casos desde que comenzó la pandemia. Esto significa que el control tomará con seguridad 100 días o más desde el momento que se registró el primer caso de covid-19. Situación muy diferente a la de Corea del Sur que logró el control en 48 días desde el primer caso. Esa diferencia en tiempo para el control, significa un mayor deterioro de los servicios de salud y más dificultades para reanudar la actividad productiva. Por otra parte, la prolongación de la pandemia en unos pocos países también aumenta el riesgo para el resto. 

La urgencia de la situación obliga a examinar las alternativas que pueden explorar los países. La premisa central para el control es el aumento de la distancia entre las personas. De esta manera se limita la posibilidad de que el virus se transmita. Para ello se requiere realizar el diagnóstico y colocar a las personas en aislamiento, y al mismo tiempo identificar los contactos que requieran cuarentena. Los sistemas de salud que estén en capacidad de realizar estas tareas sin medidas más rigurosas, pueden controlar la pandemia más rápidamente y con menores costos productivos. 

El caso anterior es justamente el de Corea del Sur. De acuerdo con el Índice de Rigurosidad de Políticas (IRP), elaborado por la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford, Corea del Sur requirió un IRP promedio de 36 (el máximo es 100) para alcanzar el control. Es por ello que no se implementaron medidas de confinamiento nacional. En América Latina, Costa Rica, por ejemplo, también ha logrado el control, aunque con un IRP mayor (80) al de Corea del Sur. En este grupo también se puede incluir a Uruguay. Es claro que en estos dos países las capacidades instaladas en los sistemas de salud juegan un papel preponderante. 

Cuando la institucionalidad del sistema de salud no facilita adecuadamente las actividades de diagnóstico, aislamiento, cuarentena y detección de contactos, entonces la tasa de crecimiento de los casos puede ocasionar una demanda desproporcionada sobre los servicios. Es en esa circunstancia cuando se deben considerar las medidas más rigurosas. Esta es la situación que afectó a la gran mayoría de los sistemas de salud de la región. De allí que en muchos se ellos se alcanzaran niveles muy altos de rigurosidad de políticas. De acuerdo con las últimas mediciones del IRP mencionado, Bolivia, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Perú tienen altos niveles de rigurosidad (valores superiores a 90), de manera que es poco factible implementar medidas más estrictas, aunque tampoco han logrado el control. 

La coexistencia de altos niveles de rigurosidad de políticas sin alcanzar el control, indica que la reducción del distanciamiento de las personas, sea por la limitación de la actividad productiva, educativa o social, no está cumpliendo los objetivos propuestos. Es bastante obvio que, en países con altos grados de informalidad, las personas deben salir de las viviendas para procurar los recursos para la subsistencia. Esta es la lógica que fundamenta que para limitar la movilidad de las personas se debe garantizar la protección del ingreso, vía la asignación directa de recursos a las familias. 

De acuerdo con la información disponible para el análisis comparado de países, en el sitio web de la Escuela Blavatnik, la gran mayoría de los países de la región aprobaron mecanismos de transferencia de ingresos para aquellos que perdieran el empleo, para los que no tuvieran empleo al momento de iniciar la pandemia, y para los trabajadores en el sector informal. Solo Haití, México, Nicaragua y Venezuela no implementaron estos mecanismos de protección social de corto plazo. Ahora bien, en el resto de los países, con la excepción de Honduras, el monto de la asignación de recursos es inferior al 50% del salario mensual promedio. Es bastante claro que, en estas circunstancias, las personas tienen mayor incentivo para no cumplir estrictamente el confinamiento. 

El incremento sostenido de los casos de covid-19 está asociado, en consecuencia, con la imposibilidad de garantizar los ingresos requeridos por las familias. No existe información hasta la fecha sobre las dificultades derivadas de poner en marcha programas de esta naturaleza en tan corto tiempo, y si efectivamente están siendo recibidos por las personas en mayor necesidad. Todo lo cual implica que el control efectivo de la pandemia en las próximas semanas requiere considerar si es posible ampliar esos montos, al menos en el mes en curso. Habría que agregar, dentro de las dificultades, el desgaste y cansancio experimentado por las familias en un confinamiento que más bien habría que prolongar. El efecto que tiene este estado de ánimo de la población es un aspecto que debe ameritar especial consideración por parte de los gobiernos. 

En América Latina era bastante conocida la debilidad de los sistemas de protección social, fundamentalmente para identificar riesgos individuales y familiares. Lo que la pandemia ha puesto en evidencia, por la rapidez de los acontecimientos, es la notable debilidad de los gobiernos para responder rápidamente con la calidad requerida, pero también con los recursos fiscales necesarios para programas de protección social de corto plazo. El curso en las próximas semanas estará determinado por la capacidad para tomar medidas audaces, expresadas en recursos suficientes, que permitan alcanzar el control. De lo contrario, en muchos países de la región, aumentará lamentablemente la severidad de la pandemia.

Politemas, Tal Cual, 3 de junio de 2020

viernes, 29 de mayo de 2020

Dimensiones urbanas de la pandemia

Antes de que termine el mes de mayo, América Latina alcanzará los 800 mil casos de covid-19. Casi 30 mil casos se notifican cada día. El 14% de los casos del mundo han sido diagnosticados en la región, lo cual representa una proporción mayor que el porcentaje de población. Al 25 de mayo, tres países de la región (Chile, Perú y Panamá) se encuentran entre los veinte primeros en número de casos por millón de habitantes. Cuatro países (Ecuador, Brasil, Perú y Panamá) están en el grupo de veinte países con mayor mortalidad por covid-19. 

Si se toma como referencia el tiempo que requirió Corea del Sur para controlar la pandemia (48 días desde el registro del primer caso), las perspectivas de la región indican que durará más tiempo y los efectos serán mucho más severos. A la fecha, solo tres países han disminuido el número de casos a menos de la mitad de los que registraron el día con mayor número. Estos tres países son: Uruguay, Costa Rica y Cuba. Sin embargo, en la última semana, el número de casos en los primeros dos países países ha aumentado hasta el punto que se encuentran muy cercanos a la mitad de casos señalada. De continuar esta tendencia, ambos paìses pueden presentar una involución en el control, tal como ocurrió con Honduras también en la última semana. Otros tres países con posibilidades de controlar la pandemia son República Dominicana, El Salvador y Panamá. Dado que ninguno de ellos tiene un período mínimo de 21 días con respecto al día de mayor registro de casos, se requiere monitorear esta evolución en la próxima semana. 

