lunes, 28 de diciembre de 2015

No son los recursos, son los resultados

El gobierno del presidente Chávez se mantiene en el pasado. Todavía sigue creyendo que el desarrollo se mide por los recursos invertidos. Por la cantidad de bolívares que se destinen a los servicios. Recientes declaraciones de altos funcionarios del Ministerio de Salud y Desarrollo Social (MSDS) demuestran que en este aspecto el gobierno tiene un atraso de cuatro décadas.

En los sesenta los organismos internacionales y muchos centros académicos promovieron la idea de que la salud era un problema de recursos. Se propuso que los países debían tener un determinado número de camas de hospitales por tantos habitantes, tantos médicos por 10.000 habitantes, y así sucesivamente. Muchos países, entre ellos Venezuela, empezaron a medir lo que pasaba en el sector salud de acuerdo con la dotación de servicios. Si había un aumento en el número de camas y de médicos, entonces estábamos mejorando. Eso era, como veremos, una idea errada.

Tomemos por caso la diarrea infantil. Por esta causa murieron en Venezuela 1.110 niños en el año 2003. De acuerdo con la lógica obsoleta que utiliza el MSDS, debemos concentrarnos en dotar los hospitales para atender a los niños con diarrea. Que haya suministros y personal para hacerlo. Eso por supuesto es importante. Pero lo más importante es que desaparezca la diarrea. Que los niños y sus familias tengan agua potable en sus casas y que se construyan las cloacas respectivas. Lo que nos interesa es que disminuyan las muertes por diarrea y que los casos de diarrea sean cada día menos. De eso se trata el desarrollo, de resolver problemas de verdad.

A partir de 1970 Costa Rica empezó a revolucionar la lógica imperante en la salud pública de América Latina. Costa Rica aumentó efectivamente la cobertura de servicios de salud, especialmente en zonas sub-urbanas y rurales, y mejoró la dotación de acueductos y cloacas. Con estas intervenciones la mortalidad infantil se redujo en 75% en apenas 10 años (lo que a Venezuela le llevó 50 años). Como consecuencia, los ticos dejaron de usar las camas de hospitalización que tenían para niños con diarreas. Simplemente porque los niños de Costa Rica dejaron de tener diarrea como tenían antes de los setenta. Esas camas fueron transferidas a otros servicios.

Nadie hablaba en Costa Rica de los recursos invertidos. Lo que interesaba era disminuir la mortalidad infantil. El ejemplo de Costa Rica se difundió en todo el mundo. Esta revolución fue una de las bases de la Estrategia de Atención Primaria de Salud que promovió la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1978. 

Hoy vemos con preocupación que el MSDS sigue utilizando el número de bolívares como el criterio de mejoría de las condiciones de salud. Si fuera cierto que la inversión ha aumentado mucho en los años del gobierno del presidente Chávez, entonces estamos en presencia de la gestión más ineficiente de la salud pública venezolana. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Porque esa supuesta cantidad de recursos no se compadece con el estado de la salud de los venezolanos. Durante el gobierno del presidente Chávez hemos tenido aumento de la mortalidad infantil en 2002 y 2003, aumento de 13% de la mortalidad materna, epidemia de malaria en plena expansión (más de 31.000 casos hasta la semana 31 de este año), aumento de la mortalidad por diabetes, hipertensión, cáncer, VIH, aumento de la mortalidad infantil por desnutrición, diarrea y neumonías. Suficiente para apreciar que la salud empeora. 

Ojalá el MSDS se ponga a tono con las tendencias modernas de los sistemas de salud y deje de tener una visión tan economicista. Ojalá deje de pensar que a más bolívares, necesariamente tenemos más salud. El MSDS debería, en suma, comprometerse con la gente.

Politemas, Tal Cual, 24 de agosto de 2005

Sin estrategia no puede haber éxito

La carta del Director de Salud Ambiental del MSDS permite profundizar sobre las debilidades actuales en el control de la malaria. Reconocemos la contribución del Dr. Toro para promover el debate en esta materia. Ojalá el intercambio favorezca mejores resultados en este problema público. 

El argumento central del Director es que la malaria que tenemos ahora es muy diferente a la que teníamos en los cuarenta y cincuenta. Según él, en la primera fuimos exitosos. En la segunda no hemos tenido éxito porque es muy complicada. Analicemos esto en detalle.

