Mostrando entradas con la etiqueta Autocracias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autocracias. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de diciembre de 2025

La Carta Democrática ante las autocracias

El 11 de septiembre de 2001, el mismo día de los atentados terroristas en Estados Unidos, fue aprobada en la ciudad de Lima la Carta Democrática Interamericana en el marco de la Asamblea General Extraordinaria de la OEA. Dentro de las justificaciones de la Carta se reconoce que todos los derechos y obligaciones de los Estados Miembros, de acuerdo con la Carta de la OEA, representan el fundamento de los principios democráticos del Hemisferio.

También se destaca en el preámbulo de la Carta Democrática que se toma en cuenta “el desarrollo progresivo del derecho internacional y la conveniencia de precisar las disposiciones contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Americanos”. Se puede inferir que el objetivo fundamental de la Carta es contribuir a la consolidación de la democracia en la región.

En el momento de la aprobación de la Carta Democrática (2001), según el último informe del programa de investigación “Variedades de Democracia” (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, solo existían en América dos autocracias (Cuba y Haití).

Quizás por la motivación de establecer pautas para enfrentar el surgimiento de nuevas autocracias, la Carta Democrática, en el Título IV, establece los procedimientos para fortalecer y preservar la institucionalidad democrática. En primer lugar, se señala la posibilidad de que los gobiernos, cuando consideren que está en riesgo la democracia, pueden acudir al Secretario General de la OEA o al Consejo Permanente para solicitar asistencia.

En el artículo 18 de la Carta Democrática se estipula que al producirse en un Estado Miembro situaciones que afectan la democracia, el Secretario General o el Consejo Permanente podrá disponer visitas para analizar la situación. El artículo 19 señala que la ruptura del orden democrático o una alteración del orden constitucional en un Estado Miembro será considerada como un obstáculo insuperable para la participación de ese gobierno en todas las instancias de la OEA. En caso de que las gestiones diplomáticas para reestablecer el orden democrático sean infructuosas, se puede proceder a la suspensión del derecho de participación del Estado Miembro con el voto aprobatorio de los dos tercios de los Estados Miembros (artículo 20). En el artículo 22 se establece: “una vez superada la situación que motivó la suspensión” cualquier Estado Miembro o el Secretario General puede solicitar el levantamiento de la sanción.

Desde la aprobación de la Carta Democrática en 2001, tres países más se han convertido en autocracias en la región (Venezuela, Nicaragua, y El Salvador), según se indica en el último informe de V-Dem ya señalado. Nada se establece en la Carta Democrática sobre las pautas a seguir para defender la democracia en los países que deciden separarse de la OEA y no ajustarse a las normas compartidas sobre la institucionalidad democrática. Todo ello muy demostrativo de que la democracia es ante todo una convicción y una vocación.

Politemas, Tal Cual, 9 de octubre de 2024

Votar para transitar a la tercera democracia de Venezuela

El próximo 28 de julio será una fecha de especial significación para Venezuela. Están abiertas las posibilidades para que se inicie el tránsito hacia la tercera democracia del país. Las anteriores democracias fueron sucedidas por autocracias. La característica distintiva de estas democracias es la aceptación del sufragio universal, directo, secreto y transparente, como la base de un gobierno alternativo, respetuoso del Estado de Derecho y de las libertades públicas. Cuando desaparecen estas condiciones, los países se convierten en autocracias.

La elección presidencial del 28 de julio se realiza en el contexto de una autocracia. Esta debe ser una constatación ineludible. Los últimos 25 años, desde la elección presidencial de 1998, ocasionaron tal deterioro institucional que Venezuela es considerada actualmente como una franca autocracia (una de las cinco de América Latina, según Variedades de Democracia,V-Dem, de la Universidad de Gotemburgo, Suecia).