Lo anterior significa que catorce países de la región tienen menos de diez días desde que se produjo el máximo de casos en la pandemia. Once de estos países han registrado ese máximo en la última semana (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Haití, Honduras, México, Perú y Venezuela). Siete países (Argentina, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, México y Venezuela) han registrado el máximo de casos en las últimas 48 horas. Esto indica que en el mejor de los casos, es decir, alcanzar el control efectivo en las próximas tres semanas, la pandemia duraría en estos países casi cuatro meses. 

Los efectos de la pandemia se manifiestan no solo en el número de países, sino en la intensidad en algunos de ellos. Para el 25 de mayo cinco países (Brasil, Chile, Colombia, México y Perú) registraron el 89% de los casos nuevos totales en la región (casi 24 mil casos). Si se analiza la distribución geográfica se encuentra que el 53% de los casos de Brasil se registraron en cuatro estados (Sao Paulo, Rio de Janeiro, Ceará, Amazonas). En Colombia el 33% de los casos se han notificado en Bogotá. La ciudad de Lima representa el 68% de los casos de Perú. El 78% de los casos de Chile se han registrado en la Región Metropolitana de Santiago. En Ciudad de México la proporción de casos con respecto al total nacional es 16%. 

La alta incidencia en zonas urbanas es esperable dados los patrones epidemiológicos de la enfermedad. A mayor aglomeraciòn de personas, la tendencia a la propagación del virus aumenta. El hecho de que sea justamente en estas grandes ciudades donde se reporta la mayor proporción de casos, indica que el funcionamiento de las medidas de distanciamiento social no ha tenido los efectos esperados, o que simplemente, por los patrones laborables en estas grandes urbes, es muy complicado que la alta proporción de población en el mercado informal pueda guardar estas medidas sin ver afectados sus ingresos diarios. En vista de que siguen aumentando las cifras de nuevos casos diarios, es evidente que los mecanismos de protección del ingreso no están alcanzando a la población de manera efectiva. 

La rigurosidad de las medidas de confinamiento, aunque alta en la norma, no se traduce en la práctica. En la medida que avance la disminución de la actividad económica, en esa misma forma la tendencia de la población es aumentar la movilidad para alcanzar el ingreso mínimo requerido. La premisa entonces, a los efectos de lograr el control en el corto plazo, es explorar cómo se están implementando las opciones de transferencias directas. Por supuesto, esta situación que ahora se presenta en estas ciudades, puede extenderse a otras ciudades intermedias de Centro y Sur América. 

La pandemia está colocando una presión enorme en los mecanismos de transferencia directa de los países de la región. El hecho de que luego de tres meses los efectos del control no se hayan obtenido, es indicativo del desgaste individual y familiar que se atraviesa en la región. A ello hay que agregar el desgaste de la institucionalidad pública, por semanas de alta demanda de servicios y el consiguiente impacto en los equipos humanos y en la logística. La utilización de medidas combinadas de protección social con la garantía de medidas de cumplimiento del confinamiento son indispensables. El control de la pandemia se ha convertido en el factor más crítico para el bienestar en América Latina en el corto y mediano plazo.

Politemas, Tal Cual, 27 de mayo de 2020

viernes, 22 de mayo de 2020

¿Cómo evoluciona la pandemia en América Latina?

El primer caso de covid-19 en América Latina fue reportado en Brasil el 26 de febrero. Al 18 de mayo, según la Universidad Johns Hopkins, el registro de casos en la región supera los 540 mil. El número de fallecimientos por covid-19 a la misma fecha es poco más de 30.000. Brasil ya ocupa el tercer lugar entre los países del mundo tomando en cuenta el número de casos. Tres países de la región (Perú, Panamá y Chile) se encuentran entre los veinte primeros en número de casos por millón de habitantes. Cuatro países (Ecuador, Brasil, Perú y Panamá) están en el grupo de veinte países con mayor mortalidad por covid-19. En la última semana, doce países latinoamericanos han experimentado la cifra más alta de casos desde que comenzó la pandemia. 

La crítica situación de salud pública se combina con las duras consecuencias económicas y sociales de la pandemia. La caída de la actividad económica en la más significativa en décadas en algunos países. La región avanza lamentablemente a una impresionante involución en el bienestar. El hecho de que la pandemia se encuentre finalizando el tercer mes de evolución, requiere examinar la situación de cada uno de los países con respecto a las políticas de control. Es el primer paso para identificar nuevas opciones de políticas. Sin control efectivo, se prolongará la incertidumbre y el shock económico y social. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en documento publicado el 12 de mayo, indica los criterios epidemiológicos que deben cumplirse para determinar si un país ha controlado la pandemia. Estos criterios preceden a los relacionados con el sistema de salud y la capacidad de monitoreo de salud pública. Es decir, el primer paso es establecer si se cumplen las condiciones en cuanto a la propagación de covid-19, para luego analizar si se está en capacidad de mantener el control. 

La OMS propone que la medida fundamental para establecer si existe control es la medición del “número efectivo de reproducción”, también denominado RO. Este número indica los casos secundarios infectados por un caso previo. Si este número es menor a 1 al menos por dos semanas, entonces la pandemia está en fase de reducción. Cuando no es posible contar con este indicador, la OMS propone alternativas. Una de ellas es que exista una reducción de 50% de los nuevos casos con respecto al máximo registrado en un período de tres semanas, y que esta disminución sea sostenida. 

De acuerdo con este criterio, solamente dos países de la región han controlado la pandemia: Costa Rica y Uruguay. El registro máximo de casos en ambos países se alcanzó hace 39 y 52 días respectivamente. La cifra de casos nuevos en ambos países al 18 de mayo es 3, es decir, una reducción de 91% con respecto al valor del día con mayor número de casos. En consecuencia, el siguiente punto en estos países es verificar la capacidad para mantener el control. Siendo dos de los países con mayor institucionalidad de salud pública en la región, es previsible que puedan manejar adecuadamente los nuevos casos que se puedan presentar en los próximos meses. Según la última información disponible del Índice de Rigurosidad de Políticas (Universidad de Oxford), estos dos países mantienen restricciones para el movimiento de las personas. En el caso del otro país que tiene más de 21 días de haber transcurrido el máximo de casos, Ecuador, la evolución de los casos hacia la disminución no ha sido sostenida, con lo cual la posibilidad del control no está confirmada. 

El segundo grupo de países está compuesto por aquellos con más de diez días transcurridos desde el máximo de casos nuevos (Panamá, Cuba y Honduras). En los dos primeros, las reducciones alcanzan 67 y 87% respectivamente, mientras que en Honduras fue 32%. En este grupo, una semana más con la actual tendencia podría indicar si efectivamente han controlado la pandemia. 

