viernes, 28 de agosto de 2020

Perspectivas a los seis meses de pandemia

El primer caso de covid-19 registrado en América Latina fue en Brasil, el 26 de febrero de este año. Ya han transcurrido seis meses. En este tiempo, los efectos de covid-19 han concentrado toda la atención y recursos de los gobiernos de la región. Sin embargo, los escenarios para los próximos meses, visto el progreso de la pandemia, son todavía más preocupantes. 

La evolución de la pandemia en los 27 países de la Unión Europea (UE), pueda dar referencia para establecer las diferencias con América Latina, y también es de utilidad para anticipar la evolución en lo que resta de 2020. Independientemente de que en las últimas semanas se ha registrado un aumento significativo de casos en muchos países de la UE, lo cierto es que las medidas implementadas lograron reducir de manera significativa el número de casos en la mayoría de los países. Conviene examinar las magnitudes de este impacto para comparar con lo que ha sucedido en América Latina. 

Tres aspectos merecen especial atención para esta comparación. En primer lugar, la intensidad de la pandemia, expresada en el número de casos por población. A mayor número de casos por población existe mayor demanda en los servicios de salud, y, en consecuencia, las probabilidades de complicaciones de los pacientes aumentan, y disminuye la calidad de atención. Es por ello que un objetivo central de las políticas de control es limitar el número de personas infectadas por millón de habitantes. El país que registró la mayor cantidad de personas infectadas en la UE, el día de mayor incidencia, fue Luxemburgo al reportar 265 nuevos casos por millón de habitantes el 25 de marzo. Otros países que superaron los 100 casos diarios por millón de habitantes en el día de mayor incidencia fueron: Irlanda (182 casos por millón), España (169), Bélgica (139), y Suecia (129). En el resto de los países (22), se registraron menos de 100 casos por millón de habitantes en el día del mayor número de casos. 

El segundo aspecto es la magnitud de la reducción de casos. En la Unión Europea, 21 países lograron reducir el número de casos a menos del 10% de la cifra de casos del día de mayor incidencia. De hecho, algunos países como Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Lituania, Letonia, Grecia, Finlandia, y Croacia, redujeron la cantidad de casos diarios de covid-19 a menos de 3 por millón. El tercer aspecto es el tiempo transcurrido hasta alcanzar el control. En estos 21 países, se requirieron 86 días en promedio para controlar la pandemia (desde el registro del primer caso hasta que se alcanzó el 10% de los casos con respecto al máximo de casos). En seis países (Bulgaria, República Checa, Polonia, Portugal, Rumania, y Suecia) no se ha logrado hasta la fecha reducir los casos del día de mayor número a menos de 10%. 

Ahora veamos lo que ha sucedido en América Latina. Solo dos países han logrado controlar la pandemia en niveles comparables con los países de la UE: Uruguay y Cuba. En ambos países, el número máximo de casos diarios de covid-19 fue menor que el registrado por todos los países de la UE. El número de casos diarios en el momento que alcanzaron el 10% con respecto al día de mayor número de casos, fue menor a 1 caso por millón de habitantes. En Uruguay el control se alcanzó en 89 días y en Cuba en 106 días. Para la semana en curso, el número de casos diarios por millón de habitantes en Uruguay es 3,58 y en Cuba 4,62 (cifras menores que las de Corea del Sur). También Haití registra cifras compatibles con las de estos dos países, pero al no estar incluido en los países con reportes de realización de pruebas, no es posible comparar rigurosamente. 

En el resto de los países (17), todavía el número de casos diarios no ha disminuido al 10% de los casos en el día de mayor registro. En diez países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana, Panamá, Perú, y Colombia), la tasa máxima de casos diarios de covid-19 fue superior a 100 casos por millón de habitantes. Cinco países (Brasil, Chile, Panamá, Perú, y Colombia) registraron una tasa máxima superior a 200 casos por millón de habitantes. Todos estos países ya duplican el número de días de pandemia con respecto a los países de la UE que lograron controlar, es decir, alrededor de seis meses. En esta semana, todos estos países tienen un número de casos diarios por millón entre 10 y 80 veces superior a los países más exitosos en el control hasta la fecha. 

Las evidencias indican que los efectos de covid-19 en la gran mayoría de los países de la región son intensos y prolongados, y con limitadas posibilidades de alcanzar el control en niveles comparables con los países de la UE, Corea del Sur o Nueva Zelanda. En este contexto, se puede estimar que la pandemia tenderá a mantenerse en la región en los próximos meses. Quizás el escenario más probable es la evolución que han tenido algunos países de la UE, esto es, con altas tasas relativas de casos en los últimos meses (entre 20 y 25 nuevos casos diarios por millón de habitantes). Sin embargo, es posible que esta tasa sea superior en los países de América Latina, quizás en el rango entre 40 y 100 nuevos casos diarios por millón de habitantes en los próximos meses. Obviamente, los efectos de esta demanda permanente de servicios de salud, no solo afectará lo planificado para este año en todas las áreas, también condicionará las asignaciones de los próximos años. Sin lugar a muchas dudas, la pandemia se ha convertido en el principal problema público de la región para los próximos tiempos. Dura prueba para las capacidades institucionales de diseño e implementación de políticas públicas en América Latina.

Politemas, Tal Cual, 28 de agosto de 2020

viernes, 14 de agosto de 2020

¿Cuán difícil es mantener el control de la pandemia?

Ocho países de América Latina tienen al comenzar esta semana, al menos diez veces más casos de covid-19 que los que tenía Corea del Sur el día que registró la mayor cantidad (a principios de marzo). Cuatro de estos países (Panamá, Perú, Brasil, y Colombia), tienen veinte veces más casos. 

Es muy posible que alcanzar el control de la pandemia sea el objetivo que concentra la atención de los responsables de las políticas de salud en la región. Es totalmente explicable. Pero también podría ser buena práctica anticipar las decisiones que, tomadas ahora, pueden influir en las etapas posteriores. Por ejemplo, habría que conocer si en los países de la región se están formando los rastreadores sanitarios que se requerirán para estas tareas. No por azar, la falta de rastreadores sanitarios es uno de los factores señalados como causante del aumento de casos en las últimas semanas en países de la Unión Europea. 

Tal parece, entonces, que vale la pena sacar provecho de la experiencia de países de otros continentes en enfrentar la pandemia. Se puede tomar como referencia los 27 países de la Unión Europea (UE). El análisis de los datos del European Centre of Disease Prevention and Control (ECDC), permite clasificar los países de la UE en tres grupos, según la calidad de la respuesta, expresada fundamentalmente en la capacidad de mantener el control una vez alcanzado. 

