martes, 29 de diciembre de 2015

Trapiche de ilusiones

Si alguna obligación tienen los gobiernos con el futuro, es crear empleos de buena calidad para los jóvenes. Se trata de abrir dos tipos de espacios. El primero es la incorporación de los jóvenes al proceso productivo, a la creación de nuevos bienes, nuevas tecnologías o nuevos servicios. El segundo está relacionado con la pertenencia a la sociedad. Es una invitación a participar activamente en la construcción de los nuevos retos de los países. Es la demostración concreta del aprecio y necesidad para que las nuevas generaciones tomen su puesto en las responsabilidades y obtengan los beneficios de su compromiso.

Cuando los gobiernos no son capaces de generar puestos de trabajo para los jóvenes, abren la puerta a dos efectos contraproducentes. En primer lugar, la migración de recursos humanos, muchas veces los más calificados. En segundo lugar, se fomenta el escepticismo y el desencanto en los que se quedan. Los jóvenes empiezan a sentir que sus países no les ofrecen el espacio adecuado para desarrollar todo su potencial. 

En el desempleo juvenil se combinan claramente las consecuencias de las economías de bajo desempeño con las fallas del sistema educativo. Hay jóvenes desempleados porque los que estudian no consiguen trabajos adecuados, pero también porque dejaron antes el sistema educativo y deben acudir a un mercado laboral sin muchas opciones. Por esta razón se ha señalado que el desempleo juvenil es otra forma de decir exclusión social.

Según la OIT (2004), los jóvenes desempleados representan el 47% del desempleo total, a pesar de que representan solamente el 25% de la fuerza laboral. Sin embargo, en los países en desarrollo la tasa de desempleo juvenil es cuatro veces mayor que la de los trabajadores de mayor edad. En el caso de los países desarrollados la tasa de desempleo juvenil es sólo dos veces mayor que los trabajadores de mayor edad. Los jóvenes trabajadores también tienen más probabilidad de trabajar más horas, de no tener contratos formales y de no contar con protección social. 

El caso de Venezuela ilustra con claridad la incapacidad para incorporar el empleo juvenil en una estrategia general de desarrollo. Ya sabemos el bajo desempeño de nuestro país en la creación de empleo de calidad. En el caso del empleo juvenil, se repite la constante. De acuerdo con cifras recientes de la OIT (2005), en el año 1993 tuvimos la tasa de desempleo más baja del período 1990-2005. Esto es, 6,8% de desempleo. Para ese año la tasa de desempleo juvenil (de personas entre 15-24 años) fue 13%., también la más baja del período.

La revisión de las cifras de los últimos siete años indica que el gobierno del Presidente Chávez no le ha otorgado ninguna prioridad al empleo de calidad, y mucho menos en el sector juvenil. En el primer año del gobierno actual (1999) aumentó el desempleo juvenil casi en 5% para colocarse en 26,6%. Incluso con la recuperación económica del año 2004 el desempleo juvenil alcanzó 27,5% (seis por ciento más que en 1999 y más de doble del desempleo juvenil del año 1993).

El fracaso en la creación de empleo de calidad para los jóvenes expresa tres grandes deficiencias de las políticas del actual gobierno. En primer lugar, no puede haber empleo para los jóvenes cuando la sociedad no crea empleos productivos para ningún grupo de la fuerza laboral. La desaparición de empleos de asalariados es una demostración clara de este aspecto. En segundo lugar, no puede haber demanda de personal especializado cuando se excluye al 85% de la población de la educación secundaria formal. En tercer lugar, no puede disminuir el desempleo juvenil cuando no existen programas masivos de reentrenamiento con posibilidades de inserción en puestos de trabajo productivo. Con estas deficiencias, el gobierno del Presidente Chávez seguirá triturando las ilusiones de los jóvenes venezolanos.

Politemas, Tal Cual, 9 de noviembre de 2005

lunes, 28 de diciembre de 2015

Mucha "revolución", poco empleo

No hay bienestar duradero sin empleo de calidad. En muchos países, el tema crítico de la agenda pública es justamente cómo fortalecer las condiciones que permitan crear más y mejores empleos. Los empleos decentes, como los denomina la Organización Internacional del Trabajo, son aquellos que permiten contar con buenos salarios y un adecuado régimen de protección social. Estos empleos también elevan la competitividad general del país. Y de esa manera, se atraen más inversiones que a su vez crean mejores empleos. Un circulo virtuoso de productividad y bienestar.

Los empleos decentes se encuentran generalmente en el sector formal de la economía. Es decir, el sector de empresas grandes, medianas o pequeñas, que combina la especialización de tareas, uso adecuado de tecnologías, y estabilidad y protección para los trabajadores. Es el sector de los llamados asalariados. En la medida que una sociedad tenga más trabajadores en el sector formal aumenta las posibilidades de generar ese círculo virtuoso.

