viernes, 24 de julio de 2015

Perdedor también en la OPEP

La reunión de la OPEP de la semana pasada ratificó la política promovida por los socios más influyentes. Esta es, dejemos que sea el mercado el que dicte el precio del barril, por una parte. Por la otra, compitamos con precios bajos. En ambas posiciones Venezuela quedó fuera de juego. El otrora rol influyente de Venezuela en la OPEP parece evaporado. 

Hay razones para pensar que Venezuela ha perdido de manera significativa su liderazgo en la conducción de la OPEP. En 1999 Venezuela era el tercer productor de petróleo de la organización. Con 2,8 millones de barriles diarios, el país representaba el 10,7% de toda la producción de la organización. Solo superado por Arabia Saudita e Irán. 

Entre 1999 y 2014, Venezuela disminuyó la producción a 2,3 millones de barriles diarios de crudo. Con lo cual ha descendido al sexto lugar en términos de la producción de la OPEP. Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos e Irak producen actualmente más petróleo que Venezuela. Entre 1999 y 2014 la producción de crudo de Venezuela se redujo en 17%. Solo Libia (con todo lo sucedido después del derrocamiento de Khadafi) e Irán (con el bloqueo) han tenido mayores caídas en la producción que Venezuela.

Si la OPEP funcionara como un cartel perfecto, los socios mantendrían idéntica proporción en la fuerza relativa dentro del mercado. El hecho de que Venezuela haya disminuido, y que otros países hayan aumentado su importancia nos indica que las posiciones de los países son el resultado más bien de sus estrategias particulares. Por ejemplo, Argelia ha aumentado 50% la producción. Iraq casi 30%. Y Arabia Saudita 25%. Venezuela hubiera podido hacerlo también. 

Y este es el punto central. El gobierno de Venezuela ha ejecutado una política que ha disminuido el rol político y económico del país en la OPEP. Por supuesto, ambos roles están vinculados. Pero no hay duda de que la incapacidad mostrada por el gobierno para aumentar la producción tiene un gran efecto en la presencia geopolítica del país.

La política anti-productiva del actual gobierno también se expresa en el petróleo. Como resultado, vendemos menos barriles, y con la caída del precio, también obtendremos menos ingresos. No es de que extrañar que un país que representa apenas el 7% de la producción de la OPEP, no tenga ninguna capacidad para convencer a sus socios de reducir la oferta de crudo. Tampoco es una sorpresa que después de todo eso, voceros oficiales quieran vender el barril a precios que están fuera de la realidad del mercado. También la OPEP se ha convertido en un escenario de derrotas para el actual gobierno. Resultados de una mala política, pues.

Politemas, Tal Cual, 3 de diciembre de 2014

El colmo del cinismo

Definitivamente no hay ningún límite. Con una economía en recesión, cuando todos los pronósticos indican que este año no tendremos crecimiento, con todas las dificultades que se tienen para adquirir bienes de primera necesidad, justamente en ese contexto, altos funcionarios del gobierno dicen sin el menor empacho “que el 2015 será un excelente año en materia productiva”. Hay que volver a leer la nota para caer en cuenta que es verídica. En las actuales condiciones tiene que haber mucho cinismo en esa afirmación.

Esa posición esconde todo un mensaje. Indica, en primer lugar, que los funcionarios no tienen la menor idea de la posición en que está el país en materia de productividad. No saben, por ejemplo, que en 1998 el país obtenía el 49% de los dólares por la exportación en materias primas. Resulta que en 2011, último año disponible, era 67%. De manera que ahora dependemos más de las materias primas que 16 años atrás. Tampoco saben los funcionarios que en 1998 el 14% de los dólares que recibíamos eran derivados de exportaciones de productos que tenía incorporados tecnologías. En 2011 era apenas 2%. 

Los altos funcionarios no se han percatado de que Venezuela está en los últimos lugares de la productividad en el contexto global. Solo la comparación con México sirve para ilustrar. En ese país, también en 2011, el 67% de los dólares obtenidos por exportaciones derivan de productos que tienen incorporadas tecnologías. Más de 30 veces que Venezuela. 

De manera que cuando los funcionarios hablan de productividad tienen que estar hablando de otra cosa. Casi podría decirse que usan la palabra porque suena bien. Pero, es obvio, la distancia con respecto a lo que significa un estándar de productividad es inmensa. Cuando no se sabe dónde se está, es poco probable que se pueda tener un rumbo adecuado. Algo así es lo que está pasando.