El primer grupo está compuesto por cinco países (Finlandia, Hungría, Italia, Letonia, y Eslovaquia). En estos países, luego de lograr el control, no se ha superado la cifra de 7 casos diarios por millón de habitantes en ningún día (obtenido al calcular el promedio de los últimos siete días). En todos estos países, con la excepción de Italia, el número de casos por millón de habitantes fue menor al promedio de los países de la UE (67,3 casos por millón) en el día de la mayor cantidad de casos. Nuevamente con la excepción de Italia, en estos países el número de casos por millón fue menor de 1 en algunos días del período. Italia también es el único país que no ha tenido involución en el número de casos diarios. En este conjunto de países se evidencia que es posible controlar con criterios bastante exigentes (aunque la cifra de 7 casos por millón es siete veces mayor que los casos registrados por Corea del Sur). 

El segundo grupo es el más numeroso (18 países). En todos los países se registró un aumento de los casos por encima del nivel que se tenía en el momento de alcanzar el control. Aunque en muchos de estos países el número de casos por millón llegó a ser menor de 1, se han producido aumentos notables en Luxemburgo, España, Bélgica, Países Bajos, y Malta. En España, por ejemplo, el número de casos por millón de habitantes es casi 15 veces el de Italia. En este conjunto de países se demuestra que mantener el control requiere la aplicación sistemática de medidas. De lo contrario, se puede retroceder rápidamente. 

En el tercer grupo se encuentran cuatro países: Portugal, Bulgaria, Polonia, y Rumania. En Portugal, el control nunca alcanzó el nivel compatible con las reducciones de los dos primeros grupos. En Bulgaria, Polonia y Rumania, la pandemia no ha sido controlada. Más bien en esta semana se ha registrado el máximo de casos en cada uno de estos tres países. En este grupo se evidencia que algunos países pueden experimentar períodos de varios meses sin modificar la evolución de la pandemia. Rumania, por ejemplo, registró el primer caso el mismo día que Brasil (26 de febrero), de manera que también se acerca a los seis meses sin alcanzar el control. 

Dos implicaciones se pueden identificar en la evolución de los países de la UE, con especial énfasis en América Latina. La primera de ellas es que es la pandemia puede tener una evolución de muchos meses en algunos países, tal como está sucediendo ya en Bulgaria, Polonia, y Rumania. La diferencia fundamental es que el número de casos diarios es sustancialmente mayor en los países de América, y también que son mucho más restringidos los mecanismos institucionales de protección social. Las consecuencias, en términos de enfermos y fallecimientos, son también mucho más críticas, como lamentablemente se está constatando. 

La segunda implicación es que se requiere planificar para mantener el control. Si bien es cierto que la mayoría de los esfuerzos deben concentrarse en esta primera etapa, podría ser una buena práctica que los equipos responsables en los países dedicaran también tiempo y recursos a diseñar la etapa posterior. En primer lugar, porque es bastante obvio que estas medidas se extenderán hasta el año 2021, y se requiere, entonces, estimar los recursos presupuestarios a tal efecto. Y, en segundo lugar, porque se debe determinar cuál es el criterio que se utilizará: si es más estricto se requiere determinado tipo de prácticas, si es menos estricto, entonces la posibilidad de perder terreno aumentará. El hecho de que países como Corea del Sur, Italia, Finlandia, por citar algunos, se mantengan en una franja con un máximo de 7 casos por millón de habitantes es expresión de objetivos exigentes para lograr el éxito. En otras palabras, no hay que esperar a controlar para diseñar la fase de mantenimiento. Los países que no lo hicieron en su momento están experimentando los efectos de la pandemia, por segunda vez.

Politemas, Tal Cual, 12 de agosto de 2020

jueves, 6 de agosto de 2020

La brecha con Corea del Sur en el control de la pandemia

Al día de hoy, 4 de agosto de 2020, en Corea del Sur se han reportado 0,6 casos de covid-19 por cada millón de habitantes, es decir, 34 casos en una población de 51 millones de personas. Si se compara con los 27 países de la Unión Europea, Corea del Sur tiene menos casos diarios que cada uno de ellos. En Alemania, por ejemplo, el número de casos es catorce veces mayor. El de Francia es casi treinta veces. El de España es casi 100 veces. De manera que Corea del Sur ha logrado un objetivo fundamental en el control de la pandemia: que el número de casos sea el menor posible. Porque si se toman las medidas para minimizar el número de casos, garantizando el diagnóstico rápido y la detección de los contactos, entonces habrá también menos pacientes complicados y menos muertes. Es así de simple, y así también de difícil cuando no existen las capacidades para realizar esas políticas. Cuando el tamaño de la brecha de políticas impide esos resultados. 

El menor número de casos de covid-19 por millón de habitantes en Corea del Sur también tiene su efecto en la mortalidad. Solo dos países de la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OECD, por sus siglas en inglés), tienen menos mortalidad por covid-19 que Corea del Sur: Eslovaquia y Nueva Zelanda. Pero en ambos países, las medidas implementadas para el control fueron de mayor rigurosidad en la fase más crítica. En Eslovaquia el número de casos es actualmente siete veces superior al de Corea del Sur. Otra razón de peso para seleccionar a Corea del Sur como referencia, es el hecho de ser la cuarta economía del mundo con mayor diversificación productiva. 

También la brecha de Corea del Sur con América Latina es inmensa. Todos los países de la región ya tienen tasas de mortalidad por covid-19 superiores a la de Corea del Sur. La de Perú es más de 100 veces superior. Las de Chile y Brasil entre ochenta y noventa veces. El número de casos diarios también es superior en todos los países de la región con respecto al de Corea del Sur. En Panamá es 400 veces superior, en Brasil más de 350 veces. 

Un hecho muy diferenciador del desempeño de Corea del Sur, comparado con la Unión Europea, o con América Latina, es que, desde el 14 de marzo, apenas 8 días después de tener el máximo, el número de casos diarios se ha mantenido por debajo de 4 casos por millón, y desde el 4 de abril se encuentra por debajo de 2 casos por millón. Este indicador es reflejo de la persistencia y continuidad en la aplicación de las medidas de control de covid-19. 

Los aspectos anteriores indican que la experiencia de Corea del Sur es muy relevante para extraer lecciones que permitan mejorar las políticas de control de covid-19 en el ámbito de América Latina. No solamente en lo correspondiente a la pandemia, sino en general con respecto a las políticas para el control de enfermedades infecciosas. 

Considerar a Corea del Sur como una referencia para estimar la brecha de políticas, es muchas veces contrarrestado con el argumento de que es una realidad muy diferente a la de los países de América Latina, tanto en lo cultural como en lo político y económico. Este argumento obvia el hecho de que Corea del Sur era hace sesenta años muy diferente a lo que se consideraba como ortodoxo desde la perspectiva del desarrollo. Corea del Sur tenía menos condiciones materiales (diez veces menos ingreso per cápita que Venezuela, por ejemplo), con peores indicadores sociales, y con mucho deterioro productivo a consecuencia de la guerra con Corea del Norte. Si en esa época se hubieran aplicado los mismos criterios de las diferencias insalvables, es muy poco probable que Corea del Sur se hubiera convertido en una de las sociedades de mayor complejidad en el mundo en las últimas décadas. 

