miércoles, 17 de abril de 2013

Totumocracia

El misterio ha sido develado. La incógnita sobre lo que significa el Socialismo del Siglo XXI ha sido respondida por el propio Presidente de la República. De manera clara y directa. Bastó un ejemplo. Ante el creciente descontento de millones de venezolanos por la escasez de agua, se propone una gran solución. Si antes usted se bañaba en ducha, y ahora el agua no le llega con regularidad, no hay problema. Simplemente almacena agua en un recipiente y usa la totuma. Si usted no recibía agua directa, pues pierda la ilusión. Consiga también su totuma. Esta es la respuesta que ofrece el líder de la “revolución bonita”.

En realidad, la “totuma”, como concepto, ejemplifica muy claramente el tipo de gobierno que hemos tenido en los últimos diez años. Se trata de reducir progresivamente los estándares de los servicios públicos y de la calidad de las políticas. A pesar de que los venezolanos queremos progresar y alcanzar el grado más alto de bienestar posible, tenemos un gobierno que ha hecho del símbolo de la totuma una política sistemática. Vivimos, ahora queda más evidente, el primer gobierno de la “totumocracia”. A los problemas del pasado, tenemos que sumar ahora la visión obsoleta para manejar el país.

El gobierno ha aplicado la política de la “totuma” en muchas áreas. Empecemos por la eliminación de las mediciones de la calidad en la educación básica. La prueba de conocimientos de lengua y matemáticas se realizó por primera y última vez en 1998. Los resultados de la prueba realizada en 2003 nunca se publicaron. Tampoco ha habido más pruebas. Como resultado, no sabemos el rendimiento de nuestros estudiantes. Mucho menos sabemos los correctivos que hay que aplicar en cada escuela y por cada maestro.

Antes que optimizar los procedimientos de admisión en la educación universitaria, y al mismo tiempo esforzarse por mejorar la prosecución en las escuelas públicas, el gobierno volvió a aplicar la política de la “totuma”. Procedió a eliminar de raíz los mecanismos de admisión que tomaban en cuentas los conocimientos y las habilidades. Ahora no tenemos forma de saber el desempeño de nuestros estudiantes de bachillerato.

En la salud se procedió a eliminar programas de salud materno-infantil. Las mujeres y los niños quedaron sin beneficios. La aplicación de la política de la “totuma” trajo como consecuencia que aumentara la mortalidad materna y la infantil. En el caso de las pensiones, el gobierno no ha aprobado la legislación que garantice pensiones de acuerdo con el tiempo de cotización. Independientemente del número de semanas cotizadas, los pensionados tendrán la misma pensión.

Si antes usted utilizaba el Metro de Caracas para desplazarse cómodamente, ahora tendrá que hacerlo sin aire acondicionado, sin escaleras mecánicas, haciendo su trayecto lo más desagradable posible. La baja calidad de servicio le indica sin confusiones: usted está en presencia nuevamente de la política de la “totuma”.

No hablemos de los servicios de agua y electricidad. En la década, la desinversión en ambos sectores ha sido brutal. Los proyectos de desarrollo de estos servicios fueron paralizados. Con todo el crecimiento de la demanda, llegamos al efecto directo de la política de la “totuma”. Consiga una planta, tenga menos horas de electricidad, no use aire acondicionado, compre recipientes de agua. Cuando haga todas esas cosas, sabrá que el efecto “totuma” es en serio.

Gran parte del descontento que recorre el país se origina en la convicción de que el país no acepta más “totumas”. Sólo el Presidente las sigue promoviendo.

Politemas, Tal Cual, 28 de octubre de 2009

Era el sector privado, Ministro

El ministro Giordani reconoció el pasado domingo que el gobierno no ha logrado estimular al aparato productivo. De tal manera, prosigue el ministro, que el resultado es la ausencia de crecimiento. Señaló: “el aparato productivo no reacciona”.

Para un gobierno que tiene más de diez años, reconocer que el sector privado ha estado fuera de la ecuación económica, no deja de ser un signo “auspicioso”. Ha tenido que pasar más de una década para que los altos jerarcas del gobierno hayan “descifrado” el rol del sector privado en una economía moderna.

