domingo, 19 de mayo de 2013

Las mentiras que repite el Presidente

El Presidente decidió darle de frente con la campaña electoral. Varias horas de cadena en su programa dominical bastan para demostrar que la cosa va en serio. Hace dos semanas ya había indicado el rumbo. No solamente se trata de las elecciones de los Consejos Municipales y de la Asamblea Nacional del próximo año. También está en la mira la propia reelección presidencial del año 2012.

El Presidente sabe que la gestión de su gobierno es deficiente. La sensación en la calle es que hay expectativas negativas sobre los próximos meses. El aumento del desempleo y del costo de la vida, así como las agresiones contra el sector productivo del país, le dan al ciudadano común claras pistas de que las cosas no van por buen camino. Todo eso lo sabe el Presidente, mucho más de lo que imaginamos.

Para colmo, el Presidente sabe que las “joyas de la corona”, esto es, las Misiones de su gobierno, han sentido el golpe. En líneas generales, en los últimos meses hay un notable descenso en el número de beneficiarios de las Misiones. En algunas de ellas hasta un 20% de caída.

Una de las Misiones más afectadas en la deserción de beneficiarios es Barrio Adentro. La gente ya no va. Por varias razones. La primera, nos informó el Presidente, es que 2.000 consultorios de Barrio Adentro no tienen médicos. Sencillamente. La segunda es que la gente quiere más y mejor atención. No menos. Quiere más calidad, no menos. Si no la encuentran en Barrio Adentro, sencillamente se van a otra parte.

De allí que el Presidente haya declarado en emergencia el sector salud. En realidad, lo que está en emergencia en su propia presidencia. Las ofertas son las mismas de seis años atrás. Podemos inferir que seguirá con las mismas equivocaciones, producirá más resultados adversos.

En la justificación del “remozamiento” de su ya obsoleta política, el Presidente dice cosas que no son verdad. Las repite y repite con el objetivo de que se conviertan en verdad. Pero no es tan fácil. Buen servicio harían los asesores del Presidente si le indicaran las mentiras que pronuncia. Ellos deben saber la verdad, pero callan.

Van sólo algunas. El Presidente dijo que la mortalidad infantil había disminuido en su largo gobierno. De 23,4 muertes por 1000 nacidos vivos al principio de su gobierno, a 16,7 en el año 2007. Lo que no dice el Presidente es que apenas en diciembre de 2008 había dicho que la mortalidad infantil era 13,9. ¿Cuál es la cifra entonces? ¿La de diciembre o la del domingo? Si es la que dijo el domingo, entonces también debió decir que las últimas cifras oficiales, las del 2005, situaban la mortalidad infantil en 15,5. De manera que entre 2005 y 2007, la mortalidad infantil aumentó más de un punto. Por segunda vez en su mandato.

También dijo el Presidente que Cuba tenía el mejor sistema de salud del mundo. Por eso es que nos asesora, según él. La verdad de las cosas, según cifras de la Organización Panamericana de la Salud, es que en Cuba aumentó la mortalidad materna entre 1998 y 2005. Que en Cuba se encuentran las tasas de mortalidad más altas de América Latina por cáncer y enfermedades circulatorias. Que en realidad Cuba se encuentra muy rezagado en la atención de problemas de salud prioritarios.

También dijo que acá “no teníamos nada que se pareciera a un sistema de salud pública”. Con esa sola frase quiso eliminar de un plumazo una de las mejores tradiciones de salud pública de América Latina. El Presidente repitió mentiras. Pero muy pocos le creen. La mayoría de los venezolanos sabe que en materia de realidades concretas, el Presidente no tiene nada que decir.

Politemas, Tal Cual, 7 de octubre de 2009

El colmo de las mentiras presidenciales

El Presidente siguió sin ningún tipo de empacho. Dos días después de la larga cadena de la semana pasada, decidió ir por el premio grande. Esto es, pronunciar el juicio más inexacto y exagerado que haya emitido sobre las condiciones de la salud de los venezolanos.

El martes en la noche por el canal 8, el Presidente señaló que el 95% de la población tenía “asegurada” la cobertura médica. Dijo que tal cobertura era 21% en 1998 y que a través de la gestión de su gobierno se había elevado al porcentaje señalado.