De allí que sea de especial relevancia conocer en detalle la aproximación de Corea del Sur a las políticas de control de covid-19. Dos aspectos condicionantes muy significativos son los efectos de las anteriores epidemias de SARS y MERS, y las acciones tomadas para fortalecer la capacidad en el control de enfermedades infecciosas, como fueron la formación de recursos humanos, y la consolidación de instituciones de prestación de servicios y de investigación. 

El primer caso de covid-19 fue registrado en Corea del Sur el 20 de enero. La primera medida que se tomó fue la recomendación de la cancelación de eventos públicos el 31 de enero. Al día siguiente se inició una campaña de información sobre covid-19 a través de medios de comunicación. El 3 de febrero se pone en vigencia el cierre de escuelas en algunos niveles educativos. Al día siguiente (4 de febrero) se prohíbe la llegada de viajes internacionales provenientes de países de alto riesgo. El 5 de febrero se aprueba el cierre de todas las escuelas, con lo cual el Índice de Rigurosidad de Políticas (IRP) se coloca en 31 (sobre un máximo de 100), de acuerdo con el seguimiento de políticas de control de covid-19 que realiza la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford. 

El 21 de febrero, al duplicarse el número de casos diarios, se ordena la prohibición de los eventos públicos y de las reuniones de más de 1.000 personas. En esta fecha el IRP asciende a 45. El 23 de febrero se registran 256 casos de covid-19. Ese día se aprueba el primer nivel de confinamiento (recomendación de no salir de los hogares). Al día siguiente se aprueba la recomendación de cierre de sitios de trabajo y el teletrabajo, de manera que el IRP se eleva a 56. Este es el nivel de rigurosidad que está vigente el 29 de febrero (día del máximo de casos), y que se mantiene hasta el 20 de marzo, cuando ya se había la tasa de casos a la quinta parte. 

El aumento del nivel de confinamiento (solo salidas para actividades esenciales) y las restricciones para los desplazamientos internos, se aprueban el 21 de marzo cuando la tasa de casos diarios estaba en 2 por millón de habitantes. En este día el IRP aumenta a 69 y llega a 76 al día siguiente cuando se restringe la actividad de las empresas (solo algunos sectores quedan abiertos). Esta rigurosidad aumenta a 82 con el completo cierre de empresas el día 6 de abril, pero solo por 14 días. El 18 de abril, cuando la tasa de casos diarios se había mantenido por varios días en 0,5 por millón de habitantes, se comienza la desescalada con la reversión del cierre de las empresas. Tal pareciera que esa era la tasa de casos diarios que se había fijado como objetivo del control. 

El 29 de mayo, ante un aumento de casos (de 0,4 a 0,8 por millón) se reinstala el cierre de escuelas (se mantiene hasta hoy), así como la cancelación de eventos públicos y la reducción de las reuniones a menos de 10 personas. Al 30 de julio se mantenía el cierre general de escuelas, aunque está administrado por zonas, así como las restricciones al funcionamiento normal de las empresas. También se recomienda que las personas no salgan de los hogares y que eviten los desplazamientos internos. Solo están autorizadas reuniones de menos de 10 personas, y existe recomendación de no realizar eventos públicos. Dadas estas restricciones, se pueden explicar las estimaciones de la disminución del crecimiento para 2020 (por más de 3%), aunque mucho menor que las de la Unión Europea o Estados Unidos. 

El éxito de Corea del Sur en el control de covid-19 está basado en notables capacidades para combinar y ajustar medidas en secuencia, y de manera oportuna, así como la realización del despistaje de contactos en todos los casos, y la implementación de un programa de apoyo al ingreso de las familias (equivalente a menos del 50% del salario mensual promedio, tanto para personas que laboran en el sector formal como no formal). La comparación de estos aspectos en los países de América Latina permite establecer las dimensiones de la brecha de políticas que determina que el control de la pandemia no se haya producido todavía en la región.

Politemas, Tal Cual, 5 de agosto de 2020

¿Qué pasa después de controlar la pandemia?

La pregunta puede parecer fuera de lugar, al menos en el contexto de América Latina. Con la gran mayoría de los países de la región sin haber alcanzado el control, más de 84 mil casos diarios de covid-19, y con aumentos significativos en la tasa de mortalidad, pensar lo que puede pasar luego del control, no impresiona como lo más urgente. Esa puede ser la primera reacción. En una segunda mirada se puede argumentar que los factores que condicionan el descontrol, se visualizan mejor si se analiza la experiencia de los países que ya están transitando el post-control. 

Es otra forma de aplicar el concepto de “brecha de políticas”. Esto es, la diferencia en las condiciones de vida entre los países no son consecuencias inexorables, inmodificables. Son más bien expresiones de las limitaciones para diseñar e implementar adecuadas políticas públicas. Entonces, la primera tarea es identificar esas brechas, conocer en detalle lo que algunos países hacen bien y aprender de ellos. Tratar de emular éxitos adaptando esas prácticas a las realidades específicas de los países. 

El primer paso es reconocer los países de mejor desempeño. Luego de siete meses de aparición de covid-19. existe bastante información, generada por la gran capacidad tecnológica con la que se cuenta en la actualidad, para seleccionar los países más exitosos en la gestión de la pandemia. Un criterio de partida es que la gestión efectiva debe traducirse en la menor afectación de personas, y una forma de expresarlo puede ser la mortalidad causada por covid-19. En aquellos países en los cuales la mortalidad sea menor, y que tengan un tiempo razonable de aparición del primer caso, son los países de referencia. Un criterio complementario es que estos países posean condiciones de desarrollo político, económico, y social, enmarcadas en amplias libertades y respeto al Estado de Derecho. 

Los países de la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OECD, por sus siglas en inglés), constituyen una buena referencia para la comparación. En ese grupo encontramos países como Bélgica, España e Italia que presentan a la fecha, tasas de mortalidad por covid-19 veinte veces superiores a las de Polonia o la República Checa. Lo cual demuestra que no es suficiente cierto nivel de ingreso o institucionalidad para tener éxito ante la pandemia. Se requieren otras características, específicas del sistema de salud o de otras políticas involucradas. 