Es verdad que en la primera fase logramos erradicar la malaria en gran parte del territorio. Pero, contrario a lo que señala el Director, este éxito no se debió solamente “al fortalecimiento económico del país” y al uso “de tecnologías avanzadas”. Debe agregarse que, entre los años 1936 y 1945, los técnicos venezolanos desarrollan una estrategia en dos direcciones. La primera fue colocar a la malaria en la agenda pública. Es por eso que este aspecto aparece dentro de las prioridades de higiene pública del Programa de Febrero de 1936. También es por eso que el Congreso Nacional aprueba ese año la “La Ley de Defensa contra el Paludismo”. La segunda dirección fue analizar en detalle los factores epidemiológicos que afectaban la malaria. Cuando aparece el DDT, los técnicos de “la Malariología” sabían donde rociar. Se combinaron con gran precisión la estrategia y la tecnología. El éxito se obtuvo. 

Es cierto que desde finales de los sesenta la malaria ha estado asociada con la explotación de minerales preciosos. Esto lo que significa es que hay que definir nuevas estrategias y ser efectivos en concretarlas. En todas las epidemias que hemos tenido en los últimos 35 años ha habido éxitos, excepto en el actual gobierno. Las técnicas que propone ahora el MSDS fueron utilizadas con gran acierto en el brote del Guaniamo, a principios de los setenta. También se aplicaron, con menor impacto, en las otras epidemias. De manera que no es que la malaria se volvió inestable en el período del presidente Chávez. Ya lo era.

Cabría preguntarse: ¿por qué tuvimos éxito en estas epidemias y no en la actual? ¿Qué es lo que ha dejado de hacer esta administración? Dos respuestas pueden señalarse. 

La primera es que la malaria no es una prioridad para este gobierno. Las palabras malaria y paludismo no aparecen ni una sola vez en las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2001-2007. La importancia que le asigna a este problema la Dirección de Salud Ambiental del MSDS no es la misma que en el Alto Gobierno. La segunda respuesta es que el gobierno tardó siete años para entender que debía enfrentar la malaria.

Esto explica que entre 1998 y 2004 se haya duplicado el número de casos anuales de malaria. En 1998 el número de casos semanales era 420. Según la propias cifras del MSDS, en este momento tenemos 750 casos semanales (casi el doble). En la semana 31 de este año ya llevamos acumulados 31.280 casos (10.000 casos más que en 1998). 

Lo más preocupante es que el 52% de los casos se producen en tres Municipios del Estado Bolívar: Sifontes, Piar y Raúl Leoni. ¿Cómo entender que en pleno boom petrolero no se hayan obtenido los recursos para las inversiones requeridas? ¿Cómo es posible que en siete años no se haya tenido ningún impacto en esta situación?

Está claro que no puede haber éxito sin estrategia. Pero para que la estrategia tenga éxito debe concretarse, debe dejar de estar en el papel y en las palabras. Ojalá los responsables de la Dirección de Salud Ambiental, liderizados por el Dr. Toro, logren convencer a sus superiores de que la malaria es una prioridad. Ese es el primer paso para implementar acciones más efectivas. Todo el país les desea éxito.

Politemas, Tal Cual, 17 de agosto de 2005

Derrotado por el VIH

El control de la epidemia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) está considerado como uno de los retos más importantes para todos los gobiernos. Se trata de saber quiénes son las personas que viven con el virus y garantizarles el tratamiento por largos períodos. Al mismo tiempo se debe implementar programas efectivos que eduquen sobre el VIH y contribuyan a disminuir su impacto en la población. Cumpliendo con estos objetivos se evita que las personas que viven con el VIH desarrollen el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), con lo cual aumentan sus riesgos de complicarse y eventualmente morir. Para el año 2004 existían 40 millones de personas en todo el mundo que viven con el VIH. Por eso uno de los Objetivos del Milenio es reducir la propagación del virus. 

La epidemia del VIH puede enfrentarse con éxito. Las personas que viven con el VIH pueden tener una vida normal debido a que los medicamentos antiretrovirales han mejorado su efectividad y disminuido las complicaciones. Ejemplos de países exitosos son Uganda, Senegal, Tailandia y Brasil. En ellos se han implementado programas integrales, con gran compromiso de los gobiernos, énfasis en la prevención, y monitoreo efectivo. 

El gobierno del Presidente Chávez ha enfrentado la epidemia de VIH sin ideas, sin estrategia. Hasta podría decirse que ha preferido no hablar de ella. Las palabras VIH y SIDA no aparecen ni una sola vez en las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2001-2007. Para el gobierno del Presidente Chávez este problema simplemente no existe.