No hay que ir muy lejos para conocerlo. La economía chilena ha fundamentado mucho de su auge de los últimos quince años en el fortalecimiento del empleo formal. De acuerdo con cifras de CEPAL, en 1990 Chile tenía 2,5% de su fuerza laboral clasificada como empleadora, es decir, aquellas personas que crean empleos para otros. Para el mismo año Chile tenía 75% de su fuerza laboral clasificada como asalariados y 22,5% como trabajadores por cuenta propia. En este último grupo se encontraban un 20,6% de trabajadores no profesionalizados, vale decir, con grandes posibilidades de formar parte del sector informal. 

Para el año 2003 los empleadores en Chile habían alcanzado el 4,1% de la fuerza laboral (un aumento de 64%). Al mismo tiempo aumentó ligeramente el porcentaje de asalariados, a 75,5% de la fuerza laboral. Pero lo más significativo es que el aumento de los empleadores se realiza a expensas de la disminución de los trabajadores por cuenta propia, y especialmente de la disminución relativa de los trabajadores no profesionalizados. Estos trabajadores pasaron a representar el 15% de la fuerza laboral (una reducción del 27%). En otras palabras, Chile tiene más empleadores y menos trabajadores en el sector informal. No por azar Chile experimenta hoy una de las tasas de crecimiento sostenido más significativas de la región y una diversificación sin parangón en sus productos de exportación. Tampoco es de extrañar que Chile haya alcanzado ya la meta de reducción de pobreza extrema prevista para el año 2015.

Venezuela, por su parte, es la cara opuesta de la moneda. En 1990 teníamos 7,5% de la fuerza laboral clasificada como empleadora. También teníamos un 70% de asalariados y 22,5% de trabajadores por cuenta propia, de los cuales un 21,4% eran considerados como no profesionalizados. Teníamos más empleadores que Chile y una proporción similar de trabajadores en el sector informal. 

Para 1999 habíamos perdido 13,1% de trabajadores asalariados y habíamos reducido los empleadores a 5,1%, con un consiguiente aumento de los trabajadores por cuenta propia (a 36,9%), muchos de los cuales (35,3%) son no-profesionalizados. 

La tendencia del deterioro de nuestro sector formal continuó para el año 2003. Los asalariados perdieron 4,5% para situarse en 53,4%. Los trabajadores por cuenta propia aumentaron a 41,6%, con 39,6% en el grupo de los no-profesionalizados.

En los años de la “revolución” se ha agravado el panorama del empleo en Venezuela. Hemos perdido empleos de asalariados por causa de políticas públicas que no promueven la inversión y la sostenibilidad institucional requerida. El país ve con preocupación y angustia que las posibilidades de bienestar se alejan en la medida que la administración del presidente Chávez debilita nuestro aparato productivo y destruye empleos formales. El país sabe que vivimos una revolución de palabras.

Politemas, Tal Cual, 2 de noviembre de 2005

Inseguridad social

Si hay un aspecto que demuestra con claridad el gran fiasco de la administración Chávez, es la seguridad social. Esto es especialmente crítico en la protección de las pensiones y de la salud. Luego de casi siete años de gobierno, lo que se observa es un camino lleno de fracasos y retrocesos. La incapacidad para diseñar e implementar un cambio profundo de nuestros sistemas de pensiones y de salud ha sido sencillamente monumental.

El primer gran fracaso lo constituyó la Ley Habilitante del año 1999. En aquel momento la administración Chávez contaba con el apoyo popular derivado de la elección de 1998. También contaba con la habilitación del Congreso Nacional de la época. Con esas dos grandes condiciones a favor, el gobierno fue incapaz de elaborar una propuesta de reforma. Las luchas intestinas en el gobierno impidieron presentar al país una propuesta coherente que estableciera un sistema de seguridad social amplio y moderno. En octubre de 1999 (hace ya seis años), el gobierno simplemente señaló que dejaba ese tema de especial trascendencia para la Asamblea Nacional a elegirse a mediados de 2000.

Se eligió la Asamblea Nacional. Se creó la Comisión Presidencial para la Seguridad Social (CPSS). En junio de 2001 la CPSS envió a la Asamblea Nacional un conjunto de propuestas que hacían de esta reforma la más cara e ineficiente en toda América Latina. A finales de 2002 la Asamblea Nacional aprobó la Ley Orgánica del Sistema de Seguridad Social (LOSSS). Toda una oda a la inviabilidad. El segundo gran fracaso es que luego de más de cinco años el gobierno (con mayoría en la Asamblea Nacional) no se ha producido ninguna de las legislaciones específicas, ni en las pensiones, ni en el sistema de salud. Peor aún, las propuestas favorecidas por el Ejecutivo lo que harían es empeorar las cosas.