El cinismo aparece cuando se empieza a justificar que las recientes medidas, expresadas en leyes aprobadas bajo la autorización habilitante, son justamente las que generarán ese excelente año de productividad que supuestamente será 2015. Los funcionarios no toman para nada en cuenta que esas leyes justamente actúan en la dirección contraria. Porque reducen aún más las posibilidades de contar con un sector productivo que tenga las condiciones para invertir, crear nuevos negocios, nuevas empresas. Esas leyes lo que harán es justamente deteriorar el clima de negocios que tiene el país. En esas condiciones es bastante evidente que lo menos que mejorará será el nivel de productividad de la economía venezolana. Será el resultado del cinismo.

Politemas, Tal Cual, 26 de noviembre de 2014

Es la propiedad, ¡estúpido!

Listo. El gobierno encontró un nombre para la última “ocurrencia”. Nada más y nada menos que la creación del “Sistema Presidencial de Empresas Ocupadas, Recuperadas y Nacionalizadas”. La iniciativa puede competir para cualquier premio a las ideas más disparatadas. Resulta que ahora, el gobierno, para contrarrestar la terrible opinión sobre su gestión, quiere transmitir la sensación de que las empresas públicas están funcionando a las mil maravillas. 

Si ello fuera así, el país no tuviera escasez de cemento, azúcar, papel, solo para citar algunos de los sectores en los que el gobierno expropió (muchas veces sin la debida compensación) empresas en manos privadas. Si ello fuera así, no habría desaparecido todo el aporte de los servicios a la producción agrícola que prestaba Agropatria. La lista puede ser interminable. 

Desde los inicios de su gestión el gobierno solo ha creído que la única propiedad a respetar es la que se encuentra en manos del Estado. Y desde 2007 comenzó una operación de alto calado para devolver empresas ya privatizadas al ámbito público, y también para tomar control de muchas que históricamente se encontraban en manos privadas. El argumento es sencillo: solo es permitida la propiedad estatal. Y, sigue el argumento, los que defiendan la propiedad privada como requisito para alcanzar el progreso y el bienestar, serán considerados como traidores y vendepatria. 

Los resultados de esas premisas están a la vista de todos. Caída de la producción de los bienes esenciales, desaparición de la inversión nacional e internacional (incluso el sector público no tiene recursos para invertir), parálisis de los sectores agrícolas e industriales. En fin, la persecución de la propiedad privada ha terminado en esta profunda crisis económica que el gobierno no entiende, y para la cual toma las medidas más contraproducentes que se puedan imaginar. 

Venezuela, en una comparación reciente de 97 países, resultó el último en la protección de los derechos de propiedad. Eso significa que estamos peor que Nicaragua, Bolivia, Ecuador, con gobiernos ubicados en las mismas coordenadas que el venezolano, pero que se han cuidado de repetir la persecución de sus sectores privados. En Venezuela se respetan menos los derechos de propiedad que en China, Rusia, Vietnam, Rumania, Zimbabwe. Más que suficiente para expresar el punto. 

Las consecuencias de las agresiones a la propiedad se expresan en la vida cotidiana de todos los venezolanos. En altos precios, en escasez, en mala calidad de los productos. Es otro aspecto de la gestión en la que el gobierno venezolano obtiene su lugar acostumbrado. El último.

Politemas, Tal Cual, 19 de noviembre de 2014

Un "éxito" muy particular

Esta es la última. Resulta que ahora el gobierno dice que derrotará a la “guerra económica” en el 2015. Así de sencillo. Con lo cual deja en evidencia que cualquier cosa que esté pasando en la economía es el resultado de una confabulación contra el gobierno. Es una secuencia de maniobras urdidas por todos aquellos que tengan como objetivo producir bienes y servicios. 

Es evidente que en el Alto Gobierno se cree de verdad que los productores son los interesados en poner en práctica esa estrategia. Muy curiosa, porque el resultado sería justamente la destrucción de los productores. Es decir, de acuerdo con el gobierno, el objetivo de los sectores productivos del país es desaparecer. Ese sería el “éxito” de tal estrategia. Con lo cual sería el único sector productivo del mundo que se empeña por todos los medios en crear las condiciones con las cuales no pueda hacer negocios. Algo no le cuadra al gobierno. Pero por alguna razón no lo quieren ver. 