Los países de la OECD con menores tasas de mortalidad por covid-19 son Nueva Zelanda, Eslovaquia y Corea del Sur. Todos ellos con menos de 6 muertes por millón de habitantes. Cada uno de esos países representa contextos culturales diferentes, uno en Oceanía, otro en Europa y otro en Asia. Que sean estos tres los países con menores tasas de mortalidad por covid-19, indica que los contextos culturales no predeterminan el desempeño de las políticas públicas. Se puede tener éxito en múltiples contextos. A los efectos de este análisis, se selecciona a Corea del Sur, por cuanto es el país (de los tres mencionados) que alcanzó el control de la pandemia con la menor rigurosidad de políticas, es decir, con el menor costo, en término de las restricciones a las personas y a la vida social y económica. 

El primer caso de covid-19 fue reportado en Corea del Sur el 20 de enero de 2020. El punto máximo de casos fue alcanzado el 29 de febrero. El número de casos por millón de habitantes en el punto máximo fue 17,7. Esta cifra fue quince veces menor que la de Suecia, y diez veces menor que la de Bélgica y España. 

A partir del 8 de marzo, el número de casos de covid-19 comenzó a disminuir significativamente en Corea del Sur. Puede señalarse entonces que el control de la pandemia se ha extendido ya por casi cinco meses. En este período, el número de casos no ha superado en ningún momento el 20% de los casos en el día de mayor número. Actualmente en Corea del Sur, el número de casos diarios es 0,49 por cada millón de personas (en Brasil es 115). 

En países de Europa, como España, Italia, Bélgica (de los más afectados a principios de año), el período de control se extiende ya por casi cuatro meses. Aunque en algunos de ellos (Bélgica, España), se han presentado aumentos de casos en el mes de julio, en ningún momento hasta la fecha se ha superado el 50% de los casos del día de mayor número. 

Dada la experiencia de estos países, ¿cuáles son las implicaciones para los países de América Latina? La primera implicación se refleja en las dimensiones de la brecha. Si Corea del Sur comenzó a tener efectos a las dos semanas del punto máximo de casos, y en América Latina hay muchos países que tienen cinco meses sin alcanzar el control, esto nos dice que mantener a raya la pandemia será mucho más complicado. Lo cual supone modificar a la brevedad las políticas que están condicionando el descontrol. 

La segunda implicación es que, incluso alcanzando el control en lo que queda de 2020, mantener las tareas del año próximo exigirán muchas capacidades y recursos que se deben presupuestar ahora. Y esto supone revisar en detalle los requerimientos, a la luz de lo que está sucediendo en la actualidad, y contar con recursos adicionales, vía el endeudamiento nacional o internacional que los puedan sufragar. Esto significa que en las próximas semanas deberían tenerse esas estimaciones para ser aprobadas por los parlamentos nacionales. 

Contar con que en unos meses estará disponible una vacuna y confiar en que cesarán los efectos de la pandemia, es muy riesgoso. Fundamentalmente, porque, aún en el caso de que se demuestre la efectividad de la vacuna, los mecanismos de bioseguridad y abastecimiento no estarían necesariamente disponibles a principios de 2021. Es decir, se debe elaborar el presupuesto de 2021 contar con la vacuna como una posibilidad, no como certeza. 

Si algo queda muy claro de la experiencia de los países que ya han logrado el control, es que mantener la pandemia limitada supone mejorar rápidamente las capacidades institucionales para el diseño e implementación de políticas públicas. Todos los ministerios de América Latina deberían estar conversando con las embajadas de Corea del Sur para enviar a la brevedad diez o veinte especialistas nacionales para una formación intensiva en control de covid-19. Lo mejor sería, en realidad, que ya estuvieran en Seúl.

Politemas, Tal Cual, 29 de julio de 2020

lunes, 27 de julio de 2020

¿Por qué Uruguay ha enfrentado mejor la pandemia?

América Latina ha sido afectada severamente por la pandemia. Siete países (Chile, Perú, Brasil, Ecuador, México, Panamá, y Bolivia) se encuentran en estos momentos entre los veinte con mayor mortalidad por covid-19 en el mundo. Las perspectivas, de continuar la ausencia de control, es que se llegue a un millón de muertes en la región en los próximos meses. 

Actualmente, solo dos países (Uruguay y Cuba) presentan indicadores compatibles con el éxito de las políticas de control. Mientras la tasa de mortalidad por covid-19 en Chile o Perú es 80 o 90 veces la de Corea del Sur, en Uruguay y Cuba es poco menos del doble. Sin embargo, Uruguay aplicó medidas menos rigurosas, hasta el punto que es el país de la región con la menor medición del Índice de Rigurosidad de Políticas (IRP) en todo el período de la pandemia (72 sobre un máximo de 100). 

Las medidas de control puestas en vigor por Uruguay ilustran las restricciones que tienen la gran mayoría de los países de América Latina en el diseño e implementación de las políticas de salud. Estas restricciones constituyen la esencia de la brecha institucional que debe ser considerada, no solamente en las tareas pendientes para el control de la pandemia, sino para las próximas etapas. 

Antes de la aparición de la pandemia, Uruguay contaba con dos rasgos diferenciadores de la gran mayoría de los países de América Latina. El primero de ellos es el predominio del financiamiento público del sistema de salud. Es por ello que Uruguay (junto con Cuba, Argentina y Colombia) son los países con menor gasto de bolsillo, en niveles comparables con los países líderes en este aspecto a escala global. Esto significa que el nivel de protección financiera de la población de Uruguay es también uno de los mejores. En otras palabras, que los efectos de las contingencias de salud afectan menos las condiciones de bienestar de la población. El segundo rasgo es que la carga de enfermedad por enfermedades infecciosas en Uruguay es una de las más bajas (solo superada por las de Cuba y Chile). En consecuencia, se puede inferir que la cobertura de servicios de salud para la población es también una de las más altas de la región. 

La declaración de emergencia sanitaria internacional por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a principios de año, implicaba, como estrategia general, realizar las acciones de control que permitieran que los efectos fueran los menores, en términos de las personas contagiadas y del número de muertes. También la estrategia suponía que tales medidas debían tener el menor impacto negativo en las actividades de la sociedad. Se trataba, entonces, de obtener el mayor beneficio con la menor alteración del funcionamiento normal del país. 

De acuerdo con el seguimiento de políticas realizado por la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford, Uruguay no tomó ninguna de medida de control hasta el 13 de marzo, lo cual fue una práctica diferente a la realizada por otros países de la región. 

Las primeras medidas (13 de marzo) consistieron en la cancelación terminante de los eventos públicos, la recomendación para quedarse en las casas y evitar los viajes entre regiones, y la obligación de cuarentena para las personas que ingresaran al país provenientes de zonas de alto riesgo. Al día siguiente se ordenó el cierre de todas las instituciones educativas y se iniciaron las campañas de información a la población. De manera que cuando se reporta el primer caso de covid-19 (15 de marzo), el Índice de Rigurosidad de Políticas (IRP) se encontraba en 48. 