En estas circunstancias no debe extrañar las cifras publicadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el Panorama Laboral 2005 de América Latina y el Caribe. La cobertura de pensiones y salud de los venezolanos se ha reducido casi 13% entre 2000 y 2004 en toda la población laboral. Pasamos de tener 69,9% de cobertura en 2000 a 57% en 2004. En la población masculina la reducción es de 12% y en las mujeres 14%. 

La reducción de la cobertura afectó tanto a los que trabajan en el sector formal como a los que trabajan en el sector informal en el período señalado. En el sector formal la protección de pensiones y salud disminuyó de 81,3 a 72,2% del total de trabajadores. En el sector informal la protección de pensiones y salud disminuyó de 27,6 a 15,5%. De manera que actualmente uno de cada cuatro trabajadores en el sector formal no tiene protección de pensiones y salud. En el caso de los trabajadores informales, no tienen protección ocho de cada diez.

Las evidencias indican que en la administración Chávez se ha agudizado la pérdida de empleos en el sector formal de la economía. Han disminuido los asalariados y han aumentado los trabajadores no profesionalizados por cuenta propia. De tal manera que si algo ha estado claro en Venezuela, es que el actual gobierno no tiene ningún interés en crear empleos de alta calidad, aquellos que generan la mayor productividad y riqueza.

Lo que ahora también está claro es que la administración Chávez ha aumentado la inseguridad social incluso de los trabajadores en el sector informal. La disminución de la cobertura de prestaciones fundamentales para todos los trabajadores venezolanos, indica que estamos en presencia de un gobierno que prefiere la disminución de beneficios, que no está preocupado por fortalecer la protección social, que deja al azar lo que son derechos inalienables de todos los ciudadanos: la protección de largo plazo (pensiones) y la protección para las contigencias de salud y enfermedad. No queda duda de que estamos en presencia de un gran fiasco.

Politemas, Tal Cual, 26 de octubre de 2005

Los mitos de la salud en Cuba

El gobierno del Presidente Chávez no oculta su sistemática admiración por el sistema de salud de Cuba. En la práctica, la política de salud del actual gobierno se ha basado mucho en la utilización de la asistencia técnica de Cuba. Esta cooperación se expresa en varias áreas de la atención de salud, pero es especialmente notoria en lo relacionado con la Misión Barrio Adentro. El gobierno actual pareciera haber supuesto que Cuba resolvió todos los problemas de salud, y por eso vale la pena imitarla. Como en tantas áreas, el gobierno actual está nuevamente equivocado.

El caso de Cuba ilustra claramente que no es posible enfrentar los problemas de salud en el marco de una economía de tan bajo desempeño. Los éxitos de las primeras décadas de la revolución, especialmente en la salud pública y en el cuidado infantil, estuvieron asociados a la dependencia del inmenso subsidio soviético. A través de esta fuente, Cuba importaba equipos y medicinas. Sumado a la organización del sistema de salud, influyó para que Cuba lograra éxitos sustantivos hasta 1989. Entre ellos, por ejemplo, la menor tasa de mortalidad infantil de las Américas, sólo segunda de Canadá.

La caída del muro de Berlín y la desaparición del subsidio soviético trajeron dos efectos negativos para la salud en Cuba. En primer lugar, se constató que los éxitos en salud pueden revertirse cuando no existe el financiamiento para garantizar los servicios fundamentales. Tal como lo demuestra Carmelo Mesa-Lago, en reciente artículo en la Revista de la CEPAL (www.eclac.cl), el retroceso en la tuberculosis y en las enfermedades respiratorias entre 1989 y 2002 es una muestra de ello.

El otro efecto negativo es que Cuba tiene, hoy en día, una gran dificultad para contar con tecnologías que permitan resolver problemas de salud más complejos. Esto se aprecia con claridad en el aumento de la mortalidad materna entre 1996 y 2002 (más de 10%). Pareciera que el sistema cubano tampoco es capaz de identificar riesgos individuales y familiares, tal como le pasa al sistema venezolano. El éxito en la mortalidad infantil puede señalar que no se trata de un problema de organización del sistema. Es mucho más factible suponer que el sietema cubano no tiene las tecnologías de diagnóstico y tratamiento que permitan reducir la mortalidad materna. Ello explicaría que Cuba tenga más del doble de la mortalidad materna que Chile.

Todo lo anterior también puede explicar el estancamiento de Cuba en la lucha contra las enfermedades en mayores de 65 años (que también requieren mucha tecnología) y la caída en la cobertura de vacunaciones (entre 25 y 90% con respecto al nivel de 1989). Así como las dificultades para contar con servicio regular de agua (el promedio de servicios es apenas 12 horas diarias), y la inestabilidad del servicio eléctrico.