Lo primero que el Presidente demuestra no saber, o no le han informado sus asesores, es el concepto de seguro de salud público. Tal seguro es una garantía que establece el Estado para sufragar los gastos de salud de una población determinada. Por lo tanto, debe estar estipulado en la legislación e incluir en detalle los servicios a financiar. En algunos países es un decreto, o una ley que establece el tipo de servicios, la frecuencia de uso, y los mecanismos de utilización de los niveles de especialización y tecnologías. Por ejemplo, si una mujer está embarazada se indican el número de consultas, el tipo y número de exámenes de laboratorio y de radiodiagnóstico, entre otros aspectos.

Con todo eso estipulado, las personas pueden reclamar cuando no reciben la cantidad y calidad de servicios requeridos. Es igual a los seguros privados, en los cuales existe una póliza de cobertura, bastante extensa en algunos casos. La única diferencia es que en el seguro público el financiamiento proviene de los impuestos o de las contribuciones de la seguridad social.

En Venezuela no existe tal especificación de los servicios a cubrir con fondos públicos. El gobierno actual no ha incorporado tal requisito en ninguna de las “n” versiones de la Ley del Sistema Público Nacional de Salud, la misma ley que tiene casi diez años de mora con la Constitución de 1999. En consecuencia, si no existe la obligatoriedad y especificidad de la cobertura de salud, mal puede el propio Presidente de la República señalar que abarca al 95% de los venezolanos. ¿De dónde sacó esa cifra el Presidente? ¿Del registro de personas “aseguradas”? ¿Dónde está ese registro? ¿Quién lo administra? ¿Dónde está señalado lo que le corresponde a cada ciudadano en materia de servicios de salud?

Tal registro, obviamente, no existe. Sin embargo, el Presidente se atreve a indicar la cifra, toda “exacta”, sin ni siquiera un decimal. Basa su cálculo en el número de servicios disponibles. Ya varias semanas atrás había reconocido que había 2.000 consultorios cerrados porque no tenían médicos. Entonces, ahora que tienen médicos, ¿aumentó de repente la cobertura? El Presidente desconoce, y sus asesores también, que desde hace décadas los sistemas de salud no se evalúan por los recursos disponibles (médicos, enfermeras, ambulatorios, entre otros). Se evalúan por el uso específico que se hace de ellos, es decir, por el cumplimiento de los servicios a cada ciudadano. Con nombre y apellido, y con los servicios bien detallados.

El Presidente, con gran debilidad por el ilusionismo, pretende transmitir una imagen totalmente falsa. Hasta el punto que desconoce los resultados de una Encuesta Nacional, realizada por el Conacuid en el año 2005, con la asistencia técnica de consultores europeos, en la que se constata que el 67,8% de los habitantes de Venezuela no cuenta con ningún tipo de seguros de salud. En los sectores más pobres (grupo E de la encuesta), casi el 80% de la población no tiene seguro de salud. Para todos ellos, es muy claro que el Presidente no conoce su realidad.

Politemas, Tal Cual, 14 de octubre de 2009

miércoles, 17 de abril de 2013

El brazalete del abuso

Y he aquí que el “mejor sistema electoral del mundo” tiene a Venezuela en una situación sin precedentes. Por primera vez desde 1958, el candidato derrotado en la contienda presidencial tiene sobrados motivos para no reconocer el resultado. El tradicional procedimiento para comenzar un nuevo período presidencial, esto es, que gane un candidato y que el otro reconozca la derrota, se vio empañado por la responsabilidad exclusiva del árbitro electoral. Estas circunstancias de incertidumbre y duda han sido generadas por el incumplimiento del CNE de las funciones que le asigna la Constitución.

El artículo 293 de la Carta Magna establece que los órganos del Poder Electoral deben garantizar “la igualdad, confiabilidad, imparcialidad, transparencia y eficiencia de los procesos electorales”. El CNE debe velar para que sus actuaciones sean aceptadas por todas las partes que compiten en las elecciones. Para ello debe reconocerse como una instancia que tiene la autoridad y ascendencia para que sus decisiones sean aceptadas sin complicaciones.

Esa es la teoría. Lo cierto es que millones de venezolanos tienen sobradas dudas sobre el comportamiento imparcial del CNE. Baste mencionar la inequidad en el manejo de la comunicación. Se aceptan todos los excesos del gobierno, desde el uso de las cadenas de manera desproporcional, hasta la utilización de actos de gobierno para propaganda electoral, pasando por la utilización desmedida de los medios públicos. En ninguna de esas circunstancias se ha oído al CNE levantar una mínima advertencia, ni mucho menos una sanción al gobierno. Las protestas de la oposición son recibidas con la mayor indiferencia.