Al reportarse el primer caso, se aumenta el IRP a 52 al recomendarse el cierre de empresas y el tele-trabajo. Al día siguiente se prohíbe el ingreso de personas provenientes de países de riesgo (el IRP se coloca en 55). Una semana después se cierran las fronteras, con lo cual el IRP asciende a 57. Dos días después se reducen las opciones de transporte público con lo cual el IRP llega a 63. Ante el aumento de los casos, se impide la movilización interna, con lo cual el IRP aumenta a 69. El punto máximo de casos se alcanza el 31 de marzo, lo cual obliga a elevar el nivel de confinamiento (solo se permiten salidas para actividades esenciales). De esta manera se alcanza el máximo IRP (72). 

Este nivel máximo de IRP fue mantenido solamente por 11 días (entre el 2 y 12 de abril). El punto máximo de casos diarios en Uruguay representó la mitad (en términos de la población) que el de Corea del Sur. Al empezar a disminuir los casos diarios el 6 de abril, se inicia la desescalada el 13 de abril (el IRP se redujo a 61, por la reducción del nivel de confinamiento, esto es, nuevamente con la recomendación de no salir de casa). El IRP se mantuvo en 61 hasta el 31 de mayo cuando disminuyó nuevamente al iniciar la reapertura de escuelas. El IRP de Uruguay se mantenía en 41 el 9 de julio (última medición reportada). El 18 de julio se registró un número de casos diarios equivalente al 80% de los casos del punto máximo del 31 de marzo. 

El caso de Uruguay ilustra que las medidas de control requieren condiciones de base (protección financiera y cobertura de servicios), pero también flexibilidad para la implementación de la secuencia de políticas de control. La combinación de políticas desarrollada por Uruguay es parecida a la puesta en marcha por Corea del Sur, aunque en este último país el IRP máximo tuvo un valor menor en la etapa de control. La comparación con la gran mayoría de los países de América Latina, indica que en muchos de ellos las medidas de control comenzaron en un nivel de alta rigurosidad y no pudieron ser incrementadas secuencialmente. Ambos aspectos son demostraciones de las restricciones de los sistemas de política públicas (porque no es solamente el sistema de salud), para manejar información detallada y diseñar medidas atinadas en el control. Restricciones que se han podido agravar mucho más en el transcurso de la pandemia.

Politemas, Tal Cual, 22 de julio de 2020

viernes, 17 de julio de 2020

Implicaciones del descontrol de la pandemia

Al día de hoy, la característica más resaltante en la mayor parte de los países de América Latina, es la ausencia de control de la pandemia por covid-19. En los últimos siete días, nueve países de la región (Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, México, Panamá, y Venezuela) han registrado el número máximo de casos diarios. Esto significa que se deben esperar tres semanas para saber si han alcanzado el control, esto es, en el mes de agosto (sexto mes de pandemia). Si a este grupo agregamos los países que han registrado el número máximo de casos en los últimos 21 días, tendríamos tres adicionales: El Salvador, Honduras, y Paraguay. Los únicos países con franco control en la región son Uruguay y Cuba. 

Las dimensiones del descontrol de la pandemia se pueden estimar si comparamos la evolución en otros países. En Corea del Sur, por ejemplo, transcurrieron 73 días entre el primer caso y el control, es decir, cuando se alcanzó el 10% de los casos del día con la mayor cantidad. En España se requirieron 99 días. Por el contrario, en muchos países de América Latina el número de días desde el primer caso ya supera los 150, y no se ha alcanzado el control. Brasil, país en el cual se registró el primer caso en la región, tiene 169 días de pandemia sin control. 

Si bien es cierto que en los países que lograron el control en Asia y Europa, se han presentado nuevos brotes, estos se han manifestado después de un período en el cual se reportaron pocos casos. Esta situación permitió que se redujera la sobre-demanda de los servicios de salud, y se pudieran realizar los ajustes logísticos y de rutinas en preparación para la aparición de nuevos casos. 

En la gran mayoría de los países de la región. la presión sobre los servicios no solo no ha disminuido, sino que en estos momentos se encuentra en la fase más crítica. El personal de salud ha debido enfrentar exigencias extraordinarias para garantizar la atención de los pacientes. Muchas veces en situaciones de alta desprotección para evitar las infecciones, con lo cual se han producido contagios y fallecimientos. Dada la especial gravedad de la pandemia en estas semanas, es de suponer que la desprotección también se encuentra en un punto muy alto. 

La segunda implicación del descontrol es el efecto en la atención del resto de los servicios de salud. Esto afecta tanto a los pacientes con enfermedades transmisibles como aquellos con enfermedades crónicas. El diferimiento de consultas para diagnóstico y tratamiento es muy frecuente. Si a ello se suma que se han debido utilizar recursos para enfrentar la pandemia, antes asignados a otras áreas, es lógico esperar que este año disminuirá la inversión neta, expresada en paralización de la creación de nuevos cargos, diferimientos en la construcción y dotación de servicios, entre otros aspectos. La asignación general de recursos, especialmente los de inversión, debe estar muy afectada en los sistemas de salud de la región. 

Los impactos en la economía conforman la tercera implicación de la ausencia de control. En la práctica, las economías llevan seis meses de parálisis. De allí que la caída de crecimiento adquiere niveles nunca experimentados en muchos países de América Latina. El efecto de esta reducción de crecimiento se trasladará al próximo año, y afectará a toda la inversión pública, y en particular la relacionada con los servicios de salud. Entonces se experimentan dos situaciones de shock para la gestión de los servicios. El primero, en curso, está asociado con los recursos previstos para este año. El segundo shock es de mediano plazo, y se extenderá hasta que cese la pandemia. Desde esta perspectiva, los efectos en la disminución de la protección financiera y en la cobertura de servicios serán altamente significativos. 

La cuarta implicación se relaciona con las opciones de políticas disponibles. Todos los países de la región que no han controlado la pandemia, tienen en vigor políticas más rigurosas que las ejecutadas por Uruguay en la fase más crítica. Esto significa que, en algunos casos, por ejemplo, Guatemala y Honduras, no es posible aumentar la rigurosidad. Si esos países no tienen control, y ya han llegado al tope de la rigurosidad, significa probablemente que las medidas no están funcionando desde hace varias semanas. Parece entonces que se ha perdido la capacidad de relacionar intensidad de las medidas con el impacto en el control de la pandemia. En consecuencia, el deterioro de la capacidad para diseñar políticas también aumentará. Esta situación también afecta a los países que, sin tener altos niveles de rigurosidad, también tienen restricciones para aumentarla (por ejemplo, Colombia, Chile, y Perú). 