Esta ausencia de visión puede ser la razón por la cual el país no ha realizado un estudio sobre las características epidemiológicas del VIH. Con este estudio se hubiera podido saber en cuáles áreas del país es más crítica la situación, cuáles son las comunidades más afectadas, o las prácticas de mayor riesgo. La lógica es elemental. Si no sabemos las dimensiones reales del problema, no se le puede enfrentar con éxito. En los casi siete años de la gestión del Presidente Chávez sigue sin realizarse un estudio de este tipo.

No puede, entonces, extrañar la actual situación de las personas que viven con el VIH. Sabemos que entre el Ministerio de Salud y Desarrollo Social y el IVSS atienden 13.380 personas (al 30 de agosto de 2004) con tratamiento antiretroviral. En el último informe de ONUSIDA (2004) se considera que la epidemia de VIH en Venezuela es una de las más grandes de América Latina. En este reporte se indica que el número real de personas que viven con el virus se encuentra entre 47.000 y 170.000. De tal manera que se puede estar atendiendo menos del 10% de las personas que requieren tratamiento antiretroviral. 

Lo anterior, sin embargo, no es lo más grave. Entre 1998 y 2003 ha aumentado la mortalidad por VIH en las personas entre 35 y 49 años. Es especialmente llamativo que la mortalidad ha aumentado más de 13% en el grupo entre 40 y 44 años. Pero lo más llamativo y preocupante es que la mortalidad por VIH en mujeres ha aumentado en todos los grupos de edad entre 25 y 49 años. Mucho más dramático es que la mortalidad por VIH ha aumentado 119% en las mujeres entre 45 y 49 años.

La administración de Presidente Chávez no tiene ni la visión ni la voluntad para entrarle a un problema como el VIH. En estos siete años el país ha perdido terreno, oportunidades, recursos, para mejorar la vida de las personas que viven con el VIH. Esta derrota se suma a las anteriores en los otros objetivos del Milenio. El gobierno del Presidente Chavez se ha convertido en el fiasco más grande de la historia contemporánea de este país.

Politemas, Tal Cual, 10 de agosto de 2005

Fracaso ante la malaria

Como en muchos problemas públicos, el gobierno del Presidente Chávez ha sido prepotente e ingenuo ante la malaria. El gobierno asumió que la malaria era un problema menor, que bastaba con hacer lo contrario de lo que habían hecho los gobiernos anteriores para minimizar su efecto. Basado en la curiosa lógica de que existe una sola solución para los problemas públicos, consideró que bastaba hablar de participación comunitaria para que la malaria dejara de ser un problema. Este caso ilustra con claridad las consecuencias de ser tan ingenuo y prepotente, de estar tan alejado de la realidad de los problemas de la gente.

Venezuela está localizado “permanentemente” en la franja intertropical. Eso no es nada nuevo. Eso significa que siempre existirá el riesgo de tener malaria. No se puede bajar la guardia. La constatación de esta realidad está en el corazón de la Estrategia de Erradicación de la Malaria que hizo famoso al país. Se trataba de controlar el crecimiento del mosquito, al mismo tiempo que se mejoraba el medio y se educaba a las personas. Venezuela fue uno de los primeros países que utilizó el DDT con fines pacíficos. Esta alternativa se combinó con la construcción de obras sanitarias, con el programa de viviendas rurales, y con la educación, especialmente en el uso de mosquiteros. El éxito se alcanzó, Venezuela se convirtió en el país que había logrado erradicar la malaria en la mayor extensión de su territorio. En todo el año 1962 tuvimos en el país 210 casos de malaria (cuatro a la semana).

Desafortunadamente en los ochenta y noventa el país comenzó a perder terreno ante la malaria. Luego de un número máximo de casos en 1990 (46.659 para ser exactos), se retomó parcialmente el control hasta cerrar el año 1998 con 21.863 casos.

Es allí cuando empieza la gestión ingenua y prepotente del Presidente Chávez. Se comienza una campaña de descrédito contra el uso de los insecticidas. Se argumenta que la malaria se puede controlar solamente con la participación comunitaria. La administración del Presidente Chávez obvió el hecho de que para enfrentar la malaria todas las alternativas necesitan ser incorporadas en una estrategia. Que para tener éxito hay que pensar primero y luego actuar sistemática y específicamente.