Es evidente que la preferencia del gobierno actual por el sistema cubano no tiene nada que ver con los resultados. Pareciera más bien estar basada en una vieja idea (de casi cuarenta años): que el sistema cubano había resuelto algunos problemas de salud. En la ilusión de que los problemas de la salud en Cuba habían sido superados. En el fondo, esta admiración es nuevamente más ideológica que técnica, tiene más que ver con lucha política que con soluciones reales a los problemas de la gente.

Las consecuencias de esta gran incapacidad para tomar decisiones se expresan en el sistema de salud. Las limitaciones en la atención materna en Cuba se trasladan a Venezuela. Esa puede ser una de las razones por la cuales no sabemos nada de las mujeres embarazadas que acuden a Barrio Adentro, ni su número ni sus características. También puede explicar el exagerado énfasis que se ha colocado en la dotación tecnológica en sitios sin electricidad y sin agua. El gobierno del Presidente Chávez, sin dudas, prefiere los mitos a las realidades.

Politemas, Tal Cual, 19 de octubre de 2005

Ni el original, ni la copia

El desarrollo integral supone la creación de empleos de buena calidad. El reto de los países es combinar los factores que favorezcan el círculo virtuoso entre inversión y formación de mejores puestos de trabajo. En la medida que se cuente con ciudadanos educados, capaces de interactuar efectivamente para usar y crear conocimiento, será posible que las sociedades alcancen estadios superiores de bienestar. Es evidente, sin embargo, que estos ciudadanos educados requieren contar con nuevos trabajos en los cuales incorporarse. Y que para crear esos trabajos es fundamental contar con empresas (grandes, medianas, y pequeñas) que decidan realizar la inversión requerida.

En muchos países no se combinan adecuadamente los factores que crean empleos de buena calidad. Venezuela es uno de ellos. Desde el año 1999, de acuerdo con CEPAL, nuestro país ha perdido más de 6% de empleos de alta y moderada productividad. Para el año 2003 casi el 60% de nuestros puestos de trabajo eran de baja productividad. 

Lo anterior merece una reflexión bien seria. Sin embargo, lo más preocupante es la clara tendencia del gobierno del Presidente Chávez para imitar, muchas veces sin mayor análisis, las limitaciones estructurales de modelos que han fracasado en la creación de buenos empleos. Entre estos modelos el gobierno actual ha tenido especial predilección por Cuba. 

Independientemente de las restricciones externas e internas que ha confrontado Cuba, el balance, después de casi cincuenta años, no es nada halagador. En un análisis reciente, publicado por el Profesor Carmelo Mesa-Lago en la Revista de la CEPAL (agosto 2005), disponible en www.eclac.cl, es posible identificar aspectos poco conocidos del empleo en Cuba.

Lo primero que llama la atención es la alta cifra de desempleo. En 1997 CEPAL estimó el desempleo equivalente en 25,7%. (esto es 7% de desempleo abierto más 18,7 % de subutilización). Los puestos de trabajo creados a finales de la década de los noventa eran de menor productividad que los creados en el período 1975-1989. Entre 2001 y 2002 se redujo la ocupación en el sector no estatal de 23,4 a 20,8%. De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo en Cuba se encontraba en 21% entre 1998-2000.

Desde el año 2001 el gobierno cubano concentra grandes esfuerzos en la reducción del desempleo a través de programas de “pleno empleo” y “empleo de estudio”. A través de distintas modalidades, tales como, empleos de jornada parcial, cursos nocturnos con remuneración, becas en la educación superior, y programas de estudio como empleo, se ha logrado incorporar más de 750.000 personas, lo cual representa el 16% de la población económicamente activa. Es evidente que la ocupación de estas personas no representa creación de nuevos y mejores empleos. Constituye más bien un mecanismo de mayor intervención del estado en la economía. 

Lo más llamativo es que la estrategia cubana de creación artificial de ocupación, ha sido replicada por el gobierno del Presidente Chávez. Las Misiones, específicamente aquellas que ofrecen becas por estudio, tienen como efecto colateral la reducción de la desocupación. Paralelamente el país no está realizando la inversión requerida para generar nuevos y mejores empleos. Al final del camino queda claro que la reducción temporal de la ocupación no significará la creación de empleos más productivos.

Al igual que en Cuba, Venezuela confronta una crisis profunda en la creación de empleos de buena calidad. La similitud de las estrategias seguidas por ambos gobiernos conduce al mismo punto: el deterioro progresivo del aparato económico en un contexto de baja atracción de inversiones generadoras de nuevos procesos, tecnologías, manufacturas, y servicios. En este caso, ni el original ni la copia apuntan a la solución.