Las implicaciones anteriores tienen un denominador común: el desgaste de la institucionalidad de las políticas públicas. Tal pareciera que la región está entrando en una etapa en la cual la pandemia afecta todas las áreas de políticas, hasta el punto que se ha convertido en el centro de la toma de decisiones. Cada día son más evidentes los signos de la debacle social, económica e institucional que se están ocasionando. Lamentablemente, enfrentar ese deterioro requiere capacidades institucionales que la región no tiene desarrolladas. La pandemia ha puesto todas estas limitaciones en gran relieve.

Politemas, Tal Cual, 15 de julio de 2020

jueves, 9 de julio de 2020

¿Era posible una mejor respuesta de América Latina a la pandemia?

América Latina entra en el quinto mes de pandemia. El gobierno de México informa hace pocas horas que espera que se prolongue hasta marzo o abril del año 2021. Doce países de la región reportan que en la última semana han registrado un nuevo máximo de casos. Esto significa que el control, de producirse, se realizaría, a principios del mes de agosto. Cuatro países (Brasil, Perú, Chile, y México) se encuentran entre los diez primeros en número de casos. En el grupo de los quince países con mayor tasa de mortalidad por covid-19 están Chile, Perú, Brasil, Ecuador, y México. El desempeño ante la pandemia de la gran mayoría de los países de América Latina ha sido muy decepcionante. Quizás con la excepción de Uruguay, el resto de los países han mostrado sistemáticas deficiencias para enfrentarla. 

Visto que no se aprecian cambios sustanciales en las políticas implementadas en las últimas semanas, las perspectivas de los escenarios estimados por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington (Estados Unidos), lamentablemente pueden convertirse en realidad en muchos países. Es bastante evidente la gran distancia entre las políticas recomendadas y las efectivamente puestas en prácticas. Sin embargo, es conveniente establecer si tales alternativas de acción estaban realmente disponibles. 

Supongamos que, en el mes de enero de este año, los equipos de estrategia de los ministerios de salud de la región hubieran seguido en detalle los informes elaborados diariamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre el 21 de enero y el 26 de febrero (fecha del primer caso registrado en Brasil), la OMS difundió 37 reportes, todos ellos disponibles en el sitio web. 

En el primer reporte (21 de enero), la OMS indicó que su oficina de China fue informada el 31 de diciembre de 2019 de casos de neumonía de causa desconocida, reportados en la ciudad de Wuhan. El 11 y 12 de enero, señala el informe de OMS, se recibió información detallada de la Comisión de Salud de China indicando que el brote estaba asociado con un mercado de alimentos marinos en esa ciudad. El nuevo coronavirus fue identificado el 7 de enero. El 12 de enero, China compartió la secuencia genética del nuevo coronavirus para que fuera utilizado para la prueba diagnóstica. Casos importados de China se reportaron en Tailandia el 13 de enero, en Japón el 15 de enero, y en Corea del Sur el 20 de enero. También se señala en este reporte que los países miembros, y las oficinas regionales y nacionales de la OMS habían sido informadas de la evolución de esta situación de emergencia sanitaria. 

Dos días después, el 23 de enero, la OMS indica en el tercer reporte que el riesgo involucrado para China era muy alto, y alto en el nivel regional y global. También se señala que existen evidencias sobre la transmisión del virus entre humanos. Al día siguiente, el reporte señala que los objetivos estratégicos de la respuesta eran interrumpir la transmisión del virus entre las personas en China, prevenir la exportación de casos a otros países, y prevenir la transmisión de esos casos en casos exportados en caso de que ocurriera. También se señala en ese reporte (el número 4 del 24 de enero), que la respuesta debía combinar el diagnóstico rápido de casos, la identificación de contactos, la prevención de la infección en los servicios de salud, la implementación de medidas para los viajeros, así como la información a la población sobre los riesgos involucrados. 

En el reporte del 25 de enero, se describen las medidas tomadas por el gobierno de Singapur para aumentar el nivel de alerta (de 2 a 4), reflejando así los riesgos involucrados. El 26 de enero se previene sobre los riesgos para el personal de los servicios de salud. El 29 de enero se anuncia la creación de la colaboración de la OMS con el Foro Económico Mundial para suplir los suministros requeridos en la pandemia en el contexto global. El 30 de enero se recomienda a los países que deben prepararse para los requerimientos en la realización de pruebas diagnósticas. El 5 de febrero se informa que se ha elaborado el Plan Estratégico de Preparación y Respuesta, y de la disposición de la OMS para apoyar a los países en los aspectos relacionados. En el momento que se aprueba este plan, el número total de casos confirmados de covid-19 era 24.554, de los cuales solo 191 se habían reportado fuera de China. 

Lamentablemente, estas recomendaciones no se concretaron en planes de acción en muchos países de América Latina. Las cuatro semanas que transcurrieron entre principios de febrero y la aparición de los primeros casos de la región, era tiempo adecuado para la organización de la respuesta. En muchos países de la región las primeras medidas no se tomaron sino al registrarse los primeros casos. Las restricciones para la toma de decisiones, conociendo las recomendaciones de la OMS, son indicativas de las brechas de planificación estratégica y de gestión que han condicionado la evolución de la pandemia. Las perspectivas de los próximos meses, de no tomar medidas para subsanar estas restricciones, afectará mucho más la situación de millones de personas afectadas. La brecha de políticas es, sin dudas, anterior a la brecha de recursos, y muchas veces, más determinante. Una mejor respuesta era completamente posible. Para ello se requería otro nivel de políticas públicas. Es una brecha inmensa.

Politemas, Tal Cual, 8 de julio de 2020

miércoles, 1 de julio de 2020

¿Cómo evitar 500 mil muertes por la pandemia en América Latina?

La semana pasada se difundieron las estimaciones realizadas por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, Estados Unidos, sobre el número de muertes por la pandemia de covid-19 que se pronostican para el 1 de octubre de este año. Este instituto es uno de los más prestigiosos en el contexto mundial en mediciones de salud, con aportes significativos para conocer la carga de la enfermedad en los países, así como en la definición de prioridades de intervención en los sistemas de salud. 

Estas últimas estimaciones actualizan las realizadas para la primera semana de agosto de este año (se pueden consultar en https://covid19.healthdata.org). De acuerdo con la generación de datos en los países y el mejoramiento de los métodos, los nuevos estimados pueden reflejar con mayor exactitud la dinámica de la pandemia, especialmente en sus efectos en la mortalidad. 

Para el 30 de junio, la estimación del número de muertes por covid-19 en América Latina por el IHME corresponde a 129.970. Cuando se compara con la cantidad de muertes efectivamente reportadas, esto es, 113.709, se aprecia que es el 87% de la cifra estimada, lo cual es bastante adecuado, dado que siempre existe un margen de error en modelos predictivos. Los países en los cuales se sobreestima una mayor proporción de muertes son Ecuador y Perú. En el resto de países (18) los valores estimados se acercan mucho a las muertes efectivamente registradas. 