El tercer grupo incluye los países en los cuales han transcurrido menos de diez días desde el máximo registro de casos. En el grupo se encuentran desde Paraguay y República Dominicana (con nueve días desde el máximo de casos), hasta Colombia, Haití y Venezuela con menos de tres días. De especial relevancia es la situación en Perú, Chile, Brasil y México. El aumento de casos nuevos en estos países se encuentra en fase expansiva en los últimos días. De tal manera que las posibilidades de control en el corto plazo son menores a las de otros países. Un aspecto relevante en este grupo es si es posible aumentar la rigurosidad de las medidas, cuando ya muchos de ellos tienen niveles altos de confinamiento. 

El hecho de que solo una minoría de países en la región hayan controlado la pandemia, tiene un triple efecto. En primer lugar, significa que existe una gran presión sobre los sistemas de salud, especialmente por los requerimientos de recursos humanos, de equipamiento y logísticos, agravado por las dificultades derivadas de la dispersión geográfica (Perú y Brasil, por ejemplo). Un segundo aspecto, es la gran demanda de recursos fiscales para compensar los efectos de la caída extraordinaria de la actividad económica. Estos dos factores coexisten con las limitadas capacidades para la detección de contactos, que a su vez son claves para las siguientes etapas. Por estas razones, el gran reto de los países es tratar de modificar las políticas en curso con mecanismos innovadores que permitan recortar el tiempo necesario para controlar la pandemia. De lo contrario, en el curso actual, los efectos en el sistema de salud, y en la actividad económica y social serán de especial severidad.

Politemas, Tal Cual, 20 de mayo de 2020

viernes, 15 de mayo de 2020

América Latina: balance de políticas contra la pandemia

A la fecha, quince países de América Latina han registrado el mayor número de casos de covid-19 en las últimas dos semanas. Nueve de ellos lo han registrado en la última semana. Esto significa que, en las mejores condiciones, es decir, acercándose al desempeño de Corea del Sur, tienen por delante un mes más para controlar la pandemia. En efecto, Corea del Sur tardó 34 días desde que registró el mayor número de casos hasta que se redujo de manera significativa y estable. Si se suma el período desde el inicio de los casos, el tiempo necesario para el control en Corea Sur fue poco más de dos meses. En consecuencia, en la gran mayoría de los países de América Latina la covid-19 podría ser controlada, en el mejor de los casos, en más de tres meses. Ya son visibles los efectos de lo que esto significaría en la región. 

Hacer el balance, entonces, es tratar de identificar las opciones de políticas que se deben implementar de manera inmediata, con el propósito de revertir la dinámica de la pandemia, pero también para aminorar sus consecuencias sociales, económicas y de salud. Por otra parte, dado que la posibilidad de contar con vacuna efectiva y utilizada masivamente no está planteada en el corto plazo, las políticas que se apliquen en esta fase determinarán la capacidad para el control en los próximos meses. 

Para realizar el balance, al menos cuatro aspectos pueden considerarse. En primer lugar, el punto de partida, es decir, las condiciones diferenciales en las cuáles se encontraban los sistemas de salud de la región antes de la aparición de la covid-19. Un segundo aspecto corresponde a las decisiones que fueron tomadas por los países antes de que se registrara el primer caso en los respectivos territorios. Las políticas implementadas luego del inicio de la pandemia, constituyen el tercer aspecto. Los efectos en el número de casos y fallecimientos corresponden a los criterios de efectividad de las políticas. 

Las condiciones de los países para enfrentar una situación de riesgo global como una pandemia, fueron ponderadas con la elaboración de Índice de Seguridad de Salud Global. Este índice es un proyecto entre la Nuclear Threat Initiative (NTI) y el Centro de Seguridad en Salud de la Universidad Johns Hopkins, y fue desarrollado con The Economist Intelligence Unit (EIU). Los resultados fueron publicados a finales de 2019. De acuerdo con el índice, los países mejor preparados para enfrentar un riesgo biológico eran: Brasil, Argentina, Chile y México. Siete países de la región obtuvieron una puntuación por debajo del promedio mundial, siendo Venezuela el país con menor puntuación. 

La medición de capacidades de los países puede dar pistas sobre las posibles respuestas en una situación crítica como una pandemia. Pero es la ejecución de políticas lo que permite conocer si esas capacidades se ponen en práctica. La Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford ha elaborado un índice para realizar el seguimiento de estas políticas. De acuerdo con este índice, la gran mayoría de los países de la región no alcanzaron 20 puntos (en una escala de 100) en políticas implementadas antes de registrarse el primer caso de covid-19. La puntuación de Bolivia, Brasil, Chile y República Dominicana fue 0 en la etapa de pre-pandemia, la de México fue 3 puntos. En otras palabras, tres países con las mayores capacidades no implementaron ninguna política en la fase de preparación. El caso contrario fue El Salvador, al tener un índice de 70 antes del diagnóstico del primer caso. 

Luego del inicio de la covid-19, dos aspectos han tenido especial relevancia para el control: la realización de pruebas diagnósticas y la aplicación de medidas de distanciamiento social. Tres países destacan en la región por la importancia asignada a la realización de pruebas diagnósticas: Perú, Chile y Panamá. Estos tres países han aumentado entre cinco y siete veces el número de pruebas por 1.000 habitantes desde el reporte del primer caso. Brasil, México y Bolivia no han incrementado la realización de pruebas en los dos meses de evolución de la pandemia. Otros países: Haití, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, Honduras, República Dominicana, no están incluidos hasta la fecha en el registro de este indicador por parte de Our World in Data, de allí que se dificulte de manera significativa el seguimiento. 

El grado de rigurosidad de las medidas de distanciamiento social discrimina dos grupos de países. En el grupo con menos rigurosidad en medidas como confinamiento, cierre de escuelas, restricciones del transporte, se encuentran México y Brasil que tienen en la actualidad las mayores cifras de contagios diarios. También en este grupo se encuentran Chile, Panamá, Colombia y Argentina. En los dos primeros se han registrado las dos mayores tasas de casos por millón de habitantes en la región. 