Toda la experiencia de los países desarrollados, fundamentada en el respeto de los derechos de propiedad y el diseño de incentivos para que la inversión fuera productiva, pasó desapercibida para los líderes de la “revolución bonita”. Más aún, el fracaso del comunismo en la Unión Soviética, ampliamente basado en la eliminación del sector privado, y en el control absoluto de la economía por parte del Estado, vale decir el Partido, tampoco generó ninguna llamada de atención en el liderazgo gobernante.

No fue así porque la “revolución” hizo sus apuestas. Colocó todos los huevos de la canasta en un modelo de desarrollo amparado exclusivamente en los precios del petróleo en el mercado internacional. La lógica era muy sencilla: basados en el auge creciente de los precios, podemos generar los recursos para fortalecer más al Petroestado. La intuición no deja ser muy ingenua: a diferencia de las anteriores alzas del petróleo, ésta sería indetenible. El petróleo seguiría subiendo y con su aumento tendríamos una mayor presencia del Estado en el manejo de las empresas. Todo lo demás vendría por “añadidura”. Cuestión de fe, podría decirse también.

Y he aquí que el capitalismo entró en crisis, bajó el precio del petróleo, y nos encontramos con el hecho contundente de que la economía venezolana es una de las que será afectada por más tiempo por la situación internacional. Y ahora, el Ministro se acuerda del sector privado. En el Zulia dice que hay gente que se acuerda de Santa Bárbara cuando llegan los truenos.

Durante estos ya largos diez años, el gobierno se dedicó a coartar al sector privado. A atemorizar la inversión a través de limitaciones a la propiedad, desde la amenaza hasta la expropiación, pasando por el amedrentamiento de los órganos impositivos del Estado. Si para remate se tiene uno de los peores climas de negocios del mundo, es bastante ingenua, por decir lo menos, la apreciación del Ministro de que el “aparato productivo no reacciona”.

Los problemas estructurales de la relación del petróleo en nuestra economía han aparecido de nuevo. La generación de ingresos para financiar todos los requerimientos de un país de 28 millones de habitantes, no es posible obtenerla sólo con petróleo. Lo sabíamos antes, y los sabemos ahora. Los únicos que no lo sabían son los que están en el gobierno. Los responsables de elaborar “los proyectos de largo alcance”, como dice el ministro Giordani, para lo cual han tenido el doble de tiempo que cualquier gobierno entre 1958 y 1998.

El resultado de tanta incompetencia es patético. Más del 92% de nuestras exportaciones son barriles de petróleo. Producimos la mitad de las exportaciones de bienes industrializados que teníamos en 1997. Costa Rica exporta 28 veces más en bienes de alta tecnología que Venezuela. Tenemos tres millones de venezolanos en pobreza extrema. Ese es el resultado final de la prepotencia y la ignorancia en conducir los destinos del país. Tardaron diez años para decirlo. Pero de allí a entenderlo, hay un largo trecho.

Politemas, Tal Cual, 21 de octubre de 2009

sábado, 13 de abril de 2013

Votemos por la posibilidad

El próximo domingo los venezolanos acudiremos a los centros electorales para decidir la persona que ejercerá la Presidencia de la República para el resto del período 2013-2019. Las circunstancias que rodean esta elección tienen la mayor relevancia. El gobierno precedente se ha extendido por 14 años. Como producto de las políticas implementadas en este largo gobierno, Venezuela experimenta crisis significativas tanto en lo político, como en lo social y económico. El curso de acción que tome la mayoría del país abrirá diferentes perspectivas para todos los venezolanos.

De ganar el candidato oficialista, el presidente encargado Nicolás Maduro, las actuales circunstancias podrían empeorar. En lo político, el candidato Maduro ha ofrecido exacerbar las diferencias entre los venezolanos. Su lenguaje durante la campaña no ha dejado espacios para la duda: se trata de ejercer la supremacía de la votación para impedir un clima de diálogo y entendimiento.