Los datos registrados al 30 de junio indican que América Latina representa el 22% de las muertes totales por covid-19 (505.295), lo cual es muy superior a su peso poblacional (8% de la población mundial). Los países con mayor número de muertes son Brasil (58.314), México (27.121), Perú (9.504). Ahora bien, cuando se considera la tasa de mortalidad, para comparar con poblaciones homogéneas, se constata que seis países de América Latina se encuentran entre los 20 con mayor tasa de mortalidad por covid-19. En orden descendente son: Perú (lugar 10), Brasil (11), Ecuador (12), Chile (13), México (17) y Panamá (20). Dado que en muchos de los países que ahora se encuentran en los primeros lugares según la tasa de mortalidad, se ha logrado el control de la pandemia, es muy posible que los países de América Latina pasen a ocupar esos lugares. 

Las estimaciones realizadas por el IHME se resumen en tres escenarios. En el caso de la gran mayoría de los países de América Latina no se logrado el control de la pandemia. De manera que todavía se encuentran en la primera fase de la pandemia (a diferencia de otros países que lograron el control y ahora experimentan una nueva fase de casos). El primer escenario asume que los países tomarán medidas de control cuando el número de muertes supere el umbral de 8 muertes diarias por millón de habitantes. En este escenario, para el 1 de octubre de este año, el total de muertes registradas en América Latina sería 437.079. Brasil tendría 167 mil, México 88.160, Perú 36.210, Colombia 35.314 (los cuatro países con mayor número de muertes). Esto significa que la tasa de mortalidad se triplicaría en el caso de Brasil y México, en tanto que en Perú aumentaría cuatro veces, y en Colombia poco más de nueve veces. Todo ello en tres meses. Independientemente de que pueda mantenerse cierto grado de sobreestimación, no quedan dudas de las dramáticas implicaciones que tiene esta posible tendencia en la región. 

El segundo escenario asume que las medidas de control, como ha estado pasando en las últimas semanas, no serían aplicadas con la rigurosidad requerida. En este caso, el total de muertes por covid-19 en la región sería 907.535. Poco más del doble que en el primer escenario. En Brasil las muertes llegarían a 340 mil, en México a 151 mil, solo por citar a los dos países con mayor población en la región. Entre los dos países, tendrían más muertes que el total de la región en el primer escenario señalado. 

En el tercer escenario se asume que el uso obligatorio de mascarillas por parte del 95% de la población en todos los sitios públicos puede reducir el total de muertes a 388.089. De manera que el uso sistemático de la mascarilla produciría una reducción de más de medio millón de muertes con respecto al segundo escenario. Y con respecto al primer escenario sería una reducción de poco menos de 50 mil muertes. 

Estas estimaciones deben tomarse como referencia para las mejoras de las políticas de control de covid-19 en América Latina. Las limitaciones reflejadas en las últimas semanas en las desescaladas realizadas en la región, indican que se deben revisar con urgencias estas medidas, so pena de seguir la tendencia del segundo escenario (el más desfavorable). Por otra parte, solo con garantizar el cumplimiento del uso de la mascarilla, el efecto de reducción de mortalidad es muy significativo. Es también evidente que las muertes estimadas pueden reducirse mucho más si todas las opciones de control se ejecutan con mayor efectividad. A pesar de ello, es bastante evidente que las dimensiones de la pandemia, en términos de las muertes ocasionadas, y el sufrimiento de millones de familias, tiene dimensiones monumentales, y agravan las perspectivas de la región. Todo lo que se pueda hacer para reducir este impacto, no es solo urgente sino de altísima prioridad para gobiernos y sociedades.

Politemas, Tal Cual, 1 de julio de 2020

viernes, 26 de junio de 2020

Perspectivas a los 120 días de pandemia

El primer caso de covid-19 en América Latina fue registrado en Brasil el 26 de febrero de este año. Es decir, dos meses después que China reportara a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos de neumonía atípica detectados (31 de diciembre de 2019). A la fecha, la región ha registrado el 23% de los casos mundiales (poco más de 2 millones), y el 20% de las muertes, aunque América Latina representa solo el 8% de la población mundial. 

Casi al iniciarse el quinto mes de la pandemia, muy pocos países han logrado el control. Mientras en algunos países de la OECD se controló en poco más de 40 días, en América Latina este período se ha triplicado, y todavía sigue el incremento de casos y muertes. Es decir, no solo es que no se aprovecharon los dos meses transcurridos desde la aparición de los primeros casos en China, sino que tampoco se ha atinado en la implementación de las políticas. Las brechas de políticas aumentan, tanto las relacionadas con las condiciones de partida de los sistemas de salud, como aquellas que afectan el diseño y la ejecución adecuada. Estas brechas no se deben a los recursos disponibles en los países, aunque en algunos de ellos los recursos no sean muy grandes. Son ocasionadas fundamentalmente por las debilidades para definir problemas públicos y poner en marcha políticas alternativas adecuadas. 

Como consecuencia de esta brecha, 14 países registraron nuevamente cifras máximas de casos en los últimos ocho días. Esto significa que alcanzar el control requerirá al menos tres semanas más, con lo cual ya la pandemia se extendería por seis meses. En 13 países, el número de reproducción (RO), que toma en cuenta el número de casos que se infectan a partir de un caso preexistente, es superior a 1, y en algunos casos, como Argentina, Bolivia, Colombia, El Salvador, Panamá, está aumentando. Las excepciones de Uruguay, Paraguay y Cuba, solo demuestran la regla de las fallas generales señaladas. Estas situaciones en los países coexisten con políticas nominalmente de “alta rigurosidad”, especialmente en las medidas de distanciamiento social. Son nominales porque no se aplican en la práctica, pero, sin embargo, no se pueden reducir, con lo cual la credibilidad sobre las políticas resulta resquebrajada. La población sabe que es una política poco creíble, y además no la puede cumplir (por ejemplo, las personas que laboran en la economía informal). De allí que, en la práctica, como ya está pasando, los países se quedan sin alternativas de políticas creíbles y prácticas. 

La continuación de las actuales políticas, en las condiciones explicadas, no puede traer sino efectos perversos. Las estimaciones realizadas por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, Estados Unidos, indican que en el presente curso la pandemia podría ocasionar cerca de 300.000 muertes en la región para principios de agosto. Esto significaría casi 170.000 muertes en Brasil, más de 50.000 en México, y poco menos de 20 mil en Perú (los tres países con mayor número). La estimación del IHME es incompleta porque la progresión de muertes en muchos países todavía seguiría aumentando en agosto. Esto implica que la fase de mayor afectación de mortalidad se producirá en las próximas semanas. Hasta ahora, el pronóstico del IHME más bien ha subestimado el número de muertes en algunos países (por ejemplo, Argentina, Chile, México). 