En los países con mayor rigurosidad se destacan dos grupos. En el primer grupo se encuentra países con medidas de rigurosidad moderada como Uruguay y Costa Rica en los cuales el control ha sido mayor, contrapuestos a Ecuador y Perú que presentan las mayores tasas de mortalidad de América Latina. Esta diferencia indica que las condiciones previas, especialmente el desarrollo de la institucionalidad del sistema de salud es un factor de especial incidencia en el control de casos. En el segundo grupo están países con mayor rigurosidad en las medidas, pero que presentan menor desempeño, en términos de la mortalidad por covid-19, como es el caso de Honduras que ya se encuentra en el octavo lugar de mortalidad en la región. 

Algunas lecciones pueden plantearse de este balance. En primer lugar, las capacidades pueden ser altas, pero requieren calidad de las políticas para que constituyan una diferencia. Los casos de Brasil y México son demostraciones de esta restricción. Una segunda lección es que la ausencia de acciones previas tiene sus efectos. En este grupo se encuentran nuevamente Brasil y México, pero pueden agregarse Chile y República Dominicana. La realización de pruebas diagnósticas reduce la incertidumbre para la toma de decisiones, y es también de utilidad para identificar las secuelas por covid-19. Los países que hayan diagnosticado más personas estarán en capacidad de estimar mejor los servicios que se requerirán en el futuro para su atención. La cuarta gran lección es que la fortaleza institucional, especialmente en la gestión de salud pública, es el factor clave para el control. La evolución de los casos en Costa Rica y Uruguay indica claramente este aspecto. Los países que aspiren controlar rápidamente, deben, en consecuencia, reforzar los servicios de diagnóstico de casos y seguimiento de contactos. De lo contrario, la pandemia con sus efectos seguirá representando un riesgo de grandes proporciones para la salud de los latinoamericanos.

Politemas, Tal Cual, 13 de mayo de 2020

jueves, 7 de mayo de 2020

120 mil rastreadores sanitarios para controlar la pandemia

América Latina entra en el tercer mes de la pandemia por Covid-19. En un momento comparable, es decir, a los sesenta días del primer paciente diagnosticado, ya Corea del Sur había reducido los casos nuevos a una décima parte. El primer caso de Covid-19 fue confirmado en este país el 24 de enero. El máximo número de casos nuevos ocurrió el 3 de marzo (851 casos). Para el 23 de marzo (a los sesenta días), el número de casos nuevos se había reducido a 76. Ahora bien, para llegar a 8 casos nuevos se requirieron 25 días más. El 4 de mayo se reportaron sólo 3 nuevos casos. 

La experiencia de Corea del Sur demuestra que es posible controlar casi completamente la pandemia, pero ello requiere estrategia, recursos, y tiempo para ejecutarla. Justamente por la rapidez en las acciones emprendidas en este país, no fue necesario realizar confinamientos generales de la población. La efectividad de estas acciones está relacionada con la preparación y la capacidad para tratar personas infectadas por Covid-19, pero también para anticipar aquellas personas que eran contactos, y que por tanto podían padecer la enfermedad o transmitirla. 

La situación en América Latina al día de hoy es completamente diferente. En doce países, la cifra más alta de casos nuevos se ha registrado en la última semana. Solo en Costa Rica y Uruguay la cifra más alta se produjo hace más de un mes. En estos dos países, el número de casos al 4 de mayo era tres y dos, respectivamente. Que esta tendencia se mantenga en estos países, depende fundamentalmente de la capacidad diagnóstica y del seguimiento de contactos. 

En el resto de los países las tendencias son preocupantes. A pesar de que varios de ellos (Chile, Perú, Panamá), tienen altas cifras de pruebas diagnósticas por población (en niveles comparables con Corea del Sur), en otros países se aprecia el estancamiento de este indicador (Bolivia y México, por ejemplo). Por otra parte, siete países de la región no tienen datos disponibles en la base de datos “Our World in Data”, entre ellos Brasil y Venezuela. Es por ello que en muchos casos no es posible conocer la situación real. 

La pandemia afecta de manera significativa, pero no única, a la mortalidad. Doce países de la región tienen ya tasas de mortalidad por Covid-19 superiores a la de Corea del Sur. En Ecuador, con la mayor tasa, la mortalidad es veinte veces superior. El número de casos de Covid-19 por 100.000 habitantes en Panamá y Ecuador es casi nueve veces el registrado en Corea del Sur. 

En estas circunstancias es evidente que el confinamiento per se, o las prácticas de distanciamiento social, no son suficientes para controlar la pandemia en el grado requerido. De hecho, la continuación de estas medidas sin cambios, puede ocasionar mayores efectos en la dinámica productiva y social de los países. Es fundamental, entonces, minimizar la propagación de la pandemia, en los niveles cercanos a “cero casos”, y retomar en plazos perentorios la reanudación de las actividades sociales y productivas. 

En aquellos países que están implementando confinamientos, es fundamental que se produzca una reducción sustancial de casos nuevos. La experiencia de algunos países europeos (España, Italia, Alemania), indica que al menos se requiere un mes para que la tendencia de los casos nuevos se reduzca sistemáticamente. Esto significa, de replicarse esta dinámica europea (lo cual no es necesariamente así, por supuesto) que, en algunos países como Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, El Salvador, Honduras, México, Panamá, alcanzar un número de casos compatible con una tendencia de franca reducción, puede llevar un mes más (primera semana de junio). 

Asumiendo que en un mes se alcanza esa situación en la región, queda una gran pregunta, ¿cuáles son los países que están en capacidad de detectar adecuadamente los casos nuevos y evitar que se produzcan nuevos episodios de la pandemia? Por lo descrito, tal parece que las mejores condiciones se dan en Costa Rica y Uruguay, países de baja población comparativamente en la región. Esto significa que la mayor proporción de la población de América Latina puede estar sujeta a la perversa dinámica de casos de Covid-19 de curso intermitente, obstaculizando aún más la recuperación económica y social. 

La evolución dramática de la pandemia en países europeos indica que una de las razones fue no contar con capacidades para realizar detección masiva de contactos en una magnitud superior al ingreso de pacientes en los centros de salud. También ha sido reconocido que la mejor forma de evitar en la actualidad la reaparición de la pandemia, es identificar la mayor cantidad de contactos. De allí que, en las últimas semanas, varios gobiernos europeos han iniciado el diseño e implementación de programas de “rastreadores sanitarios”. En el Reino Unido se planea reclutar 18 mil en las próximas semanas. En Alemania se ha propuesto que se necesita 1 rastreador sanitario por cada 25.000 habitantes. En el estado de Nueva York se ha estimado la cifra entre 6 y 17 mil. 