Politemas, Tal Cual, 5 de octubre de 2005

El espejismo cubano

El gobierno del Presidente Chávez ha asumido el modelo de desarrollo cubano como referencia central. Los elogios del bienestar social en Cuba han sido de antología. La dependencia de la asistencia técnica cubana en distintas áreas de las políticas públicas es evidente y sistemática. Como en muchas otras facetas, el gobierno del Presidente Chávez ha optado por el dogma, la ingenuidad y la falta de sentido crítico. Una mezcla contraproducente cuando se trata de mejorar las condiciones de vida de la gente. 

Ya es reconocido por todos la naturaleza autoritaria del régimen cubano. Casi cincuenta años de monopolio del poder, persecución de la oposición, ausencia de libertad de prensa, y el incesante culto a la personalidad, lo demuestran de manera tajante. 

Lo que es menos conocido es el fracaso del régimen cubano para crear bienestar y riqueza. Por eso cobra especial relevancia la publicación reciente del Profesor Carmelo Mesa-Lago, “Problemas sociales y económicos en Cuba: durante la crisis y la recuperación”. Este trabajo, publicado en la Revista de la CEPAL (agosto 2005), y disponible en su website (www.eclac.cl), ofrece información y análisis fundamentados para conocer en detalle la actual situación económica y social en Cuba. Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Distinguido y Emérito de la Universidad de Pittsburgh, está considerado como una autoridad mundial en el campo de la política social y es reconocido como un experto de alto nivel en asuntos cubanos. 

La primera parte del trabajo presenta evidencias sobre la incapacidad de la economía cubana para generar crecimiento. Se señala que entre los años 1990 y 2000, la economía cubana fue la que menos creció en América Latina y el Caribe. En realidad, la economía cubana decreció a un ritmo promedio de 1,4% anual en dicho período. El PIB per cápita del año 2003 era 17% menor al del año 1989. No es de extrañar que la inversión bruta haya disminuido de 15,2% en 1989 a 7,8% en 2002. 

En general, señala Mesa-Lago, la economía cubana produce menos que 15 años atrás. La caída de la producción de caña de azúcar es estruendosa. De 8 millones de toneladas en 1989 se pasó a 2 millones de toneladas en 2003. Entre 1997 y 2002 la producción de aves se redujo en 45%, la de ganado vacuno en 20%, la de peces y mariscos en 45%. El valor de las exportaciones cubanas se redujo 70% entre 1989 y 2003. También es un país con 77% más de deuda externa y con una inversión extranjera de apenas 200 millones de dólares anuales.

Ahora bien, ¿qué ha pasado con la gente en Cuba? Mesa-Lago indica que ya el gobierno cubano no publica cifras oficiales de incidencia de pobreza. El régimen incorporó en 1997 el concepto de “población en riesgo”, la cual es entendida como aquel sector con ingresos insuficientes para adquirir la canasta de alimentos y otros bienes. Según estudios citados por Mesa-Lago, la población en riesgo en Cuba ha aumentado de 6,3% en 1988 a 20% en 1999. En otras palabras, en Cuba se triplicó la población en riesgo en poco más de una década. 

Lo más significativo es que en Cuba también ha aumentado la desigualdad social. El porcentaje de ingreso del grupo más pobre bajó de 11,3% a 4,3% entre 1986 y 1989. El ingreso del grupo más rico aumentó de 33,8 a 58,1%. Hoy Cuba es más pobre y más desigual.

El trabajo del Profesor Mesa-Lago es una campanada de alerta, especialmente para aquellos venezolanos que, siguiendo ingenuamente al gobierno del Presidente Chávez, creen que Cuba es la alternativa. Está muy claro que el modelo cubano lo que ofrece es más pobreza, más improductividad, y mayor desigualdad. Sin embargo, el gobierno del Presidente Chávez sigue viendo un gran espejismo. Ha confundido la realidad con un gran arenal. Y allí construye todos los días sus castillos.

Politemas, Tal Cual, 28 de septiembre de 2005

Para no perder otro lustro

La Cumbre Mundial 2005 concluyó con una gran preocupación. Se constató que en muchos países no ha habido progresos para erradicar la pobreza.. Las Naciones Unidas reconoce que el desarrollo se tambalea en muchos países. No es para menos. Millones de personas verán afectado su futuro en las próximas décadas si no se toman medidas urgentes. 