Revertir este dramático pronóstico requiere medidas extraordinarias por parte de los gobiernos de la región. La dinámica de las últimas semanas indica que las instituciones nacionales están exhaustas, con el desgaste explicable por la dedicación intensa en los últimos meses. Sin embargo, los mecanismos de política requeridos no se pueden utilizar efectivamente en esas condiciones. Dadas las características de la transmisión local de la enfermedad, es clave desarrollar estrategias diferenciales en zonas, especialmente en países de gran tamaño. Acompañar estos esfuerzos con asistencia técnica internacional de expertos asiáticos y europeos es una opción a explorar, si es que no está en marcha ya. Los efectos negativos de la pandemia en los sistemas de salud de la región ya se apreciaban inmensos en las primeras semanas, ahora son de una dimensión colosal. Este impacto sin precedentes puede marcar de manera muy significativa las políticas públicas de la región en todas las áreas en los próximos años. Lamentablemente parece ser un hecho contundente.

Politemas, Tal Cual, 24 de junio de 2020

jueves, 18 de junio de 2020

¿Por qué fracasan las desescaladas en América Latina?

Ocho países de América Latina (Bolivia, Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Panamá y Perú), iniciaron desescaladas de las medidas para control de la pandemia y han terminado con aumentos en el número de casos diarios. Estos aumentos de casos varían entre dos y seis veces (Costa Rica) con respecto al número que existía al momento de las medidas de desescalada. Es relevante identificar las razones que llevan a los gobiernos de los países a tomar medidas que claramente contradicen las mejores prácticas. Especialmente porque en la gran mayoría de los países de la región todavía no hay control de la pandemia. Y porque existen otros países que han seguido estas malas prácticas en los últimos días. Debe señalarse, por otra parte, que dos países (Uruguay y Paraguay) están procediendo exitosamente hasta la fecha en la desescalada. 

Lo anterior significa que las fallas en la desescalada no son fortuitas, circunstanciales. No, las desescaladas exitosas son el resultado de políticas realizadas adecuadamente, con conocimiento de la experiencia de otros países, y con las debidas capacidades institucionales. Examinemos los fracasos. 

La primera recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para iniciar la desescalada (reducción progresiva de las restricciones ejecutadas para aumentar el distanciamiento social), en que la pandemia haya sido controlada. Tan sencillo como eso. Y para saber si en un país existe control, la OMS recomienda realizar el seguimiento a través del número de reproducción, también conocido como RO. Este número indica el número de personas que son contagiadas a partir de un caso diagnosticado. Si es mayor de 1, la epidemia está en auge. Si el número es menor de 1, la epidemia está en vía de control. Para establecer el control, la OMS señala que RO debe ser menor a 1 por un mínimo de 14 días seguidos. 

Todos los países que fracasaron en la desescalada contravinieron el criterio anterior. En cuatro de estos países (Bolivia, Brasil, México y Perú), según la información del sitio web de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hasta el 10 de junio, el RO ha sido superior a 1 en toda la pandemia. En Costa Rica y República Dominicana las medidas de desescalada fueron tomadas cuando RO estaba aumentando. Y en Ecuador y Panamá, se procedió a la desescalada cuando no habían transcurrido los 14 días requeridos. Los resultados se reflejaron en el aumento de casos y muertes en las semanas subsiguientes. Hasta el punto que estos países (con la excepción de Brasil y Ecuador) registraron en los últimos días el mayor número de casos en la pandemia. 

La respuesta más directa a la pregunta de las causas del fracaso, sería entonces que los gobiernos no siguieron el criterio señalado. Pero esta respuesta sería incompleta. Se deben examinar los antecedentes. Todos los países de América Latina han aplicado medidas de alta rigurosidad para el control de la pandemia. Comparados con Corea del Sur, que alcanzó un Índice máximo de Rigurosidad de Políticas (IRP) de 55/100 en la fase de control, todos los países han tenido índices mayores. Uruguay tiene el IRP menos distante que el de Corea del Sur (72). 

Estos valores tan altos del IRP indican que los sistemas de salud de la región tuvieron que acudir a medidas de mayor rigurosidad porque tenían limitaciones para realizar la ejecución gradual, tal como lo hizo Corea del Sur. Es decir, las limitaciones para modular políticas terminaron imponiendo medidas más rigurosas. En Corea del Sur no solo contaban con mecanismos institucionales más sofisticados, también asumieron que evitar las medidas más rigurosas es un objetivo de las políticas, por cuanto de esta forma se impiden los impactos negativos en los ámbitos productivos y sociales. 

Que las medidas hayan sido tan rigurosas desde el inicio, ocasiona también una gran restricción, por las características del mercado laboral de la gran mayoría de los países de América Latina. Esto se manifiesta en las grandes dificultades para que la población permanezca en sus viviendas cuando su fuente de ingreso deriva justamente de trabajar en condiciones de informalidad. Y para agravar, con la excepción de Honduras, todos los países de la región aprobaron mecanismos de compensación del ingreso por debajo del 50% promedio del salario. En esas condiciones, es bastante obvio que el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social era muy bajo. 

Es por ello que la gran mayoría de los países ha terminado con medidas nominalmente rigurosas, pero no cumplidas en la práctica. El problema es que, al iniciar la desescalada, disminuye aún más la posibilidad de control de los casos. Con el agravante de que los requerimientos institucionales necesarios para “escalar” gradualmente, tampoco se tienen en la desescalada. Esto influye en la imposibilidad de realizar la segmentación local, es decir, que puedan existir zonas de mayor grado de “desescalada” que otras. Por supuesto, el manejo de estos escenarios, en términos de la información requerida y de los equipos técnicos es también mucho mayor. 

Las restricciones institucionales de partida que tienen los sistemas de salud de la región están condicionando las políticas en el cuarto mes de la pandemia. Lo que a Corea del Sur y Uruguay le ha llevado 50 días, en la gran mayoría de los países puede llegar al triple de esa cifra. Tales restricciones están vinculadas fundamentalmente con el financiamiento y la organización de los sistemas de salud, así como con las capacidades específicas para enfrentar epidemias y controlar enfermedades infecciosas. Es por ello que las dificultades del control son expresiones de esas restricciones de partida. Tal parece, entonces, que enfrentar la pandemia continuará siendo un proceso errático, expresión lamentable de las limitaciones en las políticas de salud de la región. El impacto en número de personas enfermas, fallecidas, secuelas, y en el sufrimiento de millones de familias, es en el fondo manifestación de la terrible brecha de políticas públicas que confronta América Latina.

Politemas, Tal Cual, 17 de junio de 2020