De manera que el CNE es inequitativo tanto en el manejo de las condiciones previas a las elecciones, como en el día de los comicios, cuando se aceptan todo tipo de irregularidades de un bando, sin que se produzca la menor intervención. Ya todo eso es bastante grave. Pero se ha llevado a límites realmente inaceptables. La Presidenta del CNE tuvo la caradura de colocarse un brazalete utilizado como propaganda política del sector oficialista en un acto público. Sin el menor desparpajo. Tomó partido, se puso las insignias de una facción, y siguió como si no hubiera pasado mayor cosa.

Días después esta misma Presidenta respondió a una solicitud de la oposición como si fuera miembro del comando oficialista. Y para remate dijo que la oposición no contaba con los votos para ganar. Así de frente, sin mayor pudor. Esa funcionaria, máxima representante del Poder Electoral, se dispuso en pocos días a ejercer su rol de árbitro en una de las elecciones con mayor ventajismo oficial, con la utilización de violencia en las mesas, con miles de denuncias de irregularidades. Y ahora le pide a la oposición que se la cale, así no más. La Presidenta del CNE se puso el brazalete del abuso y no se lo piensa quitar.

Politemas, Tal Cual, 17 de abril de 2013

El año de la Unidad

El año 2009 llega a su final. Ha sido un año difícil para los venezolanos. Cesó el ritmo de crecimiento basado en el boom petrolero. Se instaló la recesión en el tercer trimestre del año. La caída del consumo de las familias y el aumento del desempleo, se han hecho cotidianos y frustrantes. Para colmo hizo su aparición la crisis de los servicios públicos (agua, electricidad). En los últimos días hemos quedado convencidos de que definitivamente acá sólo pasa lo que se le ocurra a la voluntad presidencial (desde enviar a prisión a los jueces hasta evitar que los ciudadanos opten por la huelga de hambre como medio de lucha).

También el año 2009 nos trajo una excelente noticia. La experiencia democrática de nuestro país encontró una fórmula política para enfrentar con decisión y efectividad la situación que vivimos. Decenas de partidos políticos, animados por el afán de coincidir, por anteponer los acuerdos, han conformado una alianza que trasciende los objetivos inmediatos. Se trata de constituir una plataforma de pensamiento y acción que promueva las transformaciones que requiere Venezuela. La Mesa de la Unidad Democrática evidencia esta búsqueda de opciones y de oportunidades.

El camino para construir una nueva etapa en la vida del país, concentrada en el bienestar verdadero y en la práctica de una real democracia, será complejo. Los errores y omisiones cometidos en el manejo del gobierno en los últimos once años, junto con las deficiencias que ya teníamos, conforman un cuadro que requiere imaginación y trabajo sistemático. De allí la importancia de construir una base programática que sirva de sustento al acuerdo político que significa la Mesa de la Unidad Democrática. Tal base programática es el eje para convencer a la mayoría del país de que se tienen las soluciones y los equipos para producir las transformaciones.

En esa dirección debe fijarse la mirada en las elecciones del 26 de septiembre del próximo año. Será, sin dudas, una oportunidad muy significativa para consolidar espacios de crecimiento y lograr la expresión concreta de una nueva mayoría. La Mesa de la Unidad Democrática ha dejado muy claro al país que entiende la importancia de este reto. El requisito fundamental para lograr ese objetivo en garantizar un frente unido, en todas las circunstancias, que sea capaz de inspirar y transmitir un mensaje y una propuesta de inclusión para todos los venezolanos.

Se termina el 2009 con posibilidades reales de triunfar en las elecciones de la Asamblea Nacional. Se ha consolidado la Unidad Democrática. Se han elaborado y aprobado las normas que facilitarán los acuerdos para tener candidatos unitarios en todos los circuitos electorales. Los primeros meses del año serán la oportunidad para mostrarle al país tanto la plataforma programática, como su expresión concreta en la agenda parlamentaria a presentar en las elecciones, y la disposición de facilitar la más amplia expresión de liderazgos, más allá de los partidos políticos, que conlleve a seleccionar los mejores candidatos para asegurar la victoria.