Lamentablemente, Venezuela forma parte de los países con más retrocesos en los Objetivos del Milenio. Ya es grave que exista retroceso en uno de los objetivos. El caso de nuestro país es dramático. Clama a la conciencia. Tenemos retrocesos en pobreza y subnutrición. Tenemos desempeños por debajo de los países de la región en mortalidad materna, mortalidad infantil, malaria, VIH-SIDA, universalización de la educación básica. Sin lugar a dudas, tenemos uno de los peores balances no sólo en América Latina, sino en el contexto internacional. Para la cantidad de recursos que se ha manejado en este lustro, el deterioro de nuestras condiciones de vida es inaceptable. Es muy claro, el gobierno del presidente Chávez ha puesto en riesgo la próxima generación de venezolanos. En un mar de petrodólares, se palpa el fracaso, se palpa la frustración. 

Ante esa realidad, es hora de actuar. El país debe tomar en cuenta las recomendaciones de Naciones Unidas para aquellos países que retroceden en la lucha contra la pobreza. La primera exigencia es que se elabore una Estrategia Nacional para alcanzar los Objetivos del Milenio. Tal como se ha definido en países amigos como Chile, Colombia, Brasil. Esa Estrategia requiere establecer programas específicos, con metas anuales, con recursos definidos, con responsables. También se requiere que la próxima Asamblea Nacional designe una Comisión que haga seguimiento estricto al cumplimiento de esa estrategia. También es perentorio un amplio acuerdo, en el cual se coloque el interés nacional por encima de cualquier consideración. El país debe resistirse a condenar la próxima generación de venezolanos a la pobreza y la baja productividad. 

Las Naciones Unidas, en el documento final de la Cumbre Mundial 2005, también sugiere que los países manejen adecuadamente sus cuentas fiscales. Que se garantice la estabilidad macroeconómica y el crecimiento sostenible. En ambas facetas el gobierno del Presidente Chávez ha sido un completo fracaso. Su rechazo a la transparencia en la asignación de los recursos fiscales conspira contra una economía sana y productiva. Su reticencia a aceptar el rol del sector privado en una economía moderna, nos quita posibilidades, destruye empleos en el sector formal, aumenta el riesgo para la inversión. 

Finalmente, Naciones Unidas hace un llamado para que en los países se coordinen esfuerzos entre el sector público y el privado, entre las oganizaciones no-gubernamentales y las más diversas modalidades de organización social. Para cumplir con los Objetivos del Milenio se necesita el concurso de toda la sociedad. El sello autoritario del actual gobierno conspira contra este requerimiento del desarrollo. El irrespeto flagrante del Estado de Derecho desde las alturas del poder, la aceptación silenciosa de parte de aquellos poderes públicos que deben defender a los ciudadanos, no hace sino deteriorar el tejido en el cual nos encontramos todos los venezolanos.

La experiencia del gobierno del presidente Chávez indica que las anteriores tareas le quedan muy grandes. En el último lustro se ha deteriorado la vida política, social, económica del país. La actual gestión gubernamental no nos ofrece otra cosa que atraso y pobreza. En esas circunstancias es tiempo de reflexión. Los canales de la fortaleza democrática del país deben conducir a la consolidación de liderazgos que asuman los retos del siglo XXI en un ambiente de unión y concordia. Es la forma de garantizar que no perdamos el próximo lustro.

Politemas, Tal Cual, 21 de septiembre de 2005

Con las manos vacías

Hoy comienza en Nueva York la Cumbre Mundial 2005. Según el Secretario General de las Naciones Unidas, esta Cumbre representa el evento de una generación. Nunca antes tantos líderes mundiales se habían reunido para revisar las perspectivas del desarrollo a escala global. La principal tarea es evaluar los progresos de los países para alcanzar los Objetivos aprobados en la Declaración del Milenio del año 2000. 

Los Objetivos del Milenio son: (1) erradicar la pobreza y el hambre, (2) universalizar la educación básica, (3) promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, (4) reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años, (5) disminuir la mortalidad materna, (6) combatir la malaria y el VIH-SIDA, (7) asegurar la sostenibilidad del ambiente, y (8) promover alianzas globales para el desarrollo. 

Luego de cinco años, es tiempo de hacer balances y, especialmente, tomar decisiones para que en el año 2015 se logren tales objetivos. 

El gobierno del presidente Chávez ratificó en septiembre del año 2000 los contenidos de la Declaración del Milenio. Al hacerlo, comprometió al país. Los Objetivos del Milenio constituyen un esfuerzo monumental para colocar a la gente en el centro del desarrollo. Esto es, a los millones de personas que viven en pobreza, excluidos de la educación y la salud, sin acceso a trabajos productivos, muchas veces desnutridos, en ambientes contaminados y degradados. 

Millones de venezolanos vivían en esas condiciones en el año 2000. Para un gobierno preocupado de verdad por la gente, la Declaración del Milenio hubiera representado una guía, una manera de concretar mejores condiciones de vida para todos los habitantes de este país. Para llevar a cabo esa tarea se necesitaba un liderazgo inclusivo, abierto, amplio, respetuoso de todos los sectores, y con capacidad política y técnica.