En el ámbito económico, el candidato Maduro no sabrá enfrentar las restricciones que derivan de una economía controlada, con rigideces en todos los ámbitos, prácticamente en total dependencia de las importaciones y con dificultades serias para la actividad productiva. En el plano social, ese gobierno acentuará las deficiencias ostensibles en la seguridad ciudadana, en la creación de empleo protegido, en la prestación de servicios sociales, y en la construcción y mantenimiento de infraestructura. La elección de Maduro no hará otra cosa que profundizar las manifestaciones de estas crisis.

La elección de Henrique Capriles, candidato de la Unidad Democrática, representa una posibilidad totalmente diferente. En primer lugar, porque un gobierno de Capriles será de Unidad Nacional. Tanto porque es un ofrecimiento central de la alianza que lo postuló, como porque no hay mejor forma de encarar los problemas del país que convocando un entendimiento nacional. De todos los sectores y actores. Se trata de facilitar la plataforma en la cual podamos identificar caminos comunes. En la práctica, un acuerdo de esta naturaleza debe aspirar al fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país, especialmente en el reconocimiento de nuestra condición de Estado Federal descentralizado. En lo económico, el gobierno de Unidad Nacional debe convocar una alianza fuerte entre los trabajadores y los creadores de empleo, de todo tipo, que promueva la inversión y las modalidades que permitan crear millones de puestos de trabajo protegidos en los próximos años. En el campo social, es central que los acuerdos se traduzcan en más y mejores beneficios en todas las áreas de los servicios.

Esta posibilidad diferente es factible en la medida que expresemos nuestro voto. Acudamos a expresar en este acto que podemos construir esa posibilidad.

Politemas, Tal Cual, 10 de abril de 2013

Por un gobierno para todos

El 14 de abril decidiremos el tipo de gobierno para los próximos seis años. Será una decisión que deberá tomar en cuenta la gestión del actual gobierno durante estos 14 años, y los efectos concretos que ha tenido en la vida de los venezolanos. Tales resultados son deplorables, especialmente cuando se analizan las restricciones que se han colocado a los ciudadanos. Desde la afectación de derechos políticos, hasta el deterioro de las condiciones de vida en muchos ámbitos.

La pregunta clave es si podemos identificar los rasgos de ese “nuevo” gobierno desde las dos perspectivas, o sea, desde la opción oficialista representada por Nicolás Maduro, y de la opción de Henrique Capriles, candidato de la Unidad. Maduro no puede ofrecer nada diferente a lo que conocemos. Su selección como líder sustituto tomó en cuenta fundamentalmente sus condiciones para preservar los objetivos del sector gobernante. Nada de creatividad, ni de iniciativas. En la práctica, sin embargo, existen al menos tres limitaciones que agravarán el patrón de gestión que hemos tenido hasta ahora.

En primer lugar, Maduro recibe una herencia que no conoce. Las dimensiones de la estructura internacional y nacional que se labró en los últimos veinte años, son inmanejables para Maduro. No las puede detallar. De tal manera, que es muy difícil que pueda tener ideas para gobernar con lo que sabe. Necesita tiempo para entender. Y que los asesores tengan conciencia de eso.

Un segundo factor limitante, es que Maduro no tiene vocación probada en la gestión. Es verdad que fue Canciller, pero eso no significa que haya estado expuesto a las rutinas del gobierno. Su foco estaba fuera del país, y ahora tiene que ver hacia dentro. No tiene las herramientas para apreciar los detalles, tampoco tiene experiencia previa en la gestión en otros niveles de gobierno. Y finalmente, Maduro, por las razones anteriores, no tiene los instrumentos para apreciar la profundidad de las crisis que padecemos. Los acontecimientos pueden acelararse, de hecho se están acelarando, y él no tiene mayor conciencia de ello. Todo lo anterior significa que en un gobierno presidido por Maduro las amenazas a la gobernabilidad estarán a la orden del día.

La opción ante esa perspectiva existe. Es la representada por Henrique Capriles. Las ventajas que tiene están fundamentadas, al menos, en dos grandes fortalezas. Capriles ha ofrecido un gobierno para todos los venezolanos. Eso significa que está consciente de los requisitos de diálogo que se imponen. Debe ser un gobierno de Unidad Nacional. Que sea capaz de congregar voluntades. La segunda fortaleza es que un gobierno de amplitud tiene por definición más opciones, es más flexible para enfrentar las distintas crisis que padecemos. El 14 de abril tenemos la gran oportunidad de tener un gobierno para todos. Ya sabemos quién lo puede dirigir.