Los decepcionantes resultados no se hicieron esperar. En el año 2002 el total de casos ascendió a 29.337. En el año 2003 tuvimos 31.186 casos. El año 2004 cerramos con 46.244 casos, la segunda cifra más alta desde el año 1937. Una pelusa!!! Hasta el 23 de julio de este año ya tenemos más casos que en el año 2002 (29.898). Y todavía quedan varios meses de lluvias. En cada semana del año 2005 tenemos cuatro veces más casos de los que tuvimos en todo el año 1962. Tenemos epidemia de malaria en los estados Bolívar, Sucre, Monagas, Nueva Esparta, Delta Amacuro. El país todo vive una epidemia de malaria.

Pasar una semana con malaria es muy duro (fiebre alta, escalofrío, malestar general). Se pierden clases, horas de trabajo. Casi cincuenta mil semanas de trabajo perdidas en 2004 en el caso de que todos hubieran sido adultos.

Todo esto se hubiera podido evitar. Se necesitaba estrategia, claridad, seguir haciendo bien las cosas que funcionaban, y mejorar aquellas que no. El gobierno del Presidente Chávez optó por inventar sin criterio. Las consecuencias están a la vista. El país tampoco cumple con el Objetivo 6 del Milenio (haber detenido la malaria, entre otras enfermedades). El gobierno del Presidente Chávez se las ingenió para hacernos retroceder casi veinte años en la lucha contra la malaria. Todo un atraso, pues.

Politemas, Tal Cual, 3 de agosto de 2005

Retroceso en la mortalidad materna

Un gobierno que aspire mejorar de verdad la vida de toda la sociedad, debe tener entre sus objetivos velar por la salud y el bienestar de las futuras madres. Para los gobiernos serios la preocupación por los ciudadanos comienza justamente con la concepción. Por esta razón la reducción de la mortalidad materna es el V Objetivo del Milenio. 

Los gobiernos de todo el mundo se han comprometido a garantizar a las mujeres las mejores condiciones durante el embarazo y el parto. La meta que se estableció fue reducir 75% la mortalidad materna con respecto al valor del año 1990.

Lamentablemente, como en otras metas del Milenio, el desempeño del gobierno actual es decepcionante. Durante el gobierno del Presidente Chávez la mortalidad materna en Venezuela ha aumentado 13%. En efecto, en 1998 murieron 51 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos registrados por causas relacionadas con el embarazo, parto y el período post-parto. En el año 2003 (último año disponible) esta cifra ascendió a 57 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos registrados. Esto significa que en el año 2003 murió una mujer diariamente por causas relacionadas con la mortalidad materna. 

En el informe reciente de Naciones Unidas, “Objetivos del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe” (www.eclac.org), se señala que la mortalidad materna de Venezuela es casi seis veces superior a la Uruguay y el triple de la de Chile. Venezuela es uno de los pocos países en lo cuales no se reportó el porcentaje de partos con asistencia de personal sanitario especializado.

El gobierno del Presidente Chávez no ha sabido formular y ejecutar una política de salud que sea capaz de identificar el riesgo de cada una de las embarazadas en el territorio nacional. Esto es, discriminar quiénes de las 500.000 mujeres embarazadas cada año tienen situaciones como desnutrición, obesidad, diabetes, hipertensión, entre otros factores. Peor aún, para las mujeres embarazadas no existe ninguna Misión. La asistencia que se brinda en Barrio Adentro no es capaz de señalar mensualmente la atención específica que recibe cada embarazada. Antes que concentrarse en los problemas de la gente, se prioriza muchas veces la propaganda y la ideología. Durante más de 18 meses el sitio web de Barrio Adentro reporta la misma información. Ha permanecido tan estático como el Ministerio de Salud en esta materia. 

Las erráticas directrices de las políticas de salud implementadas en este gobierno, especialmente aquella que paralizó la descentralización de los servicios, han acentuado las deficiencias en la atención materna. Fundamentalmente porque se ha coartado la posibilidad de atender efectivamente las embarazadas en riesgo. 

Lo más desafortunado de este retroceso es que era completamente evitable. Para ello se requería un gobierno central capaz de convocar a los estados a presentar planes concretos para atender a las mujeres embarazadas y los niños menores de cinco años. Que hubiera tenido la suficiente capacidad para coordinar esfuerzos, que hubiera sido sensible a las exigencias de los estados, que hubiera sido hábil para supervisar y exigir, así como acordar los recursos a ser asignados y la prioridades de atención. En otras palabras, un gobierno competente, con orientaciones claras y vocación de atender los problemas claves. En ésta, como en otras áreas, el gobierno del Presidente Chávez ha desperdiciado oportunidades y recursos. Ha demostrado que se puede experimentar un boom petrolero y al mismo tiempo empeorar las condiciones de vida de la gente.