Lamentablemente, el gobierno del Presidente Chávez no tomó en cuenta la Declaración del Milenio. En las “Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2001-2007” no aparece citado ninguno de los Objetivos del Milenio. En los presupuestos fiscales de los años 2001, 2002, 2003, y 2004 no se incorporaron recursos para cumplir con las Metas del Milenio. 

El gobierno del Presidente Chávez puso en marcha una estrategia basada en la exclusión política, técnica, económica y social. Al mismo tiempo que descuidó la gobernabilidad y la concertación, arremetió contra el aparato productivo, creando incertidumbre en la inversión privada y disminuyendo los trabajos de alta calificación. Desmanteló el sistema de protección social y lo sustituyó por el fallido experimento de la burocracia militar. Cuando la presión política lo acorraló, implementó programas sociales de corte ideológico y excluyente, muchos de ellos sin brújula técnica y ayunos de una visión integral del desarrollo. Para la administración del Presidente Chávez el trabajo productivo, justamente el que crea riqueza, sencillamente no existe. Con una estrategia así, contraria a la experiencia comparada, no es extraño el resultado.

El gobierno del Presidente Chávez se aparece en la Cumbre Mundial 2005 con las manos vacías. Como resultado de la oportunidad perdida, Venezuela presenta uno de los peores desempeño en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, no sólo en el contexto de América Latina, sino en el escenario internacional. Durante esta gestión hemos empeorado en muchos de los Objetivos del Milenio. Este gobierno, por sus carencias políticas y técnicas, ha puesto en riesgo la vida de muchos millones de venezolanos pobres y ha disminuido las posibilidades de cumplir los objetivos trazados para el año 2015. Todo lo anterior es más dramático porque no ha sido por falta de recursos. 

En estos cinco años el gobierno del Presidente Chávez nos ha hecho perder oportunidades y posibilidades. Ha sido, lamentablemente, un lustro perdido.

Politemas, Tal Cual, 14 de septiembre de 2005

El colmo de la incompetencia

El gobierno del presidente Chávez ha representado el fracaso más estruendoso de la salud en Venezuela desde 1937. Dos razones fundamentan esta aseveración. La primera es su decepcionante desempeño. Ha aumentado la mortalidad infantil desde 2002, la mortalidad materna es 13% superior a la de 1998, tenemos la epidemia de malaria más importante desde que se llevan registros de casos. Para remate, entre 1998 y el año 2003 ha aumentado la mortalidad por diabetes, hipertensión, cáncer, VIH-SIDA, entre otras causas. Todo ello con la mayor inversión en salud en los últimos treinta años, según los responsables oficiales. Triste reconocimiento de ineficiencia.

La segunda razón es que este ha sido el único gobierno desde 1937 que ha tenido la oportunidad de legislar, basado en un marco constitucional, para articular con seriedad las fuentes públicas de financiamiento de la salud. La Constitución de 1999 incorpora esta posibilidad en su artículo 83. Eso requería que el gobierno presentara una propuesta coherente. El gobierno fue incapaz de presentarla. La labor legislativa recayó en la Asamblea Nacional, la cual, a finales del año pasado, aprobó en primera discusión una ley que representaría el atraso más grave del sistema de salud en toda su historia. No sólo no se ha legislado a tiempo, ahora se legislará para volver al pasado. 

Ya sabemos que la administración del Presidente Chávez acepta y favorece una de las grandes fallas de esa ley: la anulación del proceso de descentralización de la salud. Lo que fue el silencio de los responsables del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, ha sido sustituido por la anuencia y aceptación. El silencio de algunos gobernadores de estado (tanto oficialistas como de oposición) ha sido sustituido por la obediencia fiel. Otros gobernadores, justamente en los estados donde la descentralización tiene más avances, siguen callando. 

La coordinación de la descentralización requiere un gobierno diferente al que tenemos. Un gobierno que sea capaz de integrar, de aceptar diferentes puntos de vista, que promueva el diálogo y el encuentro. Que sepa jugar en equipo y sometido a la discusión permanente. Ante esa tarea para la cual no está dotado, el gobierno optó por la imposición y la dominación. Cesó con la transferencia de servicios en 1999. No pudo crear un centro inteligente y opta ahora por acabar con el juego. En un gesto del mayor autoritarismo indica que es capaz de dirigir desde Caracas todo el sistema de salud.

Esta pretensión marcha a contracorriente con la tendencia moderna de los sistemas de salud. Ningún funcionario en su sano juicio puede pensar en definir objetivos y asignar recursos contra la malaria y la mortalidad materna, a cientos de kilómetros. Es bueno que el gobierno recuerde que la centralización ya la ensayamos en los cincuenta, casualmente en plena dictadura perezjimenista. Se llamó la “nacionalización de los hospitales”. La descentralización de los noventa no es sino la respuesta a las limitaciones de esa nacionalización.