Politemas, Tal Cual, 27 de marzo de 2013

Misiones de propaganda

El candidato Maduro prosigue su campaña electoral. Tiene que aprovechar el tiempo por partida doble. En primer lugar, para ser presentado al país. Porque está muy claro que mucha gente todavía no ha visto ni oído al candidato oficial. De allí que se utilice cada oportunidad de entrega de beneficios, inauguraciones, para inmediatamente iniciar la cadena. Se trata de que la imagen del candidato se transmita a la mayor cantidad de personas.

El segundo objetivo es que el candidato Maduro se familiarice con la gestión del gobierno. Es un curso intensivo de manejo de la administración. Todo lo atropellado y superficial que se pueda imaginar. Las dimensiones del gobierno actual y la gran concentración de poder que ha significado, impiden que se pueda tener una idea rápidamente. De allí que se organicen todos los dispositivos para que el candidato oficial reciba mucha información en poco tiempo. Esa es la razón por la cual, se diseñan los actos para que el candidato escuche a algún otro funcionario del gobierno con los detalles relacionados con la gestión.

El sábado pasado le tocó el turno a la Misiones. Con el pretexto de la entrega del informe anual de Desarrollo Humano por parte de PNUD, se organizó un acto que por supuesto fue transmitido en cadena. Lo primero que hay que resaltar es la lamentable utilización de los organismos internacionales con fines políticos, y específicamente de propaganda. Es evidente que no hay responsabilidad solamente del gobierno. Las instituciones del sistema de Naciones Unidas, con su docilidad y complacencia, terminan siendo piezas del juego político del gobierno, al demostrar tan claramente su parcialidad.

También el acto sirvió para reiterar el uso propagandístico de las Misiones. Ya es bastante notoria la utilización de las misiones como mecanismo de exclusión de ciudadanos simplemente por no pertenecer al partido de gobierno. La exclusión también abarca a los profesionales que son impedidos de trabajar en ellas por razones de su nacionalidad o de sus posiciones políticas. Y se extiende también a instituciones, por ejemplo, universidades, las cuales son impedidas de su participación por sostener posiciones contrarias a la oficial en aspectos técnicos o académicos.

Es por eso que la ceremonia proselitista continúa con la lectura de la cantidad de servicios prestados, personas atendidas, exámenes realizados, construcciones entregadas. Pero no existe ninguna mención sobre el efecto de tales servicios para mejorar las condiciones de salud, o la calidad de la educación, o la cobertura de prestaciones. Todo eso se omite. Solo queda el ritual comunicacional que sirve con el propósito de propaganda, dirigida a hacer de la política una mera actividad electoral. Es el engaño convertido en política.

Politemas, Tal Cual, 20 de marzo de 2013

Ventana de oportunidad

El 14 de abril iremos nuevamente a los centros electorales para elegir al Presidente de la República. La segunda elección presidencial en seis meses. Los nuevos comicios se dan en el contexto del fallecimiento del líder indiscutible del gobierno. Tal evento ha mostrado con lujo de detalles la fragilidad de la alianza oficial. Baste para ilustrar este aspecto la cantidad de vericuetos constitucionales que debieron transitar para “mantener la línea”. Si eso significaba darle una nueva estocada a la Constitución, no hubo el menor ápice de duda.

En esta nueva coyuntura el gobierno tiene el viento en contra. En primer lugar, las circunstancias en la calle expresan un país que vive los rigores de la escasez y de la inflación. Los productos de consumo masivo más frecuente, especialmente los alimentos, brillan por su ausencia. Hay que ir varias veces a la semana a los mercados para obtenerlos. Y por supuesto, a pesar de todos los controles, los precios se disparan. El gobierno tuvo la prepotencia de señalar que la devaluación del 8 de febrero era una forma de corregir los desequilibrios para que el país comenzara a exportar. ¡Por favor!. Acá no hacemos otra cosa que importar. El aparato productivo languidece, y se traslada a los bienes todo el aumento del precio de las divisas.