Los países de América Latina deben considerar seriamente esta opción. Con urgencia. No se puede esperar que la tendencia de casos empiece a disminuir. Se deben implementar estos programas a la brevedad. Si se aplica el criterio de un rastreador por cada 5.000 habitantes, se puede estimar que se necesitan 120.000 mil rastreadores sanitarios en la región. Este personal puede ser menor en los países que han mostrado capacidades para esta tarea (como Costa Rica y Uruguay), o en otros que estén realizando ya estos ajustes. 

Esta opción supone organizar cuerpos técnicos dependientes de los ministerios de salud, con el propósito de detectar contactos y supervisar la realización de los servicios para esta población. Podrían participar personas que están actualmente en los servicios de salud, pero probablemente se requiera incorporar otros nuevos. El centro de actividad de los rastreadores sanitarios es la comunidad, por cuanto deben interrogar a las personas diagnosticadas, elaborar la lista de contactos, identificar cada uno de estos contactos y establecer si padece la enfermedad o si la puede padecer. Para ello deben realizar pesquisas a través de llamadas telefónicas o visitas a domicilios y sitios de trabajo. Toda la información recolectada debe ser ingresada en bases de datos para realizar el análisis detallado. Se debe establecer quiénes son las personas en mayor riesgo. El criterio de éxito es que todos los nuevos casos hayan sido contactos de casos previos. De esta manera se irá cercando la propagación del Covid-19 hasta que no exista ningún caso en el territorio de los países. Mientras no exista la vacuna, esta debe la estrategia para garantizar la estabilidad social y productiva. 

Los rastreadores sanitarios deben ser personas de trato afable, comunicativas, con disposición a interpretar las particulares condiciones de las familias afectadas por el Covid-19, con sensibilidad por la salud pública, con vocación por el trabajo en la comunidad, con manejo de las nuevas tecnologías, y con competencias para apoyar la gerencia de servicios de salud. 

Estos cuerpos de rastreadores sanitarios están adscritos a las instituciones nacionales o locales de salud. Son profesionales de salud pública. En consecuencia, deben asignarse los recursos para sufragar sus servicios, vehículos para desplazamientos, servicios para alojar a las personas asintomáticas que requieran aislamiento y no puedan cumplirlo en sus domicilios, y toda la logística complementaria. Se trata de una amplia operación de seguimiento de personas orientado a evitar casos y proteger la salud de la población. Los ministerios de salud deben examinar los recursos disponibles para constituir estos programas, que no deben ser muchos en estos momentos. En ese caso, los gobiernos pueden acudir con celeridad a los organismos internacionales para solicitar recursos para financiar estos requerimientos. Se trata de programas que deben estar funcionando en el plazo máximo de un mes. 

La superación de la tremenda crisis que ha significado la pandemia para los pueblos de América Latina requiere la constitución urgente de miles de equipos de rastreadores sanitarios, atravesando las inmensidades de la geografía de la región. En la medida que se haga con mayor rapidez, se podrá iniciar la recuperación de los efectos severos de la pandemia. Es fundamental asignar los recursos, para lo cual será de gran valor el rol de los responsables económicos en los países y en los organismos internacionales. 

No debe haber preocupación por la sostenibilidad de estos equipos, porque luego de controlada la pandemia, queda una gran cantidad de enfermedades infecciosas que afectan la región, y también se encuentran decenas de millones de personas con enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes, solo para nombrar dos, que todavía no están diagnosticadas. Estas tareas también requerirán rastreadores sanitarios por las próximas décadas. La constitución y sostenibilidad de los cuerpos de rastreadores sanitarios puede ser una de las inversiones más significativas y de mayor retorno para el mejoramiento de las condiciones de salud en la historia de América Latina.

Politemas, Tal Cual, 6 de mayo de 2020

viernes, 1 de mayo de 2020

Países más efectivos ante la pandemia en América Latina

Después de dos meses de los primeros casos reportados de Covid-19, las diferencias en las capacidades de los sistemas de salud de América Latina se han puesto de manifiesto. El curso de la pandemia dependerá de que se profundice el éxito en aquellos países que están actuando con mayor efectividad, y de los cambios que logren realizar aquellos que hasta la fecha muestran un bajo desempeño. Para ello se requiere analizar los efectos hasta la fecha, y a partir de allí, diseñar los correctivos necesarios. 

La pandemia por Covid-19 ha afectado a casi todos los países. En muchos de ellos, el efecto se extiende ya por casi 100 días. Esto significa un mes más que la duración promedio en América Latina. Esto puede resultar una ventaja por la posibilidad de aprovechar la experiencia de otros países. De allí que sea de especial utilidad realizar el seguimiento de la pandemia en aquellos países con más tiempo, con el propósito de establecer una guía de referencia. Esta actividad debe ser realizada de manera permanente, justamente por los cambios que pueden ocurrir. Por ejemplo, el reporte de nuevos casos en Japón y Singapur ha obligado a la implementación de medidas de confinamiento que no habían sido necesarias en las primeras etapas. 

El examen de la experiencia comparada requiere seleccionar los criterios para el análisis. En la situación ideal, los sistemas de salud deben evitar el mayor número de muertes y casos, y realizar la mayor cantidad de pruebas que permitan detectar casos y el respectivo aislamiento y cuarentena. Dicho en otras palabras, aquellos países que presenten la menor tasa de mortalidad por Covid-19, la menor incidencia de casos por 100.000 habitantes, y la mayor tasa de pruebas por 1.000 habitantes, puede ser identificados como las referencias a imitar. La diferencia entre estos países y los de América Latina indicará la mayor o menor efectividad de las políticas implementadas. 

Tomando en cuenta la información disponible al 27 de abril en fuentes internacionales en los tres indicadores señalados, se pueden comparar 67 países. Los tres países con mayor efectividad son Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. La duración de la pandemia en los dos primeros países es 97 y 93 días, respectivamente. En Nueva Zelanda ha sido 60 días. La tasa de mortalidad es menor a 5 muertes por millón de habitantes en los tres países. La tasa de incidencia es menor a 30 casos por 100.000 habitantes también en los tres países. Y el promedio de pruebas por 1.000 habitantes en los tres países es 18. De manera que se podría plantear que esos son los criterios de éxito más exigentes. 

El primer paso en el análisis se fundamenta en la capacidad diagnóstica de los países de América Latina. A mayor cantidad de pruebas, se dispone de más información para establecer la magnitud de la pandemia en cada país. Este aspecto es fundamental para identificar las intervenciones más adecuadas. A tal efecto, se compararon los países que tienen información disponible en el sitio web “Our World in Data” (proyecto conjunto de la Universidad de Oxford y el Global Change Data Lab). Se seleccionó como criterio la cobertura de pruebas de Corea del Sur (por ser la menor de los tres países de referencia mencionados anteriormente). El valor de cada país al 25 de abril se comparó con el de Corea del Sur a días equivalentes de pandemia. 

