La noticia fue anunciada el mismo día, 16 de abril. En las respectivas notas de prensa, el FMI y el Banco Mundial (BM) informaban sobre la reanudación de las relaciones con Venezuela. La decisión estaba en el ambiente desde el 3 de enero.
El control ejercido desde ese día por el gobierno de Estados Unidos fue el factor predominante. El FMI revirtió la decisión de 2019 por la cual dejaba de reconocer al gobierno de Venezuela. La reanudación de relaciones es la expresión directa de que el FMI reconoce en todo rigor al gobierno de Venezuela, como está explícito en la nota de prensa.
Es posible imaginar la reacción de los funcionarios del FMI y el BM ante la reanudación de relaciones. Significa en la práctica que un país que estaba fuera del radar formal de ambas instituciones se convierte ahora en un área de especial atención. Tanto por las condiciones propias del país como por sus evidentes nexos con la situación global.
La última revisión de las políticas económicas de Venezuela fue realizada por el FMI en septiembre de 2004. El último préstamo del Banco Mundial fue aprobado en 2005. Prácticamente una generación de funcionarios de estos organismos no ha tenido contacto con Venezuela. Es un desconocimiento inmenso. Es en este punto donde comienzan los enigmas. Los que pueden tener los funcionarios que se relacionarán con Venezuela por parte de ambos organismos.
El primer enigma está asociado con la credibilidad de la solicitud. Después de décadas de críticas y rechazos al FMI y el BM, en muchas ocasiones desconsiderados, aparece el gobierno de Venezuela con nuevos propósitos. ¿Cómo creer en estos propósitos si el origen responde evidentemente a la influencia de EEUU? ¿Cómo pensar que existe un verdadero interés en cooperar para que mejoren las condiciones de Venezuela? ¿Será posible que los desencuentros de décadas den paso a francas relaciones de cooperación? Son algunas formas de expresar este enigma.
La perspectiva de la cooperación en el FMI y el BM es determinante para que se logren buenos resultados. Si se concibe esta relación como un simple paso para recibir recursos, poco se podrá avanzar. Esto significará que no se percibe con claridad las dimensiones de la profunda crisis que confronta Venezuela.
El FMI y el BM son instituciones de creación de conocimientos. Es verdad que facilitan recursos a los países bajo las condiciones acordadas. Pero también ofrecen acceso a conocimientos, a especialistas experimentados, a innovaciones que están sucediendo en diferentes sitios del planeta. Es el acceso para conocer lo que funciona, lo que no funciona en ninguna parte, lo que funciona en algunos sitios en específicas condiciones, y lo que podría funcionar si se siguen algunas pautas. Venezuela necesita todo ese conocimiento. Se puede nutrir de todo ese cúmulo de experiencias. Si se aplica esos conocimientos a los programas y proyectos que requiere Venezuela, podemos cubrir rápidamente la brecha de capacidades que confrontamos en la actualidad.
Otra manifestación de este primer enigma es si efectivamente se comparten los requerimientos generales del desarrollo sostenible. Estos requerimientos incluyen: el desarrollo de una democracia plena con adecuadas políticas públicas, el fortalecimiento de una economía basada en la creación de valor de la mayor complejidad posible, la calidad del bienestar en todas las áreas, y el progreso hacia una sociedad verde que valora y fortalece el ambiente en general, y hacia una sociedad azul que prioriza la protección y diversidad de los océanos y mares. Todos estos requerimientos estarán sobre la mesa cuando los equipos del gobierno de Venezuela y del FMI se siente a explorar las áreas de cooperación. La coincidencia sobre estos requerimientos facilitará los avances, las diferencias bloquearán el camino.
El segundo enigma es consecutivo al anterior. Está vinculado con la capacidad de concretar los siguientes pasos. El primero es el cumplimiento del Artículo IV del Acuerdo del FMI. Esto significa que el gobierno de Venezuela y el FMI convengan las políticas económicas de corto y mediano plazo que facilitarán las mejoras en la calidad crediticia de la República y el acceso a los recursos necesarios para la transformación del país.
La cooperación del gobierno de Venezuela y el BM está precedida por el cumplimiento del Artículo IV. Es el paso necesario para que el BM se concentre en convenir con el gobierno de Venezuela el respectivo Marco de Cooperación, el cual debe contener los acuerdos de mediano plazo que guiarán la cooperación entre ambas partes.
A partir de este convenio se puede proceder con la aprobación de los proyectos específicos que serían apoyados por el BM. Ambas partes deberán examinar las razones por las cuales de los 21 proyectos acordados por el gobierno de Venezuela y el BM después del año 2000, solo 4 fueron aprobados. La gran mayoría fueron retirados por el gobierno de Venezuela luego de alcanzar la fase de preparación.
Dentro de este enigma están también las restricciones de información para el diseño de políticas y programas. El BM publicó el último análisis sobre el vínculo entre crecimiento económico y la protección social en Venezuela hace un cuarto de siglo (2001). El último análisis del perfil de la economía venezolana fue publicado en 2019.
Si los equipos del BM revisan las cifras disponibles sobre Venezuela constatarán en el sitio web del Instituto Nacional de Estadística (INE) los siguientes aspectos: el último censo nacional se realizó hace 15 años, los últimos datos de nacimientos corresponden a 2017, las encuestas de hogares para analizar la fuerza de trabajo no están disponibles, los datos de pobreza deben recalcularse con las recomendaciones hechas por las CEPAL hace más de una década. Por cierto, la última medición de las condiciones de vida utilizando una encuesta por muestreo por un organismo oficial se realizó hace 33 años (1993), bajo la responsabilidad de la Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI), antecesora del INE, justamente con recursos del Proyecto de Desarrollo Social (PDS), primer proyecto social en la historia del país cofinanciado por el BM.
Los enigmas anteriores deben disiparse para que Venezuela puede establecer la siguiente etapa de cooperación con el BM. En esta etapa se podrían concretar proyectos para enfrentar los efectos de la emergencia humanitaria compleja que confronta el país desde hace más de diez años; las brechas de calidad y cobertura en los servicios de salud y educación; las extraordinarias restricciones de la infraestructura de electricidad, agua y saneamiento, transporte, y telecomunicaciones; las debilidades del sistema de protección social; las brechas institucionales del sistema nacional de innovación; y los desafíos para convertir a Venezuela en una sociedad verde y azul, entre otras prioridades.
En este panorama es bastante evidente que el paso catalizador en la realización de la consulta del Artículo IV del FMI. Mientras eso sucede, parece una buena idea que tanto el gobierno de Venezuela como el BM anticipen los siguientes pasos. Esto significa que empiecen a preparar las propuestas de estrategias generales, políticas públicas, programas y proyectos, que darán contenido a estos acuerdos de cooperación. Es la mejor vía para que los beneficios de estos acuerdos lleguen lo más pronto posible a los millones de familias que los requieren en el país. De eso se trata, al principio y al final.
Politemas, Tal Cual, 29 de abril de 2026