En segundo lugar, el gobierno viene a la contienda con un candidato, el presidente encargado Maduro, que ha mostrado muy bajo desempeño en el campo de juego. No pareciera imaginarse todavía las complejidades del entramado que tejió su antecesor. Tampoco se le ve muy ducho en el manejo de las complejidades del Estado, y mucho menos del gobierno. Pareciera que no está en capacidad de aprobar un interrogatorio mínimo en el cual todas las preguntas comenzaran con la fórmula: y ante ese problema, ¿cuál es su política? Se quedaría mudo. Razón por la cual vocifera en todos los tonos insultos, provocaciones, malas palabras. No tiene otra forma de desviar la atención de la incompetencia que demuestra a pasos agigantados. En tercer lugar, muchos seguidores del líder, viendo como se comporta el candidato a sucederlo, sucumben ante la duda. No están muy seguros de que el candidato oficialista sea la mejor persona para las nuevas etapas.

En el lado de la alternativa democrática, las posibilidades están presentes y en desarrollo. A pesar de la abrumadora inequidad institucional y electoral, está muy a la vista que la Mesa de la Unidad Democrática ha logrado presentar un candidato en las mejores condiciones, conocido ya de la anterior contienda y con el aval de casi 7 millones de votos. Henrique Capriles cuenta con el apoyo de una vasta alianza, y con el entusiasmo de todos los que aspiren sustituir a este gobierno autoritario e incompetente, por una opción dedicada a servir a los venezolanos. Existe una ventana de oportunidad. A ensancharla tocan.

Politemas, Tal Cual, 13 de marzo de 2013

Como el cangrejo

El gobierno actual crea ilusiones. Más que resolver problemas, su objetivo es describirlos. De allí que la comunicación sea el eje de las políticas. Todo el esfuerzo se coloca en lo que la gente debe percibir, más que ir al fondo de los problemas. Con todos los recursos comunicacionales a su antojo, y la poca disposición a atenerse a reglas y regulaciones, es bastante previsible el resultado. Mucha gente cree cosas que no son. Y el gobierno se esfuerza en repetir incansablemente las supuestas virtudes de una política que solo existe en la imaginación.

Lo anterior se expresa muy nítidamente en el sector salud. El actual gobierno ha invertido cantidades inmensas de recursos y se ha apoyado en la asistencia técnica cubana para crear las ilusiones de “cambios” en la atención de salud. Funcionarios del gobierno han repetido sistemáticamente que ahora la población tiene resuelto el acceso a los servicios de salud. Hasta organismos internacionales, poco cuidadosos de su perfil técnico, han elaborado publicaciones citando datos que no resisten el menor análisis.

Como resultado, se ha creado una matriz de opinión entre sectores de la población que destaca la supuesta efectividad de las políticas del gobierno. Es muy posible que para ello haya contribuido el acercamiento de personal de salud a las comunidades. Iniciativa muy loable pero insuficiente para dar respuesta pertinente a las demandas de salud de los ciudadanos.

La realidad es muy diferente de la que muestra la prédica oficial. Tomemos como ejemplo la atención infantil. Si efectivamente el gobierno hubiera sido exitoso en mejorar las condiciones de atención de los niños venezolanos, sumado a los recursos administrados, no deberíamos tener una tasa de mortalidad infantil que es el doble de la que tienen los países más avanzados de la Región. Más aún, desde 1998, Venezuela ha retrocedido en lo que respecta a la mortalidad infantil. Tres puestos, esto es, del lugar 8 en 1998 al lugar 11 en 2010. Retroceso en vez de avanzar. Si a ello sumamos que casi el 50% de las muertes en menores de un año son completamente prevenibles, y que la cobertura de inmunizaciones no alcanza muchas veces los requerimientos exigidos, tenemos todo un cuadro preocupante de las reales capacidades del sector salud para atender los problemas de la población.

Al final se espera que prevalezca la “sensación” ante los problemas. Lo cierto del caso es que la gestión del actual gobierno en la salud nos ha hecho retroceder en el contexto de América Latina y el Caribe. Tenemos un sistema de salud que camina hacia atrás dirigido por un gobierno incompetente que cree que se las sabe todas. Un gobierno que no está en capacidad de atender efectivamente las grandes demandas de salud de los venezolanos. Es un gobierno en su gran marcha hacia el pasado.