Siete países de América Latina (Brasil, República Dominicana, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Venezuela) no tienen información disponible en el sitio web mencionado. Esto impide la comparación con otros países y es una deficiencia relevante para el control de la pandemia. La situación ideal es contar con esa información en cada país y que también sea conocida en el ámbito internacional. Se puede identificar a este grupo de países como de capacidad diagnóstica no reportada. En cinco países (Chile, Cuba, El Salvador, Panamá, Perú), la cantidad de pruebas por 1.000 habitantes es superior a la realizada por Corea del Sur en momentos equivalentes. Esto significa, en principio, que estos países cuentan con mayor calidad de información para la toma de decisiones. Se podría identificar a estos países con alta capacidad de diagnóstico. El tercer grupo (los restantes ocho países) tienen capacidad diagnóstica intermedia. 

La comparación de efectividad toma en cuenta, en primer lugar, la capacidad diagnóstica porque de esta manera se explora la disposición real de los países para enfrentar la pandemia con rigor. Todos los países del grupo con mayor capacidad diagnóstica, excepto El Salvador, ya han superado la tasa de mortalidad de Corea del Sur, a pesar de que tienen un mes menos de evolución de la pandemia. El país con mayor mortalidad es Panamá (38 muertes por millón de habitantes), seguido por Perú (23 muertes por millón). En el caso de El Salvador puede influir el hecho de que tiene el menor número de días de pandemia del grupo. También Panamá presenta la mayor tasa de incidencia de la región (140 casos por 100.000 habitantes). Todos los países de este grupo, con excepción de Cuba, han experimentado el mayor número de casos nuevos dentro de los últimos cinco días. Es por ello que la ponderación de la tendencia de casos requiere al menos diez días más para la evaluación más precisa. Hasta el día final del período analizado, Chile y Cuba presentan una tendencia hacia la disminución de casos, muy diferente a Perú (incremento de 100% en los últimos tres días). 

En el grupo de capacidad de diagnóstico intermedia, todos los países han superado la tasa de mortalidad de 4 muertes por millón de habitantes, con la excepción de Costa Rica y Paraguay. La mayor tasa de mortalidad de este grupo se registra hasta la fecha en Ecuador (37 muertes por millón). Solo en dos países del grupo (Costa Rica y Uruguay), el número más alto de casos nuevos se registró hace más de 14 días. Con la excepción de Paraguay, todos los países de este grupo registraron aumentos del número de casos en los últimos siete días, siendo los mayores aumentos los de Bolivia y Ecuador. 

Dentro de los países con capacidad diagnóstica no reportada, se encuentran los tres que registran la mayor cantidad de días sin casos nuevos en las últimas dos semanas (Haití, Nicaragua y Venezuela). Dada la magnitud de contagios que se aprecia en otros países de la región, este hecho, junto con la ausencia de reportes internacionales, indica que el subregistro de casos puede ser muy significativo. Otros países del grupo (Brasil, República Dominicana, Guatemala, Honduras) han registrado altas tasas de crecimiento de casos en la última semana. Brasil, República Dominicana y Honduras ya tienen tasas de mortalidad superiores a 4 muertes por millón de habitantes. 

A pesar de la diversidad de contextos de los sistemas de salud de la región, es posible identificar tres niveles de efectividad. El más alto está compuesto por países que están realizando mayor detección de casos, algunos de ellos (Chile y Cuba) con bajas tasas de mortalidad relativa. Otros países de este grupo (Panamá y Perú) con notables esfuerzos de diagnóstico, probablemente están captando los casos tardíamente o con complicaciones. De allí las mayores tasas de mortalidad. Un segundo grupo de países debe mejorar a la brevedad la realización de pruebas, so pena de que el aumento de casos se prolongue en el tiempo. Y un tercer conjunto de países en los cuales es evidente que no están en capacidad de identificar casos en proporciones adecuadas. En este grupo se encuentran México y Brasil, los cuales experimentan a la fecha extraordinarios aumentos en los casos nuevos. Los países de este último grupo son los que presentan al día de hoy el peor pronóstico para el control de la pandemia en la región.

Politemas, Tal Cual, 29 de abril de 2020

sábado, 25 de abril de 2020

¿Por qué algunos países son más efectivos ante la pandemia?

El curso de la pandemia ocasionada por el Covid-19 no es inevitable. Casi por concluir el cuarto mes de evolución, es de gran importancia examinar los factores que han contribuido para que algunos países hayan enfrentado efectivamente la pandemia. No solo con el propósito de extraer lecciones de política pública, sino porque las medidas que han ejecutado esos países deben tomarse en cuenta, independientemente del estado de afectación en el cual se encuentran actualmente algunos países, especialmente de América Latina. 

La pandemia de Covid-19 fue un evento inesperado por la magnitud y velocidad con la que se ha propagado. Sin embargo, diferentes organizaciones internacionales habían avanzado en el diseño de las estrategias para actuar en el caso de producirse. Las razones por las cuales estos mecanismos no funcionaron adecuadamente, serán motivo de análisis en los próximos tiempos. Lo cierto es que a principios del año 2019 se había difundido un estudio sobre el grado de preparación de los países ante una amenaza biológica como ha significado el Covid-19. También deberá ser motivo de debate las decisiones tomadas por los países antes de que se conociera la infección que ha terminado como pandemia. 

Los objetivos fundamentales al enfrentar la pandemia son dos: evitar la mayor cantidad de muertes, y la mayor cantidad de casos. Esto significa que el efecto en la población se exprese en la menor tasa de mortalidad. Con respecto a los casos, se trata de diagnosticarlos precozmente, garantizar el tratamiento, y evitar que otras personas sean infectadas. En consecuencia, una tarea central es realizar las pruebas diagnósticas y proceder con el aislamiento de los casos positivos, y la cuarentena de los contactos. Es decir, aunque la tasa de incidencia, esto es, el número de casos, aumente porque se realizan más pruebas diagnósticas, al final se producirán menos infecciones porque se reducirá el contacto con personas susceptibles. En principio, un país podría tener una mayor incidencia e impedir la saturación de los servicios de salud, al realizar la detección sistemática de los casos. Actuar de esta forma facilita también que los pacientes que ingresen a los hospitales puedan ser tratados adecuadamente, con la reducción de la letalidad (muertes por cada 100 casos). La situación ideal es que los países realicen la mayor cantidad de pruebas diagnósticas y tengan la menor cantidad de muertes en términos de la población. 