El gobierno del Presidente Chávez sabe que existen múltiples evidencias de que la descentralización ha mejorado la cobertura y calidad de los servicios de salud. Que en muchos casos esos avances son superiores a los realizados en el nivel nacional. Ante todo eso, el gobierno decide desconocer el marco constitucional que establece que nuestro Estado es federal y descentralizado. 

Está claro que la estrategia no sólo es acabar con la descentralización en salud, es también cancelar las tendencias democratizadoras en la sociedad venezolana. El gobierno, una vez más, se ha puesto en el pasado. Esperamos que los sectores democráticos del país sepan defender con argumentos y seriedad lo que este gobierno autoritario pretende arrebatar.

Politemas, Tal Cual, 7 de septiembre de 2005

Antes que nada: no hacer daño

El gobierno del presidente Chávez también hace retroceder lo que venía funcionando bien. Como consecuencia de su imprevisión, la actual gestión gubernamental ha colocado en riesgo a las personas con hemofilia y a sus familias. Una prueba más de que en este gobierno empeoran las personas que viven con enfermedades que requieren tratamiento por toda la vida.

La hemofilia es una enfermedad hereditaria. Las personas con hemofilia tienen alterados los mecanismos de coagulación. Sin embargo, las personas con hemofilia pueden llevar una vida completamente normal. Algunos de ellos pueden llegar a ser extraordinarios atletas. Hasta pueden cruzar el Orinoco, para orgullo personal y de sus familias. Para que una persona con hemofilia lleve una vida normal se requiere hacer el diagnóstico y garantizar el tratamiento permanente.

Desde 1998 Venezuela había sido pionera en el control de las personas con hemofilia. Como producto del trabajo conjunto del Centro Nacional de Hemofilia (CNH), la Asociación Venezolana para la Hemofilia (AVH), el Ministerio de Salud y Desarrollo Social (MSDS) y el IVSS, se logró mejorar sustancialmente el registro de las personas con hemofilia. En mayo de 2002 se establece el Plan Nacional para la Atención de Personas con Hemofilia. El Plan indica que los pacientes no asegurados recibirán el tratamiento a través del MSDS. El IVSS seguirá atendiendo a los asegurados. Este esfuerzo entre el gobierno, sectores académicos, y la iniciativa privada, ha sido ejemplo internacional, reconocido por la propia Federación Mundial de Hemofilia. 

La ejecución del Plan comenzó en febrero de 2003. Todo marchó adecuadamente. La compra del tratamiento, por parte del MSDS, se iniciaba con la solicitud del Centro Nacional de Hemofilia. La distribución era apoyada por la AVH. El requisito es que el tratamiento se distribuya a los centros de atención integral, los cuales cuentan con personal especializado y entrenado. 

En noviembre del año pasado empiezan los problemas. Las solicitudes de compra de los tratamientos no son respondidas por el MSDS. A pesar de la insistencia de las organizaciones involucradas, no hay respuesta. Comienza a disminuir la existencia del tratamiento. Luego el MSDS informa que la provisión del tratamiento se realizará totalmente a través de Quimbiotec, empresa del IVIC. Sin embargo, la producción de Quimbiotec, reconocida por sus directivos, es solamente para el tratamiento de uno de los tipos de hemofilia. Quimbiotec también reconoce que sólo puede satisfacer el 30% de mercado nacional de ese tratamiento. Dado que existen diversos tipos de hemofilia, los cuales requieren otros tratamientos, el MSDS sólo está en capacidad de garantizar el tratamiento del 12% de las personas con hemofilia que están bajo su responsabilidad. Para colmo de males, las personas con hemofilia y sus familias han expresado que el tratamiento que reciben de Quimbiotec ocasiona reacciones. También se ha alertado que Quimbiotec está entregando el tratamiento a centros que no son de atención integral. 

La actual gestión del MSDS ha complicado la vida de las 2.050 personas con hemofilia bajo su responsabilidad. No garantiza el tratamiento para todos y no ha demostrado que el tratamiento es efectivo de acuerdo con los estándares internacionales. Lo que venía marchando bien ahora reviste preocupación. Todo eso sucede en la lluvia de petrodólares y en el período de mayor inversión en salud, según los directivos del MSDS. 

Cabe preguntarse, cuántas imprevisiones estarán afectando la vida de las personas con diabetes, hipertensión, depresión, sólo por decir algunas enfermedades crónicas. La actual gestión de salud antes que resolver, está haciendo daño. Tiene muchos recursos y hace daño. Es corresponsable del gran fiasco.

Politemas, Tal Cual, 31 de agosto de 2005