Politemas, Tal Cual, 27 de julio de 2005

Entre los últimos de América Latina

Después de casi siete años de gestión, el actual gobierno sigue prometiendo. Todos recordamos su ofrecimiento incumplido sobre la atención de los niños de la calle. Quizás la cercanía del Día del Niño influyó en que propusiera que atender a los niños, niñas y adolescentes es el objetivo más importante del recientemente creado Ministerio de Desarrollo Social y Participación Popular. Cuando debe presentar realizaciones, el gobierno tiene una sola consigna: volver a ofrecer. 

Esas promesas contrastan con el deplorable desempeño en la atención a la infancia que ha tenido el actual gobierno. Las últimas comparaciones internacionales demuestran que en este aspecto estamos en la cola de América Latina. 

El IV Objetivo del Milenio es reducir la mortalidad infantil en todos los países. La meta es reducir la tasa de mortalidad infantil en dos terceras partes para el año 2015 (con respecto al valor que tenía en el año 1990). El informe reciente de Naciones Unidas, “Objetivos del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe” (www.eclac.org), revela que para el año 2003 Venezuela todavía no había alcanzado el 50% de reducción. Más aún, el porcentaje de reducción del país (46%) es uno de los más bajos de América Latina. Sólo superamos a Paraguay (27,7%) y a Panamá (42,1%).

Todos los demás países de América Latina tienen reducciones mayores que el nuestro. Por encima del 60% de reducción se encuentran ocho países: Chile, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Perú, Brasil, México y El Salvador. Sin embargo, eso no es todo.

Entre 1990 y 1998 la mortalidad infantil se redujo 17%. Entre 1998 y 2003 la reducción es inferior, apenas 13%. En el actual gobierno la prioridad asignada a los niños ha sido más retórica que real. Pero eso no es lo más grave. Venezuela es el único país de América Latina que ha experimentado aumentos de la tasa de mortalidad infantil en dos años seguidos: 2002 y 2003. El valor de esta tasa en el año 2003 es apenas medio punto menor al del año 1999. Las cifras del año 2004, ofrecidas para el mes de junio, todavía no sido publicadas por el Ministerio de Salud. 

No sólo no mejoramos, estamos empeorando. El aumento de las muertes por desnutrición, diarreas y neumonías en niños menores de un año es claro, preocupante, e inaceptable.

El gobierno del Presidente Chávez ha sido incapaz de articular una política seria de atención a la salud de los niños. En su primer acto eliminó de un plumazo el programa que atendía en 1999 a más de 300.000 niños con alimentos y servicios. Antes que mejorar los problemas de diseño y gestión que hubiera podido tener ese programa, decidió eliminar esa experiencia de casi una década. Los niños se quedaron sin los alimentos, sin los servicios. 

Para colmo paralizó la descentralización de servicios de salud e intentó maniatar la autonomía de los estados. Apeló infructuosamente a la institucionalidad militar (el tristemente recordado Plan Bolívar). Luego, ante la coyuntura refrendaria del 2003 y 2004, implementa la Misión Barrio Adentro. Pero esta Misión es incapaz de informar oportunamente cuántos niños menores de cinco años están atendiendo, cuántos necesitan alimentación complementaria, cuántos están vacunados. 

Antes que colocar en el centro de su acción el bienestar de los niños, el actual gobierno prefirió colocar el mito, la ideología, la prepotencia y la incapacidad. Esos errores los pagamos todos, pero especialmente los niños pobres de nuestro país. El gobierno del Presidente Chávez ha demostrado a saciedad que la tarea de lograr que los niños venezolanos estén entre los más sanos de América, le quedó muy grande.

Politemas, Tal Cual, 20 de julio de 2005

Discriminadas, sin trabajo decente

El mundo comprendió tarde el amplio efecto de las mujeres en el desarrollo. A mediados de los setenta se creía que el mayor factor de progreso era el ingreso de las familias. Hasta que se encontró que la mortalidad infantil era mayor en las familias cuyas madres tenían menor nivel educativo. Este hallazgo, sorprendente por lo sencillo, extraordinario por sus repercusiones, contribuyó a cambiar el rol de las mujeres en el desarrollo. 

Hoy sabemos que las mujeres modelan muchas de las conductas de sus hijos y de sus familias. Que a través de ellas se propagan más eficazmente los beneficios de la información y de la educación. Que una sociedad será desarrollada en la medida que sus mujeres alcancen los mayores niveles de bienestar. Pero también sabemos que para hacer eso, las mujeres necesitan un trabajo decente.