Politemas, Tal Cual, 6 de marzo de 2013

Gobierno para castigar

Ya bastante complicado es gobernar tratando de resolver problemas públicos y atendiendo las exigencias de las ciudadanos. Lo que es inadmisible es utilizar la responsabilidad en el ejercicio del gobierno, para castigar, es decir, para mortificar y afligir. Este ha sido el objetivo del actual gobierno durante estos catorce años. Se ha convertido en un gran vengador, utiliza todos los recursos a su alcance para administrar castigos, penas, sufrimientos.

Todo tiene su origen en la utilización del gobierno para separar al país en dos sectores. Los que están con el gobierno, por un lado, y todos los que lo adversen, por el otro. A los primeros se les otorga la supremacía: están siempre en lo correcto, no necesitan oir otras opiniones, son los iluminados. Los adversarios del gobierno son siempre vistos con suspicacias, no tienen nunca opinión que valga la pena, están completamente excluidos. Desde esa perspectiva, solo hay un paso para concluir que el objetivo es utilizar el gobierno para aniquilar por todas las vías al adversario, reducirlo a su mínima expresión.

Es así como el actual gobierno ha procedido sistemáticamente para castigar a todos aquellos que han osado a adversarlo. Es por ello que se procedió a colocar todos los poderes públicos en las manos del gobierno. Desde muy temprano, en diciembre de 1999. Y se eliminó la disposición constitucional del financiamiento de los partidos políticos. Como resultado, el actual gobierno impidió que las posiciones de sus adversarios ni siquiera pudieran tener opciones de ser aprobadas. Esa es la razón por la cual no hay ningún juez que dicte sentencia contra el gobierno, ni que tengamos un poder electoral independiente, ni que las instituciones de los ciudadanos puedan salir en ganancia en algún recurso ante los organismos del Poder Ciudadano. Y esa es la razón por la cual todos los partidos opuestos a este gobierno pasan las de Caín para obtener recursos para sus actividades, especialmente porque los que se atrevan a colaborar son literalmente perseguidos.

También el gobierno se convirtió en instancia para administrar las penas de sus adversarios. Por eso tenemos a venezolanos que debieron marchar al exilio, o que fueron perseguidos hasta ser enviados a prisión, o expulsados de empresas públicas. Y por eso vemos la injerencia del gobierno en todas las sentencias que tengan que ver con los adversarios que se encuentran en prisión.

Todo lo anterior no es lo único. Como resultado de esta visión, también el gobierno aflije la vida de los venezolanos cuando arremete contra los sindicatos, expropia para hacer daños a los empresarios, impide beneficios a las universidades como medida punitiva contra los que tienen ideas diferentes, en fin, cuando utiliza su poder para causar sufrimiento y como mecanismo de retaliación. Un gobierno así es una gran calamidad.

Politemas, Tal Cual, 27 de febrero de 2013

Voto para progresar

El próximo domingo 26 tendremos elecciones para la Asamblea Nacional. Es una gran oportunidad para avanzar en una transformación profunda de Venezuela. El actual gobierno ha dividido como nunca al país. Tras casi doce años de un gobierno de exclusión, con sobradas demostraciones autoritarias, y enfrascado en consolidar un sistema totalitario, las fuerzas democráticas tienen una coyuntura para expresar las esperanzas de un país mejor.

Las elecciones no se dan como concesión graciosa del gobierno. La estirpe democrática de los últimos cincuenta años se ha expresado nuevamente. Hay una Constitución que respetar. A pesar de la parcialidad evidente del Consejo Nacional Electoral, incapaz de preservar las mínimas formas de neutralidad y equilibrio, los sectores democráticos han dejado muy claras sus observaciones y reclamos. La modificación del sistema electoral, con todas sus pretensiones de exclusión, antes que anular la capacidad de luchas de los sectores democráticos, ha incentivado la participación y el espíritu de Unidad.