Tampoco se debe perder de vista que las anteriores democracias incubaron condiciones para que se entronizaran autocracias. En palabras de Ricardo Lagos, presidente de Chile entre 2000-2006, la democracia sucumbe cuando se deja de cuidar. El golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948 selló el fracaso de la primera democracia. El balance mixto de la segunda democracia, la iniciada en 1958, expresado en logros en la calidad de la democracia, pero también en restricciones en el bienestar, condicionaron la génesis de la autocracia actual.

Un hecho fundamental debe anotarse. Es la primera vez en la historia que puede darse el inicio de una redemocratización a partir del voto de los ciudadanos. En las anteriores oportunidades (1947 y 1958), las elecciones se produjeron luego de establecerse los acuerdos institucionales para avanzar en democracia. En la actualidad, el voto generar los mecanismos del nuevo tránsito a la democracia.

También debe destacarse que este rol definitivo del voto lo tendrán tanto los que puedan efectivamente ejercer su derecho del sufragio, como aquellos que no lo podrán hacer, fundamentalmente porque han sido excluidos de manera discrecional y arbitraria. Sin embargo, la demostración efectiva del valor del voto como instrumento de redemocratización, expresará con claridad la significación de la decisión de cada ciudadano.

Era deseable que el inicio de este posible tránsito a la redemocratización hubiera sido precedido por la existencia de múltiples acuerdos basados en las lecciones de nuestra propia historia. Estas tareas previas hubieran facilitado la concreción de las próximas etapas, especialmente las que anteceden a la fecha de inicio del nuevo gobierno, 10 de enero de 2025.

Esto significa que en los próximos meses se deberán alcanzar acuerdos fundamentales que permitan que al iniciar el próximo gobierno se informe a los ciudadanos las decisiones que enfrentarán con contundencia la inmensa crisis política, económica y social. Tales decisiones deben tener el mayor nivel de especificidad y viabilidad. Este nivel debe ser compatible con las demandas de cambio de la población.

Estos acuerdos se deben concretar en cuatro áreas. La primera de ellas es la relación con el actual gobierno, en la forma de acordar todos aquellos aspectos que conduzcan a una sustitución prudente y sosegada. Especialmente cuando, a diferencia de las anteriores oportunidades, los adversarios políticos permanecerán ejerciendo amplias funciones dentro del manejo del Estado. Y, finalmente, porque el nuevo tránsito a la democracia supone la aceptación y reconocimiento por parte de todos los actores, con sus similitudes y diferencias. Es la mayor garantía de que esta nueva democracia sea duradera y estable. Este acuerdo configura el amplio espacio de gobernabilidad.

La segunda área de acuerdos está vinculada con el ejercicio del gobierno por multiplicidad de actores políticos intervinientes. Este acuerdo debe manifestarse en la amplitud y espíritu de inclusión, que sea capaz de integrar la mayor variedad de capacidades, y garantizar el máximo de gobernabilidad. Y consecutivo a este acuerdo político se debe concretar un “acuerdo de políticas públicas”, que sea la base de las decisiones que se deben transmitir a los ciudadanos desde el primer día de la gestión del próximo gobierno.

La cuarta área de acuerdos es la que corresponde a la gran variedad de espacios de la sociedad. Es deseable que las organizaciones de la sociedad civil, universidades, sindicatos, gremios, organizaciones empresariales y de emprendedores, iglesias, entre otras, expresen sus aspiraciones en esta nueva esta que se puede abrir, y que consoliden acuerdos que integren esfuerzos en toda la diversidad y complejidad de la vida nacional.

Esta etapa de transición debe fundamentarse en una visión de largo plazo. Que permita proponer y compartir objetivos en todos los ámbitos de la sociedad, basada en los grandes puntos de coincidencia, y que promueva avances sostenidos. Se trata de alcanzar en el menor tiempo posible una democracia plena, una sociedad de la mayor capacidad y diversidad productiva, con los niveles más altos de condiciones de vida, comparable con los mayores logros en el contexto global. Votar es el primer paso para ese tránsito. Hay que trabajarlo, pero es absolutamente posible.