El próximo año será una oportunidad privilegiada para consolidar una unidad efectiva. Todos los sectores democráticos deberán realizar su mejor esfuerzo para acordar, para identificar opciones comunes, para que prevalezca lo que nos une y lo que nos articule. Será la mejor estrategia para enfrentar las dificultades, y especialmente, para demostrar que existen las alternativas para transformar a Venezuela.

Politemas, Tal Cual, 16 de diciembre de 2009

Fracaso de un gobierno "grandioso"

Once años no pasan en vano. Las mismas caras, las mismas ideas. Adornado de la retórica del Socialismo del Siglo XXI, distante de los ciudadanos, distante de los problemas de la gente. Esa es la impresión de los habitantes del país, expresada en la opinión en la calle, pero también en las encuestas de opinión pública.

La última encuesta del IVAD nos indica, con toda la gravedad del caso, que el actual gobierno es percibido muy alejado de las realidades concretas de los venezolanos. En líneas generales, el 60% de los ciudadanos del país considera que el gobierno pone poco o ningún esfuerzo en resolver sus problemas. En el caso de la inseguridad y el desempleo, más del 65% de los venezolanos consideran que el gobierno coloca poco o ningún esfuerzo en atender los dos problemas más importantes.

Que dos tercios de los habitantes de un país tengan tan decepcionante percepción de la gestión de su gobierno, es bastante significativo. Eso implica que, independientemente de la posición a favor o en contra del gobierno, se expresa la crítica al grado de abandono de la administración Chávez de su función central: resolver los problemas de la gente. Para muchos partidarios del oficialismo, el gobierno no soluciona sus problemas más cotidianos. No queda duda, entonces, que el apoyo sin restricciones ha desaparecido. He allí la clave para entender que más del 60% de los venezolanos no quiera que el actual gobierno continúe más allá del año 2012.

No se puede descuidar por tanto tiempo los intereses de la gente y querer que no aparezcan las facturas. Los problemas de la gente prácticamente no aparecen en ninguno de los dos planes de gobierno que ha tenido la administración Chávez. Temas tan sencillos y evidentes como el suministro de agua, electricidad, la lucha contra las enfermedades más frecuentes, contar con un sistema de educación de calidad, la reducción de la violencia y la inseguridad. Esas cosas “pequeñas” fueron rechazadas, excluidas, eliminadas de la agenda pública. Con el pretexto de que la “revolución bonita” se ocupa de la “grandeza”, de la “independencia”, del enfrentamiento con la potencia “imperial”.

Al final, ya lo vemos, no hemos tenido ni “revolución”, ni agua, ni electricidad, ni trabajos decentes, ni tranquilidad y sosiego en calles y barriadas. El actual gobierno se ha quedado sin respuestas, en parte porque nunca pensó en problemas. Pensó en ideas y grandes argumentos, no en la vida cotidiana y concreta de millones de venezolanos. Los resultados están a la vista, siguen los problemas. Las soluciones cercanas, concretas, no están la agenda del gobierno.

La experiencia de estos once años debe ilustrar a los sectores democráticos sobre el tipo de énfasis y de propuestas programáticas. No basta con identificar problemas, ni siquiera por señalar las fallas de la administración Chávez. Es fundamental diseñar las soluciones, surgidas de las ideas técnicas, pero también del contacto directo con la población, identificando matices, particularidades. No se trata de cualquier solución, sino de aquellas que tengan empatía en las condiciones concretas de vida de las comunidades y personas.

Para cada una de esas soluciones es importante convencer, transmitir sentido de urgencia, señalar razones, comparar con los resultados de esta gestión, supermillonaria de recursos, pero carente de ideas efectivas. Ante un gobierno sin respuestas, hay que anteponer una alianza democrática con soluciones atractivas y efectivas. Es parte sustantiva de los retos de la hora actual.

Politemas, Tal Cual, 9 de diciembre de 2009

Diez soluciones, por ahora.

En el país aumenta el desconcierto. A la crisis económica y social, se suma la sensación de que en el Alto Gobierno se sabe mucho de la corrupción, pero poco se hace. Todo ello en un clima de enfrentamientos con Colombia y de arrebatos contra toda parcela de poder que no sea la dependiente de Miraflores. Vale la pena preguntarse si no es posible tomar decisiones que mejoren rápidamente la vida de los venezolanos. Que traigan sosiego y nos devuelvan la posibilidad de construir un país con menos conflictos, con más normalidad.

