Quizás uno de los temas críticos en el desarrollo de los países es definir la combinación adecuada de políticas públicas. Que respondan a específicas condiciones y que sean viables. La premisa es que la puesta en marcha de esas políticas promoverá avances en el desarrollo. De allí que sea natural encontrar modelos o referencias para elaborar esa combinación de políticas. Obviamente, es riesgoso transferir políticas de un contexto a otro, sin tener la previsión de establecer las diferencias.
Hace poco más de treinta años se propuso el denominado Consenso de Washington. Fue elaborado para proponer las políticas que se podían considerar de referencia para el desarrollo. El Consenso de Washington fue exitoso en su aceptación porque condensaba las prácticas que se debían impulsar. De hecho, fue adoptado por múltiples instituciones internacionales. También muchos países hicieron de ese consenso la base de las políticas que implementaron en esa etapa. Los resultados demostraron también sus restricciones y desventajas.
Hace poco más de dos años, convocados por la London School of Economics and Political Science (LSE), se reunieron reconocidos especialistas para explorar los nuevos consensos que pueden existir ahora en las políticas de desarrollo. Como resultado de ese intercambio se publicó a finales del año pasado el libro “The London Consensus: Economic Principles for the 21st Century”. Vale aclarar que se denomina Consenso de Londres no por la ciudad sino porque el proyecto fue realizado por la LSE. También es importante notar que, aunque muchos de los capítulos están relacionados con políticas económicas, otros versan sobre aspectos políticos e institucionales.
El capítulo introductorio es un excelente acopio de las ideas más relevantes del libro. La lectura de los restantes 16 capítulos permite identificar la vasta red de factores y experiencias que están asociados con el desarrollo. Se distinguen en la introducción cinco principios y cinco áreas de políticas.
Los cinco principios son: (1) el bienestar es la clave, (2) importa el crecimiento, pero también el lugar donde ocurre, (3) el gobierno es el último protector de las personas, (4) no hay buena economía sin buena política, y (5) un Estado capaz es el complemento esencial de todas las políticas. Las cinco políticas derivadas son: (1) la política macroeconómica, (2) las políticas estructurales, (3) la apertura al comercio, (4) la política impositiva y la inversión pública, y (5) el empoderamiento de los actores de las políticas públicas.
Al menos cuatro relevantes consensos se pueden destacar: (1) el acuerdo político es el gran facilitador de las políticas públicas, (2) la capacidad del Estado es fundamental para implementar las políticas apropiadas, (3) el financiamiento de las políticas universales (salud, educación, infraestructura, y ambiente, entre otros), se debe realizar a través de impuestos generales, y (4) la combinación adecuada de Estado y sector privado es la que permita el máximo de equidad y eficiencia.
Estos aspectos apuntan a un hecho central. Las políticas públicas exitosas son aquellas que promueven la integración de las sociedades. Por ello requieren espacios de acuerdo. Y ello sólo es posible en el eje que acerque más a las personas. En el espacio común, el que se produce en el centro. Las políticas públicas que se construyen en la centralidad, como explica muy bien Felipe González, también construyen centralidad, es decir, más espacios de acuerdo. El Consenso de Londres es una invitación para construir políticas públicas en la centralidad. Quizás uno de los requisitos más significativos para el desarrollo sostenible de América Latina.
Politemas, Tal Cual, 21 de mayo de 2026
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