Politemas, Tal Cual, 24 de julio de 2024

El día que Puntofijo se convirtió en políticas públicas

El 13 de febrero de 1959 ha debido ser uno de los días más importantes en la vida política de Rómulo Betancourt. Ese día Betancourt culmina un ciclo de poco más de 30 años, desde los sucesos de la Semana del Estudiante de 1928. Era el día en que asumía la Presidencia de la República de Venezuela como lo había deseado siempre, a través del voto directo, universal y secreto de los venezolanos.

Betancourt reconoce al principio de su discurso de toma de posesión el sentimiento que le embarga. Dice: “he sentido muy dentro de mí mismo la trascendencia de este acto”. El viaje ha sido largo, intenso, muchas veces accidentado. Ha debido recordar aquel acto en el Nuevo Circo, el 13 de septiembre de 1941, cuando se anuncia a la vida pública la fundación de Acción Democrática, y a él le correspondió dar el discurso sobre las tesis económicas del partido.

Ese discurso programático de Betancourt en 1941 es probablemente el más relevante en la historia de la democracia venezolana. Insuperado hasta el día de hoy. Betancourt presentó su visión del país para los siguientes 50 años. Dibujó con precisión las grandes dimensiones de la tarea que debía emprender Acción Democrática.

También ha debido recordar el 15 de febrero de 1948 cuando le había transferido el poder ejecutivo a Rómulo Gallegos, primer presidente electo por el voto directo, universal y secreto de los venezolanos. En ese momento Betancourt no había cumplido 40 años. En la Alocución de Año Nuevo de 1947, Betancourt había expresado: “no hemos negado nunca que las vías de la asonada no son las que deba trajinar una nación civilizada para sustituir por otros a los equipos humanos que la gobiernan”. Es obvio que Betancourt tenía en mente llegar nuevamente a la presidencia, no por la asonada sino esta vez por elecciones. La Constitución de 1947 le permitía aspirar a la presidencia en 1952. Es muy posible que lo estuviera considerando.

El golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948 cambió los planes de todos los actores. La primera democracia del país había fracasado. Ese fracaso se hubiera podido evitar. La clausura de la democracia ocasionó la desaparición de las libertades públicas, la clandestinidad de la vida política, y el exilio de muchos líderes, entre ellos Betancourt.

El fracaso de la democracia ocupó la reflexión de Betancourt durante los diez años de dictadura. El mismo día de su regreso a Venezuela después del exilio, el 9 de febrero de 1958, expresó: “nos hemos convencido todos de que el canibalismo político, la encendida pugnacidad en la lucha política, le barre el camino a la barbarie para que irrumpa y se apodere de la política”. En agosto de 1958 calificó al trienio 1945-1948 como “guerra civil incruenta”.

Es en este contexto que Betancourt aprovecha su discurso de toma de posesión del 13 de febrero de 1959 para proponer el patrón sobre el cual debería transcurrir la nueva posibilidad de democracia de Venezuela. Destaca que el país ha decidido superar la dictadura por medio de los “caminos pacíficos de la ley democrática”. Esto es, a través del ejercicio del voto en las elecciones del 7 de diciembre de 1958, la fórmula que ya en 1947 enfatizaba Betancourt.

Si las elecciones eran la primera condición, se requería una segunda condición: un programa político común. Que debía ser lo más amplio posible, a diferencia del programa del 18 de octubre de 1945, compartido solamente por el Ejército y AD.

Por ello Betancourt pasa a explicar con detalle las manifestaciones de acuerdo que se dieron en Venezuela en el año 1958. Señala, en primer lugar, la “tregua interpartidista” y el “pacto de unidad nacional” sellado por los venezolanos para “preservar la libertad recién recobrada”. Luego indica las “fórmulas de avenimiento” entre patronos y obreros, la sincronización del paso entre “la Federación de Cámaras y el Comité Sindical Unificado”, la suscripción del pacto de los gremios de profesionales “para no prestar sus servicios a un régimen de usurpación”, el estudiantado de las universidades, y las Fuerzas Armadas.