Las decisiones existen. Algunas de ellas se pueden en corto plazo. Algunas de ellas no requieren mayores inversiones. Veamos diez de ellas, sólo para empezar:

1. El presidente Chávez podría dar una declaración especial contra la inseguridad. Aprovechar una de sus cadenas para decirle al país que su gobierno enfrentará activamente a la delincuencia. Que hará todo lo posible por defender la vida y los bienes de los venezolanos, especialmente de aquellos que viven en nuestras barriadas populares, las más afectadas por la violencia.

2. También el Presidente podría dictar una amnistía a favor de todos los venezolanos privados de su libertad por el “delito” de disentir. Tanto lo que hayan sido condenados como los que se encuentren en proceso. El país tiene derecho a una Navidad sin presos políticos.

3. Con una llamada telefónica el Presidente podría traer mucha tranquilidad en la zona del Táchira. Aceptar la invitación del presidente Uribe a discutir la problemática entre los dos países ayudaría a bajar las tensiones, favorecer un clima de entendimiento, restablecer ciertas bases de normalidad entre dos comunidades tan interdependientes.

4. Convocar al Consejo Federal de Gobierno sería otra medida de mucho impacto. Paralelamente solicitar a la Asamblea que desista de aprobar la Ley del Consejo Federal. Con la invitación a los gobernadores y alcaldes a Miraflores, para sentarse alrededor de la misma mesa, a pensar y actuar por todas las comunidades del país.

5. Asignar recursos para un programa de emergencia que asista a las familias más pobres (el cincuenta por ciento de ellas no recibe ningún beneficio del gobierno). Esos recursos serían para alimentación y otros gastos básicos.

6. Convocar al sector privado para diseñar y ejecutar un plan conjunto de inversiones que promuevan empleos decentes, al menos 600.000 nuevos empleos por esta vía en los próximos tres años.

7. Retornar a nuestro anterior huso horario, de manera que las personas puedan llegar a sus casas cuando todavía haya luz solar. Los ahorros en electricidad por este concepto ayudarán a disminuir riesgos de sobrecarga en las conexiones eléctricas del país.

8. Cesar las estatizaciones de empresas y revisar los procesos de este tipo realizados en los últimos años. Trasladar nuevamente al sector privado aquellas empresas que han visto afectadas su rentabilidad y eficiencia en manos del sector público.

9. Disminuir al mínimo posible los trámites para la creación de empresas. De esta manera se incentiva la creación de empleos y se otorga estabilidad a la inversión privada.

10. Dejar sin efecto la suspensión de las estaciones de radio y televisión (incluyendo la de Radio Caracas TV).

Lamentablemente, apreciados lectores, sabemos que el actual gobierno no tomará estas decisiones. Su interés no es resolver estos problemas y mejorar la vida de los venezolanos. Es bueno saber que un gobierno alternativo, unitario, puede tener soluciones como éstas. Y que después de estas diez, vendrían muchas más.

Politemas, Tal Cual, 2 de diciembre de 2009

Gobernar para la Gente

Así, con mayúscula. Tal es el reto que tiene el liderazgo democrático del país. Luego de casi once años de un gobierno autoritario e incompetente, la vida común de millones de venezolanos y venezolanas está siendo afectada en grado cada vez más creciente.

Ya no se trata solamente de los riesgos ante la inseguridad en las calles. En lo que va de año ya ha quedado bastante claro que estamos en una recesión económica que elimina empleos, encarece el costo de la vida y ha paralizado el aparato productivo. Para colmo en las últimas semanas se ha hecho evidente que los servicios básicos (agua, electricidad, gas doméstico) no han tenido las inversiones adecuadas para garantizar el suministro que se deriva del aumento de la población. Por si fuera poco, los derechos políticos y de propiedad son afectados a conveniencia, todo ello fundamentado en la ausencia de contrapesos institucionales. No hablemos de los cambios urgentes que requieren los sistemas de salud y educación, sólo por decir dos que afectan no sólo lo cotidiano sino la garantía de calidad de vida en el mediano plazo.