Es cierto que las elecciones revisten especial importancia. Pero en modo alguno puede considerarse como punto de llegada. Al contrario, es una estación significativa pero puerta de un proceso mucho mayor. Que debe promover la Unidad de todos los sectores para acometer las elecciones municipales del próximo año, así como las de Alcaldes y Gobernadores en el 2012. Y, finalmente, la gran tarea de seleccionar un abanderado presidencial que sustituya al actual Presidente a finales de 2012.

Para que esas posibilidades se concreten dentro de dos años, necesitamos dar un paso fundamental este domingo. Debemos votar para que la Asamblea Nacional sea un espacio de preocupación permanente, directa, efectiva, por los problemas de los venezolanos. Por las angustias que nos genera la inseguridad, las agresiones a la propiedad, la caída del ingreso de las familias, el aumento de los precios, las pérdidas de empleos, el desastre de los de los servicios públicos, entre otras.

Los venezolanos reclamamos Diputados dedicados a servir. Dedicados a interpretar las preocupaciones y demandas por un país mejor. Capaces de intercambiar, prestos a buscar la experiencia técnica, comprometidos con las soluciones a los problemas, dispuestos a transmitir confianza en la democracia y sus instituciones, animados a promover el encuentro entre los venezolanos.

Los electores irán el domingo con mucha esperanza. Deseosos de que los problemas que confrontamos empiecen a tener soluciones, convencidos de que todos viviremos mejor. Animados porque una época de tranquilidad, paz y bienestar está cerca. Seguros de que el voto por la Unidad Democrática, en cualquiera de sus tarjetas, será definitivamente un voto por el progreso de todos.

Politemas, Tal Cual, 22 de septiembre de 2010

Lo que está en juego

A pocos días de las elecciones del 26 de septiembre, la gran mayoría del país ha comprendido la trascendencia de la decisión que tomaremos. Se trata de elegir los diputados a la Asamblea Nacional para el período 2011-2015: el parlamento con la mayor responsabilidad histórica desde que en Venezuela tenemos sufragio universal, directo y secreto.

Entre otras tareas, el parlamento que seleccionemos en menos de dos semanas deberá acometer la gran tarea de reivindicar la Constitución de 1999 y avanzar en la renovación de las prácticas democráticas y de gobierno en el país. La propia coyuntura de los meses recientes ha puesto de relieve el proceso de fortalecimiento de las fuerzas democráticas de los últimos años.

No hace mucho tiempo atrás, la visión y organización de los sectores democráticos era bastante incipiente. Muchas de las debilidades y errores que caracterizaron a estos sectores en los primeros años de este gobierno, habían dejado sus huellas. Especialmente llamativo eran las dificultades para articular una propuesta compartida, que tuviera en el centro la transformación de nuestro sistema político.

Desde el año 2005, los sectores democráticos han avanzado. Del diálogo y la coincidencia han surgido ideas y compromisos. Del acercamiento y el acuerdo se han promovido alternativas políticas y organizativas. Ello no quiere decir que todo esté resuelto, todo lo contrario. Pero lo que luce muy evidente es la disposición de transitar el camino, y hacerlo de manera coordinada, pensando a la distancia, y actuando en el presente.

Ha ayudado mucho en este despertar la creciente conciencia de lo que significa el adversario. El gobierno del presidente Chávez ha separado a los venezolanos. Ha colocado los intereses sectarios en contraposición a los intereses de todos. Ha concebido un proyecto totalitario para imponerlo sin el menor rubor. No cabe duda de que el mayor riesgo que confronta la sociedad venezolana es el ansia del actual gobierno para perseguir sus objetivos, trastocando nuestra esencia democrática. En el afán que ha colocado este gobierno en esos objetivos, ha debilitado ostensiblemente nuestra economía y puesto serias restricciones para el progreso de toda la sociedad.

De allí que las elecciones del próximo 26 de septiembre, representen una excelente oportunidad para avanzar. Para indicar que este proceso de transformación política que vive el país, no es azaroso ni automático. Responde a la articulación de visiones, a la certeza de que sólo es posible un país mejor si somos capaces de idearlo, pero también de irlo concretando. Lo que está en juego demanda lo mejor de nuestra imaginación, pero también lo mejor de nuestra perseverancia y sentido práctico. Es tiempo de retos. Es tiempo de grandes decisiones.

Politemas, Tal Cual, 15 de septiembre de 2010