Luego de esta enumeración de actores y acuerdos, Betancourt describe el acuerdo entre los partidos AD, Copei y URD, conocido en la historia como Pacto de Puntofijo. Señala Betancourt que el Pacto es un “esfuerzo coordinado para ofrecer a la Nación soluciones a sus problemas básicos, políticos, económicos, y sociales”, con “compromisos concretos con la Nación”. Critica el “no disimulado escepticismo”, observado dentro y fuera del país, sobre este “compromiso acordado entre colectividades partidistas con programas propios y diferenciados”.

Para que no quedara duda de la relevancia del Pacto, Betancourt destaca que los partidos se comprometieron a “darle al debate electoral un sostenido y elevado tono principista, popularizar un programa común de gobierno y a que se gobernase luego dentro de un régimen de coalición”. Nótese que Betancourt dice “programa común” y no “programa mínimo” como se había dado a conocer. Esta fue la forma enfática que encontró Betancourt para asumir el Pacto. Su gestión se fundamentaría en el “programa común” y en un gobierno de “coalición”. Que no quedara ninguna duda.

Acto seguido Betancourt señaló, quizás para enfrentar la incredulidad de muchos, que “faltaba la prueba de fuego”, esto era: la estructuración del nuevo gobierno. Señala que “los suspicaces pensaban que, en ejercicio sin trabas de la facultad constitucional que me asiste de escoger libremente al Gabinete Ejecutivo, integraría éste con olvido de los compromisos contraídos con URD y con Copei”.

Quizás mucho pensaron o quisieron que Betancourt, amparado en la alta votación que había obtenido, con una participación de 93% de electores, y amplia mayoría en ambas cámaras, se decidiera por no cumplir el Pacto. La posición de Betancourt fue taxativa: asumiría el Pacto y el programa común de gobierno. Para que no quedaran dudas expresó: “fracasaron los cálculos alarmistas de los descreídos”. Inmediatamente indica que ha alcanzado un acuerdo “para la integración de un gobierno de ancha base nacional, donde tienen los partidos adecuada representación, así como los sectores de la producción sin ubicación partidista y los grupos técnicos”.

Llegado a este punto del discurso de toma de posesión, Betancourt ha seguido escrupulosamente la siguiente secuencia: fundamentar la democracia en las elecciones, demostrar la importancia de un acuerdo político y un programa de gobierno, y la composición compartida de la tarea de gobernar. Pasa inmediatamente al último punto de la secuencia: proponer las políticas públicas de su gobierno.

En una frase directa, Betancourt condensa los dos grandes objetivos de su gobierno. Dice: “porque la unidad nacional que ayer contribuyó a erradicar la dictadura y a garantizar el tránsito hacia la constitucionalidad, se requiere ahora, con similar urgencia, para organizar el país sobre bases estables y duraderas”. Es decir, unidad nacional para desarrollar la democracia y para implementar políticas públicas para el bienestar de los venezolanos.

En la última parte de su discurso de toma de posesión, Betancourt denota las políticas públicas que asume su gestión del gobierno. Abarcan desde la administración del erario público en “condiciones de estrechez” y la lucha contra el enriquecimiento ilícito, pasando por la “diversificación y venezolanización de la producción”, el control estatal de la industria petroquímica y siderúrgica, el desarrollo de la infraestructura (carreteras de penetración, electrificación más acelerada, red de puertos y aeropuertos, obras de riego, sistema moderno de telecomunicaciones), política concertada de creación de fuentes permanentes de trabajo, reforma agraria, educación, vivienda, salud pública, y un “moderno modus vivendi” para regularizar las relaciones con la Iglesia Católica.

Ya al final del discurso Betancourt afirma que con recursos, voluntades y esfuerzos públicos y privados “podemos llevar adelante la empresa de estabilizar un régimen democrático en Venezuela, no sólo garantizador del ejercicio de las libertades ciudadanas sino también eficaz agente creador de riqueza, de cultura y de bienestar general”. Nuevamente las dos dimensiones de la gestión: democracia y bienestar general.