Todo ello tiene su origen en las monumentales fallas de una “revolución” que nunca tuvo interés real en resolver los problemas de la gente. Antes que eso, el objetivo era la conquista del poder, y luego ha sido mantenerlo, prorrogarlo, hacerlo vitalicio. La política social del gobierno siempre ha sido instrumental de los objetivos políticos. Hasta el punto que ante la caída de los ingresos fiscales muchas de las Misiones han visto disminuir las asignaciones presupuestarias. En época de crisis social, indicativo de que muchas familias se quedarán sin el apoyo básico para subsistir.

Los Planes de la Nación (2001-2007 y 2007-2013) excluyeron deliberadamente muchos de los problemas que preocupan a los ciudadanos. Temas como la nutrición, el agua, la electricidad, las enfermedades más frecuentes, la calidad de educación, prácticamente no aparecen. Las pocas veces que aparecen no tienen asignadas metas ni proyectos. Podríamos decir que la administración pública venezolana ha estado casi once años en una gran marcha sin rumbo, completamente subalterna a los objetivos de centralización del poder y anulación de las instituciones.

En este contexto se debe situar el esfuerzo político que se expresa en la Mesa de Unidad Democrática. Decenas de partidos políticos del país han diseñado un espacio de encuentro para pensar el país. Con los problemas no resueltos antes de 1998, y también con aquellos que han empeorado en el gobierno de la “revolución bonita”. Pensar el país es el primer paso. Pero la concreción de estas ideas sólo se dará cuando se ejerza efectivamente el gobierno.

Esa es la magnitud real de la tarea que se propone la Mesa de Unidad Democrática: asumir con la seriedad requerida la exigencia de ser gobierno en Venezuela, para resolver los problemas centrales de la vida de los venezolanos, para dotar al país de las políticas que permitan alcanzar el desarrollo y generar bienestar sostenible.

Este propósito de los partidos políticos es meritorio. Indica con claridad que la cultura democrática venezolana está muy viva, especialmente por el énfasis en colocar primero lo que nos une y nos acerca, antes que lo que nos divide y aleja, porque se tiene también la convicción de que los partidos son fundamentales, pero que también deben conectarse con las más amplias expresiones de nuestra vida social y comunitaria. Gobernar para la Gente es la manera más efectiva de concretar la unidad democrática.

Politemas, Tal Cual, 25 de noviembre de 2009


Cuando el 2010 nos alcance

Algo tiene que haber salido mal en la Sala Situacional del Alto Gobierno. Lo que comenzó siendo como una campaña para convencer al país de que estábamos “blindados”, ha terminado como una pesadilla. No tanto por el año que está terminando, malo, ciertamente, sino por el año que viene. El 2010 es un año que el gobierno quiere sacar del almanaque. Quisiera que pasara rápido. Que llegáramos de un viaje al 2012. No es tan fácil.

Apenas el 25 de febrero de este año, el ministro Rodríguez Araque anunció que la economía venezolana podía sostenerse “tres años sin sacrificios”. Hablaba el Ministro de la “garantía de solidez” que presentaba el cuadro económico del país. Seguía el Ministro en la “lucidez” de su análisis: “en comparación con otros países, Venezuela está en muchas mejores condiciones para encarar el conflicto”. Ya se había producido la caída de los precios del petróleo. Sin embargo, el Ministro hablaba de la “estabilidad” asegurada por el precio de nuestro casi único producto de exportación. Una perogrullada para terminar: “… en el caso de Venezuela, la crisis sólo nos afectará en función de la variación de los precios del petróleo”. Análisis de antología, pues.

No había pasado un mes de estas declaraciones cuando el gobierno se tuvo que dirigir al país para informarle que la “solidez” no era tal. Y así empezó la lucha del gobierno por esconder la gravedad de la situación. Apostando a su única carta: el aumento de los precios del petróleo. Es muy probable que el gobierno haya creído que podía cerrar el año 2009 con un pequeño crecimiento económico. Quizás esperando que para esta época del año ya el precio del barril hubiera vuelto por sus fueros.

No se trata de una caída temporal de precios. Se trata de que tal disminución de ingresos fiscales encuentra al país en un período de caída brutal de la inversión, con desajustes evidentes en los sectores productivos, comprando más en el exterior que lo que producimos. De manera que el aumento de los precios no es suficiente para obviar la profundidad de la crisis productiva que vivimos.