Coincide esta situación con la aparición del último informe del Banco Mundial sobre el clima de negocios en los países. Se incluye la clasificación de 189 países. Venezuela aparece en el lugar 181 cuando se comparan las condiciones favorables para realizar negocios. Los países en los cuales es peor hacer negocios que en Venezuela son los siguientes: Myanmar, República Democrática del Congo, Eritrea, República del Congo, Sudán del Sur, Libia, República Centroafricana, y Chad. Así, sin anestesia. 

Estar en los últimos lugares es el resultado de encontrar muchas dificultades para: abrir nuevas empresas, conseguir los permisos de construcción, obtener electricidad, registrar propiedades, pago de impuestos, comercio transfronterizo, obtención de crédito, cumplimiento de contratos, protección de los inversores, resolución de la insolvencia. En la “lógica” del gobierno todas estas restricciones son responsabilidad del sector productivo en su evidente estrategia para autodestruirse.

Que Venezuela sea uno de los peores lugares del mundo para tener un clima productivo, es consecuencia directa de las políticas del actual gobierno. Con la visión que caracteriza al gobierno, no hay ningún espacio para los consensos necesarios entre el Estado y la sociedad para promover el progreso y el bienestar. Los resultados están a la vista. Entre los peores del mundo. También en las colas de todos los días se piensa lo mismo. El peor gobierno en la faz de la tierra.

Politemas, Tal Cual, 12 de noviembre de 2014

Preguntas para interpelación

Cuesta recordar la última interpelación de un ministro en el Poder Legislativo. Millones de jóvenes no saben ni siquiera que existe esa posibilidad. Los ministros están bajo el control del Poder Legislativo, tal como establece el artículo 222 de la Constitución. Deben acudir las veces que sean requeridos a dar explicaciones sobre su gestión. Aunque el partido de gobierno tenga mayoría. En este largo gobierno no se conoce esta práctica. Los ministros, cuando van, no son sometidos a preguntas, mucho menos están habituados a dar respuestas.

Imaginemos, tan solo por ejercicio, que existiera la posibilidad de interpelar a los altos responsables de la gestión de la salud, ahora que confrontamos tantos problemas. Esta es una propuesta de preguntas:

1. ¿Por qué en el último Boletín Epidemiológico del Ministerio (al 25 de octubre) no aparecen los casos de Chikungunya?

2. ¿Por qué en el último reporte de la Organización Panamericana de Salud (OPS) se indica que el número de casos sospechosos es 7.072?

3. ¿Sabía usted que la fuente citada por la OPS corresponde a una declaración del Vicepresidente para el Área Social de su gobierno, reseñadas en un sitio web de Perú? 

4. ¿Cuál es el verdadero número de casos de Chikungunya?

5. ¿A qué atribuye que el número de casos de fiebre reportados en el Boletín Epidemiológico sea 10 veces superior a lo esperado? ¿Está o no relacionado con los casos de Chikungunya?

6. De acuerdo con el mismo Boletín, el número de casos de dengue hasta la fecha (71.007) ya es superior al total de casos del año pasado. Por favor explique las razones de este aumento. ¿Tenemos una epidemia de dengue? 

7. También se indica en el Boletín que en el transcurso de 2014 se han reportado 71.620 casos de malaria. Esta cifra, según el Boletín, es 11% superior a la del año pasado hasta la fecha. Explique por favor a qué se debe este aumento.

8. ¿Cuál es la cifra de casos de malaria que el despacho estima para el final del año? Si es 11% superior a la del año pasado, ¿podríamos decir que 2014 sería el año con mayor número de casos desde que se lleva el registro en el país? Sus comentarios, por favor. 

9. Indique las medidas concretas que el despacho está realizando para cada uno de los problemas anteriores.

10. Hablando de otro tema, ¿por qué no se ha publicado el Anuario de Mortalidad de 2012?

11. ¿Sabía usted que hace 50 años los Anuarios de Mortalidad se publicaban en el mes de julio del año siguiente? Ya deberíamos tener el de 2013. ¿Por qué el atraso?

Ya no disponemos de más tiempo. Vamos a dejar las preguntas hasta acá por los momentos. Tiene usted la palabra. Tómese su tiempo. El país le escucha con atención.

Politemas, Tal Cual, 5 de noviembre de 2014

Sin la menor idea

Ya no hay ninguna duda. El país atraviesa una terrible situación económica. Todos los pronósticos indican que 2014 cerrará con decrecimiento de la economía. El FMI ha señalado que la contracción podría estar entre 3 y 4% del PIB. Otros analistas han señalado que podría ser mayor que esa cifra. No solo es que no crece la economía, lo cual ya sería un gran problema, también Venezuela tiene la economía con mayor inflación en el mundo.