El primer factor involucrado en la efectividad de los países es. sin dudas, la preparación para alcanzar los objetivos anteriores. Aquellos países que habían experimentado otras pandemias en este siglo, o que habían tomado las previsiones exigidas, estaban en mejores condiciones al momento de conocer la existencia de la infección considerada como emergencia internacional. Esto fue lo que ocurrió a principios de este año. El segundo factor es el diseño de la estrategia que tome en cuenta la detección precoz de casos, el aislamiento y cuarentena, y el tratamiento en los diferentes niveles de atención. 

En la actualidad contamos con los datos, prácticamente actualizados en línea, de los casos diagnosticados y los fallecimientos. La base de datos de la Universidad Johns Hopkins es un gran recurso para el análisis de estos indicadores. La información sobre la realización de pruebas diagnósticas también está disponible en la base de datos Our World in Data de la Universidad de Oxford. En este caso, el número de países que reportan es menor que en la primera. 

Si tomamos los países que tienen información actualizada en las dos bases de datos, encontramos que aquellos países que han realizado más pruebas diagnósticas (expresadas por 1.000 habitantes), y que han combinado el diagnóstico con las correspondientes medidas de aislamiento y cuarentena, han registrado menor mortalidad. En este análisis no se ha tomado en cuenta las diferencias atribuibles a la composición por edad. Sin embargo, las diferencias son notables, pueden disminuir con el ajuste, pero no de manera significativa. Países como Corea del Sur, Letonia, Australia y Nueva Zelanda han realizado más de 10 pruebas diagnósticas por cada 1.000 habitantes, y tienen tasas de mortalidad menores a 4 muertes por millón de habitantes. En líneas generales, estos países no tuvieron que acudir a suspensión de actividades en la magnitud que otros países. En cambio, el Reino Unido y Países Bajos con menos pruebas diagnósticas presentan tasas de mortalidad de más de 200 muertes por millón de habitantes. En estos países el sistema de salud experimentó tremendas exigencias que ameritaron la puesta en marcha de distintos grados de confinamiento. 

En América Latina también se aprecian diferencias en las pautas seguidas por los sistemas de salud. Debe señalarse que más de la mitad de los países de la región no tiene datos de pruebas diagnósticas para comparación. Sin embargo, países como Chile, Panamá, Perú y Uruguay han realizado más pruebas diagnósticas por 1.000 habitantes que Corea del Sur en períodos comparables de la pandemia. También la calidad del proceso de aislamiento y cuarentena de casos, combinado con las medidas de confinamiento, puede explicar que países como Argentina, Costa Rica hayan experimentado reducciones significativas de los casos nuevos registrados en la última semana. Lamentablemente, otros países como Bolivia, Ecuador y Panamá han registrado más bien la tendencia al aumento. 

La consolidación de los avances en algunos países, y la reversión de la tendencia negativa en otros, debe fundamentarse en la realización de la mayor cantidad de pruebas diagnósticas y en el fortalecimiento de los procesos de atención, especialmente en el nivel de población que permita la detección precoz, así como en el énfasis en las medidas de distanciamiento social y prevención. Para disminuir la mayor cantidad de casos, muchos países de la región deberán implementar mecanismos de rastreo epidemiológico con innovaciones significativas de gestión y la incorporación de nuevo personal de campo. Será el reto más importante para controlar la pandemia, antes de que estén disponibles otras alternativas.

Politemas, Tal Cual, 22 de abril de 2020

domingo, 19 de abril de 2020

La pandemia sacude a América Latina

El Covid-19 avanza con fuerza en la región. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado que el mayor impacto de la pandemia se producirá a mediados del mes de mayo. Sin embargo, ya son evidentes los terribles efectos que se están ocasionando, expresados en el número de fallecidos, enfermos, y las demandas extraordinarias sobre los sistemas de salud. Para actuar con urgencia se requiere, identificar las situaciones de mayor riesgo y las opciones de políticas que deben implementarse prácticamente sobre la marcha. 

En el cuarto mes de la pandemia, ha quedado demostrado con bastante claridad las capacidades de los sistemas de salud para enfrentarla. Aquellos países que establecieron el riesgo con antelación y tenían instalados los mecanismos para identificar casos y contactos, así como el tratamiento especializado de los pacientes complicados, han podido contener los efectos de la pandemia. Entre estos países pueden incluirse al menos Singapur y Corea del Sur. Estos países tienen, después de más de 80 días de pandemia, menos casos por 100.000 habitantes y menos muertes por cada 100 personas con Covid-19 en el contexto global. A pesar de experimentar aumentos recientes en el número de casos, no han tenido que implementar confinamientos nacionales. 

Otros países europeos (España e Italia, por ejemplo) intentaron una fase de contención que se prolongó por varias semanas. Ante el aumento incontrolado de casos, y las posibilidades de que se desbordaran las capacidades del sistema de salud, aprobaron confinamientos parciales que luego se ampliaron a toda la extensión del territorio. Estos países han terminado con seis veces más casos por 100.000 que Singapur, y quince veces más que Corea del Sur. Por cada cien casos de pacientes con Covid-19, en estos dos países la letalidad es cuarenta veces más alta que en Singapur y cinco veces más que en Corea del Sur. Lo cual indica que era posible enfrentar la pandemia con menos afectación a la actividad productiva, pero ello era función de la capacidad de los sistemas de salud para realizar las funciones específicas requeridas en la pandemia. 

En América Latina, un grupo de países han optado hasta la fecha por la estrategia de contención sin aplicar medidas de confinamiento nacional. En Costa Rica y Chile la evolución de casos al 13 de abril, indica que han alcanzado tasas de incidencia acumulada (casos por 100.000 habitantes), superiores a las que tenía España en el mismo período, es decir, con números de días similares de haber reportado el primer caso. Es posible que el mayor número de casos se deba a que se han realizado más pruebas diagnósticas. La capacidad de atención de estos casos diagnosticados en los próximos días será un aspecto clave a monitorear. Por ejemplo, en Chile solo en los últimos cinco días se han diagnosticado 2.000 nuevos casos. Brasil y México adquieren especial importancia en este grupo de países. Por contar con amplias áreas urbanas, la expansión de la pandemia puede adquirir grandes proporciones en estos dos países. Ya en este momento Brasil está cerca de ingresar al grupo de los diez países del mundo con mayor número de casos. 