Al terminar el discurso de toma de posesión de Betancourt estaban todas las piezas necesarias para comenzar la nueva etapa de democracia en Venezuela: la legitimidad derivada de elecciones realizadas en libertad, acuerdos políticos y sociales de multiplicidad de actores, la ratificación del Pacto de Puntofijo por el presidente de la República y su Gabinete, y los contenidos de las políticas públicas de la primera gestión.

La armonización de estas piezas favoreció que Venezuela entrara en una etapa de múltiples avances en las siguientes cuatro décadas, pero también de notables restricciones, especialmente en la segunda mitad de ese período. No todo funcionó como era deseable. De otra manera no se explica que luego de 65 años, Venezuela sea nuevamente una autocracia.

Las políticas públicas que se pusieron en marcha ese día marcaron, con sus altibajos, la vida de las siguientes generaciones de venezolanos. Todo indica que ese día había conciencia en el liderazgo del país que era fundamental tener éxito en las políticas públicas. Los acuerdos fueron el sustrato de la consolidación de la democracia. Es indispensable tenerlo siempre muy presente.

Politemas, Tal Cual, 22 de mayo de 2024

El fracaso de la primera democracia de Venezuela

El último informe anual del Instituto Variedades de Democracia (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, clasifica a Venezuela como autocracia. Es una de las cinco autocracias de América Latina. Las otras son: Cuba, Nicaragua, Haití, y El Salvador.

La elección presidencial del próximo 28 de julio, a pesar de sus grandes restricciones para el ejercicio pleno del voto, constituye una posibilidad para que el país inicie un proceso de transición a la democracia. Conviene, desde esta perspectiva, analizar la evolución histórica de la dinámica democracia-autocracia en Venezuela, con el propósito de identificar pautas que favorezcan el tránsito a la democracia en la actualidad.

De acuerdo con el Índice de Democracia Liberal (IDL) de V-Dem, tal como se muestra en el gráfico, Venezuela tiene en la actualidad el mismo valor que tenía en 1957 (cuando era también una autocracia). En el gráfico también se incluye la evolución de Uruguay (una de las democracias liberales de América Latina en la actualidad, y la que tenía un mayor valor del IDL en la primera mitad del siglo XX).

Venezuela y Uruguay: Índice de Democracia Liberal (IDL)
1900-2023
    Fuente: Varieties of Democracy (V-Dem)

Si se toma el criterio de la elección universal, directa y secreta de los gobernantes como característica central de democracia, entonces el primer período de democracia de Venezuela se inició con las elecciones de diciembre de 1947en las cuales fue elegido el presidente Gallegos, así como los miembros del parlamento. Como resultado de la aprobación de la Constitución de 1947, Venezuela fue el quinto país de América Latina en adoptar el sufragio universal. Antes lo habían adoptado Uruguay (1933), Cuba (1936), El Salvador (1940), y República Dominicana (1943).

De acuerdo con este criterio y con los datos de V-Dem, en Venezuela se pueden distinguir dos períodos de democracia. El primer período es el comprendido entre diciembre de 1947 y el 24 de noviembre de 1948 (fecha del golpe militar que derrocó al presidente Gallegos). La autocracia que sucede a Gallegos se prolonga hasta el 23 de enero de 1958. La segunda etapa de democracia es la comprendida entre las elecciones de diciembre de 1958 y 1999. A partir de 1999 la calidad de la democracia se deteriora sistemáticamente hasta convertirse en franca autocracia en los últimos 20 años.

Precisar las razones por las cuales fracasa la primera democracia es fundamental para identificar rasgos estructurales de la evolución política del país. Que todo el proceso que se inicia el 18 de octubre de 1945 haya culminado en la clausura de la democracia tres años más tarde, debe ser una referencia permanente para las prácticas institucionales de todos los actores sociales.