El informe reciente de Naciones Unidas, “Objetivos del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe” (www.eclac.org), analiza los avances de los países en el cumplimiento del Tercer Objetivo del Milenio, esto es, promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer. La meta propuesta para el año 2015 es eliminar las desigualdades entre los géneros, especialmente en la educación. 

El documento analiza las desigualdades de género en tres aspectos: educativo, laboral y político. Debe mencionarse, sin embargo, que el documento expresa que las desigualdades abarcan otros ámbitos, tales como: el acceso a los recursos productivos, el manejo del hogar, las múltiples formas de violencia contra la mujer, y el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. 

Los avances en la equidad de género han sido mayores en el ámbito educativo. Para el año 2001, todos los países de la Región, con la excepción de Guatemala, Granada y República Dominicana, habían alcanzado la igualdad de género en la educación primaria, es decir, igual proporción de niños y niñas matriculados en este nivel. En la educación secundaria, todos los países, esta vez con la excepción de Guatemala, Anguila, y Perú, también habían alcanzado la igualdad de género. En la educación de tercer nivel el riesgo es más bien que se produzca discriminación del género masculino. 

Los avances en el campo educativo, sin embargo, no se trasladan al mercado laboral. Para el año 2001 sólo Honduras, Brasil, Colombia, Argentina, Uruguay y Chile, tenían más de 40% de mujeres trabajando en el sector no agrícola (sobre el total de empleados en este sector). En 13 de los 17 países analizados las mujeres ocupan empleos de poca productividad en mayor proporción que los hombres, cuando se comparan los empleos en las zonas urbanas. Más aún, las mujeres tienen menores ingresos que los hombres, independientemente de su nivel educativo y del tipo de empleo.

En Venezuela las mujeres tenían (en 2001) el 39,6% de los empleos en el sector no agrícola (poco más de cuatro puntos con respecto a 1990). Casi 60% de las mujeres con empleo se desempeñan en trabajos poco productivos (proporción similar a la de los hombres). Llama la atención, sin embargo, que el ingreso de las mujeres venezolanas con trabajos poco productivos sea 50% menor al de los trabajadores de sexo masculino.

Los avances educativos de las venezolanas se están estrellando contra una gestión gubernamental que no crea trabajos decentes. Que asume el desarrollo sin la productividad. Que promuevc la exclusión y la discriminación en el mercado de trabajo. Que no ha entendido que la solución permanente de la pobreza pasa por liderizar un esfuerzo nacional por el empleo productivo. Las mujeres venezolanas ya saben esto de sobra.

Politemas, Tal Cual, 13 de julio de 2005

Un gobierno que cuide la vida

Esta semana el país ha palpado una triste y decepcionante realidad. El gobierno actual no sólo promueve el auge del hambre y de la pobreza. También aniquila la vida. La acorrala. La acaba. Le da el tiro de gracia. Enfrente de todos nosotros. Sin vacilar. Sin pensarlo dos veces. 

Los asesinatos de Edgar Quintero, Erick Montenegro y Leonardo González, nos han enfrentado con la verdad. Estamos tomados por la violencia. Aceptada irresponsablemente desde la gestión gubernamental. Potenciada con la certeza de que los propios cuerpos policiales ejecutan órdenes para acabar con la vida de las personas. Tres muertos. Dije tres. 

Todos eran estudiantes universitarios. Todos tenían entre 19 y 25 años de edad. Todos regresaban de lidiar con exámenes de ingeniería de sistemas. De lidiar con el futuro. Quizás por esas razones sus asesinatos han sido tan notorios, tan llamativos. Pero, con toda seguridad, la violencia también afecta a los que no estudian, a los que viven en la lejanía de nuestros barrios, a los trabajadores anónimos, a los jóvenes que salieron de la escuela, a los padres desempleados. 

Solamente en el año 2003 murieron en Venezuela 8.338 personas por disparos de armas cortas, largas, escopetas, rifles. Repetimos, 8.338 personas. Increíble. Esas son las últimas cifras oficiales del Ministerio de Salud y Desarrollo Social (MSDS). Las del año 2004 todavía no están disponibles. Pero eso no es todo.