Más de una decena de países de la región adoptaron la estrategia de confinamiento nacional (con variantes dependiendo del caso concreto). Por ejemplo, El Salvador inició el confinamiento el 22 de marzo, apenas tres días después del reporte del primer caso, cuando solo tenía tres casos totales diagnosticados. Bolivia inició el confinamiento a los 12 días de haber reportado el primer caso. Con la excepción de Argentina, todos los países en este grupo presentaban al 13 de abril tasas de incidencia acumulada (casos por 100.000 habitantes) superiores a las registradas en España en fechas comparables de duración de la pandemia. De especial significación en este grupo son los siguientes países: Panamá, Ecuador, República Dominicana y Perú, todos con tasas de incidencia muy superiores a la de España en períodos comparables. 

Al entrar en la segunda quincena del mes de abril, con la excepción de Argentina y Uruguay, todos los países de la región con más de 400 casos de Covid-19, presentan tasas de crecimiento del número de casos nuevos en los últimos siete días, siendo la más alta la de Perú (80%). Todo indica, en consecuencia, que la tendencia en el aumento de casos se puede hacer más pronunciada. 

Los países de la región confrontarán en las próximas semanas la tarea de atender el creciente número de casos y pacientes complicados, junto con la necesidad de preparar las acciones que permitan la progresiva reducción del confinamiento. Tal como anunció la OMS hace pocas horas, esto supone: (1) haber controlado la transmisión, (2) tener en funcionamiento los mecanismos para diagnosticar y tratar casos, y realizar la detección y seguimiento de contactos, (3) minimizar los riesgos de brotes, (4) contar con medidas de prevención en sitios de trabajo, escuelas, y otros espacios sociales, (5) detectar y manejar los casos importados, y (6) facilitar las medidas de educación de la comunidad. Es difícil imaginar tareas más exigentes y críticas para los sistemas de salud de la región en los días por venir.

Politemas, Tal Cual, 15 de abril de 2020

jueves, 9 de abril de 2020

Resultados iniciales del confinamiento en América Latina

Extraordinarios dilemas confrontan los gobiernos de América Latina en el control de la pandemia por Covid-19. Uno de ellos es la opción de políticas que pueden tomar los sistemas de salud. Se trata de ponderar si se cuenta con las capacidades para detectar casos y tratarlos, sin ejecutar medidas de confinamiento de la población. Esta es la opción que tomaron países como Corea del Sur, Japón, Singapur. En todos se constataron éxitos tempranos en el control, aunque también en todos ellos han resurgido los casos recientemente. De hecho, Japón aprobó en las últimas horas el confinamiento de los habitantes de Tokio hasta el 6 de mayo. 

Un dilema consecutivo al anterior, en los países que optan por el confinamiento, es establecer el tiempo requerido para controlar la mayor cantidad de casos y limitar la sobrecarga de demanda de los servicios de salud, especialmente en las unidades de alta complejidad como las de terapia intensiva. Pero también es fundamental que el confinamiento dure lo menos posible para evitar mayores afectaciones de la actividad económica y social. 

En países europeos, como España e Italia, que han implementado medidas extremas de confinamiento, el tiempo de duración se ha extendido al menos por seis semanas. En España la fecha de finalización propuesta actualmente es el 25 de abril. En Italia todavía no está definida una fecha. En ambos países, la información disponible hasta el 6 de abril, indica que ya presentan una tendencia de reducción de casos nuevos en la última semana (8% en promedio para España y 1,3% en Italia). La situación ideal es que la tendencia de reducción de casos se alcance lo más rápido posible, y que exista el tiempo suficiente para planificar el cese del confinamiento. El anuncio de estas medidas con anticipación, redunda en que todos los actores sociales estén en capacidad de programar la restitución de actividades. 

Once países de América Latina han aprobado medidas de confinamiento nacional hasta la fecha. Otros países han implementado el confinamiento en áreas específicas (Chile y Brasil, por ejemplo). A continuación, se analizan solo los casos de confinamientos de carácter nacional. Debe destacarse que el confinamiento no ha sido homogéneo. Ha habido variaciones de horas, días de la semana, tipos de servicios, entre otros aspectos. Se pueden distinguir tres grupos de países. 

El primer grupo se compone de países que establecieron fechas de finalización del confinamiento y que han procedido a prorrogarlas con antelación. Estos países son Colombia y El Salvador. En el primer país se había fijado que el confinamiento cesaba el 13 de abril. En El Salvador era el 22 de abril. Los gobiernos de estos países han anunciado en las últimas horas que extienden el confinamiento, hasta el 27 de abril en Colombia, y hasta la primera semana de mayo en El Salvador. Es muy probable que en ambos casos haya influido el hecho de que la proporción de casos nuevos ha aumentado en la última semana (4% en Colombia y 8% en El Salvador). El anuncio a tiempo de esta prórroga indica que el seguimiento de la tendencia de casos ha sido tomado en cuenta. 

En Argentina y Bolivia, segundo grupo de países, los gobiernos han indicado recientemente que están considerando la prórroga del confinamiento. En ambos casos se había aprobado que el confinamiento terminara en los próximos días (12 y 15 de abril, respectivamente). En Bolivia el aumento de 28% promedio en el número de nuevos casos, debe ser un aspecto valorado por el gobierno. En Argentina, no se cuenta con el reporte de casos en días recientes en la base de datos de la Universidad Johns Hopkins. 

El tercer grupo está formado por países en los cuales no se ha indicado que están considerando la prórroga del confinamiento. Dos de estos países, Paraguay y Perú, han experimentado aumentos promedio de 87% y 58%, respectivamente, en el número de casos nuevos en la última semana. En ambos países la prórroga debe estar siendo ponderada. La fecha tope vigente es el 12 de abril. En los restantes países del grupo (Ecuador, Guatemala, Panamá, República Dominicana, Venezuela), la información disponible no es suficientemente robusta para el análisis de tendencias, pero todo indica que las actividades de control no garantizan a la fecha que se pueda cesar el confinamiento. 

De acuerdo con lo anterior, es bastante probable que todos los países en confinamiento por el Covid-19 terminen aprobando prórrogas que abarquen hasta finales de mes de abril. Esto significaría que en estos países la paralización podría extenderse por un mínimo de seis semanas. Si a ello agregamos los países que no han optado por el confinamiento nacional (de manera especial Brasil y México), es bastante evidente la severidad de los efectos que puede tener la pandemia en la región en las próximas semanas.

Politemas, Tal Cual, 8 de abril de 2020