Tres razones, entre otras, pueden estar vinculadas con este significativo fracaso. La primera de ellas es el origen de los cambios sucedidos a partir del 18 de octubre de 1945. El máximo líder Rómulo Betancourt, presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno (JRG) que se instala ese día, reconoció diez años más tarde (agosto de 1958), en ocasión de su informe político como presidente del partido a la IX Convención de AD, que “llegamos al Gobierno el 18 de octubre de 1945 no como resultado de una insurgencia popular sino de un Golpe de Estado”. Antes, en la Alocución de Año Nuevo de 1947, el propio Betancourt había señalado: “no hemos negado nunca que las vías de la asonada no son las que deba trajinar una nación civilizada para sustituir por otros a los equipos humanos que la gobiernan”.

De tal manera que la demanda por el sufragio universal, indicado en el primer párrafo del primer comunicado de la JRG (denominado “gobierno provisional”), no fue aprobada como expresión de un amplio acuerdo político entre los actores de la época. El sufragio universal, aunque plenamente justificado, surgió de una manifestación de fuerza, indicada como golpe de Estado por el propio Betancourt. Aunque como se puede deducir, visto lo que sucedió después, Betancourt hubiera preferido un amplio acuerdo para aprobar el sufragio universal.

Derivado de lo anterior, está la segunda razón. El programa político de los líderes de la JRG estaba fundamentado en la alianza entre el Ejército (señalado de primero en el texto del primer comunicado del 18 de octubre), y el pueblo. El 30 de octubre de 1945, en la primera alocución como presidente de la JRG, Betancourt define con más precisión cuál es el otro actor: los dirigentes y militantes del partido Acción Democrática. Esto es, se conforma un binomio preponderante, la alianza entre el Ejército y AD.

El programa político que propone esta alianza termina por ser el elemento dominante. En la elección para la Constituyente de 1946, AD obtuvo una amplísima mayoría de diputados. La propuesta programática esbozada el 30 de octubre de 1945 expresaba las siguientes prioridades: liquidación de los vicios de la administración pública, especialmente el peculado; la devolución de la soberanía al pueblo a través del sufragio universal; la descentralización del Estado; libertad de prensa y radiodifusión; mejoras en la alimentación, salud, educación, vivienda, e ingresos; la siembra del petróleo; respeto a las inversiones extranjeras; y las libertades sindicales.

La puesta en marcha de este programa, por parte de una alianza preponderante, y en un marco de limitado desarrollo institucional, por ejemplo, sin contrapesos a la acción del gobierno de la JRG, nos lleva a la tercera razón: el clima de polarización que caracterizó el resto del período hasta el golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948. El 9 de febrero de 1958, apenas al bajarse del avión que lo trajo del exilio, Betancourt señaló: “nos hemos convencido todos de que el canibalismo político, la encendida pugnacidad en la lucha política, le barre el camino a la barbarie para que irrumpa y se apodere de la política”. Meses más tarde, en agosto de 1958, en ocasión de su informe a la IX Convención de AD, reconoce: “lo cierto es que existió durante ese trienio una verdadera guerra civil incruenta entre los partidos políticos y una manera casi animal de embestirse mutuamente”.

Este reconocimiento de Rómulo Betancourt sobre la extrema polarización del país desde 1945 (“guerra civil incruenta”), sumado al celo con el que se esforzó por el acuerdo político que se expresó en el Pacto de PuntoFijo de 1958, son demostrativos de las causas del fracaso de la primera democracia. Explican la involución notable experimentada entre febrero de 1948 (toma de posesión de Gallegos) y el golpe del 24 de noviembre. De acuerdo con V-Dem, (gráfico), Venezuela pasó de ser la sexta democracia de la región (solo superada por Uruguay, Cuba, Brasil, Argentina, y Guatemala) a franca autocracia en ese período de nueve meses. Resulta evidente que para evitar este desenlace se tendría que haber operado bajo otras pautas. Como resultado, el país volvió a ser una autocracia por un período de diez años.