Los jóvenes entre 15-24 años son los más afectados por estos disparos. Es el grupo que tiene más muertes por este motivo. En la actual gestión gubernamental se ha producido un extraordinario aumento de esta causa de muerte. En el año 2000 murieron 2.697 jóvenes de este grupo por disparos de todo tipo. En el año 2003 esta cifra aumentó a 3.683 jóvenes. Casi 1000 muertes más en el corto período de cuatro años. Entre el año 2002 y el 2003 el aumento fue de 400 muertes. El 95% de estas muertes afecta a jóvenes del sexo masculino. En resumen, puede señalarse que la probabilidad de muerte por esta causa en jóvenes venezolanos de estas edades ha aumentado 30% en el período 2000-2003.

Ante esa realidad, en la que la violencia se impone a la vida, tenemos una gestión gubernamental incompetente. Que no sólo no previene la violencia, sino que la fomenta, y la practica. Ha hecho de la violencia un modo de actuación. Una marca. 

¿Cómo es posible esto en un gobierno que se vanagloria de su condición popular? Tres razones pueden señalarse. La primera es que el gobierno no ha internalizado que la razón central de las políticas públicas es cuidar la vida de todos los ciudadanos. Que todos importamos. Que importa el que tiene y el que no tiene. El que estudia y el desempleado. Que a todos hay que protegerlos. Que la violencia nos hace menos a todos. 

La segunda razón es que el gobierno no cree que los funcionarios de seguridad sean servidores públicos. Si ello fuera así, Edgar, Erick y Leonardo hubieran asistido a sus exámenes esta semana. Cuando la ciudadanía teme a la policía, todos estamos indefensos. 

Finalmente, esto es posible porque el gobierno actual no puede coordinar. Porque no entiende la coordinación, porque no acepta que haya distintos tipos de servicios policiales en diferentes niveles de gobierno. Cada uno con sus funciones. Pero coordinados y trabajando en equipo. El gobierno actual ha demostrado incesantemente que no puede con esta asignatura. 

Un gobierno que no cuida la vida de sus ciudadanos tiene ya poco que decir. Tiene la credibilidad en el piso. No puede mirar el país a la cara. Ha hecho de su palabra una mentira y de su práctica una traición.

Politemas, Tal Cual, 6 de julio de 2005

Educación: irresponsablemente atrás

La educación abre puertas. Facilita que los ciudadanos adquieran destrezas y habilidades. Favorece el desarrollo de las ideas. Da a cada individuo la posibilidad de mejorar su nivel de vida y el de los suyos. Promueve en niños, adolescentes y adultos las opciones para transformar. Para crear cosas nuevas. La educación es otra forma de decir libertad. Sin embargo, para que la educación sea un poderoso medio de cambio, personal y colectivo, debe llegarle a todos. No debe haber exclusiones. Y mientras sea de mejor calidad, contribuirá más con la innovación y la creatividad. Este es, probablemente, el reto más democrático del desarrollo.

Venezuela ha experimentado el extraordinario efecto de la ampliación de la educación. Un estudio reciente de la UNESCO indica que el 38,7% de nuestra población mayor de 65 años terminó la educación primaria. En el grupo entre 15-19 años de edad este porcentaje sube al 90%. Es decir, en un período de 50 años hemos aumentado de manera significativa el acceso a la educación primaria. 

Este progreso, sin embargo, muestra signos preocupantes de estancamiento. El informe reciente de Naciones Unidas, “Objetivos del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe” (www.eclac.org), revela que el país no está en el grupo de los países con más adelantos educativos en la Región. 

La Tercera Meta del Milenio es lograr que la educación primaria sea universal, para todos los niños y niñas, en el año 2015. Se entiende, de acuerdo con la UNESCO, que la primaria debe “proporcionar a los alumnos una sólida educación básica en lectura, escritura, y aritmética, junto con conocimientos elementales en otras asignaturas como historia, geografía, ciencias naturales, ciencias sociales, arte y música”. 

Para el año 2001, los países de la Región que tenían más de 95% de matrícula en primer grado eran: Argentina, Perú, República Dominicana, Panamá, Brasil, México y Cuba. Argentina y Perú marchaban adelante con 100% de matrícula. Venezuela ocupó el octavo lugar, empatada con Paraguay, con 92% de matrícula.

Pero no basta con el ingreso en primer grado. Es importante saber el porcentaje de estudiantes que culminan la educación primaria. Sólo tres países de la Región han logrado que al menos 95% de los estudiantes que entran a primer grado culminen la educación primaria (cifras del año 2002). Ellos son: Uruguay, Chile, y Argentina. Venezuela ocupa el séptimo lugar, empatada con Colombia, con 90%. 

Más importante aún es la estimación que hace Naciones Unidas sobre los países que alcanzarán el 95% de culminación de educación primaria en el año 2015. Junto con Uruguay, Chile y Argentina, se incorporarían: Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú. Lamentablemente, Venezuela no entraría en ese grupo al ritmo de progreso actual. Cuando muchos avanzan, nosotros quedamos atrás.