Ya eso sería de considerable magnitud. Especialmente si se toma en cuenta que en los últimos 35 años nuestra economía no ha crecido más de 5 años seguidos. Y que somos el país de América Latina con más años sin crecimiento en ese período (12 años para ser exactos). Y mucho más desalentador cuando sabemos que hay países como Guatemala que lleva 28 años de crecimiento ininterrumpido, o Bolivia que lleva 27 años.

Pero el problema con termina allí. Resulta que el crecimiento económico y el control de la inflación son áreas en las cuales la responsabilidad del gobierno, en cualquier parte del mundo, es absoluta. Es deber del gobierno adoptar las medidas y realizar los acuerdos que generen un clima que favorezca la marcha adecuada de la economía. 

El gobierno ha decidido simplemente ignorar el problema. Como el transeúnte que decide no tomar en cuenta los nubarrones que se acercan. Es por eso que no ha existido en las últimas semanas ninguna manifestación de los funcionarios del gobierno sobre este tremendo problema. Peor aún, ya es crónica la ausencia de las cifras regulares del BCV sobre el crecimiento y la inflación. Parte de la política ha sido no hablar del problema. 

Las angustias de los venezolanos cuando van al mercado tienen que ver directamente con esta irresponsabilidad del gobierno. Las largas colas, tener que ir varias veces para no conseguir lo requerido, los altos precios de los productos que se consiguen, todo esto son las manifestaciones de la deficiente gestión económica. 

La otra parte de la estrategia del gobierno es simplemente decir cosas que no tienen ningún fundamento en la realidad. Es la misma que se usó cuando se proclamó que estábamos “blindados” para enfrentar la crisis financiera en 2009. Ahora se dice que no importa la caída de los precios del petróleo porque tenemos “un colchón ahí”. Sin ningún prurito, con la cara muy lavada. 

De allí que solo se puede esperar que el 2015 también sea un año de caída económica y de mayor inflación. El actual gobierno no puede ser más responsable del sufrimiento que impone a los venezolanos con la mayor incompetencia en la gestión pública a escala global.

Politemas, Tal Cual, 29 de octubre de 2014

Las brechas de la salud

Nada como mirar a los países que tienen alto desempeño para tomar más conciencia de la pérdida de oportunidades en este largo gobierno. Mientras la actual gestión se preocupa por controlar, perseguir a los sectores productivos, evitar la definición de metas y su cumplimiento, en otros países se dan pasos determinantes para garantizar el mayor bienestar a la población.

Solo como referencia tomemos lo que ocurre en el ámbito de la salud. Comparemos las condiciones de salud de Venezuela con las que se tienen en los países europeos. Por ejemplo, la expectativa de vida de las mujeres en Venezuela es 80 años. Esto es cinco años menos que la de las mujeres en España y Francia. La expectativa de vida de los hombres en nuestro país (72 años), es 7 años menor a la de los hombres en España, Australia, Suecia. 

En el caso de la mortalidad infantil las diferencias son también notables. La tasa de mortalidad infantil en Venezuela (14,4 defunciones por cada 1000 nacidos vivos registrados) es 14 veces mayor que la de Islandia, 5 veces más que la de España o Finlandia, solo por nombrar algunos países. Igual ocurre con la mortalidad materna. En Venezuela la mortalidad materna ha aumentado 40% desde 1998 y es 10 veces superior al promedio de los países europeos.

La magnitud de la brecha queda muy evidente cuando comparamos el gasto que realizan las personas para financiar la salud. En los países europeos el monto que pagan las familias por la salud (también llamado gasto de bolsillo) no pasa en promedio del 15% del gasto total de salud. En países como Holanda y Francia no llega al 8%. En Venezuela, el gasto de bolsillo es el más alto de las 15 economías más grandes de América Latina: más del 60% del gasto total.

Estas diferencias denotan el bajo desempeño del sistema de salud de Venezuela cuando lo comparamos con los países europeos, pero incluso cuando lo comparamos con países de América Latina. En líneas generales, Venezuela se encuentra en los peores lugares, sea en las condiciones de salud, o en los indicadores de cobertura de servicios. Se puede afirmar con toda fuerza que en estos quince años se ha producido una total involución en la gerencia de la salud pública del país.