Visto con la distancia de más de 75 años, el fracaso de la primera democracia de Venezuela pone de relieve la importancia de los cambios políticos a través de elecciones, el requisito de amplios acuerdos de gobernabilidad y políticas públicas, y la exigencia de un clima ponderado que favorezca el intercambio y el diálogo. Aspectos de espacial relevancia ante la elección presidencial del próximo 28 de julio.

Politemas, Tal Cual, 9 de mayo de 2024

Cuba: de democracia a la autocracia más larga de América

En un reciente foro de Venezuela Analítica, @PedroBenitezF explicaba que, al contrario de lo que pueda parecer hoy, hubo una época que en Cuba existió la democracia. Señalaba que a mediados del siglo pasado Cuba tenía el funcionamiento de una democracia en la cual se realizaban elecciones libres, incluso con sustitución institucional del gobierno por la oposición. El argumento de Pedro es relevante para apreciar que las democracias pueden evolucionar, tanto para hacerse más sólidas, como para desaparecer, como es el caso de Cuba.

Las evidencias disponibles en el sitio web del proyecto “Variedades de Democracia” (V-Dem), de gran utilidad para analizar la evolución de la democracia en todos los países del mundo, ofrecen mayores detalles sobre la calidad de la democracia que tenía Cuba en 1950. Lo primero que se puede destacar es que Cuba fue el segundo país de América Latina en aprobar el sufragio universal en 1936 (el primero fue Uruguay en 1933).

En el gráfico se muestra el Índice de Democracia Liberal (IDL) de V-Dem para todos los países de América Latina en el año 1950. Este índice tiene dos componentes: el Índice electoral (IE), y el Índice del Componente Liberal (ICL). El Índice Electoral incluye los siguientes aspectos: libertad de expresión, libertad de asociación, proporción de la población adulta con sufragio, elecciones transparentes, y elección de gobernantes. El Índice del Componente Liberal incluye los siguientes aspectos: igualdad ante la ley, contrapesos judiciales al poder ejecutivo, y contrapesos legislativos al poder ejecutivo. El IDL varía entre 0 (valor mínimo) y 1 (valor máximo).

América Latina: Índice de Democracia Liberal (IDL)
por países, 1950
     Fuente: Varieties of Democracy (V-Dem)

Puede observarse en el gráfico que el IDL de Cuba era el tercero de América Latina en 1950. Sólo era superado por el correspondiente a Uruguay y Costa Rica. Estos dos últimos países están entre las tres democracias liberales de América Latina consideradas por V-Dem en su último informe (correspondiente al año 2023). Nótese que Cuba superaba a Chile (la tercera democracia liberal para 2023). En la actualidad, se ha acortado la brecha que tenían estas democracias con Dinamarca (hoy la democracia liberal con mayor IDL).

La relevancia de la democracia de Cuba en 1950 cobra mayor importancia cuando se aprecia que once países de la región tenían valores del IDL que los clasificaría hoy como autocracias (muy cerca del valor que ahora tiene Corea del Norte). Por otra parte, Cuba ya tenía en 1950 un IDL superior al que tenía México en 2023.

La democracia que tenía Cuba en 1950 fue clausurada en la siguiente década, primero por la autocracia militar de Batista y luego por la autocracia comunista iniciada en 1958. Hoy en día es la autocracia cerrada más larga de América. Dos factores que explican la rapidez y profundidad de esta debacle de la democracia están relacionados con la debilidad de los partidos políticos cubanos y la ferocidad de la vía armada para el control del poder. La democracia no superó esas grandes adversidades.

La comparación con Cuba también demuestra que acabar con la democracia es más complicado cuando se ha desarrollado una experiencia de mayor tiempo y calidad, en la cual la sociedad haya podido generar mayores lazos para defenderla. Sin embargo, también en esas circunstancias pueden desaparecer las democracias, el caso de Venezuela lo demuestra palmariamente. Regresar a la democracia solo será posible si esos lazos se fortalecen y amplían.

Politemas, Tal Cual, 24 de abril de 2024