De acuerdo con estas previsiones, llegaríamos al 2015 sin garantizar el 95% de cobertura de educación primaria. Lejos de países que han contado con menos recursos que el nuestro. Presenciando el aumento de la brecha del conocimiento en un mundo cada vez más complejo. Excluyendo de antemano a casi el 10% de nuestra población de las capacidades básicas para vivir en una sociedad abierta y productiva. Si a ello sumamos la exclusión que se produce en los niveles superiores nos queda un cuadro bien preocupante. 

Atender la educación de los ciudadanos, especialmente de aquellos más excluidos, es un asunto de Estado. Es la vara que mide a los gobiernos. Hoy esa vara indica que nos estamos quedando atrás. Irresponsablemente atrás.

Politemas, Tal Cual, 29 de junio de 2005

¡Hambre, mano, hambre!

Aquí lo que hay es hambre, hambre pareja. El drama es total. Hombres, mujeres y niños deambulan en nuestras ciudades y pueblos buscando comida en los desperdicios colocados en calles y avenidas. El espectáculo es tan frecuente que se ha vuelto natural. Sin embargo, es completamente inaceptable. Clama a la conciencia. Clama a la responsabilidad del gobierno. Y de toda la sociedad.

Este drama, así, tan directo y chocante, también se manifiesta al examinar el progreso del país para erradicar el hambre, uno de los componentes del Primer Objetivo del Milenio. El informe reciente de Naciones Unidas, “Objetivos del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe” (www.eclac.org), revela que también en esta meta estamos lejos de lo que están haciendo muchos de nuestros vecinos, al menos en lo que se refiere a la población general.

Para el inicio de la década, según los últimos datos disponibles, los venezolanos no alcanzábamos el mínimo requerido de 2.500 calorías diarias por habitante. Para ser exacto, la cifra es cercana a 2.350 calorías por persona. De manera que formamos parte del grupo conformado junto con Bolivia, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, y República Dominicana. En todos estos países no se cubrían los requerimientos diarios de calorías. 

También el informe de Naciones Unidas destaca, esta vez citando a la FAO, que 4,3 millones de venezolanos no tenían acceso suficiente a alimentos en los comienzos de la década. En el período 2000-2002, el 17% de nuestra población es catalogada por la FAO como subnutrida. Ocho por ciento más de lo que teníamos en 1990-1992. Mientras en América Latina, en su conjunto, la subnutrición disminuyó en la década pasada, en nuestro país aumentó.

Al señalar los países que han cumplido su tarea, el informe trae malas noticias para Venezuela. Nuevamente Chile, al igual que en la reducción de pobreza extrema, demuestra que cumplió la meta prevista para el año 2015, esto es, reducir a la mitad el porcentaje de personas subnutridas que se tenía en 1990. Otros países que cumplieron esta meta son: Cuba, Ecuador, Guyana, y Perú. 

Otro grupo de países (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Haití, Jamaica, Paraguay, y Uruguay) alcanzó al menos un 60% de cumplimiento de la meta. 

Los únicos tres países que aumentaron el porcentaje de población subnutrida son: Guatemala, Panamá, y Venezuela. Para alcanzar la meta en el 2015 deberíamos aumentar el suministro de energía alimentaria entre 3 y 4% anual, el doble de lo registrado en la década de los noventa.

El pobre desempeño del país en esta materia es mucho más evidente cuando comparamos lo que otros países, con menos recursos, han realizado en estos primeros quince años del período de las Metas del Milenio. 

Es evidente que para solucionar un problema lo primero es considerarlo como tal. Las manifestaciones del hambre y la desnutrición en Venezuela nos suenan extrañas, lejanas, como si ocurrieran en distantes latitudes. Sin embargo, es muy posible que en las zonas más alejadas de nuestras ciudades y pueblos la desnutrición se presente con toda su crudeza, semejante a la que vemos en las grandes hambrunas. 

La actitud del gobierno actual comienza por no reconocer la evidente realidad. Que cada venezolano desnutrido o sin los recursos para una adecuada alimentación, es un problema, es un problema de todos. Que para satisfacer esa necesidad de alimentos es perentorio tener programas con recursos públicos que identifiquen los riesgos individuales y colectivos. Mientras ello no sea así, el hambre seguirá presente, seguirá pareja.

Politemas, Tal Cual, 22 de junio de 2005