El resultado final es muy lamentable. Se expresa en deterioro de las oportunidades para personas y familias, sufrimiento por las dificultades para la atención, pérdidas de productividad, ausentismo escolar, en fin, todas las restricciones derivadas de la afectación de la salud. Todo lo anterior sería completamente evitable si el gobierno fuera capaz de implementar políticas adecuadas. Ya es bastante obvio que no puede con esa responsabilidad.

Politemas, Tal Cual, 15 de octubre de 2014

Entre la ignorancia y el cinismo

El año 2014 probablemente cierre otra vez como uno de epidemias. Hasta la semana 38 del año se han presentado más de 60 mil casos de malaria, lo cual representa un aumento de 6% con respecto a la misma fecha de 2013. En el caso de dengue se han presentado más de 50.000 casos, cifra también superior a la del año pasado. A eso hay que sumar la epidemia de Chikungunya.

Hay que recordar que en 2013 se alcanzó la cifra más alta de casos de malaria desde que se inició el registro en el país (76. 621 casos). También hay que decir que en 2010 se registró la mayor cantidad de casos de dengue en toda la historia de Venezuela (124.931 casos). De manera que no hay ningún signo de éxito en el control y prevención de ambas epidemias. 

Examinemos cuál es la posición del actual gobierno frente a ambos problemas. Para ello se debe acudir al documento en el que se explique lo que piensa hacer el gobierno. Lo que se llama un plan de acción. Resulta que el gobierno presentó en junio de este año, un documento llamado “Plan Nacional de Salud (2014-2019)”. Se espera que allí estén las especificaciones de las políticas que se van a seguir en ambos casos. Piensa uno.

Lo que se encuentra son unas cuantas referencias al pasado de las campañas contra la malaria. Poco pertinentes porque nos estamos refiriendo es al momento actual. Lo único que se encuentra es una mención al dengue y la malaria en una larga tabla de metas que se encuentran al final del documento. Se dice que se espera disminuir el número de casos. Tal como están las cosas, parece más bien el deseo que se hace mirando al infinito, un acto de fe, pues. No se explica más nada, ni se dice cómo, cuándo, con cuáles recursos, con qué prioridades. Nada de eso.

Esa mención en la larga lista es una de las pocas que se hace sobre problemas de salud de la población. Menos del 10% de las metas a alcanzar tiene que ver con problemas de salud de las personas. Es como si las políticas no tuvieran que ver con las personas, con sus problemas más importantes. Pero el colmo aparece cuando se indica la meta. Tomando en cuenta que esta publicación es de 2014, resulta bastante llamativo que se indique una meta de reducción de 5% para el año 2013. Resulta que en 2013 los casos de malaria había aumentado 140% con respecto a los de 2008, y los de dengue habían aumentado 32%.

De manera que simplemente se coloca ahí una cifra para que se llene un espacio. Nada que ver con sus implicaciones. Nada que ver con tomarse en serio lo que corresponde a la fase más crítica de una política: pensar lo que se hace. Procediendo de esta manera es poco probable que en 2016 y 2019 se alcancen las metas respectivas. Mientras tanto los ciudadanos siguen padeciendo casos evitables de estas epidemias. Resultado de la mezcla terrible de la ignorancia y el cinismo.

Politemas, Tal Cual, 1 de octubre de 2014

Al máximo de incompetencia

Para los niveles de incompetencia que ha mostrado este largo gobierno, es difícil imaginarse formas de superarla. Solo en esta semana, la revista “The Economist” ha catalogado la gestión económica del gobierno como la peor del mundo. Así con todas sus letras. Ya eso era sabido, pero que se lo digan así, de frente y para que todo el planeta se entere, es muy notable.

Aparte de la incompetencia económica, está la vinculada con la salud de las personas. Sin dudas, la actual gestión es la más incompetente en la historia de la salud pública nacional. Tan solo con recordar los cientos de miles de millones de dólares por ingresos petroleros, y contemplar las deficiencias en la gestión de enfermedades infecciosas y crónicas, y en la salud materno-infantil, por decir solo algunas, basta para darse una idea. En el contexto de América Latina no existe una peor gestión de salud.

Ya eso era conocido. Lo novedoso es el nivel de incompetencia alcanzado en las últimas semanas. La epidemia de Chikunguya fue advertida desde hace varios meses. Notificaciones fueron enviadas por los organismos internacionales. En países vecinos los reportes de la enfermedad se hacen de manera pública, con el máximo de información necesaria para tranquilizar a las personas, y justamente evitar las complicaciones. Es la práctica internacional en el manejo de las epidemias.