Es por ello que hace menos de una semana, el ministro Rodríguez Araque tiene que reconocer que la estimación del gobierno es “cero” crecimiento para este año. Y siguió tan campante. Con crecimiento poblacional de 2,5%, no es muy buena noticia constatar el crecimiento nulo de la economía Especialmente cuando hay riesgo de que incluso haya decrecimiento.

También para desviar la atención el ministro plantea su “recetario” de políticas. Incluye en ellas que debe haber “alta inversión en el sector productivo”, “reforma estructural de una serie de instrumentos legales”, “incrementar la producción de alimentos”, “construcción de viviendas”, “inversión en infraestructura”. Como si el Ministro no hubiera participado en el gobierno desde el día inicial de estos casi once años. Como si no hubiera ninguna responsabilidad por parte del gobierno en la crisis que padecemos.

Todo no paró allí. El Ministro también reconoció que la “meta” de crecimiento es 0,5% para el año que viene, “con la idea de ir llegando progresivamente hasta un 4% en el 2012”. Lo dijo rápido, como si quisiera “saltar” de una vez tres años por delante. Para obviar el mar de dificultades que experimentarán los venezolanos, especialmente los más pobres, porque hay un gobierno en Miraflores que no tiene la capacidad política y técnica para enfrentar el desarrollo sostenible del país. Para hacernos olvidar lo complicado que se avizora el año 2010. Porque quizás el Ministro sabe que el destino del 2010 ya lo alcanzó.

Politemas, Tal Cual, 18 de noviembre de 2009

Con su fracaso a cuestas

Se le vieron todas las costuras. En su último programa dominical, el Presidente hizo méritos para varios Oscar de la Academia. Trató por todos los medios de desviar la atención de su problema central: la caída de su popularidad y confianza es estrepitosa.

La gente quiere agua y electricidad todos los días, las veinticuatro horas, los siete días de la semana. También quieren calles sin huecos, viviendas de calidad, la mejor educación para los hijos, servicios de salud que atiendan todos los problemas, transporte rápido y cómodo, sólo para decir algunas cosas. El Presidente sabe todo eso. Y también sabe que no tiene las respuestas que la gente espera.

Luego de casi once años de la misma cantaleta, el Presidente se ha quedado hablando solo. El mismo lo reconoce. Nadie en su gobierno habla de revolución, ni de Socialismo del Siglo XXI. Es por eso que intenta distraer la atención. Primero, con la amenaza de guerra a Colombia. Luego, tratando de trasladar las culpas de la incompetencia de su gobierno a sus ministros y vice-ministros. Es muy evidente, Presidente. Nadie le cree ya.

Los ministros, Presidente, los ha nombrado usted. Muchos de ellos los ha “rotado” de un cargo a otro. Los planes de la Nación de sus dos gobiernos no hubieran sido aprobados sin contar con su anuencia. No se mueve, Presidente, ninguna hoja en la administración pública venezolana sin su consentimiento. Usted ha acumulado más poder en el gobierno venezolano que ningún presidente desde el Benemérito.

Es por eso bastante patético que después de once años usted le empiece a pedir “resultados” a sus ministros. Si eso hubiera sido un rasgo distintivo de su gobierno, muchos de ellos no estarían en los cargos que tienen. Detrás de eso usted quiere desviar la atención de la verdadera responsabilidad que tiene en estos once años de gestión pública. Usted es el gran responsable. Usted es el que no ha podido con los “resultados”. Antes que exponer a sus subalternos, usted debería dar la cara, asumir sus responsabilidades. No lo ha hecho, Presidente. La suya es, sencillamente, una gestión muy deficiente. Sólo nombremos algunos casos.

En su gobierno Venezuela ha perdido capacidad para crear valor. Exportamos hoy menos bienes industrializados que a mediados de los noventa. Eso significa menos empleos de calidad. Y eso, Presidente, significa menores posibilidades de derrotar la pobreza. Tampoco ha habido éxito contra la pobreza extrema y el hambre. Casi 2,6 millones de venezolanos, según las cifras oficiales, se van a la cama todos los días sin haber comido completo. Nada más en el año 2007, último año de cifras oficiales, 600 niños menores de cinco años murieron por desnutrición. Esos son pésimos resultados.