Y sucedió que en el país se reportaron casos y muertes que coinciden con la evolución de esta epidemia. Antes que proceder con investigaciones rigurosas y el informe de las situaciones a través de los medios de comunicación, el gobierno anuncia más bien medidas de persecución contra profesionales de la salud que cumplieron con el deber de alertar. Antes que convocar a los especialistas nacionales, bastante competentes por lo demás, con amplia experiencia dentro y fuera del país, el gobierno entra en una especie de mutismo, sin aclaraciones ni explicaciones. Peor aún, se da a la tarea de presentar ante la opinión pública ideas de la más creativa imaginación para explicar lo que sucede con la epidemia. 

Al final de todas estas muestras de incompetencia e inadecuado manejo de la situación, la población es la que se encuentra sin pautas adecuadas para actuar. El diagnóstico y la oportuna atención de las decenas de miles de casos se ven entorpecidos por el inadecuado seguimiento de los protocolos respectivos.

Este comportamiento del gobierno en el manejo de esta epidemia es similar para la gestión general del sistema de salud. Nada de consultas, nada de información, nada de protocolos. Por lo tanto es poco probable que esa forma de encarar los problemas de salud, tenga diferentes efectos. La gestión de la salud está muy alejada de los criterios del buen desempeño. Los resultados contribuyen a deteriorar la vida y la salud de todos los venezolanos. No hay forma de taparlo.

Politemas, Tal Cual, 24 de septiembre de 2014

Retroceso de 30 años

Hace pocos meses el señor Maduro instó a los gobernadores a sustituir importaciones por exportaciones. La noticia transmite la impresión de que los gobernadores poseen empresas que con una simple orden, empiezan a empacar productos, y al día siguiente, salen en un carguero a un lejano destino. De acuerdo con esa imagen, exportar es una actividad que responde a la voluntad del gobierno, y a la obediencia de funcionarios electos que tienen a su disposición todos los recursos. Si no fuera por la tragedia que esto significa, sería bastante risible.

En alguna parte del gobierno deberían explicar a los altos funcionarios cuál es la penosa realidad de las exportaciones en Venezuela. Primero habría que ponerse de acuerdo en que un país que exporta es aquel que primero produce bienes de valor. En la práctica pareciera que el gobierno no tuviera eso claro. Por ello no se entiende esa declaración sobre exportaciones de las “gobernaciones”, bastante descaminadas, por decir lo menos.

Lo cierto es que todo contradice las intenciones del gobierno. Veamos. En 1982, poco más de 30 años atrás, según la CEPAL, el 66% de los ingresos por exportaciones de Venezuela estaba constituido por bienes primarios, fundamentalmente barriles de petróleo. Solo el 1,37% de los ingresos de exportaciones provenía de bienes con incorporación de tecnologías. Hay que hacer un alto acá para plantear que el gobierno pareciera no estar entre los partidarios de que la creación de tecnologías es un valor producido en una sociedad. Decimos por los resultados, claro está. 

Desde 1982 hasta 1998 disminuyó el porcentaje de ingresos por exportaciones de bienes primarios y aumentó el proveniente de bienes con agregación de valor. Hasta el punto que en 1998, menos de la mitad de los ingresos por exportaciones provenían de bienes primarios (49, 8% para ser exactos). Más importante, el 14% de los ingresos por exportaciones derivaban de bienes manufacturados con incorporación de tecnologías. 

Hasta 1998 llegó la creación de valor. Desde 1999 han disminuido progresivamente los ingresos por exportaciones de bienes manufacturados con incorporación de tecnologías. En 2011, último año disponible en la serie de CEPAL, solo 2% de los ingresos provenía de productos con tecnología. Ese año las exportaciones de bienes primarios (fundamentalmente petróleo) llegaron a casi 68%.

De manera que hay que ser muy caradura para venir después de 15 años con el cuento de las exportaciones. En este largo período de gobierno lo que se ha hecho es destruir capacidad productiva. Por dos vías: (1) restringiendo las libertades para producir, y (2) eliminando los incentivos para invertir. El resultado está a la vista. Venezuela es una de las economías menos productivas del mundo. Eso de crear valor nos queda muy lejos. La responsabilidad del actual gobierno en ese descalabro es total.

Politemas, Tal Cual, 17 de septiembre de 2014