Agreguemos a este pobre desempeño, las fallas en la implementación de políticas que nos han traído a un país que marcha con apagones, cortes de agua, daños ambientales severos, basura por doquier. Para colmo, sin reformas serias en los sistemas de salud y educación. Todos estos malos resultados, Presidente, se han producido bajo su coordinación, bajo su responsabilidad. Usted es el Primer Magistrado, Jefe del Ejecutivo, con un Legislativo sumiso, y sin equilibrio de poderes. El gobierno que usted preside es el mayor fiasco en la historia de la administración pública venezolana. Por los recursos utilizados y por las esperanzas defraudadas. Esos son sus resultados, Presidente. No trate de evadir sus responsabilidades. Usted está ante la historia solo, con su fracaso a cuestas.

Politemas, Tal Cual, 11 de noviembre de 2009

La "revolución" toca fondo

Debe haber muchas preocupaciones en el Alto Gobierno. Lo que era una gran alharaca por el crecimiento de la economía se ha convertido en un estruendoso silencio. Hace pocas semanas, en las ruedas de prensa para anunciar las “medidas”, se dejó colar una plegaria a todos los santos. El gobierno quiere que la economía crezca, pero no es tan fácil. Casi diez años de improvisaciones e incompetencias han alejado el motor del crecimiento económico. Las perspectivas para la “revolución” son complicadas.

Ha tenido que ser muy duro para la burocracia gubernamental reconocer que este año ya no habrá crecimiento económico. La tasa de crecimiento del año 2007 (exactamente 8,4%) parece lejana. La del año 2008 fue casi la mitad (4,8%). El pronóstico del Fondo Monetario Internacional para este año es un decrecimiento de 2%.

El ciudadano de a pie no necesita muchos análisis para entender que si la economía no crece, no hay mucho bienestar que se diga. Si no hay quien compre, las empresas cierran sus líneas de producción. De la caída del consumo se pasa a la de la producción. Es allí cuando el gasto público debe aparecer. Para que se reactive la producción. Eso es lo que hacen los gobiernos, siempre y cuando hayan estimulado adecuadamente la inversión privada.

Todo ello es justamente lo contrario de lo que hemos tenido en Venezuela. El gobierno se las ingenió para ahuyentar la inversión privada. Para colocar trabas a todo el proceso productivo. Desde las amenazas y el amedrentamiento, hasta injustas expropiaciones. Mientras, muchos de los países de América Latina tienen recursos para reanimar sus economías con programas de inversión pública. No es el caso de la “revolución bonita”.

Todo ese panorama influye en una especia de “racionalización” de parte del gobierno. Como el cuento de que las “uvas estaban verdes”. Ahora el gobierno dice con la mayor naturalidad que el crecimiento estará a “nivel de cero”. Como si se pudiera decir eso y seguir tan campante. Después de casi once años de gobierno, llegamos al “llegadero”: una economía que no crece. Una economía anémica.

El pronóstico del FMI para el año 2010 indica que Venezuela será una de las dos economías de la Región que no crecerá (la otra es Jamaica). Tendremos 0,5% de decrecimiento. Es decir, entre 2009 y 2010 decreceremos casi 3%. Esto significa menos bienes, menos consumo, menos empleo, más pobreza. Todos los demás países de la Región habrán recuperado su crecimiento. Llama la atención los casos de Perú (crecerá casi 6%), y Chile (más de 4%).

Lo peor no se queda allí. Según el FMI, en los años 2011 y 2012 nuestro crecimiento será menor al 0,5%. Casi nada. La peor tasa de crecimiento de América Latina. Para un país con una población que crece casi 2% interanual, esto es muy mala noticia. La consecuencia más directa de la incompetencia en el manejo de nuestra política económica.

Un país sin crecimiento es un país sin oportunidades, sin progreso. Peor aún cuando tuvimos una de las épocas más “esplendorosas” en lo que a ingresos fiscales se refiere. Todo ello explica la sensación de desaliento en el Alto Gobierno. La imposibilidad para articular una explicación que convenza a los venezolanos de que esta ausencia de crecimiento se la debemos al “imperialismo yanqui”. Es evidente, tanto para estos funcionarios como para la sociedad en general, que la suprema incompetencia de este gobierno nos ha traído a una de nuestras peores crisis económicas. La “revolución bonita” se hunde en sus errores. Lo saben ellos, lo sabemos todos.

Politemas, Tal Cual, 4 de noviembre de 2009